lunes, 31 de diciembre de 2012

Santa María, Madre de Dios

La maternalidad de María resplandece con tan alto brillo virginal, que todas las vírgenes, delante de Ella, es como si no lo fuesen. Solamente Ella es la Inmaculada, la Virgen entre las vírgenes, la única que perfuma y torna perfecta la castidad de todas.

El primer día del año, el calendario de los santos inicia con la fiesta de María Santísima, en el misterio de su maternidad divina. Decisión correcta, porque en realidad Ella es “la Virgen Madre, Hija de su Hijo, humilde y más sublime que cualquier criatura, objeto fijado para un eterno designio de amor”. Ella tiene el derecho de llamarlo “Hijo”, y Él, Dios omnipotente, de llamarla verdaderamente, Madre.

Se remontan hasta la eternidad los incomparables privilegios concedidos por el Creador a la Virgen Santísima, con su predestinación para la augusta misión de ser la Madre de Dios. Los Padres de la Iglesia, fieles intérpretes de la Sagrada Escritura, reconocieron la predestinación de María para la maternidad divina.

San Agustín dice que antes de que Nuestro Señor Jesucristo naciera de María, Él la conoció y la predestinó para ser su Madre.

Y San Juan Damasceno, dirigiéndose a la Virgen María: “Porque el decreto de la predestinación nace del amor como de su primera raíz, Dios, Soberano maestro de todas las cosas, que os sabía previamente digna de su amor, os amó; y porque os amó, os predestinó”.

Y San Juan Damasceno, dirigiéndose a la Virgen María: “Porque el decreto de la predestinación nace del amor como de su primera raíz, Dios, Soberano maestro de todas las cosas, que os sabía previamente digna de su amor, os amó; y porque os amó, os predestinó”.


“¡Oh Virgen! – exclama San Bernardino de Siena- Vos fuisteis predestinada en el pensamiento divino antes de toda criatura, para dar vida al mismo Dios que se quiso revestir de nuestra humanidad”.

San Andrés de Creta en su discurso sobre la Asunción de la Virgen María explica el mismo pensamiento: “Esta Virgen es la manifestación de los misterios de la incomprensión divina, el fin que Dios se propuso antes de todos los siglos”.

Y San Bernardo: “Fue enviado el Ángel Gabriel a una Virgen (Lc. I, 26-27), Virgen en el cuerpo, Virgen en el alma; (…) no encontrada al azar o sin especial providencia, sino escogida desde todos los siglos, conocida en la presencia del Altísimo que la predestinó para ser un día su Madre; guardada por los Ángeles, designada anticipadamente por los antiguos Padres, prometida por los Profetas”.

Entre las infinitas criaturas posibles, Dios escogió y predestinó a la Virgen. No fueron otras las palabras de Pío IX en la célebre Bula que definió el dogma de la Inmaculada Concepción: “Desde el principio y antes de todos los siglos, escogió y predestinó [Dios] para su Hijo una Madre en la que se Encarnaría y de la cual, después, en la feliz plenitud de los tiempos, nacería; y con preferencia a cualquier otra criatura, hízola limpísima por el mucho amor, hasta el punto de complacerse en Ella con singularísima bondad”.


(Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción comentado, Monseñor João Clá Dias, EP, Artpress, São Paulo,1997)

 

jueves, 6 de diciembre de 2012

El Verdadero Significado de la Navidad


Navidad
Qué difícil es, en un mundo marcado por el laicismo, tener muy presente el verdadero significado de la Santa Navidad y el beneficio inconmensurable que representó para los hombres la Encarnación de la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). De esta manera tan sencilla resumía el Discípulo Amado el acontecimiento más grande de la Historia. Sus modestas palabras sintetizan1.jpg el rico e insondable contenido del magnífico misterio que se conmemora todos los 25 de diciembre: en la oscuridad de las tinieblas del paganismo, rayaba la aurora de nuestra salvación. Se había hecho hombre el Esperado de las naciones, Aquel que había sido anunciado por los Profetas.
Escenario invadido por lo sobrenatural
En la noche en la que Jesús vino al mundo, se respiraba en Belén un ambiente de paz y de alegría. La naturaleza parecía estar jubilosa mientras, en una gruta inhóspita, una santa pareja contemplaba a su Hijo recién nacido.
Ella es la Madre de las madres, concebida sin pecado original, criatura perfecta, en la cual el Creador depositó toda su gracia. A su lado se encuentra San José, marido castísimo, varón justo cuyo amor a Dios, integridad y sabiduría lo hacen digno de tan augusta Esposa. Y el Niño que ambos contemplan es Dios mismo, que asume nuestra naturaleza para dar la mayor prueba posible de su amor a la humanidad.
¡Qué atmósfera tan sublime envolvía aquel escenario paupérrimo! El ambiente en el que el Divino Infante había nacido debería estar tan asumido por lo sobrenatural, que si alguien hubiera tenido la dicha de entrar en ese momento, quedaría de súbito arrebatado por todo tipo de gracias.
Fue lo que les ocurrió a los pastores. Tras el aviso de los ángeles, corrieron en dirección a la gruta y allí encontraron al Rey del Universo acostado sobre pajas. Abismados por la grandeza de la escena, que también la contemplaban con los ojos de la Fe, no tuvieron otra actitud que la de la adoración. ¡Qué extraordinaria dádiva recibieron, fueron los primeros que contemplaron al Creador del Cielo y de la Tierra hecho hombre, envuelto en pañales, en un pesebre!
Dios quiso presentarse de una forma ejemplarmente humilde
Si consideramos las imponentes manifestaciones de la naturaleza que acompañaban a las intervenciones de Dios en el Antiguo Testamento —el mar se abre, el monte humea, el fuego cae del cielo y reduce a cenizas las ciudades—, resulta sorprendente constatar la humildad y discreción con las que Cristo vino al mundo.
¿No habría sido más apropiado a la grandeza divina que en la noche de Navidad signos extraordinarios hubieran marcado tal acontecimiento en el Cielo y en la Tierra? ¿No podría haber nacido Jesús, por lo menos, en un magnífico palacio y haber convocado a los más grandes potentados del mundo entero? Le hubiera bastado un simple acto de voluntad para que eso hubiera ocurrido...
Pero no fue así. El Verbo prefirió una gruta a un palacio; quiso ser adorado por pobres pastores en vez de grandes señores; se calentó con el vaho de dos animales y la rudeza de la paja, en lugar de usar ricos vestidos y dorados braseros. Ni siquiera quiso ordenarle al frío que no lo alcanzase. En tan sublime paradoja, la Majestad infinita deseaba presentarse de una forma ejemplarmente humilde.
Pero a pesar de las pobres apariencias, aquel Niño era la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. En Él se daba la unión hipostática de la naturaleza divina con la humana. Así lo explica el célebre Padre Boulenger: “Unión es el estado de dos cosas que se hallan juntas. Se puede realizar ora en las naturalezas, por ejemplo, cuando el cuerpo y el alma se unen para formar una sola naturaleza humana; ora en la persona, cuando se unen dos naturalezas en la misma persona. Esta última unión se llama hipostática, porque en griego los dos términos, hipóstasis (sustancia) y persona, tienen el mismo significado teológico”.1
Y esas dos naturalezas, después de la unión, permanecerán perfectamente íntegras e inconfundibles en la Persona de Cristo, que no es humana, sino divina. Por eso es llamado Hombre Dios.
Abismo intraspasable
2.jpg¿Y por qué la Segunda Persona de la Santísima Trinidad quiso encarnarse en una naturaleza tan inferior? Nuestros primeros padres fueron creados en el Paraíso Terrenal en estado de inocencia original, por tanto, en justicia y santidad. 2 Además de eso, Dios en su infinita bondad le confirió a Adán dones de tres cualidades: naturales, todas las propiedades de su cuerpo y su alma estaban perfectamente ordenadas para conseguir su fin natural; sobrenaturales, la gracia santificante, es decir, la participación en la propia vida de Dios, y la predestinación a la visión de Dios en la eterna Bienaventuranza; y preternaturales, tales como la ciencia infusa, el dominio de las pasiones y la inmortalidad, que constituyen el don de integridad.
En contrapartida a estos inmensos beneficios, le fue presentada al hombre una prueba.
Debía cumplir de manera eximia la ley divina, guiándose por las exigencias de la ley natural grabada en su corazón, y respetar una única norma concreta que Dios le había dado: la prohibición de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, plantado en el centro del Jardín del Edén (cf. Gn 2, 9-17).
Nos narra la Sagrada Escritura como la serpiente tentó a Eva, como cayeron nuestros primeros padres y como fueron expulsados del Paraíso (cf. Gn 3, 1-23). En consecuencia del pecado, buena parte de esas facultades les fueron retiradas. Pero Dios, en su infinita misericordia, les mantuvo los privilegios naturales. Así lo describe el docto Padre Tanquerey: “Se contentó con despojarlos de los privilegios especiales que les había conferido, es decir, del don de integridad y de la gracia habitual; conservando pues, la naturaleza y sus privilegios naturales. Es verdad que la voluntad quedó enflaquecida, comparada con lo que era el don de integridad; pero no está probado que fuese más flaca de lo que hubiera sido en el estado natural”.3
El Pecado Original abrió entre Dios y los hombre un abismo intraspasable. Las puertas del Cielo se cerraron y el hombre contingente sólo podía ofrecer a Dios una reparación imperfecta de la ofensa cometida. Y el Hijo se ofreció al Padre y “se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8) para restituir al hombre la gracia perdida con el pecado. El propio Creador se hacía criatura para saldar nuestra deuda, con inefable generosidad.
El camino de la gloria pasa por la Cruz
Sin embargo, ¿por qué quiso Jesús sufrir el desprecio de sus coetáneos y los tormentos de la Pasión? Al estar unido hispotáticamente a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, cualquier gesto de su naturaleza humana podría haber redimido a la humanidad entera. Un simple acto de voluntad de Cristo hubiera bastado para alcanzar de Dios el perdón de todos nuestros pecados.
Una vez más nos encontramos con una sublime paradoja. Con el ejemplo de su Vida y Pasión, Jesús quería enseñarnos que, en este valle de lágrimas, la verdadera gloria sólo viene del dolor. Y como el Padre deseaba para su Hijo el más alto grado de gloria, permitió que Él pasase por el límite extremo del sufrimiento.
“El Hijo del hombre, no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (cf. Mt 20, 28). Nuestro Salvador ya era consciente, en el pesebre de Belén, que había venido al mundo para expiar nuestros pecados. 3.jpgÉse es el motivo por el que en muchos belenes nacimientos el Niño Jesús se nos es presentado con los brazos abiertos en cruz. Durante toda su vida, de Belén al Gólgota, Cristo no hizo otra cosa que caminar al encuentro del Sacrificio Supremo que le traería el auge de la gloria.
Toda la Tierra fue renovada
¿Puede haber ser humano más frágil que un bebé, habitáculo más sencillo que una gruta o cuna más precaria que un pesebre? No obstante, el Niño que contemplamos acostado sobre pajas en el portal de Belén alteraría completamente el rumbo de los acontecimientos terrenos.
Afirma el historiador austríaco Juan Bautista Weiss: “Cristo es el centro de los tiempos. El mundo antiguo le esperó; el mundo moderno y todo el porvenir descansan sobre Él. La Redención de la humanidad por Cristo es la mayor hazaña de la Historia universal; su vida, la memoria más alta y bella que posee la humanidad; su doctrina, la medida con que se han de apreciar todas las cosas”.4
Qué difícil es, en un mundo marcado por el relativismo y por el laicismo —cuando no por el ateísmo—, tener muy presente el verdadero significado de la Santa Navidad y el beneficio inconmensurable que representó para los hombres la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Cristo era el varón que había sido prometido a Adán inmediatamente después de su caída, el Mesías anunciado durante siglos por los profetas. Pero la realidad transcendió sobre cualquier imaginación humana: ¿Quién podría haber pensado que Él sería el propio Dios encarnado? La venida de Jesús al mundo no solamente nos abrió las puertas del Cielo y nos trajo la Salvación, sino que también renovó toda la Tierra. Dice Santo Tomás que el Señor quiso ser bautizado, entre otras razones, para santificar las aguas. 5 Y lo mismo ocurrió con todos los otros elementos: la tierra fue santificada por que sus divinos pies la pisaron: el aire, porque Él lo respiró; el fuego ardió con más vigor y pureza. Podemos decir, sin duda, que este nuestro mundo nunca más fue el mismo después de haber vivido, como hombre, el propio Creador.
No es por casualidad que se cuentan los años a partir del nacimiento de Cristo, pues Él, realmente, divide la Historia en dos vertientes. Antes de Él la humanidad era una y después pasó a ser completamente otra. Son dos historias. ¡Podríamos casi afirmar que son dos universos distintos!
(Revista Heraldos del Evangelio, Dic/2009, n. 96, pag. 19 a 21)

