miércoles, 30 de abril de 2008

Mañana Fiesta de San José Obrero



Esta fiesta fue instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que -como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro - "el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias". - Fiesta: 1 de mayo.

San José, descendiente de reyes, entre los que se cuenta David, el más famoso y popular de los héroes de Israel, pertenece también a otra dinastía, que permaneciendo a través de los siglos, se extiende por todo el mundo. Es la de aquellos hombres que con su trabajo manual van haciendo realidad lo que antes era sólo pura idea, y de los que el cuerpo social no puede prescindir en absoluto. Pues si bien es cierto que a la sociedad le son necesarios los intelectuales para idear, no lo es menos que, para realizar, le son del todo imprescindibles los obreros. De lo contrario, ¿cómo podría disfrutar la colectividad del bienestar, si le faltasen manos para ejecutar lo que la cabeza ha pensado? Y los obreros son estas manos que, aun a través de servicios humildes, influyen grandemente en el desarrollo de la vida social. Indudablemente que José también dejaría sentir, en la vida de su pequeña ciudad, la benéfica influencia social de su trabajo.

Sólo Nazaret -la ciudad humilde y desacreditada, hasta el punto que la gente se preguntaba: "¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?"- es la que podría explicarnos toda la trascendencia de la labor desarrollada por José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, "crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres".

En efecto, allí, en aquel pequeño poblado situado en las últimas estribaciones de los montes de Galilea, residió aquella familia excelsa, cuando pasado ya el peligro había podido volver de su destierro en Egipto. Y allí es donde José, viviendo en parte en un taller de carpintero y en parte en una casita semiexcavada en la ladera del monte, desarrolla su función de cabeza de familia. Como todo obrero, debe mantener a los suyos con el trabajo de sus manos: toda su fortuna está radicada en su brazo, y la reputación de que goza está integrada por su probidad ejemplar y por el prestigio alcanzado en el ejercicio de su oficio.

Es este oficio el que le hace ocupar un lugar imprescindible en el pueblo, y a través del mismo influye en la vida de aquella pequeña comunidad. Todos le conocen y a él deben acudir cuando necesitan que la madera sea transformada en objetos útiles para sus necesidades. Seguramente que su vida no sería fácil; las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, exigirían de José una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas estarían acostumbradas al trabajo rudo y a los golpes, imposibles de evitar a veces. Habiendo de alternar constantemente con la gente por quien trabajaba, tendría un trato sencillo, asequible para todos. Su taller se nos antoja que debía de ser un punto de reunión para los hombres -al menos algunos- de Nazaret, que al terminar la jornada se encontrarían allí para charlar de sus cosas.

José, el varón justo, está totalmente compenetrado con sus conciudadanos. Éstos aprecian, en su justo valor, a aquel carpintero sencillo y eficiente. Aun después de muerto, cuando Jesús ya se ha lanzado a predicar la Buena Nueva, le recordarán con afecto: "¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?", se preguntaban los que habían oído a Jesús, maravillados de su sabiduría. Y, efectivamente, era el mismo Jesús; pero José ya no estaba allí. Él ya había cumplido su misión, dando al mundo su testimonio de buen obrero. Por eso la Iglesia ha querido ofrecer a todos los obreros este espectáculo de santidad, proclamándole solemnemente Patrón de los mismos, para que en adelante el casto esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.

martes, 29 de abril de 2008

La Virgen de los Angles, Patrona de Costa Rica visitará la Ciudad de los Niños

En sus 50 años de lucha por la educación de la juventudheader_original_mod

En el año del cincuentenario de la Ciudad de los Niños de Costa Rica, el próximo 30 de abril la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, peregrinará desde su basílica hasta la institución educativa, donde habrá varias celebraciones y una vigilia de oración por la juventud costarricense.

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El nacimiento y evolución de la Ciudad de los Niños, situada en Aguacaliente de Cartago, ha sido en sus cincuenta años de vida una auténtica carrera de obstáculos, según relatan los Agustinos Recoletos, que dirigen la institución, en su página web.

En 1961, la Asamblea Legislativa de Costa Rica aprobó la Ley de creación de la Ciudad de los Niños con el objetivo de «realizar una labor de conjunto en el campo del saneamiento moral, social y material de la niñez y de la juventud desamparadas».

El germen de la actual Ciudad de los Niños surgió al comienzo de la década de los 50 del siglo pasado en las monjas asuncionistas, que veían la difícil situación vital de no pocos niños y adolescentes en las calles de la capital, San José.

Luis Madina (1911-1984), agustino asuncionista que entonces dirigía la «Ciudad de los Muchachos», fundada por él en Vallecas, distrito obrero y pobre de Madrid, España, visitó Nueva York. Allí coincidió con Maria Saint-Arsène, religiosa asuncionista de Costa Rica. Las autoridades eclesiásticas y civiles de Costa Rica tomaron nota de los informes de la religiosa y pidieron a los asuncionistas el traslado de Madina a Costa Rica para iniciar su proyecto.

En marzo de 1958 el asuncionista español está ya en Costa Rica y nace así, aunque todavía en un proyecto de papel y sueños, la Ciudad de los Niños.

Con el pasar del tiempo, el padre Madina, que tuvo no pocas dificultades, se va y los agustinos recoletos recogen el testigo de una obra difícil y llena de obstáculos. La reciben sin recursos y con una deuda de 200.000 colones en una larga lista de pagos atrasados a proveedores impacientes.


La Providencia y el trabajo de los religiosos se notan en unos meses. El agustino recoleto Javier Igal recuerda un conmovedor episodio de aquellos tiempos: «En 1966 los presupuestos no daban para más. La fábrica de pasta y fideos negó más crédito. Lo mismo hicieron los que proveían harina, azúcar, alubias, arroz... Nos hicieron descargar la camioneta de víveres en público, porque les debíamos 25.000 colones. Con las manos y la camioneta vacíos, y llorando de impotencia, volví aquel sábado a la Ciudad. No tenían qué comer. Un matrimonio se enteró de lo sucedido y nos llamó para que fuésemos a su almacén. Cuando llegué, me dijeron: «Mientras en este almacén haya grano, la Ciudad de los Niños lo tendrá».

En 1982 se llevó a cabo un proyecto de fabricación de sillas de ruedas en el Taller de Soldadura. Se emprendieron también los primeros proyectos agropecuarios para poner en rendimiento la finca y sacar de ella sustento para los alumnos.

En enero de 1968 ya son 250 los alumnos albergados. Eso implica un sobreesfuerzo continuo para alimentarlos y educarlos. Esos primeros años fueron muy aleccionadores, con promesas incumplidas o situaciones de mucho dolor; y, al mismo tiempo, llenos de providencia y de ayudas que llegaban en los momentos más necesarios y del modo más inesperado.


Con el correr de los años ha habido cambios estructurales tanto en la gestión como en la imagen física de la Ciudad.

Si en 1990 el presupuesto anual era de unos 30 millones de colones al año, al final de esa década ya se había quintuplicado la cifra: 150 millones. Hoy se necesitan 460 millones anuales para ofrecer un servicio educativo de calidad.

Se cuidan valores como la ecología y el arte estético: la Ciudad es hoy un museo al aire libre de esculturas de piedra y metal. Una nueva biblioteca o una sala de Internet abren la mentalidad de los jóvenes aún más hacia el mundo y la cultura. Una sala de juegos ofrece un espacio lúdico donde se aprende jugando.

Desde 2007, es oficialmente la Escuela Técnica San Agustín y su objetivo es integrar en un solo programa la educación técnica y la académica. Ningún alumno graduado en la Ciudad saldrá de ella sin llevar bajo el brazo sus títulos oficiales y reconocidos.

La Ciudad también se ha convertido en un referente espiritual. Cientos de personas acuden a ella semanalmente por sus celebraciones litúrgicas, en un espacio que invita luego a las familias a pasear y disfrutar de la naturaleza.


Por la Ciudad de los Niños han pasado en estos 50 años alrededor de 9.000 adolescentes. Cada curso hay unos 350 alumnos y unas 70 graduaciones anuales.

El próximo 30 de abril la Ciudad de los Niños vivirá uno de los momentos centrales del cincuentenario de su fundación, en el marco de la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona del país, informa a Zenit Fr. José Ignacio Jiménez Castellanos, de la Ciudad de los Niños.

