viernes, 14 de septiembre de 2012

El Papa en Líbano: Vengo a Medio Oriente como peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres

El Papa en Líbano: Vengo a Medio Oriente como peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres
VATICANO, 14 Sep. 12 / 10:01 am (ACI/EWTN Noticias).- En su discurso en la ceremonia de bienvenida en su viaje al Líbano, el número 24 de su pontificado, el Papa Benedicto XVI señaló que llega a Medio Oriente como "peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres".
El Santo Padre llegó a la 1:45 p.m. (hora local) al aeropuerto Rafiq Hariri de Beirut. Fue recibido, entre otras personalidades, por el Presidente de la República del Líbano, Michel Sleiman, quien estaba acompañado de su esposa. En la comitiva estaba también el Patriarca de Antioquía de los Maronitas (católicos), Su Beatitud Béchara Boutros Raï.
El Papa expresó su alegría por estar en suelo libanés y afirmó que "más allá de vuestro país, vengo también hoy simbólicamente a todos los países de Oriente Medio, como un peregrino de paz, como un amigo de Dios, y como un amigo de todos los habitantes de todos los países de la región, cualquiera que sea su pertenencia y su creencia".
"Vuestros gozos y penas están continuamente presentes en la oración del Papa y pido a Dios que os acompañe y alivie. Os puedo asegurar que rezo particularmente por todos los que sufren en esta región, que son muchos. La imagen de San Marón (en la Plaza de San Pedro) me recuerda lo que vivís y soportáis", resaltó.
El Papa Benedicto XVI dijo que llega al Líbano para "decir lo importante que es la presencia de Dios en la vida de cada uno y cómo la forma de vivir juntos, esta convivencia que desea testimoniar vuestro país, será profunda en la medida en que esté fundada en una actitud de acogida y benevolencia hacia el otro, en la medida que esté enraizada en Dios, que desea que todos los hombres sean hermanos".
"El famoso equilibrio libanés, que quiere seguir siendo una realidad, se puede prolongar gracias a la buena voluntad y al empeño de todos los libaneses. Sólo entonces podrá servir de modelo para los habitantes de toda la región, y del mundo entero".
No se trata, precisó el Pontífice, "únicamente de una obra humana, sino de un don de Dios que hay que pedir con insistencia, preservar a cualquier precio, y consolidar con determinación".
El Santo Padre resaltó luego el testimonio de San Marón, Apóstol del Líbano, quien "manifiesta una herencia espiritual de siglos, que confirma la veneración de los libaneses hacia el primero de los apóstoles y sus sucesores" que "intercede continuamente por vuestro país y por todo el Oriente Medio".
"Otro motivo de mi visita es la firma y entrega de la Exhortación apostólica postsinodal de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de Obispos, Ecclesia in Medio Oriente. Se trata de un importante acontecimiento eclesial".
"La Exhortación, destinada al mundo entero, pretende ser para ellos una hoja de ruta para los próximos años", resaltó.
El Santo Padre dijo además que "la buena convivencia, típicamente libanesa, debe demostrar, a todo Oriente Medio y al resto del mundo, que dentro de una nación puede haber colaboración entre las diferentes Iglesias, miembros todos de la única Iglesia Católica, en un espíritu fraternal de comunión con los demás cristianos y, al mismo tiempo, la convivencia y el diálogo respetuoso entre los cristianos y sus hermanos de otras religiones".
"Sabéis tan bien como yo que este equilibrio, que se presenta por todas partes como un ejemplo, es extremadamente delicado. A veces amenaza con romperse cuando se tensa como un arco, o se somete a presiones que son con demasiada frecuencia partidistas, ciertamente interesadas, contrarias y extrañas a la armonía y dulzura libanesa".
"Es necesario entonces dar prueba de verdadera moderación y gran sabiduría. Y la razón debe prevalecer sobre la pasión unilateral para favorecer el bien común de todos".
Para concluir el Papa dijo, dirigiéndose al Presidente, que "vuestro país me prepara una hermosa acogida, una acogida calurosa, la que se reserva a un hermano al que se ama y se respeta. (…) Me siento feliz de estar con todos vosotros. Que Dios os bendiga a todos".
Para leer el discurso completo, ingrese a: http://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-discurso-del-papa-en-la-ceremonia-de-bienvenida-en-el-libano/

domingo, 9 de septiembre de 2012

Un gran teólogo habla sobre Doña Lucilia

En el prefacio de la primera edición en portugués del libro “Doña Lucilia” escrito por Mons. Juan S. Clá Dias, el conocido teólogo dominico, el Padre Antonio Royo Marín así se expresaba (Extractos):

“Mi querido y admirado amigo Don Joao S. Clá Dias, autor de esta espléndida biografía de Doña Lucilia Correa de Oliveira, ha tenido la amabilidad de pedirme un “Prefacio” que sirva de presentación o pequeña introducción a la misma. Al efecto, ha puesto a mi disposición el texto íntegro mecanografiado antes de enviarlo a la imprenta.