martes, 4 de diciembre de 2012

En Brasil, es lanzada la última obra del Fundador de los Heraldos del Evangelio

Caieiras (Martes, 20-12-2012, Gaudium Press) Ayer, durante una solemne eucaristía celebrada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario -en Caieras, estado de São Paulo, Brasil- fue oficialmente lanzada la última obra del fundador de los Heraldos del Evangelio, Mons. João Scognamiglio Clá Dias. Los primeros volúmenes de la colección ‘Lo inédito sobre los Evangelios', han sido editados conjuntamente por los Heraldos del Evangelio y la Libreria Editrice Vaticana en cuatro lenguas: portugués, español, italiano e inglés, con prefacio de S.E.R. el Cardenal Franc Rodé, Prefecto Emérito de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
view.pngEntre la provechosa actividad intelectual y pastoral que Mons. João Scognamiglio ejerce incansablemente desde los primeros momentos de su vocación para la vida consagrada, se destaca su faceta de predicador. Todos los días, el fundador de los Heraldos del Evangelio comenta las lecturas de la Liturgia de la Palabra en la Santa Misa, lo que se constituye en un espléndido medio de formación exegética, doctrinaria y moral.

Es de esa experiencia, de eses comentarios, que el Mons. Juan S. Clá Dias escribió sus artículos mensuales, sobre el Evangelio dominical que se publican en la revista ‘Heraldos del Evangelio'. 

En la obra lanzada el día de ayer, fueron editados en dos volúmenes los comentarios a los evangelios de los domingos correspondientes al Año C del ciclo litúrgico, buena parte de ellos no publicados hasta ahora. El 'Año C' será recorrido por la Iglesia a partir del próximo periodo de Adviento, que da inicio en diciembre y que continuará a lo largo de todo el año 2013. El volumen V contiene los comentarios correspondientes a los domingos de los tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, y un apéndice con los comentarios a los Evangelios de las Solemnidades del Señor en el Tiempo Ordinario, mientras que el volumen VI recorre los 33 domingos del Tiempo Ordinario.
Sucesivas presentaciones de la obra se realizarán en los diferentes países donde ella será divulgada. Se destaca la presentación de las ediciones española e italiana el próximo día 28 de noviembre en el Auditorio San Pío X de la Ciudad Eterna, con la presencia de S.E.R. el Card. Franc. Rodé, S.E.R. Mons. Jean-Louis Bruguès, OP, Archivista y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, y Mons. Giuseppe Scotti, Presidente de la Libreria Editrice Vaticana y de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger.