El 30 de abril se abrirán las celebraciones con una misa solemne presidida por el obispo de Cartago, monseñor José Francisco Ulloa. Terminada la eucaristía, una procesión llevará la imagen de la Patrona por las calles de Cartago, partiendo de la Basílica y acabando en el Templo de Nuestra Señora de la Consolación de la Ciudad de los Niños.

Se cerrará la procesión con el rezo del Rosario. La imagen permanecerá allí todo el día. Por la noche, se celebrará una solemne vigilia de oración por la Juventud de Costa Rica, en la que participará toda la comunidad educativa de la Ciudad de los Niños.

El 1 de mayo se iniciará con el Rosario de la Aurora en el templo de Nuestra Señora de la Consolación. Luego se celebrarás una solemne Eucaristía presidida por el agustino recoleto Ángel San Casimiro, obispo de Alajuela.

Terminada la eucaristía, una procesión devolverá la imagen a su templo, la Basílica Nacional de Nuestra Señora de los Ángeles de Cartago. Y al mediodía se celebrará el canto de la Salve que pondrá fin a uno de los actos más solemnes y esperados del cincuentenario de la Ciudad de los Niños: la visita de la patrona de Costa Rica a sus instalaciones.

Francia, próximo viaje apostólico del Papa, peregrinará a Lourdes con con ocasión del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen de Fátima


Benedicto XVI realizará un viaje apostólico a Francia que le llevará a Lourdes, con ocasión del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María. Será en los días del 12 al 15, del próximo mes de septiembre. Lo anuncia con gran alegría la Conferencia Episcopal francesa. El mismo comunicado de los obispos franceses señala que el Santo Padre ha aceptado la invitación que le habían presentado estos prelados y afirma que Benedicto XVI llegará a París el viernes 12 de septiembre.

En ocasión de su estancia en la capital francesa, los obispos de esta nación señalan asimismo que Benedicto XVI desea también encontrar a los responsables de otras confesiones cristianas y a los representantes de las comunidades judía y musulmana.

Los obispos de Francia expresan su profunda gratitud a Benedicto XVI e invitan a los fieles a movilizarse para recibir al Papa y dar gracias a Dios por el mensaje de Lourdes. En el marco de éste, que será el noveno viaje internacional de su Pontificado, la Diócesis de París pone de relieve que «Benedicto XVI – ‘peregrino entre los peregrinos’ - confirmará con su presencia la importancia del mensaje confiado por la Virgen María a la adolescente Bernardita Soubirous, en acción de gracias por las innumerables curaciones físicas y espirituales vividas en Lourdes».

Asimismo, destaca el Arzobispado de París, este viaje del Santo Padre «será una visita apostólica a Francia, para confirmar en la fe a los católicos franceses, alentando su impulso misionero. El programa de esta visita papal permitirá, en particular, manifestar la fecundidad del encuentro del Evangelio con la cultura humana».

El 12 de septiembre, en la capital de Francia, tras saludar a las autoridades del estado, el Papa pronunciará una alocución dirigida al mundo de la cultura, en el Colegio de los Bernardinos. Luego, en la catedral de Nuestra Señora de París, el Papa celebrará las vísperas con los sacerdotes, diáconos, religiosos y seminaristas y dirigirá un mensaje a los jóvenes reunidos en la explanada de la misma catedral parisiense.

Al día siguiente, sábado 13 de septiembre, Benedicto XVI presidirá la Santa Misa en la explanada de los Inválidos, por la mañana y, por la tarde, dejará París para trasladarse a Lourdes. En este santuario mariano, el Papa recorrerá las tres primeras etapas del camino del jubileo y, en el atardecer, después de la procesión con antorchas, se dirigirá a los peregrinos.

El domingo, 14 de septiembre, por la mañana, Benedicto XVI presidirá la Misa solemne para los peregrinos. Por la tarde, mantendrá un encuentro con los miembros de la Conferencia episcopal de Francia y concluirá la procesión eucarística.

El programa del Santo Padre en Lourdes, para el lunes 15 de septiembre - último día de este viaje apostólico - empieza con el recorrido de la cuarta etapa del camino del jubileo. Luego, tendrá lugar una celebración eucarística, en la que el Papa dará la unción a los enfermos. Por la tarde, emprenderá su viaje de regreso a Roma.

lunes, 28 de abril de 2008

Benedicto XVI exorta a los jóvenes a "recorrer con confianza el camino de iniciación que se les propone"

Nuestro 'sí' a Dios hace brotar la fuente de la verdadera felicidad

El Papa Benedicto XVI alentó a los jóvenes que tienen vocación a la vida consagrada a responder con valentía y fidelidad al llamado de Dios "para ponerse totalmente al servicio de la Iglesia, con una vida totalmente entregada por el Reino de los cielos".

En una carta dirigida al Cardenal André Vingt-Trois, Arzobispo de París, con ocasión del cien aniversario de la peregrinación de los jóvenes de la Provincia de París, que este año tuvo lugar del 22 al 27 de abril en Lourdes; el Santo Padre destaca que este evento "también es un tiempo privilegiado para dejarse interrogar por Cristo: '¿Qué quieres hacer de tu vida?'".

"Quienes de entre vosotros sientan la llamada a seguirle en el sacerdocio o en la vida consagrada, como han hecho numerosos jóvenes que han participado en estas peregrinaciones, respondan a la invitación del Señor, para ponerse totalmente al servicio de la Iglesia, con una vida totalmente entregada por el Reino de los cielos. Nunca serán decepcionados", explica el Papa.

Tras recordar que este año se conmemora el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María a Santa Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle, en Lourdes, Benedicto XVI exhorta a los jóvenes a "celebrar con entusiasmo la alegría de creer, de amar y de esperar en Cristo, y a recorrer con confianza el camino de iniciación que se os propone. Os invito en particular, a recoger con atención el testimonio de vuestros antepasados en la fe y a aprender a acoger, en el silencio y la meditación, la Palabra de Dios, para que pueda modelar vuestro corazón y producir en vosotros frutos generosos".

El Pontífice comenta luego el ejemplo de Santa María, quien es "invitada a seguir un camino sorprendente y desconcertante, su disponibilidad le hizo saborear una alegría que todas las generaciones cantaron".

"Nuestro 'sí' a Dios hace brotar la fuente de la verdadera felicidad. Libera al yo de todo lo que le encierra en sí mismo. Hace entrar la pobreza de nuestra vida en la riqueza y la fuerza del proyecto de Dios, sin poner trabas a nuestra libertad y nuestra responsabilidad. Conforma nuestra vida a la misma vida de Cristo", remarca el Santo Padre.

Hoy, día de S. Luís Maria Grignion de Montfort, el santo de Juan Pablo II


ORACIÓN

San Luis Grignon de Monfort, ruega a la Virgen Santísima
que nos envíe muchos apóstoles que, como tú, se dediquen
a hacer y a amar más y más a Jesús.