Empecé a leer estas páginas ignorando totalmente el altísimo valor de su contenido. Lo que al principio comenzó por simple curiosidad ante lo desconocido evolucionó muy pronto en franca simpatía,  que fue aumentando progresivamente hasta convertirse en verdadera admiración y pasmo. Más que los datos biográficos de una mujer extraordinaria lo que iba leyendo era la vida de una verdadera santa en toda la extensión de la palabra. La amenidad y el extraordinario interés de la lectura no decae un solo instante.

Se trata de una completísima “Vida de doña Lucilia”, que puede parangonarse con las mejores con las mejores “Vidas de Santos” aparecidas hasta hoy en el mundo entero.

En sus magníficas cartas dice con frecuencia Doña Lucilia cosas tan sublime y de una espiritualidad tan elevada que al lector le embarga una emoción parecida a la que produce la lectura del inimitable epistolario de Santa Teresa de Jesús.

¿Fue doña Lucilia una verdadera santa en toda la extensión de la palabra? O en otra forma: ¿Sus virtudes cristianas alcanzaron el grado heroico que ser requieren indispensablemente  para ser reconocido por la Iglesia con una beatificación y canonización?

A la vista de laos datos  rigurosamente históricos que nos ofrece con gran abundancia la biografía que estamos presentando me atrevo a responder con un rotundo y sin la menor vacilación.

¡Lejos de mí la ridiculez e irreverente pretensión de tratar de adelantarme al juicio infalible de la Iglesia! Lo mío es una opinión sincerísima, pero perfectamente falible. La Iglesia nunca se equivoca, nosotros podemos equivocarnos siempre.

Para la beatificación y canonización de un siervo de Dios lo primero que hace falta es demostrar con pruebas y testimonios del todo claros e inequívocos de que el sujeto en cuestión practicó en grado heroico las virtudes cristianas, tanto teologales (fe, esperanza y caridad) como morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza con todas sus derivadas). Sin virtudes heroicas plenamente comprobadas no hay canonización posible. Lo que no hace falta en modo alguno –en contra de lo que cree mucha gente- es que el candidato a la canonización haya  realizado o no algún milagro durante su vida mortal. Esto no tiene la menor importancia  ni añadiría nada la las virtudes heroicas, que es lo único básico y substancial. Como es sabido el milagro es una gracia gratis data que el Señor concede a algunas personas independientemente de que sean o no verdaderos santos. La inmensa mayoría de los santos canonizados por la Iglesia no realizaron ningún milagro mientras vivieron en este mundo, aunque tienen que hacerlo después de su muerte como veremos en seguida. Buena prueba de ello es que nada menos que la Santa de las Santas, la Inmaculada Virgen María, no realizó ningún milagro durante su vida mortal. Es cierto que Jesús realizó, a petición de su Madre su primer gran milagro en las bodas de Caná convirtiendo el agua en exquisito vino; pero el milagro lo hizo El y no Ella, que se limitó únicamente a pedirlo sin realizarlo por su cuenta.

Padre Antonio Royo Marín
Padre Antonio Royo Marín

Lo que sí es necesario es que se produzca algún milagro, del todo claro y manifiesto, por intercesión del candidato canonizable después de su muerte santa. ¿Por qué después y no antes? Porque no es necesario a la santidad como acabamos de decir; pero sí después para que la Iglesia tenga una prueba irrefutable  de que la voluntad de Dios es que se proceda  a la beatificación o canonización.

La última palabra pertenece a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana que es la maestra infalible de la verdad. Pero a nosotros nos incumbe el dulce deber y el sagrado derecho de pedir humildemente a la Divina Providencia que lleve a feliz término nuestra entrañable petición, para la gloria de Dios y gran aprovechamiento de las almas”.