Adviento: significado y origen

 
Redacción (Domingo, 02-12-2012, Gaudium Press) Recibir una visita es un arte que toda dueña de casa practica con frecuencia. Y cuando el visitante es ilustre los preparativos son más exigentes. Imagínese el lector que su párroco anunciara en la misa de domingo la visita pastoral del obispo diocesano, pero con una peculiaridad: que uno de los feligreses, tomado al azar, recibirá al prelado en su casa para almorzar con él después de la misa.
1.jpgCiertamente, todo en el hogar de la familia elegida se volcaría durante algunos días a preparar tan honrosa visita. La elaboración del almuerzo, la decoración del comedor, la ropa a usar en la ocasión. En la víspera se impondría un cuidado general de la casa, de manera que todo quedara perfectamente ordenado a la espera del gran día.
Esos preparativos, que normalmente se realizan en la vida social para recibir una visita importante, también convienen en la esfera sobrenatural. El ciclo litúrgico los contempla con relación a las grandes fiestas, como por ejemplo la Navidad. La Santa Iglesia, con sabiduría de siglos, estableció un período preparatorio con la finalidad de que todas las almas cristianas perciban la importancia del acontecimiento y cuenten con medios para purificarse y poder celebrar, así, dignamente la solemnidad.
Ese período se llama Adviento.
Significado del término
Adviento - en latín adventus - significa venida, llegada. Es una palabra de origen profano que designaba el paso anual de la divinidad pagana por el templo para visitar a sus adoradores. Se creía que el dios, cuyo culto recibía la estatua, permanecía con ellos durante la solemnidad. En lenguaje corriente se denominaba también así a la primera visita oficial de un personaje importante cuando asumía un alto cargo. Así, unas monedas de Corinto perpetúan el recuerdo del adventus augustii , y un cronista llama adventus divi al día en que llegó el emperador Constantino. En las obras cristianas de los primeros tiempos de la Iglesia, especialmente en la Vulgata, adventus se transformó en el término clásico para designar el advenimiento de Cristo a la tierra, es decir, la Encarnación, inaugurando la era mesiánica y, después, su gloriosa venida al final de los tiempos.
Surge el Adviento cristiano
La primera noticia acerca de un período de preparación para la Navidad data del siglo V, cuando san Perpetuo, obispo de Tours, estableció un ayuno de tres días antes del nacimiento del Señor. A fines del mismo siglo aparece la "Cuaresma de san Martín", que consistía en un ayuno de 40 días, a contar del día siguiente a la fiesta de san Martín.
San Gregorio Magno (590-604) fue el primer Papa en redactar un oficio de Adviento, y el Sacramentario Gregoriano es el más antiguo en proveer misas propias para los domingos de este tiempo litúrgico.
En el siglo IX la duración del Adviento se redujo a cuatro semanas, como se lee en una carta del Papa san Nicolás I (858-867) a los búlgaros. Y en el siglo XII el ayuno fue sustituido con una simple abstinencia.
Pese al carácter penitencial del ayuno o la abstinencia, la intención de los Papas en la Alta Edad Media era crear en los fieles una gran expectación ante la venida del Salvador, apuntándoles su glorioso retorno al final de los tiempos. Por eso tantos mosaicos muestran vacío el trono del Cristo Pantocrátor. El viejo vocablo pagano adventus se entiende también en el sentido bíblico y escatológico de "Parusía".
El Adviento en las Iglesias de Oriente2.jpgEn los diversos ritos orientales el ciclo de preparación para el gran día del nacimiento de Cristo se plasmó con una característica acentuadamente ascética, sin abarcar toda la amplitud de espera mesiánica que caracteriza al Adviento en la liturgia romana.
En la liturgia bizantina, el domingo anterior a la Navidad se destaca con la conmemoración de todos los patriarcas, desde Adán hasta José, esposo de la Virgen María. En el rito siríaco, las semanas previas a Navidad son llamadas "semanas de las anunciaciones"; se evoca en ellas el anuncio hecho a Zacarías, la Anunciación del ángel a María, seguida por la Visitación, el nacimiento de Juan Bautista y el anuncio a José.
El Adviento en la Iglesia latina
En la liturgia romana es donde el Adviento cobra su sentido más amplio. El primer domingo - y a diferencia del niño pobre e indefenso de la gruta de Belén- Cristo se nos presenta lleno de gloria y esplendor, de poder y majestuosidad, en compañía de sus ángeles, para juzgar a los vivos y a los muertos y proclamar su Reino eterno después de los acontecimientos que precederán ese triunfo: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas" (Lc 21, 25). "Velad, pues, orando en todo tiempo, para que podáis escapar de todo lo que va a suceder, y podáis estar firmes ante el Hijo del hombre" (Lc 21, 36). Es el consejo del Salvador.
¿Cómo estar firmes frente al Hijo del hombre? Cumple que nos sonrojemos de vergüenza, como dice la Escritura. La Iglesia nos invita, así, a la penitencia y a la conversión, y el segundo domingo nos pone delante la grandiosa figura de san Juan Bautista, cuyo mensaje contribuye a realzar el carácter penitencial del Adviento.
Con la alegría de quien se siente perdonado, el tercer domingo empieza con la siguiente proclamación: "Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca" . Es la dominica "Gaudete". Al aproximarse la llegada del Hombre-Dios, la Iglesia pide que todos los hombres conozcan la bondad del Señor. Los ornamentos son color rosa.
El cuarto domingo, María, estrella de la mañana, anuncia la llegada del verdadero Sol de Justicia que iluminará a todos los hombres. ¿Quién mejor que ella podría encaminarnos a Jesús? La Santísima Virgen, nuestra dulce abogada, reconcilia a los pecadores con Dios, mitiga nuestros dolores y santifica nuestras alegrías. María es la más sublime preparación para la Navidad.
Corona do Adviento
4.jpgElla es tan simple cuanto bonita: un círculo hecho de ramas verdes, generalmente de ciprés o cedro. En él se coloca una cinta roja larga que, al mismo tiempo adorna y mantiene presos a la varilla circular las ramas. Cuatro velas de colores variados completan una bella guirnalda que, en los países cristianos, adorna y marca hace siglos la época del adviento. A esta guirnalda se da el nombre de Corona de Adviento.
Una antigua costumbre piadosa
En los domingos de Adviento, existe la piadosa costumbre de las familias y las comunidades católicas reunirse en torno de una corona para rezar.
La "liturgia de la corona", como es conocida esta oración, se realiza de un modo muy simple. Todos los participantes de la oración se colocan alrededor de aquella guirnalda adornada y la ceremonia inicia. En cada una de las cuatro semanas del adviento se enciende una nueva vela, hasta que todas sean encendidas.
El encender de las velas es siempre acompañado de un canto. En seguida, se lee un pasaje de las Sagradas Escrituras que sea propio para el tiempo de Adviento y es hecha una pequeña meditación. Después de eso es que son realizadas algunas oraciones y son hechas algunas alabanzas para concluir la ceremonia. Generalmente la guirnalda de la corona, así como las velas son bendecidas por un sacerdote.
Origen
3.jpgLa Corona de Adviento tiene su origen en Europa. En invierno, sus todavía bárbaros habitantes encendían algunas velas que representaban la luz del Sol. Así, ellos afirmaban la esperanza que tenían de que la luz y el calor del astro rey volvería a brillar sobre ellos y calentarlos. Con el deseo de evangelizar aquellas almas, los primeros misioneros católicos que allá llegaron quisieron, a partir de las costumbres de los naturales de la tierra, enseñarles la Fe y conducirlos a Jesucristo. Fue así que, crearon la "corona de adviento", cargada de símbolos, enseñanzas y lecciones de vida.
La forma circular
El círculo no tiene principio, ni fin. Es interpretado como señal del amor de Dios que es eterno: sin principio y sin fin. El círculo simboliza también el amor del hombre a Dios y al prójimo que nunca debe llegar al fin, acabarse. El círculo además trae la idea de un "enlace de unión" que liga a Dios y las personas, como una gran "Alianza".
Ramas verdes
Verde es el color que representa la esperanza, la vida. Dios quiere que esperemos su gracia, su perdón misericordioso y la gloria de la vida eterna al final de nuestra vida terrenal. Las ramas verdes recuerdan las bendiciones que sobre los hombres fueron derramadas por Nuestro Señor Jesucristo, en su primera venida entre nosotros y que, ahora, con una esperanza renovada, aguardamos su consumación, en su segundo y definitivo regreso.
Cuatro velas
El adviento tiene cuatro semanas, cada vela colocada en la corona simboliza una de esas cuatro semanas. Al inicio la Corona está sin luz, sin brillo, sin vida: ella recuerda la experiencia de oscuridad del pecado.
A medida en que vamos acercándonos a la navidad, a cada semana del Adviento, una nueva vela va siendo encendida, representando cada una de ellas una aproximación más inminente de la llegada hasta nosotros de aquel que es la luz de este mundo, Nuestro Señor Jesucristo. Él es quien disipa toda oscuridad, es quien trae a nuestros corazones la reconciliación tan esperada entre nosotros y Dios y, por amor a Él, la "paz en la Tierra entre los hombres de buena voluntad". (JSG)
Con ese tiempo de preparación, quiere la Iglesia enseñarnos que la vida en este valle de lágrimas es un inmenso adviento y, si vivimos bien, esto es, de acuerdo con la Ley de Dios, Jesucristo será nuestra recompensa y nos reservará en el Cielo un bello lugar, como está escrito: "Cosas que los ojos no vieron, ni los oídos oyeron, ni el corazón humano imaginó, tales son los bienes que Dios tiene preparado para aquellos que lo aman" (1Cor 2, 9).
Fuente:
- Pe. Mauro Sérgio da Silva Isabel, EP; Revista Arautos do Evangelho, Dez/2006, n. 60, p. 18-19
- http://www.acidigital.com

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lunes, 8 de octubre de 2012

Medio millón de españoles marcharon por la protección del derecho a la vida

Madrid (Lunes, 08-10-2012, Gaudium Press) Una monumental manifestación contra el aborto, inspirada en la defensa del derecho a la vida desde la concepción promovida por la Iglesia Católica, tuvo lugar en Madrid, España, y otras cien localidades españolas y latinoamericanas. Aproximadamente 500 mil ciudadanos, en su mayoría familias completas, pidieron una reforma legal que vaya más allá de reducir las cifras de aborto, sino que permita erradicarlo por completo.
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Medio millón de personas se expresaron públicamente en favor de la vida.
La consigna fue clara: "No queremos 120,000 ni 100,000 ni 50,000 ¡Queremos Aborto Cero! ¡Y lo vamos a conseguir!", manifestó la Dra Gádor Joya, portavoz de Derecho A Vivir, plataforma que organizó el evento. "Queremos una reforma urgente y profunda de la ley del aborto". Los ciudadanos inundaron con esta intención las principales calles de Madrid, desde la Puerta del Sol, hasta la Puerta de Alcalá. En la ciudad de Gaudix, las familias se congregaron tras la celebración de la Eucauristía en la parroquia de San Juan y en la Iglesia Mayor. Con globos, camisetas y lemas sobre el respeto a la vida, los participantes leyeron el manifiesto que pide el Aborto Cero en España y anunciaron
su compromiso de continuar luchando por el derecho a la vida.
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En Córdoba, unas mil quinientas personas se reunieron para manifestar su intención de proteger la vida desde la concepción. En días anteriores, el Obispo local, Mons. Demetrio Fernández, había llamado a los fieles a comprometerse para erradicar el aborto, que no dudó en comparar con el caso de dos pequeños niños que presuntamente fueron asesinados por su propio padre. "Ningún padre, ninguna madre tiene derecho a matar a su hijo. Que Ruth y José nos lo hagan entender a todos", exhortó el prelado. En total más de 300 organizaciones se sumaron a la iniciativa y se comprometieron a continuar trabajando hasta conseguir que la legislación y la sociedad trabaje verdaderamente por promover la vida desde el momento de la concepción.
Con información de ACI, Hazte Oír, y Agencia SIC.