Es el fundador de los padres Monfortianos y de las Hermanas de la Sabiduría. Nació en Monfort, Francia, en 1673. Era el mayor de una familia de ocho hijosDesde muy joven fue un gran devoto de la Santísima Virgen. A los 12 años ya la gente lo veía pasar largos ratos arrodillado ante la estatua de la Madre de Dios. Antes de ir al colegio por la mañana y al salir de clase por la tarde, iba a arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora y allí se quedaba como extasiado. Cuando salía del templo después de haber estado rezando a la Reina Celestial, sus ojos le brillaban con un fulgor especial. Luis no se contentaba con rezar. Su caridad era muy práctica. Un día al ver que uno de sus compañeros asistía a clase con unos harapos muy humillantes, hizo una colecta entre sus compañeros para conseguirle un vestido y se fue donde el sastre y le dijo: "Mire, señor: los alumnos hemos reunido un dinero para comprarle un vestido de paño a nuestro compañero, pero no nos alcanza para el costo total. ¿Quiere usted completar lo que falta?". El sastre aceptó y le hizo un hermoso traje al joven pobre. El papá de Luis María era sumamente colérico, un hombre muy violento. Los psicólogos dicen que si Monfort no hubiera sido tan extraordinariamente devoto de la Virgen María, habría sido un hombre colérico, déspota y arrogante porque era el temperamento que había heredado de su propio padre. Pero nada suaviza tanto la aspereza masculina como la bondad y la amabilidad de una mujer santa. Y esto fue lo que salvó el temperamento de Luis. Cuando su padre estallaba en arrebatos de mal humor, el joven se refugiaba en sitios solitarios y allí rezaba a la Virgen amable, a la Madre del Señor. Y esto lo hará durante toda su vida. En sus 43 años de vida, cuando sea incomprendido, perseguido, insultado con el mayor desprecio, encontrará siempre la paz orando a la Reina Celestial, confiando en su auxilio poderoso y desahogando en su corazón de Madre, las penas que invaden su corazón de hijo. Con grandes sacrificios logró conseguir con qué ir a estudiar al más famoso seminario de Francia, el seminario de San Suplicio en París. Allí sobresalió como un seminarista totalmente mariano. Sentía enorme gozo en mantener siempre adornado de flores el altar de la Santísima Virgen. Luis Grignon de Monfort será un gran peregrino durante su vida de sacerdote. Pero cuando él era seminarista concedían un viaje especial a un Santuario de la Virgen a los que sobresalieran en piedad y estudio. Y Luis se ganó ese premio. Se fue en peregrinación al Santuario de la Virgen en Chartres. Y al llegar allí permaneció ocho horas seguidas rezando de rodillas, sin moverse. ¿Cómo podía pasar tanto tiempo rezando así de inmóvil? Es que él no iba como algunos de nosotros a rezar como un mendigo que pide que se le atienda rapidito para poder alejarse. El iba a charlas con sus dos grandes amigos, Jesús y María. Y con ellos las horas parecen minutos. Su primera Misa quiso celebrarla en un altar de la Virgen, y durante muchos años la Catedral de Nuestra Señora de París fue su templo preferido y su refugio.Monfort dedicó todas sus grandes cualidades de predicador y de conductor de multitudes a predicar misiones para convertir pecadores. Grandes multitudes lo seguían de un pueblo a otro, después de cada misión, rezando y cantando. Se daba cuenta de que el canto echa fuera muchos malos humores y enciende el fervor. Decía que una misión sin canto era como un cuerpo sin alma. El mismo componía la letra de muchas canciones a Nuestro Señor y a la Virgen María y hacía cantar a las multitudes. Llegaba a los sitios más impensados y preguntaba a las gentes: "¿Aman a Nuestro Señor? ¿Y por qué no lo aman más? ¿Ofenden al buen Dios? ¿Y porqué ofenderlo si es tan santo?". Era todo fuego para predicar. Donde Montfort llegaba, el pecado tenía que salir corriendo. Pero no era él quien conseguía las conversiones. Era la Virgen María a quien invocaba constantemente. Ella rogaba a Jesús y Jesús cambiaba los corazones. Después de unos Retiros dejó escrito: "Ha nacido en mí una confianza sin límites en Nuestro Señor y en su Madre Santísima". No tenía miedo ni a las cantinas, ni a los sitios de juego, ni a los lugares de perdición. Allí se iba resuelto a tratar de quitarse almas al diablo. Y viajaba confiado porque no iba nunca solo. Consigo llevaba el crucifijo y la imagen de la Virgen, y Jesús y María se comportaban con él como formidables defensores. A pie y de limosna se fue hasta Roma, pidiendo a Dios la eficacia de la palabra, y la obtuvo de tal manera que al oír sus sermones se convertían hasta los más endurecidos pecadores. El Papa Clemente XI lo recibió muy amablemente y le concedió el título de "Misionero Apostólico", con permiso de predicar por todas partes. En cada pueblo o vereda donde predicaba procuraba dejar una cruz, construida en sitio que fuera visible para los caminantes y dejaba en todos un gran amor por los sacramentos y por el rezo del Santo Rosario. Esto no se lo perdonaban los herejes jansenistas que decían que no había que recibir casi nunca los sacramentos porque no somos dignos de recibirlos. Y con esta teoría tan dañosa enfriaban mucho la fe y la devoción. Y como Luis Monfort decía todo lo contrario y se esforzaba por propagar la frecuente confesión y comunión y una gran devoción a Nuestra Señora, lo perseguían por todas partes. Pero él recordaba muy bien aquellas frases de Jesús: "El discípulo no es más que su maestro. Si a Mí me han perseguido y me han inventado tantas cosas, así os tratarán a vosotros". Y nuestro santo se alegraba porque con las persecuciones se hacía más semejante al Divino Maestro. Antes de ir a regiones peligrosas o a sitios donde mucho se pecaba, rezaba con fervor a la Sma. Virgen, y adelante que "donde la Madre de Dios llega, no hay diablo que se resista". Las personas que habían sido víctimas de la perdición se quedaban admiradas de la manera tan franca como les hablaba este hombre de Dios. Y la Virgen María se encargaba de conseguir la eficacia para sus predicaciones. San Luis de Monfort fundó unas Comunidades religiosas que han hecho inmenso bien en las almas. Los Padres Monfortianos (a cuya comunidad le puso por nombre "Compañía de María") y las Hermanas de la Sabiduría. Murió San Luis el 28 de abril de 1716, a la edad de 43 años, agotado de tanto trabajar y predicar.

viernes, 25 de abril de 2008

La "importancia de la educación a la auténtica belleza para la formación de los jóvenes" señala Benedicto XVI


El Papa asistió ayer por la tarde en el Vaticano, a un concierto ofrecido en su honor por el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, con motivo del tercer aniversario de pontificado.
La orquesta y el coro sinfónicos "Giuseppe Verdi" de Milán, dirigidos respectivamente por Oleg Caetani y Erina Gambarini, interpretaron composiciones musicales de Luciano Berio, Johannes Brahms y Ludwig van Beethoven.

El Papa siguió el concierto desde el pasillo central del Aula Pablo VI, acompañado por el presidente Napolitano y por su hermano mayor, monseñor Georg Ratzinger.

Al final, Benedicto XVI agradeció al presidente Napolitano el regalo del concierto, en el que, aseguró, "reconozco también un ulterior signo del gran afecto que el pueblo italiano nutre por el Papa".

Tras dar las gracias también al coro y a la orquesta, el Santo Padre alentó a la Fundación "Giuseppe Verdi" a "proseguir con el prestigioso proyecto artístico y cultural que habéis emprendido, y que se avalora también por el esfuerzo para que la música alivie situaciones difíciles, como se verifican por ejemplo en hospitales y cárceles".

El Papa hizo referencia "al valor espiritual del arte musical, llamado de manera particular a infundir esperanza en el espíritu humano, tan marcado y a veces herido por la experiencia terrena. Existe una misteriosa y profunda relación entre música y esperanza, entre canto y vida eterna: por este motivo la tradición cristiana representa a los espíritus bienaventurados mientras cantan en el coro, raptados y extasiados por la belleza de Dios. Pero el arte auténtico, como la oración, no nos aleja de la realidad cotidiana; es más, nos conduce a ella para "impregnarla" y hacer que reviva, para que dé frutos de bien y de paz".

"Las majestuosas interpretaciones que hemos escuchado -continuó- nos recuerdan además el valor y la importancia universal del patrimonio artístico". En este sentido, el Santo Padre se refirió a las jóvenes generaciones, que pueden lograr "nueva inspiración al acercarse a este patrimonio, para construir el mundo según los proyectos de justicia y de solidaridad, valorando, al servicio del ser humano, las múltiples expresiones de la cultura mundial".

Hablando de la "importancia de la educación a la auténtica belleza para la formación de los jóvenes", Benedicto XVI señaló que "el arte en su conjunto contribuye a afinar su ánimo y orienta a la construcción de una sociedad abierta a los ideales del espíritu".

"Italia, con su excepcional patrimonio artístico, puede jugar en este contexto un papel importante en el mundo: la cantidad y la calidad de monumentos y de obras de arte que posee la convierten de hecho en "mensajera" universal de todos estos valores que el arte expresa y al mismo tiempo promueve. El júbilo del canto y de la música -concluyó- suponen además una invitación constante para los creyentes y para los hombres de buena voluntad en su compromiso por dar a la humanidad un futuro rico de esperanza".

jueves, 24 de abril de 2008

Cuerpo de San Pío, expuesto a los fieles



El cadáver de San Pío de Pietralcina, más conocido como Padre Pío, y uno de los santos más venerados de Italia, fue expuesto hoy 40 años después de su muerte en el santuario de Santa María de la Gracia, en la sureña de San Giovanni Rotondo, donde pasó gran parte de su vida.

Con una ceremonia a la que asistieron cerca de 10.000 personas, los restos mortales de Padre Pío fueron colocados en una urna de cristal en la cripta del santuario, para cuya visita han hecho ya reservas 750.000 personas que acudirán durante los seis meses en que estarán expuestos.

El cardenal portugués José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de la Causa de todos los Santos, ofició la misa de la exposición de 'Padre Pío', al que se dirigió como 'el Santo de la gente'.

El fraile capuchino, conocido porque mostraba estigmas en las manos y porque se aseguraba tenía el don de la bilocación, poder estar en dos sitios a la vez, es uno de los santos más venerados en Italia, y muchos católicos llevan su imagen en la cartera, la guardan en sus despachos o la exhiben en el coche.

El arzobispo de San Giovanni Rotondo, Domenico D'Ambrosio, pidió hoy que el papa Benedicto XVI visite el santuario donde ha quedado expuesto el cadáver de Padre Pío, pero el Vaticano ha dicho que no está prevista por el momento una visita papal.

La veneración de este santo ha despertado el interés de los medios de comunicación de todo el mundo, y un centenar de periodistas, entre ellos los de la televisión qatarí 'Al Jazeera', siguieron hoy la ceremonia, retransmitida en directo por el canal estatal RAI.

Tras la misa, la fila de fieles comenzó un lento peregrinaje a la cripta para poder detenerse algunos segundos ante los restos de San Pío de Pietrelcina, cuyo rostro permanece cubierto por una máscara, realizada por expertos del museo de cera londinense Madame Tussaud.

El cuerpo del santo fue exhumado el pasado 2 de marzo y desde entonces ha estado sometido a tratamientos especiales para permitir su exposición a los fieles.

El sayo con el que ha sido vestido fue confeccionado por las monjas clarisas de clausura de San Giovanni Rotondo, aunque los guantes son los mismos que llevaba el Padre Pío y usaba para cubrir los estigmas en las palmas de las manos, unas llagas similares a las de la crucifixión Cristo.

El capuchino Padre Pío nació en Pietrelcina, una aldea en la sureña Benevento, el 25 de mayo de 1887 y el Papa Juan Pablo II le proclamó Santo el 16 de junio de 2002.

Según sus seguidores, durante su adolescencia tuvo visiones y al cumplir 31 años aparecieron en su cuerpo varios estigmas, que desaparecieron sin dejar huella poco antes de su muerte, el 23 de septiembre de 1968, lo que ha provocado informes y libros que dudan de su veracidad.

Entre estos, destaca la prueba pericial médica realizada en 1920 por el religioso Agostino Gemelli, medico, psicólogo y asesor del Santo Oficio, que tras visitar a Padre Pío le calificó de 'sujeto enfermo' y 'místico de clínica psiquiátrica'.

También están las declaraciones de un farmacéutico que aseguró que en 1919 el Padre Pío adquiría ácido fénico, una sustancia fuertemente irritante, con la que se provocaba las heridas de los estigmas.

Pese a todo, la veneración de Padre Pío en Italia sigue creciendo, y el pequeño pueblo de San Giovanni Rotondo ha pasado de tener 21 hoteles en el año 2000 a los 120 actuales, con una capacidad para 9.000 personas.

La exposición de los restos mortales de Padre Pío harán crecer, de nuevo las peregrinaciones a esta localidad, donde se ha desarrollado un prolífico negocio de venta de recuerdos de todo tipo con la imagen del santo.

En 2004, se inauguró además un gigantesco templo dedicado al Padre Pío, diseñado por el arquitecto Renzo Piano, capaz de albergar a 7.000 fieles en su interior y 30.000 en la plaza exterior y que costó 35 millones de euros.

martes, 22 de abril de 2008

El Cardenal López realizó una heroica e histórica gesta para defender y promover la vida humana, el matrimonio y la familia


El Presidente del Movimiento Laicos por Colombia (MLC), Carlos Corsi Otálora, recordó al Cardenal Alfonso López Trujillo, como una "inteligencia lúcida y valiente al servicio de la verdad", que "estuvo siempre en la vanguardia de la problemática mundial"; tras su tránsito a la Casa del Padre ocurrido el sábado 19 de abril en Roma.

En una reciente carta enviada el Nuncio Apostólico en Colombia, Corsi hizo llegar "al "Santo Padre, por su digno conducto, nuestras oraciones y nuestras condolencias" por el fallecimiento del Cardenal, quién "honró a Colombia y sirvió abnegadamente a la Iglesia a través de su fecundo ministerio sacerdotal y episcopal".

El Presidente de MLC señaló que el fallecido Purpurado realizó una "tesis doctoral sobre el marxismo" y "afrontó el debate por la Fe en las la aulas universitarias" en "una época en la que el auge del comunismo parecía incontenible", haciendo ver a "la juventud el alcance y la profundidad de la Doctrina Social de la Iglesia".

"En su gestión desde el CELAM primero como Secretario General y luego como Presidente, enfrentó la poderosa influencia del marxismo que pretendía penetrar en la teología de la liberación", pagando el "inevitable precio" por "esta profética denuncia" que "fue el de granjearse grandes enemistades que lo impugnaron hasta el final de sus días", afirmó el ex senador colombiano.

Asimismo, Corsi destacó que al ser nombrado Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el Cardenal "realizó una heroica e histórica gesta para defender y promover la vida humana, el matrimonio y la familia".

"La acción y el pensamiento del Cardenal López fueron decisivos en las Conferencias de El Cairo y Beinjing" en las que enfrentó una "agenda anti-vida: derecho al aborto, eutanasia, experimentación con embriones vivos", reivindicaciones homosexuales "en la esfera matrimonial, falsos derechos sexuales y reproductivos e ideología de género", explicó Corsi.

El Cardenal Alfonso López Trujillo "en la historia de nuestra Patria ha sido el ciudadano colombiano que ha tenido las posiciones más elevadas y la mayor influencia a escala universal. Naturalmente, también en él se cumplió el evangélico anuncio según el cual nadie profetiza en su tierra", concluyó.

lunes, 21 de abril de 2008

El Papa Benedicto XVI regresó hoy a Roma de su Viaje Apostólico

Tras seis días de intensos e inolvidables encuentros y celebraciones que han marcado el inicio de su cuarto año de pontificado cumplido durante su visita

El Papa Benedicto XVI regresó hoy a Roma de su Viaje Apostólico a Estados Unidos y la ONU tras seis días de intensos e inolvidables encuentros y celebraciones que han marcado el inicio de su cuarto año de pontificado cumplido durante su visita. El Boeing 777 de la compañía aérea Alitalia aterrizó a las 10: 35, hora de Italia en el aeropuerto militar de Ciampino, en Roma, e inmediatamente después de ser recibido por algunas autoridades civiles y religiosas, se trasladó en helicóptero a la Ciudad del Vaticano.

El avión había despegado del aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York a las 20:55 hora de Estados Unidos, luego de una extraordinaria despedida, fuera de lo usual, en la que el Santo Padre fue homenajeado por unos 15 mil fieles, cardenales, obispos, sacerdotes y autoridades civiles que coreaban su nombre entre cantos que acompañaron sus pasos hasta la escalera del avión.

Tras las palabras de agradecimiento del vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Cheney, Benedicto XVI manifestó que los días transcurridos en Estados Unidos fueron bendecidos por muchas e inolvidables experiencias del sentido de hospitalidad de los norteamericanos. Por eso expresó su profunda gratitud a la vez que se alegró por haber sido testigo de la fe y de la devoción de la comunidad católica en esta nación.

Los objetivos que se había trazado el Santo Padre días antes de su partida: proclamar que Jesucristo es nuestra esperanza, encontrar a la comunidad eclesial de Estados Unidos y llevar este mensaje cristiano a los pueblos representados en la Asamblea de la ONU los cumplió y superó las expectativas no sólo del pueblo estadounidense sino de todo el mundo que siguió paso a paso esta emocionante visita. Nuestra enviada Maria Fernanda Bernasconi nos ayuda a recordar los momentos cruciales de este, el octavo viaje internacional de Benedicto XVI.

Despedia de Benedicto XVI de los Estados Unidos


SS Benedicto XVI hizo un repaso de estos seis días de visita a Washington y Nueva York y mostró su agradecimiento a "las autoridades civiles y voluntarios que han sacrificado su tiempo y energía para asegurar el sereno desarrollo del viaje".