El Papa en la apertura del Sínodo invita a los cristianos a la sincera conversión y a la cristianización del matrimonio

Ciudad del Vaticano (Lunes, 08-10-2012, Gaudium Press) Dar un nuevo impulso a la Iglesia Católica en el anuncio del Evangelio con nueva fuerza en el modo secularizado es el objetivo de la Asamblea Sinodal que fue abierta ayer por el Santo Padre junto a todos los 262 Padres Sinodales, dedicada al tema "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana". En la celebración solemne Benedicto XVI anunció también dos nuevos Doctores de la Iglesia: San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen. En la homilía el Papa se concentró en el tema de la substancia del anuncio, la santidad y la familia.
"La Iglesia existe para evangelizar". En estas simples palabras, el Santo Padre afirmó la misión fundamental de la Iglesia para toda la "communio" y de modo individual. Partiendo de la dimensión cristológica de la evangelización, resaltó que "la evangelización, en todo tiempo y lugar, tuvo siempre como punto central y último Jesús, el Cristo, el hijo de Dios (cf. Mc 1,1); y el Crucificado es por excelencia la señal distintiva de quien anuncia el Evangelio: señal de amor y paz, llamada a la conversión y a la reconciliación. Seamos nosotros, Venerados Hermanos, los primeros en tener la mirada del corazón dirigida a Él, dejándonos purificar por su gracia".
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Dar un nuevo impulso a la Iglesia Católica en el anuncio del Evangelio con nueva fuerza en el modo secularizado es el objetivo de la Asamblea Sinodal abierta ayer por el Santo Padre
Después de siglos de una fe ferviente el Occidente está enfrentando los nuevos desafíos de la secularización y del individualismo que cambiaron el estilo de vida también de los cristianos. El objetivo del Sínodo que inició ayer es "ayudar a esas personas a tener un nuevo encuentro con el Señor, el único que da sentido profundo y paz para nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, la fuente de Gracia que trae alegría y esperanza en la vida personal, familiar y social". El Papa, reflexionando el Evangelio del día, habló mucho sobre la crisis de la familia y del matrimonio que está ligada a la crisis de la fe. "El matrimonio, justamente en las regiones de antigua tradición cristiana, está pasando por una profunda crisis. No es una coincidencia. El matrimonio está ligado a la fe, no en un sentido genérico. El matrimonio se fundamenta, como unión del amor fiel e indisoluble, en la gracia que viene del Dios Uno y Trino, que en Cristo nos amó con un amor fiel hasta la Cruz. Hoy, somos capaces de comprender toda la verdad de esta afirmación, en contraste con la dolorosa realidad de muchos matrimonios que, infelizmente, acaban mal. Hay una clara correspondencia entre la crisis de la fe y la crisis del matrimonio. Y, como la Iglesia afirma y testimonia hace mucho tiempo, el matrimonio es llamado a ser no solo objeto, sino el sujeto de la nueva evangelización".
Otro aspecto fundamental en el tema de la nueva evangelización, resaltado por el Papa fue el llamado universal a la santidad que se expresa de modo significativo en las figuras de los santos. Benedicto XVI los llamó de "verdaderos protagonistas de la evangelización en todas sus expresiones", así como , de "pioneros e impulsadores de la nueva evangelización", porque el propio testimonio de vida muestra "a las personas, indiferentes o hasta hostiles, la belleza del Evangelio y de la comunión en Cristo; e invitan a los fieles, por así decir, tibios, a vivir la alegría de la fe, la esperanza y la caridad; a redescubrir el `gusto´de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, especialmente del Pan de la Vida, la Eucaristía".
Aquel gusto que también debe ser redescubierto por muchos cristianos. El Papa en la homilía habló también sobre la indiferencia religiosa que toca a muchos cristianos. "La mirada sobre el ideal de la vida cristiana, expresada en el llamado a la santidad, nos alienta a ver con humildad la fragilidad de muchos cristianos, antes, su pecado, personal y comunitario, que se presenta como un gran obstáculo para la evangelización; y nos anima a reconocer la fuerza de Dios que, en la fe, viene al encuentro de la debilidad humana". Con esta observación, Benedicto XVI afirmó que es necesaria "una disposición sincera de conversión" sin la cual no es posible la nueva evangelización.
"Dejarse reconciliar con Dios y con el prójimo (cf. 2 Cor 5,20) es la vía maestra de la nueva evangelización. Solo purificados, los cristianos pueden encontrar el legítimo orgullo de su dignidad de hijos de Dios, creados a Su imagen y redimidos por la sangre preciosa de Jesucristo, y pueden experimentar su alegría, para compartirla con todos, con los de cerca y los de lejos", concluyó la homilía el Papa.

viernes, 14 de septiembre de 2012

El Papa en Líbano: Vengo a Medio Oriente como peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres

El Papa en Líbano: Vengo a Medio Oriente como peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres
VATICANO, 14 Sep. 12 / 10:01 am (ACI/EWTN Noticias).- En su discurso en la ceremonia de bienvenida en su viaje al Líbano, el número 24 de su pontificado, el Papa Benedicto XVI señaló que llega a Medio Oriente como "peregrino de paz, amigo de Dios y de los hombres".
El Santo Padre llegó a la 1:45 p.m. (hora local) al aeropuerto Rafiq Hariri de Beirut. Fue recibido, entre otras personalidades, por el Presidente de la República del Líbano, Michel Sleiman, quien estaba acompañado de su esposa. En la comitiva estaba también el Patriarca de Antioquía de los Maronitas (católicos), Su Beatitud Béchara Boutros Raï.
El Papa expresó su alegría por estar en suelo libanés y afirmó que "más allá de vuestro país, vengo también hoy simbólicamente a todos los países de Oriente Medio, como un peregrino de paz, como un amigo de Dios, y como un amigo de todos los habitantes de todos los países de la región, cualquiera que sea su pertenencia y su creencia".
"Vuestros gozos y penas están continuamente presentes en la oración del Papa y pido a Dios que os acompañe y alivie. Os puedo asegurar que rezo particularmente por todos los que sufren en esta región, que son muchos. La imagen de San Marón (en la Plaza de San Pedro) me recuerda lo que vivís y soportáis", resaltó.
El Papa Benedicto XVI dijo que llega al Líbano para "decir lo importante que es la presencia de Dios en la vida de cada uno y cómo la forma de vivir juntos, esta convivencia que desea testimoniar vuestro país, será profunda en la medida en que esté fundada en una actitud de acogida y benevolencia hacia el otro, en la medida que esté enraizada en Dios, que desea que todos los hombres sean hermanos".
"El famoso equilibrio libanés, que quiere seguir siendo una realidad, se puede prolongar gracias a la buena voluntad y al empeño de todos los libaneses. Sólo entonces podrá servir de modelo para los habitantes de toda la región, y del mundo entero".
No se trata, precisó el Pontífice, "únicamente de una obra humana, sino de un don de Dios que hay que pedir con insistencia, preservar a cualquier precio, y consolidar con determinación".
El Santo Padre resaltó luego el testimonio de San Marón, Apóstol del Líbano, quien "manifiesta una herencia espiritual de siglos, que confirma la veneración de los libaneses hacia el primero de los apóstoles y sus sucesores" que "intercede continuamente por vuestro país y por todo el Oriente Medio".
"Otro motivo de mi visita es la firma y entrega de la Exhortación apostólica postsinodal de la Asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de Obispos, Ecclesia in Medio Oriente. Se trata de un importante acontecimiento eclesial".
"La Exhortación, destinada al mundo entero, pretende ser para ellos una hoja de ruta para los próximos años", resaltó.
El Santo Padre dijo además que "la buena convivencia, típicamente libanesa, debe demostrar, a todo Oriente Medio y al resto del mundo, que dentro de una nación puede haber colaboración entre las diferentes Iglesias, miembros todos de la única Iglesia Católica, en un espíritu fraternal de comunión con los demás cristianos y, al mismo tiempo, la convivencia y el diálogo respetuoso entre los cristianos y sus hermanos de otras religiones".
"Sabéis tan bien como yo que este equilibrio, que se presenta por todas partes como un ejemplo, es extremadamente delicado. A veces amenaza con romperse cuando se tensa como un arco, o se somete a presiones que son con demasiada frecuencia partidistas, ciertamente interesadas, contrarias y extrañas a la armonía y dulzura libanesa".
"Es necesario entonces dar prueba de verdadera moderación y gran sabiduría. Y la razón debe prevalecer sobre la pasión unilateral para favorecer el bien común de todos".
Para concluir el Papa dijo, dirigiéndose al Presidente, que "vuestro país me prepara una hermosa acogida, una acogida calurosa, la que se reserva a un hermano al que se ama y se respeta. (…) Me siento feliz de estar con todos vosotros. Que Dios os bendiga a todos".
Para leer el discurso completo, ingrese a: http://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-discurso-del-papa-en-la-ceremonia-de-bienvenida-en-el-libano/

domingo, 9 de septiembre de 2012

Un gran teólogo habla sobre Doña Lucilia

En el prefacio de la primera edición en portugués del libro “Doña Lucilia” escrito por Mons. Juan S. Clá Dias, el conocido teólogo dominico, el Padre Antonio Royo Marín así se expresaba (Extractos):

“Mi querido y admirado amigo Don Joao S. Clá Dias, autor de esta espléndida biografía de Doña Lucilia Correa de Oliveira, ha tenido la amabilidad de pedirme un “Prefacio” que sirva de presentación o pequeña introducción a la misma. Al efecto, ha puesto a mi disposición el texto íntegro mecanografiado antes de enviarlo a la imprenta.

Empecé a leer estas páginas ignorando totalmente el altísimo valor de su contenido. Lo que al principio comenzó por simple curiosidad ante lo desconocido evolucionó muy pronto en franca simpatía,  que fue aumentando progresivamente hasta convertirse en verdadera admiración y pasmo. Más que los datos biográficos de una mujer extraordinaria lo que iba leyendo era la vida de una verdadera santa en toda la extensión de la palabra. La amenidad y el extraordinario interés de la lectura no decae un solo instante.