Señor Vicepresidente,

Ilustres Autoridades,

Queridos Hermanos en el Episcopado,

Queridos Hermanos y Hermanas:


Ha llegado el momento de despedirme de vuestro País. Los días que he pasado en los Estados Unidos han estado bendecidos por muchas e inolvidables experiencias del sentido de hospitalidad de los Americanos. Deseos expresarles a todos ustedes mi profunda gratitud por su amable acogida. Me ha alegrado ser testigo de la fe y de la devoción de la comunidad católica en esta Nación. Ha sido alentador encontrar a los líderes y a los representantes de otras comunidades cristianas y de otras religiones, motivo por el cual les aseguro mi consideración y estima. Agradezco al Señor Presidente Bush el que viniera a saludarme al comienzo de mi visita, y doy las gracias al Señor Vicepresidente Cheney por su presencia aquí en el momento de mi salida. Las autoridades civiles, los encargados y voluntarios en Washington y en Nueva York han sacrificado generosamente su tiempo y energías para asegurar el sereno desarrollo de mi visita en cada una de sus etapas, y por esta razón expreso mi profundo agradecimiento al Señor Alcalde de Washington, Adrian Fendy, y al Señor Alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg.

Reitero mis felicitaciones y mi plegaria a los representantes de las Sedes de Baltimore, la primera Archidiócesis, y a las de Nueva York, Boston, Filadelfia y Louisville, en este año jubilar. Que el Señor continúe colmándoles de bendiciones en los años venideros. Renuevo mi reconocimiento por su arduo compromiso y su dedicación a todos mis Hermanos en el Episcopado, a Mons. DiMarzio, Obispo de Brookling, a los oficiales y al personal de la Conferencia Episcopal, que han contribuido de diversos modos a la preparación de esta visita. Con gran afecto saludo una vez más a los sacerdotes y religiosos, a los diáconos, a los seminaristas y a los jóvenes, y a todos los fieles de los Estados Unidos, y los aliento a perseverar dando un gozoso testimonio de Cristo, nuestra esperanza, nuestro Señor y Salvador resucitado, que renueva todas las cosas y nos da la vida en abundancia.

Uno de los momentos más significativos de mi visita ha sido la oportunidad de dirigir la palabra a la Asamblea de las Naciones Unidas. Agradezco al Secretario General, Ban Ki-moon, su atenta invitación y su acogida. Revisando los sesenta años transcurridos desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, agradezco todo lo que la Organización ha logrado realizar para defender y promover los derechos fundamentales de todo hombre, mujer y niño en cualquier parte del mundo, y aliento a todos los hombres de buena voluntad a continuar esforzándose sin desfallecer en la promoción de la coexistencia justa y pacífica entre los pueblos y las naciones.

La visita que esta mañana he realizado a “Ground Zero” permanecerá profundamente grabada en mi memoria. Seguiré rezando por los que fallecieron y por los que sufren las consecuencias de la tragedia que tuvo lugar en 2001. Rezo por todos los Estados Unidos, realmente por todo el mundo, para que el futuro traiga una mayor fraternidad y solidaridad, un creciente respecto recíproco y una renovada fe y confianza en Dios, nuestro Padre que está en el cielo.

Con estas palabras de despedida, les dejo, rogándoles que se acuerden de mí en sus plegarias, a la vez que les aseguro mi afecto y mi amistad en el Señor. Dios bendiga a América.

domingo, 20 de abril de 2008

El Santo Padre recuerda, que la libertad de los hijos de Dios, se encuentra sólo en la renuncia al propio yo



Y esta tarde antes de despedirse del pueblo estadounidense, el Papa ha presidido la celebración de la Santa Misa en la conmemoración del bicentenario de las archidiócesis de Baltimore, Boston, Louisville, Nueva York y Philadelphia. Esta misa se celebró en el estadio del equipo de béisbol de los Yankees, situado en el barrio del Bronx, de mayoría hispana.

En su homilía el Papa expresó su conmoción y alegría por los ecos que resuenan en su corazón de su encuentro anoche con los jóvenes y seminaristas en el seminario de San José. “Ayer, no lejos de aquí –ha recordado el Pontífice- me ha conmovido la alegría, la esperanza y el amor generoso a Cristo que he visto en el rostro de tantos jóvenes congregados en Dunwoodie. Ellos son el futuro de la Iglesia y merecen nuestras oraciones y todo el apoyo que podamos darles. Por eso, deseo concluir añadiendo una palabra de aliento para ellos. Queridos jóvenes amigos: igual que los siete hombres ‘llenos de espíritu de sabiduría’ a los que los Apóstoles confiaron el cuidado de la joven Iglesia, álcense también ustedes y asuman la responsabilidad que la fe en Cristo les presenta. Que encuentren la audacia de proclamar a Cristo, ‘el mismo ayer, hoy y siempre’, y las verdades inmutables que se fundamentan en Él, son verdades que nos hacen libres”.

Se trata, ha continuado el Papa, de “las únicas verdades que pueden garantizar el respeto de la dignidad y de los derechos de todo hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los más indefensos de todos los seres humanos, como los niños que están aún en el seno materno”. Y ha recordado luego cuando su predecesor Juan Pablo II habló en este mismo estadio en 1979, mencionando unas palabras suyas: “en un mundo en el que Lázaro continúa llamando a nuestra puerta, actúen de modo que su fe y su amor den fruto ayudando a los pobres, a los necesitados y a los sin voz.”

Y seguidamente les ha reiterado “a los muchachos y muchachas de América” que abran los corazones a la llamada de Dios para seguirlo en el sacerdocio y en la vida religiosa. El Pontífice, ha recordado los 200 años de “un momento crucial de la historia de la Iglesia en los Estados Unidos en su primera fase de crecimiento”. En este sentido el Papa ha recordando que en todo este tiempo el rostro de la comunidad católica estadounidense ha cambiado considerablemente. “Basta pensar en las continuas oleadas de emigrantes, cuyas tradiciones han enriquecido mucho a la Iglesia en América. En la recia fe que edificó la cadena de Iglesias, instituciones educativas, sanitarias y sociales, que desde hace mucho tiempo son el emblema distintivo de la Iglesia en este territorio”.
“La verdadera libertad florece –ha proseguido el Papa-, cuando nos alejamos del yugo del pecado, que nubla nuestra percepción y debilita nuestra determinación, y ve la fuente de nuestra felicidad definitiva en Él, que es amor infinito, libertad infinita, vida sin fin”. “En su voluntad está nuestra paz”. Por tanto, la verdadera libertad es un don gratuito de Dios, fruto de la conversión a su verdad, a la verdad que nos hace libres. Y dicha libertad en la verdad lleva consigo un modo nuevo y liberador de ver la realidad. Cuando nos identificamos con “la mente de Cristo”, se nos abren nuevos horizontes.
Y Benedicto XVI finalizo dirigiendo unas palabras en español a los fieles de lengua española.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Les saludo con afecto y me alegro de celebrar esta Santa Misa para dar gracias a Dios por el bicentenario del momento en que empezó a desarrollarse la Iglesia Católica en esta Nación. Al mirar el camino de fe recorrido en estos años, no exento también de dificultades, alabamos al Señor por los frutos que la Palabra de Dios ha dado en estas tierras y le manifestamos nuestro deseo de que Cristo, Camino, Verdad y Vida, sea cada vez más conocido y amado.

Aquí, en este País de libertad, quiero proclamar con fuerza que la Palabra de Cristo no elimina nuestras aspiraciones a una vida plena y libre, sino que nos descubre nuestra verdadera dignidad de hijos de Dios y nos alienta a luchar contra todo aquello que nos esclaviza, empezando por nuestro propio egoísmo y caprichos. Al mismo tiempo, nos anima a manifestar nuestra fe a través de nuestra vida de caridad y a hacer que nuestras comunidades eclesiales sean cada día más acogedoras y fraternas.
Sobre todo a los jóvenes les confío asumir el gran reto que entraña creer en Cristo y lograr que esa fe se manifieste en una cercanía efectiva hacia los pobres. También en una respuesta generosa a las llamadas que Él sigue formulando para dejarlo todo y emprender una vida de total consagración a Dios y a la Iglesia, en la vida sacerdotal o religiosa.