Se trata de una completísima “Vida de doña Lucilia”, que puede parangonarse con las mejores con las mejores “Vidas de Santos” aparecidas hasta hoy en el mundo entero.

En sus magníficas cartas dice con frecuencia Doña Lucilia cosas tan sublime y de una espiritualidad tan elevada que al lector le embarga una emoción parecida a la que produce la lectura del inimitable epistolario de Santa Teresa de Jesús.

¿Fue doña Lucilia una verdadera santa en toda la extensión de la palabra? O en otra forma: ¿Sus virtudes cristianas alcanzaron el grado heroico que ser requieren indispensablemente  para ser reconocido por la Iglesia con una beatificación y canonización?

A la vista de laos datos  rigurosamente históricos que nos ofrece con gran abundancia la biografía que estamos presentando me atrevo a responder con un rotundo y sin la menor vacilación.

¡Lejos de mí la ridiculez e irreverente pretensión de tratar de adelantarme al juicio infalible de la Iglesia! Lo mío es una opinión sincerísima, pero perfectamente falible. La Iglesia nunca se equivoca, nosotros podemos equivocarnos siempre.

Para la beatificación y canonización de un siervo de Dios lo primero que hace falta es demostrar con pruebas y testimonios del todo claros e inequívocos de que el sujeto en cuestión practicó en grado heroico las virtudes cristianas, tanto teologales (fe, esperanza y caridad) como morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza con todas sus derivadas). Sin virtudes heroicas plenamente comprobadas no hay canonización posible. Lo que no hace falta en modo alguno –en contra de lo que cree mucha gente- es que el candidato a la canonización haya  realizado o no algún milagro durante su vida mortal. Esto no tiene la menor importancia  ni añadiría nada la las virtudes heroicas, que es lo único básico y substancial. Como es sabido el milagro es una gracia gratis data que el Señor concede a algunas personas independientemente de que sean o no verdaderos santos. La inmensa mayoría de los santos canonizados por la Iglesia no realizaron ningún milagro mientras vivieron en este mundo, aunque tienen que hacerlo después de su muerte como veremos en seguida. Buena prueba de ello es que nada menos que la Santa de las Santas, la Inmaculada Virgen María, no realizó ningún milagro durante su vida mortal. Es cierto que Jesús realizó, a petición de su Madre su primer gran milagro en las bodas de Caná convirtiendo el agua en exquisito vino; pero el milagro lo hizo El y no Ella, que se limitó únicamente a pedirlo sin realizarlo por su cuenta.

Padre Antonio Royo Marín
Padre Antonio Royo Marín

Lo que sí es necesario es que se produzca algún milagro, del todo claro y manifiesto, por intercesión del candidato canonizable después de su muerte santa. ¿Por qué después y no antes? Porque no es necesario a la santidad como acabamos de decir; pero sí después para que la Iglesia tenga una prueba irrefutable  de que la voluntad de Dios es que se proceda  a la beatificación o canonización.

La última palabra pertenece a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana que es la maestra infalible de la verdad. Pero a nosotros nos incumbe el dulce deber y el sagrado derecho de pedir humildemente a la Divina Providencia que lleve a feliz término nuestra entrañable petición, para la gloria de Dios y gran aprovechamiento de las almas”.

sábado, 21 de julio de 2012

Novena a “La Negrita” Cartago 2012


Como preparación a IV Congreso Eucarístico Nacional, que se realizará del 14 al 21 de abril del 2013, el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Los Ángeles llevará a cabo la novena en honor a la patrona de los costarricenses, contemplando la figura de la Virgen María como mujer eucarística.

Este es el programa de actividades que se llevarán a cabo del 23 de julio al 3 de agosto del 2012.

LUNES 23 DE JULIO:

Tema: María, Mujer “Eucarística”, modelo de gratitud y alabanza.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector San Antonio.

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Alajuela. Preside Mons. Ángel Sancasimiro Fernandez.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

4:00 p.m. Misa

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Víctor Julio Vargas Otárola

Cura Párroco de la Parroquia Inmaculada Concepción,

Quircot de Cartago.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



MARTES 24 DE JULIO

Tema: María, modelo de la Iglesia que vive de la Eucaristía.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Calle Siles

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Ciudad Quesada. Preside Mons. Osvaldo Brenes.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

4:00 p.m. Misa

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Julio Rodríguez Ulloa,

Cura Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la

Cueva Santa, Santa María de Dota.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



MIERCOLES 25 DE JULIO

Tema: María, junto con los Apóstoles, concordes en la oración

y la fracción del pan.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Cruz de Caravaca.

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Limón. Preside Mons. José Rafael Quirós Quirós.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Enrique Cortés Bolaños,

Cura de la Parroquia de Nuestra Señora de las

Piedades, Naranjo.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



JUEVES 26 DE JULIO

Tema: María, modelo de fe para vivir la Eucaristía.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Las Cortinas.

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de San Isidro de El General. Preside Mons. Guillermo Loria.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Alfonso Marín Lépiz,

Cura Párroco de la Parroquia de la Inmaculada

Concepción, Tejar del Guarco.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



VIERNES 27 DE JULIO

Tema: María, Templo del Espíritu Santo.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Las Brisas- Los Tules

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Cartago. Preside Mons. José Francisco Ulloa Rojas.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. David Chaverri Miranda,

Cura Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de

las Mercedes, Heredia.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



SABADO 28 DE JULIO

Tema: María, unida al Sacrificio Eucarístico.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Invu

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Arquidiócesis de San José. Preside Mons. Hugo Barrantes Ureña.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

4:00 p.m. Misa

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Su Excelencia

Reverendísima

Nuncio Apostólico

7:30 p.m. Presentación Cultural



DOMINGO 29 DE JULIO

Tema: María, presente en el Memorial del Señor.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector González Angulo

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne. Movimientos y grupos apostólicos. A cargo de las Comunidades Neocatecumenales.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

4:00 p.m. Misa

5:00 p.m. Misa

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Laurence Monge Agüero,

Cura Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de

los Desamparados. San José.

7:30 p.m. Presentación Cultural.



LUNES 30 DE JULIO

Tema: María, Maestra en la contemplación del Rostro

de Cristo

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sectores Puebla – San Agustín

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Tilarán. Preside Mons. Vittorino Geraldi Steller

12:00 m.d. Presentación Cultural.

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Enrique Calvo Navarro,

Cura Párroco de la Parroquia de la Parroquia Inmaculado

Corazón de María. Santa Cruz de Turrialba.

7:30 p.m. Presentación Cultural



MARTES 31 DE JULIO

Tema: María, realización de las promesas contenidas

en la Eucaristía.

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sectores Soledad – Iztarú.

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Diócesis de Puntarenas. Preside Mons. Oscar Fernandez Guillen.

12:00 m.d. Presentación Cultural.

6:00 p.m. Misa Solemne. Preside Pbro. Juan Carlos

Calderón y Compañeros de Ordenación.

7:30 p.m. Presentación Cultural



MIERCOLES 1 DE AGOSTO

Día de los Peregrinos:

5:30 a.m. Rosario de la Aurora. Sector Central.

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

10:00 a.m. Misa Solemne Celebración de la Vestición.

Preside Mons. José Francisco Ulloa Rojas.



JUEVES 2 DE AGOSTO

9:00 a.m. CELEBRACION SOLEMNE EN HONOR A

LA VIRGEN DE LOS ÁNGELES.

6:00 p.m. SOLEMNE ROSARIO DE LAS LUCES.



VIERNES 3 DE AGOSTO

9:00 a.m. SOLEMNE EUCARISTIA.

10:00 a.m. PROCESION DE TRASLADO DE NUESTRA

SEÑORA DE LOS ÁNGELES A LA CATEDRAL

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN.



DOMINGO 2 DE SETIEMBRE

SOLEMNE PASADA DE LA VIRGEN DE LOS ÁNGELES A LA BASILICA

6:00 a.m. Misa

8:00 a.m. Misa

9:00 a.m. Misa (Basílica de Los Ángeles)

9:00 a.m. Eucaristía de despedida en la Catedral Nuestra

Señora del Carmen.

10:00 a.m. Procesión de traslado de la Imagen de Nuestra

Señora de Los Ángeles de la Catedral Nuestra Señora del Carmen

a la Basílica.

10:00 a.m. Misa (Basílica de Los Ángeles)

12:00 m.d. Eucaristía de recibimiento de la Sagrada Imagen

en la Basílica.

4:00 p.m. Misa

6:00 p.m. Misa

jueves, 28 de junio de 2012

Día del Papa

 
Benedicto XVI
El día 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, celebramos el Día del Papa y la colecta llamada desde los primeros siglos Óbolo de San Pedro.
En esta Jornada del Papa estamos invitados, de manera especial, a meditar en el ministerio del Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, a orar por él y a contribuir con nuestras limosnas y donativos a su misión evangelizadora y de caridad.
El Romano Pontífice, como Sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los obispos como de la multitud de los fieles. Es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Es el Vicario de Cristo.
Ya en la primera hora de la Iglesia, cuando Pedro estaba en la cárcel, toda la comunidad oraba insistentemente a Dios por él (cfr. Hc 12, 59). Hoy toda la Iglesia tiene el deber de orar por el Papa Benedicto XVI. Cuando oramos por el Sucesor de Pedro, que “preside la caridad de todas las Iglesias”, como afirmó San Ignacio de Antioquia, pedimos que la Iglesia se mantenga fiel a su magisterio, para que, como los primeros cristianos, vivamos como hermanos arraigados firmemente en el amor y en la caridad.
Junto con la oración y el agradecimiento, esta Jornada es una llamada a colaborar con nuestras limosnas y donativos a la colecta especial. A través de ella ayudamos al Papa para que pueda realizar su misión a favor de la Iglesia Universal y de los más pobres de la tierra.
Desde esta carta pastoral doy las gracias a todos los fieles y pido un año más la generosa y amplia colaboración económica de todos los diocesanos, para que el Santo Padre pueda cumplir su ministerio. Que el Señor os lo premie y que vuestro comportamiento exprese el cariño, la obediencia y el amor que sentís por el Papa.
Autor: Mons. Vicente Jiménez Zamora, Obispo de Santander