En la Zona Cero el Papa ofrece una oración por todas las víctimas del atentado del 11 de septiembre 2001

El Papa, de rodillas, reza en la 'Zona Cero' de Nueva York

"Dios de la paz, trae la paz a nuestro mundo violento". Fue una ceremonia austera en una mañana sombría. El Papa Benedicto XVI bajó por la rampa de la 'Zona Cero', rezó durante varios minutos en un reclinatorio, encendió una llama votiva y bendijo con agua el lugar donde murieron más de 2.700 personas el 11 de septiembre del 2001. "Dios del entendimiento, guíanos frente estos terribles eventos".

Benedicto XVI se refirió a la amenaza del terrorismo en un tono muy acorde con el silencio que empapó de principio a fin la ceremonia: "Dios, trae amor al corazón y a las mentes de todos aquellos consumidos por el odio".

Horas después de referirse al "monstruoso" pasado de su propio país y de recordar su propia junventud "bajo un régimen siniestro que creyó tener todas las respuestas", el Papa visitó la fosa donde se levantan ya los cimientos de la futura Torre de la Libertad. Fue uno de los momento más emotivos de su visita de cinco días a Washington y Nueva York, de donde se despedirá hoy con una última misa multitudinaria en el estadio de los Yankees.

"Dios, da luz eterna y paz a todos los que murieron aquí", dijo Benedicto XVI en la breve plegaria, tras varios minutos de silencio en los que rezó de rodillas, bajo la potente luz de unos reflectores y ante la mirada de decenas de familiares de las víctimas del 11-S. Entre elllos Dympna Judge, hermana del capellán de los bomberos de Nueva York, Mychal Judge, fallecido bajo la lluvia de escombros el día de los atentados.

Acabada la ceremonia, el Papa abandonó la 'Zona Cero' en el 'papamóvil', saludado a su paso por cientos de neoyorquinos, en su mayoría hispanos. Alexander Bejarano, colombiano, exhibió a su paso un cartel de Ingrid Bentancourt junto a otro en el que podía verse al sumo pontífice: "De la mano de Dios, buscamos la paz... La paz no tiene fronteras".


Oración Zona Cero

¡Oh Dios de amor, compasión y salvación!
¡Míranos, gente de diferentes creencias y tradiciones,
reunidos hoy en este lugar,
escenario de violencia y dolor increíbles.
Te pedimos que por tu bondad
concedas la luz y la paz eternas
a todos los que murieron aquí
los que heroicamente acudieron los primeros,
nuestros bomberos, policías,
servicios de emergencia y las autoridades del puerto,
y a todos los hombres y mujeres inocentes
que fueron víctimas de esta tragedia
simplemente porque vinieron aquí para cumplir con su deber
el 11 de septiembre de 2001.
Te pedimos que tengas compasión
y alivies las penas de aquellos que,
por estar presentes aquí ese día,
hoy están heridos o enfermos.
Alivia también el dolor de las familias que todavía sufren
y de todos los que han perdido a sus seres queridos en esta tragedia.
Dales fortaleza para seguir viviendo con valentía y esperanza.
También tenemos presentes
a cuantos murieron, resultaron heridos o sufrieron pérdidas
ese mismo día en el Pentágono y en Shanskville, Pennsylvania.
Nuestros corazones se unen a los suyos,
mientras nuestras oraciones abrazan su dolor y sufrimiento.
Dios de la paz, concede tu paz a nuestro violento mundo:
paz en los corazones de todos los hombres y mujeres
y paz entre las naciones de la tierra.
Lleva por tu senda del amor
a aquellos cuyas mentes y corazones
están nublados por el odio.
Dios de comprensión,
abrumados por la magnitud de esta tragedia,
buscamos tu luz y tu guía
cuando nos enfrentamos con hechos tan terribles como éste.
Haz que aquellos cuyas vidas fueron salvadas
vivan de manera que las vidas perdidas aquí
no lo hayan sido en vano.
Confórtanos y consuélanos,
fortalécenos en la esperanza,
y danos la sabiduría y el coraje
para trabajar incansablemente por un mundo
en el que la verdadera paz y el amor
reinen entre las naciones y en los corazones de todos.

sábado, 19 de abril de 2008

Muere el Cardenal Alfonso López Trujillo este sábado en Roma


De nacionalidad colombiana, tenía 72 años.

El Cardenal colombiano Alfonso López Trujillo ha fallecido el sábado 19 de abril en Roma, tras permanecer cuatro meses hospitalizado.

Desde el 8 de noviembre de 1990 presidía el Consejo Pontificio para la familia, creado por el Papa Juan Pablo II. Pertenecía al orden cardenalicio de los obispos desde el 17 de noviembre de 2001, con el título de la iglesia suburbicaria de Frascati. Creado cardenal el 2 de febrero de 1983, con 47 años ha sido el eclesiástico de las últimas décadas que recibió la púrpura en edad más joven.

Nació en Villahermosa, Colombia, diócesis de Líbano-Honda el 8 de noviembre de 1935. Fue ordenado sacerdote el 13 de noviembre de 1960. Recibió la ordenación episcopal el 25 de marzo de 1971, con tan solo 35 años. Fue obispo auxiliar de Bogotá, arzobispo coadjutor de Medellín y arzobispo de Medellín. Recibió numerosas amenazas del narcotráfico. Fue también secretario general y posteriormente presidente del CELAM.

En el momento de su muerte, acaecida a las 23:00h. del sábado 19 de abril, en la clínica Pío XI de Roma, estaba acompañado por su hermano, su sobrino, otros familiares, el cardenal Ángelo Sodano y varios miembros de la Curia Romana.

Se desconoce todavía la fecha de su funeral, si bien, habida cuenta de que Benedicto XVI no regresa a Roma hasta la mañana del lunes 21 de abril y que es el Papa mismo quien preside los funerales por los cardenales que fallecen en Roma, dichas exequias podrían demorarse al martes o miércoles próximo en la basílica vaticana.

Tras su muerte, el colegio cardenalicio está compuesto por 195 cardenales, de ellos ya 118 electores en caso de cónclave.

Palabras del Santo Padre a los jóvenes y seminaristas de lengua española en el Seminario de San José en NY

Les animo a abrirle al Señor su corazón para que Él lo llene por completo y con el fuego de su amor lleven su Evangelio a todos los barrios de Nueva York.

Queridos seminaristas, queridos jóvenes:


Es para mí una gran alegría poder encontrarme con todos ustedes en este día de mi cumpleaños. Gracias por su acogida y por el cariño que me han demostrado.

Les animo a abrirle al Señor su corazón para que Él lo llene por completo y con el fuego de su amor lleven su Evangelio a todos los barrios de Nueva York.

La luz de la fe les impulsará a responder al mal con el bien y la santidad de vida, como lo hicieron los grandes testigos del Evangelio a lo largo de los siglos. Ustedes están llamados a continuar esa cadena de amigos de Jesús, que encontraron en su amor el gran tesoro de sus vidas. Cultiven esta amistad a través de la oración, tanto personal como litúrgica, y por medio de las obras de caridad y del compromiso por ayudar a los más necesitados. Si no lo han hecho, plantéense seriamente si el Señor les pide seguirlo de un modo radical en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada. No basta una relación esporádica con Cristo. Una amistad así no es tal. Cristo les quiere amigos suyos íntimos, fieles y perseverantes.

A la vez que les renuevo mi invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, les aseguro mi recuerdo en la oración, en la que suplico a Dios que los haga auténticos discípulos de Cristo Resucitado. Muchas gracias.

En el Seminario de san José, Benedicto XVI se dirige a jóvenes minusválidos

"Les ruego que recen también por mí. Como saben, acabo de cumplir un año más. El tiempo vuela."
En el Seminario de san José, Benedicto XVI se ha dirigido a medio centenar de jóvenes discapacitados diciéndoles que el amor incondicional de Dios, que alcanza a todo ser humano, otorga un significado y finalidad a cada vida humana.

Manifestando su alegría por este encuentro el Papa ha reconocido que “a veces es un reto encontrar una razón para lo que aparece solamente como una dificultad que superar o un dolor que afrontar. No obstante, la fe nos ayuda a ampliar el horizonte más allá de nosotros mismos para ver la vida como Dios la ve”.