miércoles, 6 de junio de 2012

Corpus Christi: el sentido de la celebración

Redacción (Miércoles, 06-06- 2012, Gaudium Press) Corría el año de 1264. El Papa Urbano IV ordenó que se convocara una selecta asamblea que reuniese a los más famosos maestros de teología de aquel tiempo. Entre ellos se encontraban dos varones conocidos no sólo por el brillo de la inteligencia y pureza de su doctrina, sino por la heroicidad, sobre todo, de sus virtudes: Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.
1.jpgLa razón de la convocatoria se relacionaba con una reciente bula pontificia en la que se instituía una fiesta anual en honor al Santísimo Cuerpo de Cristo. Para que esta conmemoración tuviese un gran esplendor, deseaba Urbano IV que se compusiera un Oficio, como también lo propio a la Misa a ser cantada en esa solemnidad. Así, solicitó a cada uno de aquellos doctos personajes que elaboraran una composición y se la presentasen en unos días, con el fin de escoger la mejor.
Célebre se hizo el episodio ocurrido durante la sesión. El primero en exponer su obra fue fray Tomás. Serena y calmamente, desenrolló un pergamino y los circundantes oyeron la declamación pausada de la Secuencia compuesta por él:
Lauda Sion Salvatorem, lauda ducem et pastorem in hymnis et canticis (Loa, Sión, al Salvador, alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos)... Admiración general.
Fray Tomás concluía: ...tuos ibi commensales, cohæredes et sodales, fac sanctorum civium (admítenos en el Cielo entre tus comensales y haznos coherederos en compañía de los que habitan la ciudad de los santos).
Fray Buenaventura, digno hijo del Poverello de Asís, sin titubear rasgó su composición; y los demás lo imitaron, rindiéndole tributo de esta manera al genio y la piedad del Aquinate. La posteridad no llegó a conocer las demás obras, sublimes sin duda, pero inmortalizó el gesto de sus autores, verdadero monumento de humildad y modestia.
Origen de la fiesta de "Corpus Christi"
Varios motivos condujeron a que la Sede Apostólica diese este nuevo impulso al fervor eucarístico, haciendo extensiva a toda la Iglesia una devoción que ya se venía practicando en ciertas regiones de Bélgica, Alemania y Polonia. El primero de ellos se remonta a la época en que Urbano IV, entonces miembro del clero belga de Liège, examinó cuidadosamente el contenido de las revelaciones con las que el Señor se dignó favorecer a una joven religiosa del monasterio agustino de Mont-Cornillón, cercano a aquella ciudad.
En 1208, cuando tenía sólo 16 años, Juliana fue objeto de una singular visión: un refulgente disco blanco, semejante a la luna llena, que tenía uno de sus lados oscurecido por una mancha. Tras algunos años de oración, le fue revelado el significado de aquella luminosa "luna incompleta": simbolizaba la Liturgia de la Iglesia, a la cual le faltaba una solemnidad en alabanza al Santísimo Sacramento. Santa Juliana de Mont-Cornillón había sido elegida por Dios para comunicar al mundo ese deseo celestial.
Pasaron más de veinte años hasta que la piadosa monja, dominando la repugnancia que procedía de su profunda humildad, se decidiera a cumplir su misión y relatara el mensaje que había recibido. A pedido suyo, fueron consultados varios teólogos, entre ellos el P. Jacques Pantaleón -futuro Obispo de Verdún y Patriarca de Jerusalén-, que se mostró entusiasmado con las revelaciones de Juliana.
Algunas décadas más tarde, y ya habiendo fallecido la santa vidente, quiso la Divina Providencia que el ilustre prelado fuese elevado al Solio Pontificio en 1261, escogiendo el nombre de Urbano IV.
Se encontraba este Papa en Orvieto, en el verano de 1264, cuando llegó la noticia de que, a poca distancia de allí, en la ciudad de Bolsena, durante una Misa en la iglesia de Santa Cristina, el celebrante -que sentía probaciones en relación a la presencia real de Cristo en la Eucaristía- había visto como la Hostia Sagrada se transformaba en sus propias manos en un pedazo de carne, que derramaba abundante sangre sobre los corporales.
La crónica del milagro se difundió rápidamente en la región. El Papa, informado de todos los detalles, pidió que llevaran las reliquias a Orvieto, con la debida reverencia y solemnidad. Él mismo, acompañado por numerosos cardenales y obispos, salió al encuentro de la procesión que se había organizado para trasladarlas a la catedral.
2.jpgPoco después, el 11 de agosto del mismo año, Urbano IV emitía la bula Transiturus de hoc mundo, por la que se determinaba la solemne celebración de la fiesta de Corpus Christi en toda la Iglesia. Una afirmación contenida en el texto del documento dejaba entrever un tercer motivo que contribuiría a la promulgación de la mencionada festividad en el calendario litúrgico: "Aunque renovemos todos los días en la Misa la memoria de la institución de este Sacramento, aún estimamos conveniente que sea celebrada más solemnemente, por lo menos una vez al año, para confundir particularmente a los herejes; pues en el Jueves Santo la Iglesia se ocupa de la reconciliación de los penitentes, la consagración del santo crisma, el lavatorio de los pies y otras muchas funciones que le impiden dedicarse plenamente a la veneración de este misterio".
Así, la solemnidad del Santísimo Cuerpo de Cristo nacía también para contrarrestar la perjudicial influencia de ciertas ideas heréticas que se propagaban entre el pueblo en detrimento de la verdadera Fe.
En el siglo XI, Berengario de Tours se opuso abiertamente al Misterio del Altar al negar la transubstanciación y la presencia real de Jesucristo en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en las sagradas especies. Según él, la Eucaristía no era sino pan bendito, dotado sólo de un simbolismo especial. A principios del siglo XII, el heresiarca Tanquelmo esparcía sus errores por Flandes, principalmente en la ciudad de Amberes, afirmando que los sacramentos y la Santísima Eucaristía, sobre todo, no poseían ningún valor.
Aunque todas esas falsas doctrinas ya estuvieran condenadas por la Iglesia, algo de sus ecos nefastos aún se sentían en la Europa cristiana. Así que Urbano IV no juzgó superfluo censurarlas públicamente, de manera que les quitase prestigio e inserción.
La Eucaristía pasa a ser el centro de la vida cristiana
A partir de este momento, la devoción eucarística florecía con gran vigor entre los fieles: los himnos y antífonas compuestos por Santo Tomás de Aquino para la ocasión - entre ellos el Lauda Sion, verdadero compendio de teología del Santísimo Sacramento, llamado por algunos el credo de la Eucaristía- pasaron a ocupar un lugar destacado dentro del tesoro litúrgico de la Iglesia.
Con el transcurso de los siglos, bajo el soplo del Espíritu Santo, la piedad popular y la sabiduría del Magisterio infalible se aliaron en la constitución de costumbres, usos, privilegios y honras que hoy acompañan al Servicio del Altar, formando una rica tradición eucarística.
Aún en el siglo XIII, surgieron las grandes procesiones que llevaban al Santísimo Sacramento por las calles, primeramente dentro de un copón cubierto y después expuesto en un ostensorio. También en este punto el fervor y el sentido artístico de las diferentes naciones se esmeraron en la elaboración de custodias que rivalizaban en belleza y esplendor, en la confección de ornamentos apropiados y en la colocación de inmensas alfombras de flores a lo largo del camino que recorrería el cortejo.
3.jpgLos Papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1447) concedieron generosas indulgencias a quien participase en las procesiones. Más tarde, el Concilio de Trento -en su Decreto sobre la Eucaristía, de 1551- subrayaba el valor de estas demostraciones de Fe: "Declara además el santo Concilio que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos".1
El amor eucarístico del pueblo fiel no se restringió solamente a manifestaciones externas; al contrario, eran la expresión de un sentimiento profundo puesto por el Espíritu Santo en las almas, en el sentido de valorar el precioso don de la presencia sacramental de Jesús entre los hombres, conforme sus propias palabras: "Y yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). El misterio del amor de un Dios que no sólo se hizo semejante a nosotros para rescatarnos de la muerte del pecado, sino que quiso permanecer, en un extremo de ternura, entre los suyos, escuchando sus pedidos y fortaleciéndoles en sus tribulaciones, pasó a ser el centro de la vida cristiana, el alimento de los fuertes, la pasión de los santos.
San Pedro Julián Eymard, ardiente devoto y apóstol de la Eucaristía, expresaba en términos llenos de unción esta celestial "locura" del Salvador al permanecer como Sacramento de vida para nosotros:
"Se comprende que el Hijo de Dios, llevado por su amor al hombre, se haya hecho hombre como él, pues era natural que el Creador estuviese interesado en la reparación de la obra que salió de sus manos. Que, por un exceso de amor, el Hombre Dios muriese en la Cruz, se comprende también. Pero lo que no se comprende, aquello que espanta a los débiles en la Fe y escandaliza a los incrédulos, es que Jesucristo glorioso y triunfante, después de haber terminado su misión en la tierra, quiera permanecer aún con nosotros, en un estado más humillante y aniquilado que en Belén o en el Calvario".2
"He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros"
La Eucaristía es el mayor y más sublime de todos los Sacramentos. Aunque el Bautismo merezca, en cierto modo, estar en primer lugar para introducirnos en la vida divina, al hacernos hijos de Dios y partícipes de su naturaleza, la Eucaristía lo supera en cuanto a la sustancia, pues se trata del verdadero Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.
El momento mismo y las circunstancias solemnes en que fue instituido indican la importancia y veneración que Cristo quería infundir en las almas de sus discípulos mediante este admirable Sacramento. Para ello había reservado Él las últimas horas que le quedaban de convivencia con los Apóstoles antes de caminar hacia la muerte, pues "las últimas acciones y palabras que hacen y dicen los amigos en el momento de separarse, se graban con más profundidad en la memoria, imprimiéndose con más fuerza en el alma".3
En aquellos instantes -se podría afirmar- su adorable Corazón latía con santa celeridad por realizar, en el tiempo, aquello que desde la eternidad había contemplado su ciencia divina. Sus palabras "he deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros antes de mi Pasión" (Lc 22, 15), traslucen claramente los inefables anhelos del amor de Dios Encarnado por todos los hombres, la "multitud de hermanos" (Rm 8, 29), por quienes iría a ofrecerse esa misma noche.
El deseo del Divino Maestro era que el misterio de su Cuerpo y Sangre se perpetuase por los siglos futuros: "Haced esto en memoria mía" (Lc 22, 19). Hemos de considerar, no obstante, que ya mucho antes de la Encarnación la Providencia divina había multiplicado los símbolos y figuras que permitirían a los hombres comprender y amar mejor este Sacramento.
A este respecto, dice Santo Tomás de Aquino: "Este Sacramento es especialmente un memorial de la Pasión de Cristo; y convenía que la Pasión de Cristo, por la que Él nos ha redimido, tuviese una prefigura para que la Fe de los antiguos fuera encaminada hacia el Redentor".4
Melquisedec: símbolo y prenuncio del Supremo Sacerdote
Uno de los signos más remotos de la Eucaristía aparece en el capítulo 14 del Génesis, con ese personaje fascinante y misterioso que salió al encuentro de Abraham para bendecidlo -cuando regresaba de su victoria contra los reyes- ofreciéndole pan y vino. Melquisedec, "rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo" (Gn 14, 18), reunía en sí las glorias de la realeza, la santidad sacerdotal y el carisma profético.
4.jpgEra el símbolo mismo de Aquél que más tarde proclamaría ante Pilatos: "Yo soy rey" (Jn 18, 37) y sobre quien todos comentaban: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros" (Lc 7, 16). Pero en lo que Melquisedec se mostraba más plenamente como imagen de Cristo, fue en la posesión de un sacerdocio superior al de Aarón, según se narra en la Carta a los Hebreos: "Y si la perfección se daba por el sacerdocio levítico [...] ¿qué necesidad hubo después de que se levantase otro sacerdote nombrado según el orden de Melquisedec, y no según el de Aarón? Y aun esto se manifiesta más claro; supuesto que sale a luz otro sacerdote a semejanza de Melquisedec, establecido, no por ley de sucesión carnal como Aarón, sino por el poder de su vida inmortal; como lo declara la Escritura diciendo: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec" (Hb 7, 11. 15-17).
Cuando Jesucristo baja a la tierra ya no ofrece pan y vino como otrora lo hiciera Melquisedec, sino el sacrificio puro de su Cuerpo y Sangre: "Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: ‘Aquí estoy'" (Sal 39, 7-8). Así, Él llevó a la plenitud aquello que Melquisedec tan sólo había preanunciado.
El Cordero entregado a la muerte por los pecados del pueblo
En el libro del Éxodo abundan las figuras que nos acercan a la Eucaristía. Las encontramos, sobre todo, en la cena pascual prescrita a Moisés por el mismo Dios hasta en los mínimos detalles, en la que los israelitas debían inmolar un cordero sin defecto y comerlo con panes ácimos al atardecer.
Sobre ello nos enseña el Doctor Angélico: "En este Sacramento se pueden considerar tres cosas: lo que es ‘sacramentum tantum', o sea, el pan y el vino; lo que es ‘res et sacramentum', o sea, el verdadero cuerpo de Cristo; y lo que es ‘res tantum', o sea, el efecto de este Sacramento. [...] Pero el cordero pascual prefiguraba este Sacramento en estos tres aspectos. En lo que se refiere al primero, porque se comía con pan ácimo, según la norma de Ez 12, 8: ‘Comerán carne con pan ácimo'. En lo que se refiere al segundo, porque todos los hijos de Israel lo inmolaban el día 14 de la luna, lo cual era figura de la pasión de Cristo, quien por su inocencia se llama cordero. Y en lo que se refiere al efecto, porque la sangre del cordero pascual protegió a los hijos de Israel del ángel exterminador y los libró de la servidumbre egipcia".5
El pan sin levadura -con el que los judíos deberían comer la carne del cordero- representaba también la integridad del Cuerpo de Cristo, concebido en las entrañas purísimas de María, sin ninguna mácula de pecado, y que después de haber muerto no llegó a experimentar la corrupción, como lo anunciaría David: "No me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro" (Sal 15, 10).
Por eso el Salvador escogió la noche de la Pascua, principal fiesta judaica, para dejar a la humanidad su legado de amor, para que comprendieran que Él mismo es el Cordero inmaculado que había sido entregado a la muerte para quitar los pecados del mundo, por cuya sangre sería apartada la sentencia de condenación que pesaba sobre nosotros desde la caída de Adán y Eva.
Aquella ofrenda que los israelitas, reunidos en Jerusalén, inmolaban a la sombra de una figura profética, el Señor la llevaba a la perfección rodeado por un puñado de discípulos en el exiguo ambiente del Cenáculo. Sin embargo, aquello que por las circunstancias Jesús se vio obligado a realizar en la oscuridad, los Apóstoles deberían decirlo sin tapujos, en el momento oportuno, y proclamarlo a los cuatro vientos (cf. Mt 10, 27), de manera que el Sacrificio de la Nueva Alianza sustituyese definitivamente a los sacrificios antiguos y en adelante fuera celebrado diariamente sobre los altares de la tierra entera. Se cumpliría de esta forma las palabras del Espíritu Santo pronunciadas por la boca de Malaquias: "Desde la salida del sol hasta su ocaso, mi Nombre es grande entre las naciones y en todo lugar se presenta a mi Nombre un sacrificio de incienso y una ofrenda pura" (Ml 1, 11).
A respecto de este pasaje profético, Alustrey comenta: "Estos, pues, son los caracteres del nuevo culto vaticinado por Malaquías: universalidad absoluta de tiempos y lugares, limpieza objetiva de la víctima en sí, incapaz de ser manchada con indignidad alguna del oferente; excelencia insigne, de la que seguirá una gran glorificación de Dios entre las gentes".6
Alimento que repone fuerzas y da vigor
Otra imagen de gran expresividad es la del maná, al que el propio Jesús alude en el sermón sobre el Pan de Vida, referido en el capítulo sexto de San Juan. Este alimento tenue y granulado como la escarcha (cf. Ex 16, 14), que contiene en sí todos los deleites (cf. Sb 16, 20), que nutrió al pueblo elegido durante su largo viaje por el desierto, es también símbolo del Pan del Cielo, prenda de la resurrección futura, que alimenta a todo cristiano, dándole las gracias y fortaleza necesarias para atravesar el desierto de esta vida y llegar a la Tierra Prometida, es decir, a la Patria Celestial.
" El maná que Dios hacía caer cada mañana -comenta San Pedro Julián Eymard- sobre el campamento de los israelitas, contenía todos los gustos y propiedades; reponía las fuerzas perdidas, daba vigor al cuerpo y era un pan muy suave. También la Eucaristía, prefigura del maná, contiene todo tipo de virtudes; es medicina contra nuestras enfermedades, fuerza contra nuestras flaquezas cotidianas, fuente de paz, de gozo y felicidad".7
La mesa revestida de oro
Finalmente, de nuevo en el Éxodo, encontramos una prefigura más de este divino Sacramento cuando Dios le dio orden a Moisés de que hiciera una mesa de madera revestida de oro puro, donde fueran puestos permanentemente ante el Señor los panes sagrados o panes de la proposición.
5.jpgAquellos panes, "cosa santísima" (Lv 24, 9) que sólo a los sacerdotes les estaba permitido comer, exigían la pureza ritual del cuerpo (cf. 1 S 21, 4-5) y debían ser consumidos "en el recinto sagrado" (Lv 24,9). A nosotros se nos exige, si queremos aproximarnos a la mesa de la Eucaristía, una purificación mucho mayor que aquella prescrita en la Ley mosaica: "El que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación" (1 Co 11, 27-29).
Por otra parte, si los panes de la proposición estaban reservados exclusivamente a Aarón y a sus sacerdotes, Nuestro Señor Jesucristo, el verdadero Pan de la proposición, se ofrece como alimento a todos los fieles, sin excepción, y le da a los hombres un privilegio que a los ángeles -por su naturaleza- no les es dado gozar. "¡Cosa admirable! Los pobres, los siervos y los humildes comen a su propio Señor" -canta el himno Sacris Solemnis, también compuesto por Santo Tomás de Aquino para la fiesta de Corpus.
La mesa de oro sobre la cual se encontraban los panes contiene otro simbolismo muy elevado: es la prefigura de la Madre de Dios, en cuyo seno ha sido formado el Cuerpo de Jesús. Sobre esto comenta el P. Jourdain: "María es la mesa mística magníficamente adornada y hecha de madera incorruptible, que Dios ha preparado para los que se complacen en la meditación de las cosas divinas. Ella es la mesa santa y sagrada, que lleva el Pan de Vida, Jesucristo Nuestro Señor, el sustentáculo del mundo".8
Podríamos mencionar muchos otros signos en el Antiguo Testamento sobre el Sacramento de la Eucaristía: Abraham que ofrece a su hijo Isaac en sacrificio (cf. Gn 22, 1-13); el pan cocido sobre piedras calientes por el que Elías recobró las fuerzas para andar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb, el monte de Dios (cf. 1 R 19, 5-8); la multiplicación de los panes obrada por el profeta Eliseo para alimentar a cien personas (cf. 2 R 4, 42-44); etc.
Preparación próxima para la revelación de la Eucaristía
En el Nuevo Testamento encontramos tres señales insignes por las cuales el Salvador fue preparando a las almas para el gran misterio cuya manifestación había reservado para la víspera de su Pasión.
Primero, la transmutación del agua en vino, en las bodas de Caná de Galilea, cuyo efecto nos lo es relatado por San Juan: "Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él" (Jn 2, 11). Más tarde, la multiplicación de los panes, con la cual Jesús sació a más de cinco mil personas que lo habían seguido hasta el desierto (cf. Mt 14, 15-21). A este segundo milagro siguió otro, pocas horas después: estando los discípulos en la barca, en medio del mar agitado, vieron que Jesús se acercaba a ellos andando sobre las aguas (cf. Mt 14, 24-33). A través de estos prodigios, el Divino Maestro quiso demostrar el poder absoluto que poseía sobre el vino y el pan, como también sobre su propio Cuerpo.
Ejemplos tan hermosos nos muestran como el Creador, en cuanto divino Pedagogo, había ido preparando pasa a paso a las mentes para la revelación del Sacramento de la Eucaristía, eterno testimonio de su amor y de su deseo de permanecer entre nosotros.
¡Arrodillémonos delante del Tabernáculo!
¿Cuáles deberían ser nuestra actitud y nuestros sentimientos al considerar el extremo de bondad que Dios hecho Hombre tiene hacia la criatura rescatada por su Sangre y no la abandonó, habiéndose encarnado, sino que se ha mantenido presente, asistiendo y amparando a todos los que a Él quisieran acercase?
6.jpgArrodillémonos delante del Tabernáculo o delante, aún mejor, del Ostensorio, entreguemos a Jesús Sacramentado todo nuestro ser -nuestro cuerpo con todos sus miembros y órganos, nuestro alma, con sus potencias, sus cualidades e incluso con sus propias miserias- y ofrezcámosle a Dios Padre la divina Sangre de su Hijo, derramada en la Cruz en reparación de nuestras faltas.
De modo análogo a los rayos del sol que nos dejan, incidiendo sobre la cara, colorado y moreno, así también, ante el Santísimo Sacramento nuestra alma recibe una renovada infusión de gracias, invitándonos al abandono total en las manos de Jesús, por medio de María. Nuestras almas irán transformándose, así, rumbo a la santidad a la cual Dios nos ha llamado.
Y si en algún momento, las dificultades de la vida nos hiciesen sentir desánimo o aridez, acordémonos de estas elocuentes palabras del padre Faber:
" Muchas veces, cuando el hombre se deja llevar por la desesperación y es asaltado con preguntas, dudas, desánimos e incertidumbres, en considerar su vida, y se siente rodeado de enemigos que aúllan a su alrededor como fieras furiosas, viene entonces un impulso, que es una gracia, y lo conduce a arrodillarse ante el Santísimo Sacramento y, sin hacer esfuerzo, he aquí que todos aquellos clamores se hunden en el silencio. El Señor está con él: el oleaje se aquietó, la tempestad se calmó en un instante, sin embarazo, el viaje va a terminar en el punto buscado. No ha sido necesario sino mirar a la faz de Jesús, las nubes se dispersaron y la luz se hizo. El esplendor del Tabernáculo reaparece como el sol".9
Por la Hermana Clara Isabel Morazzani Arráiz, EP
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1 DENZINGER-HÜNERMANN, n. 1644.
2 EYMARD, San Pedro Julián. Obras Eucarísticas, "Eucaristía". 4. ed. Madrid: 1963, p. 65.
3 ALASTRUEY, Gregorio. Tratado de la Santísima Eucaristía. 2. ed. Madrid: BAC, 1952, p. 19-20.
4 AQUINO, S anto Tomás de. 4 Sent., dist. 8, q. 1, a.2 apud: ALASTRUEY, Op. Cit., p. 7.
5 AQUINO, Santo Tomás de. Suma Teológica III, q. 73, a. 6, Resp.
6 ALASTRUEY, Op. cit., p. 286.
7 EYMARD, Op. cit., p. 272.
8 JOURDAIN, Z.-C. Somme des Grandeurs de Marie. Paris: Hippolyte Walzer Ed., 1900, t. I, p. 467.
9 FABER, Frederick William. O Santíssimo Sacramento. Petrópolis: Vozes, 1929, p. 217.