El Santo Padre que además ha pedido a los jóvenes que recen por él, ha subrayado que “Dios les ha bendecido con el don de la vida, y con otros talentos y cualidades, por medio de las cuales pueden servirlo a Él y a la sociedad de diferentes modos. Aunque la contribución de algunos puede parecer grande y la de otros más modesta, el valioso testimonio de nuestros esfuerzos constituye siempre un signo de esperanza para todos”.

En su homilía el Papa pide un nuevo Pentecostés para la iglesia en América
















"Las agujas de las torres de la catedral de san Patricio han sido muy superadas por los rascacielos del tipo de Manhattan; sin embargo, en el corazón de esta metrópoli ajetreada ellas son un signo vivo que recuerda la constante nostalgia del espíritu humano de elevarse hacia Dios."




Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Saludo con gran afecto en el Señor a todos vosotros que representáis a los Obispos, sacerdotes y diáconos, a los hombres y mujeres de vida consagrada, y a los seminaristas de los Estados Unidos. Agradezco al Cardenal Egan la cordial bienvenida y felicitación que ha expresado en nombre vuestro, al inicio del cuarto año de mi Pontificado.

Me alegra celebrar esta Misa con vosotros que habéis sido elegidos por el Señor, que habéis respondido a su llamado y que dedicáis vuestra vida a la búsqueda de la santidad, a la difusión del Evangelio y a la edificación de la Iglesia en la fe, en la esperanza y en el amor.

Reunidos en esta histórica catedral, ¿cómo no recordar a los innumerables hombres y mujeres que os han precedido, que han trabajado por el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, dejándonos un patrimonio duradero de fe y de obras buenas? En la primera lectura de hoy hemos visto cómo los Apóstoles, con la fuerza del Espíritu Santo, salieron de la sala del piso superior para anunciar las grandes obras de Dios a personas de toda nación y lengua. En este país la misión de la Iglesia ha conllevado siempre atraer a la gente “de todas las naciones de la tierra” (Hch 2,5) hacia una unidad espiritual enriqueciendo el Cuerpo de Cristo con la multiplicidad de sus dones. Al mismo tiempo que damos gracias por las bendiciones del pasado y consideramos los desafíos del futuro, queremos implorar de Dios la gracia de un nuevo Pentecostés para la Iglesia en América. ¡Que desciendan sobre todos los presentes lenguas como de fuego, fundiendo el amor ardiente a Dios y al prójimo con el celo por la propagación del Reino de Dios!

En la segunda lectura de esta mañana san Pablo nos recuerda que la unidad espiritual – aquella unidad que reconcilia y enriquece la diversidad – tiene su origen y su modelo supremo en la vida del Dios uno y trino. La Trinidad, como comunión de amor y libertad infinita, hace nacer incesantemente la vida nueva en la obra de la creación y redención. La Iglesia, como “pueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Lumen gentium, 4), está llamada a proclamar el don de la vida, a proteger la vida y a promover una cultura de la vida.

Aquí, en esta catedral, nuestro recuerdo se dirige naturalmente al testimonio heroico por el Evangelio de la vida, dado por los difuntos Cardenales Cooke y O’Connor. La proclamación de la vida, de la vida abundante, debe ser el centro de la nueva evangelización. Pues la verdadera vida – nuestra salvación – se encuentra sólo en la reconciliación, en la libertad y en el amor que son dones gratuitos de Dios.

Éste es el mensaje de esperanza que estamos llamados a anunciar y encarnar en un mundo en el que egocentrismo, avidez, violencia y cinismo parecen sofocar muy a menudo el crecimiento frágil de la gracia en el corazón de la gente. San Ireneo comprendió con gran profundidad que la exhortación de Moisés al pueblo de Israel: “Elige la vida” (Dt 30,19) era la razón más profunda para nuestra obediencia a todos los mandamientos de Dios (cf. Adv. Haer. IV, 16, 2-5). Quizás hemos perdido de vista que en una sociedad en la que la Iglesia parece a muchos que es legalista e “institucional”, nuestro desafío más urgente es comunicar la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios.

Soy particularmente feliz que nos hayamos reunido en la catedral de San Patricio. Este lugar, quizás más que cualquier otro templo de Estados Unidos, es conocido y amado como “una casa de oración para todos los pueblos” (cf. Is 56,7; Mc 11,17). Cada día miles de hombres, mujeres y niños entran por sus puertas y encuentran la paz dentro de sus muros. El Arzobispo John Hughes – como nos ha recordado el Cardenal Egan – fue el promotor de la construcción de este venerable edificio; quiso erigirlo en puro estilo gótico. Quería que esta catedral recordase a la joven Iglesia en América la gran tradición espiritual de la que era heredera, y que la inspirase a llevar lo mejor de este patrimonio en la edificación del Cuerpo de Cristo en este país. Quisiera llamar vuestra atención sobre algunos aspectos de esta bellísima estructura, que me parece que puede servir como punto de partida para una reflexión sobre nuestras vocaciones particulares dentro de la unidad del Cuerpo místico.

El primer aspecto se refiere a los ventanales con vidrieras historiadas que inundan el ambiente interior con una luz mística. Vistos desde fuera, estos ventanales parecen oscuros, recargados y hasta lúgubres. Pero cuando se entra en el templo, de improviso toman vida; al reflejar la luz que las atraviesa revelan todo su esplendor. Muchos escritores – aquí en América podemos recordar a Nathaniel Hawthorne – han usado la imagen de estas vidrieras historiada para ilustrar el misterio de la Iglesia misma. Solamente desde dentro, desde la experiencia de fe y de vida eclesial, es como vemos a la Iglesia tal como es verdaderamente: llena de gracia, esplendorosa por su belleza, adornada por múltiples dones del Espíritu. Una consecuencia de esto es que nosotros, que vivimos la vida de gracia en la comunión de la Iglesia, estamos llamados a atraer dentro de este misterio de luz a toda la gente.

No es un cometido fácil en un mundo que es propenso a mirar “desde fuera” a la Iglesia, igual que a aquellos ventanales: un mundo que siente profundamente una necesidad espiritual, pero que encuentra difícil “entrar en el” misterio de la Iglesia. También para algunos de nosotros, desde dentro, la luz de la fe puede amortiguarse por la rutina y el esplendor de la Iglesia puede ofuscarse por los pecados y las debilidades de sus miembros. La ofuscación puede originarse por los obstáculos encontrados en una sociedad que, a veces, parece haber olvidado a Dios e irritarse ante las exigencias más elementales de la moral cristiana. Vosotros, que habéis consagrado vuestra vida para dar testimonio del amor de Cristo y para la edificación de su Cuerpo, sabéis por vuestro contacto diario con el mundo que nos rodea, cuantas veces se siente la tentación de ceder a la frustración, a la desilusión e incluso al pesimismo sobre el futuro. En una palabra: no siempre es fácil ver la luz del Espíritu a nuestro alrededor, el esplendor del Señor resucitado que ilumina nuestra vida e infunde nueva esperanza en su victoria sobre el mundo (cf. Jn 16,33).

Sin embargo, la palabra de Dios nos recuerda que, en la fe, vemos los cielos abiertos y la gracia del Espíritu Santo que ilumina a la Iglesia y que lleva una esperanza segura a nuestro mundo. “Señor, Dios mío”, canta el salmista, “envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra” (Sal 104,30). Estas palabras evocan la primera creación, cuando “el Aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas” (Gn 1,2). Y ellas impulsan nuestra mirada hacia la nueva creación, hacia Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles e instauró la Iglesia como primicia de la humanidad redimida (cf. Jn 20,22-23). Estas palabras nos invitan a una fe cada vez más profunda en la potencia infinita de Dios, que transforma toda situación humana, crea vida desde la muerte e ilumina también la noche más oscura. Y nos hacen pensar en otra bellísima frase de san Ireneo: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia” (Adv. Haer. III, 24,1).

Esto me lleva a otra reflexión sobre la arquitectura de este templo. Como todas las catedrales góticas, tiene una estructura muy compleja, cuyas proporciones precisas y armoniosas simbolizan la unidad de la creación de Dios. Los artistas medievales a menudo representaban a Cristo, la Palabra creadora de Dios, como un “aparejador” celestial con el compás en mano, que ordena el cosmos con infinita sabiduría y determinación. Esta imagen, ¿no nos hace pensar quizás en la necesidad de ver todas las cosas con los ojos de la fe para, de este modo, poder comprenderlas en su perspectiva más auténtica, en la unidad del plan eterno de Dios? Esto requiere, como sabemos, una continua conversión y el esfuerzo de “renovarnos en el espíritu de nuestra mente” (cf. Ef 4,23) para conseguir una mentalidad nueva y espiritual. Exige también el desarrollo de aquellas virtudes que hacen a cada uno de nosotros capaz de crecer en santidad y dar frutos espirituales en el propio estado de vida. Esta constante conversión “intelectual”, ¿acaso no es tan necesaria como la conversión “moral” para nuestro crecimiento en la fe, para nuestro discernimiento de los signos de los tiempos y para nuestra aportación personal a la vida y misión de la Iglesia?

Una de las grandes desilusiones que siguieron al Concilio Vaticano II, con su exhortación a un mayor compromiso en la misión de la Iglesia para el mundo, pienso que haya sido para todos nosotros la experiencia de división entre diferentes grupos, distintas generaciones y diversos miembros de la misma familia religiosa. ¡Podemos avanzar sólo si fijamos juntos nuestra mirada en Cristo! Con la luz de la fe descubriremos entonces la sabiduría y la fuerza necesarias para abrirnos hacia puntos de vista que no siempre coinciden del todo con nuestras ideas o nuestras suposiciones. Así podemos valorar los puntos de vista de otros, ya sean más jóvenes o más ancianos que nosotros, y escuchar por fin “lo que el Espíritu nos dice” a nosotros y a la Iglesia (cf. Ap 2, 7). De este modo caminaremos juntos hacia la verdadera renovación espiritual que quería el Concilio, la única renovación que puede reforzar la Iglesia en la santidad y en la unidad indispensable para la proclamación eficaz del Evangelio en el mundo de hoy.

¿No ha sido quizás esta unidad de visión y de intentos. - basada en la fe y en el espíritu de continua conversión y sacrificio personal - el secreto del crecimiento sorprendente de la Iglesia en este país? Basta pensar en la obra extraordinaria de aquel sacerdote americano ejemplar, el venerable Michael McGivney, cuya visión y celo le llevaron a la fundación de los Caballeros de Colón, o en la herencia espiritual de generaciones de religiosas, religiosos y sacerdotes que, silenciosamente, han dedicado su vida al servicio del pueblo de Dios en innumerables escuelas, hospitales y parroquias.

Aquí, en el contexto de nuestra necesidad de una perspectiva fundamentada en la fe, y de unidad y colaboración en el trabajo de edificación de la Iglesia, querría decir unas palabras sobre los abusos sexuales que han causado tantos sufrimientos. Ya he tenido ocasión de hablar de esto y del consiguiente daño para la comunidad de los fieles. Ahora deseo expresaros sencillamente, queridos sacerdotes y religiosos, mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que tratáis de responder con esperanza cristiana a los continuos desafíos surgidos por esta situación. Me siento unido a vosotros rezando para que éste sea un tiempo de purificación para cada uno y para cada Iglesia y comunidad religiosa, y también un tiempo de sanación. Además, os animo a colaborar con vuestros obispos que siguen trabajando eficazmente para resolver este problema Que muestro Señor Jesucristo conceda a la Iglesia en América un renovado sentido de unidad y decisión, mientras todos. - Obispos, clero, religiosos, religiosas y laicos. - caminan en la esperanza y en el amor recíproco y para la verdad.

Queridos amigos, estas consideraciones me llevan a una última observación sobre esta gran catedral en la que nos encontramos. La unidad de una catedral gótica, es sabido, no es la unidad estática de un templo clásico, sino una unidad nacida de la tensión dinámica de diferentes fuerzas que empujan la arquitectura hacia arriba, orientándola hacia el cielo. Aquí podemos ver también un símbolo de la unidad de la Iglesia que es – como nos ha dicho san Pablo - unidad de un cuerpo vivo compuesto por muchos elementos diferentes, cada uno con su propia función y su propia determinación. Aquí vemos también la necesidad de reconocer y respetar los dones de cada miembro del cuerpo como “manifestación del Espíritu para provecho común” (1 Co 12,7).

Ciertamente, en la estructura de la Iglesia querida por Dios se ha de distinguir entre los dones jerárquicos y los carismáticos (cf. Lumen gentium, 4). Pero precisamente la variedad y riqueza de las gracias concedidas por el Espíritu nos invitan constantemente a discernir cómo estos dones tienen que ser insertados correctamente en el servicio de la misión de la Iglesia. Vosotros, queridos sacerdotes, por medio de la ordenación sacramental, habéis sido conformados con Cristo, Cabeza del Cuerpo. Vosotros, queridos diáconos, habéis sido ordenados para el servicio de este Cuerpo. Vosotros, queridos religiosos y religiosas, tanto los contemplativos como los dedicados al apostolado, habéis consagrado vuestra vida a seguir al divino Maestro en el amor generoso y en plena fidelidad a su Evangelio. Todos vosotros que hoy llenáis esta catedral, así como vuestros hermanos y hermanas ancianos, enfermos o jubilados que ofrecen sus oraciones y sus sacrificios para vuestro trabajo, estáis llamados a ser fuerzas de unidad dentro del Cuerpo de Cristo. A través de vuestro testimonio personal y de vuestra fidelidad al ministerio o al apostolado que se os ha confiado preparáis el camino al Espíritu. Ya que el Espíritu nunca deja de derramar sus abundantes dones, suscitar nuevas vocaciones y nuevas misiones, y de dirigir a la Iglesia - como el Señor ha prometido en el fragmento evangélico de esta mañana – hacia la verdad plena (cf. Jn 16, 13).

¡Dirijamos, pues, nuestra mirada hacia arriba! Y con gran humildad y confianza pidamos al Espíritu que cada día nos haga capaces de crecer en la santidad que nos hará piedras vivas del templo que Él está levantando justamente ahora en el mundo. Si tenemos que ser auténticas fuerzas de unidad, ¡esforcémonos entonces en ser los primeros en buscar una reconciliación interior a través de la penitencia! ¡Perdonemos las ofensas padecidas y dominemos todo sentimiento de rabia y de enfrentamiento! ¡Esforcémonos en ser los primeros en demostrar la humildad y la pureza de corazón necesarias para acercarnos al esplendor de la verdad de Dios!

En fidelidad al depósito de la fe confiado a los Apóstoles (cf. 1 Tm 6,20), ¡esforcémonos en ser testigos alegres de la fuerza transformadora del Evangelio!

¡Queridos hermanos y hermanas, de acuerdo con las tradiciones más nobles de la Iglesia en este país, sed también los primeros amigos del pobre, del prófugo, del extranjero, del enfermo y de todos los que sufren! ¡Actuad como faros de esperanza, irradiando la luz de Cristo en el mundo y animando a los jóvenes a descubrir la belleza de una vida entregada enteramente al Señor y a su Iglesia! Dirijo este llamado de modo especial a los numerosos seminaristas y jóvenes religiosas y religiosos aquí presentes. Cada uno de vosotros tiene un lugar particular en mi corazón. No olvidéis nunca que estáis llamados a llevar adelante, con todo el entusiasmo y la alegría que os da el Espíritu, una obra que otros han empezado, un patrimonio que un día vosotros tendréis que pasar también a una nueva generación. ¡Trabajad con generosidad y alegría, porque Aquél a quien servís es el Señor!

Las agujas de las torres de la catedral de san Patricio han sido muy superadas por los rascacielos del tipo de Manhattan; sin embargo, en el corazón de esta metrópoli ajetreada ellas son un signo vivo que recuerda la constante nostalgia del espíritu humano de elevarse hacia Dios.

En esta Celebración eucarística queremos dar gracias al Señor porque nos permite reconocerlo en la comunión de la Iglesia y colaborar con Él, edificando su Cuerpo místico y llevando su palabra salvadora como buena nueva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y después, cuando salgamos de este gran templo, caminemos como mensajeros de la esperanza en medio de esta ciudad y en todos aquellos lugares donde nos ha puesto la gracia de Dios. De este modo la Iglesia en América conocerá una nueva primavera en el Espíritu e indicará el camino hacia aquella otra ciudad más grande, la nueva Jerusalén, cuya luz es el Cordero (cf. Ap 21,23). Por esto Dios está preparando también ahora un banquete de alegría y de vida infinitas para todos

los pueblos. Amén.