sábado, 26 de mayo de 2012

Iglesia Madre de los Heraldos del Evangelio es elevada por el Papa a Basílica menor

Caieiras (Viernes, 25-05-2012, Gaudium Press) “Entre los templos sagrados de la Diócesis de Bragança Paulista en Brasil, se destaca merecidamente la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, erigida en la ciudad de Caieiras, a la cual los fieles de la región acostumbran dirigirse a fin de implorar el poderoso auxilio de aquella que es la Llena de Gracia, para que conduzca su existencia según los preceptos del Evangelio”: así inicia el Breve pontificio por medio del cual el Papa Benedicto XVI elevó la iglesia Madre de los Heraldos del Evangelio a la categoría de Basílica Menor. La nueva Basílica se ubica en las afueras de San Pablo, la gran megalópolis brasileña.

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Aspecto de la ceremonia

En solemne y majestuosa ceremonia eucarística -como corresponde a tan importante acontecimiento-, fue entregado en el día de ayer el Breve apostólico, que está firmado por el Cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone.

En el Breve, Su Santidad Benedicto XVI expresa que, tras el requerimiento hecho por el obispo de Bragança Paulista el pasado 1 de marzo, “en nombre del clero y también del pueblo”, en el cual se pedía al Pontífice que se honrase “este templo con el título y dignidad de Basílica Menor, Nós, deseando dar pruebas de especial benevolencia, con sumo agrado por las fervorosas oraciones, juzgamos que debe ser concedido”.

Con suma alegría y gratitud fue recibido el documento por Mons. João Scognamiglio Clá Días, superior de los Heraldos del Evangelio, y por las decenas de sacerdotes y centenas de laicos consagrados de la comunidad reunidos en la nueva Basílica para la ocasión, quienes manifestaron ya su certeza de que el deseo del Papa -manifestado también en el Breve de erección- se realizará con creces: “Estamos seguros de que la honra concedida incitará el corazón de los fieles a venerar cada vez más a la Santísima Madre de Dios y de la Iglesia”.

Basílicas mayores y menores


El término Basílica proviene del griego y significa originariamente “casa real”. Es pues una palabra que designaba un majestuoso edificio público, que en las civilizaciones griega y romana se destinaba comúnmente a ser sede de un tribunal de justicia.

La palabra Basílica entró a hacer parte del argot católico cuando varias de estas construcciones se convirtieron en templos cristianos.
Hay dos tipos de basílicas, las mayores y las menores. Las mayores son pocas, particularmente las 4 basílicas papales romanas (San Juan de Letrán, San Pedro, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros), aunque también se consideran basílicas papales San Lorenzo Extramuros y la Iglesia de San Francisco, en Asís, pues tiene altar Papal y trono. De hecho, una de las características de las basílicas mayores es que su altar mayor es de uso exclusivo del Papa o con autorización papal, y que además tienen una Puerta Santa, la cual es traspasada para obtener las indulgencias en los años jubilares.

Formando una “corona” alrededor de las Basílicas Mayores se encuentran las Basílicas Menores, más de 1.500 en todo el orbe.

Para que un templo pueda alcanzar el título de basílica, lo que ocurre por medio de un Breve Apostólico, se deben cumplir varios requisitos: Debe ser un templo de regio esplendor, con arquitectura destacada; el templo debe ser foco espiritual de una comunidad que es santuario para la multitud de devotos que acuden a él; y que bajo sus bóvedas, posea un tesoro espiritual y sagrado, dando culto ininterrumpido al Señor, a la Virgen y al Santo venerado en él.

Legislación para Basílicas Menores


De acuerdo a Decreto de la Sagrada Congregación de los Ritos, de fecha del 6 de junio de 1968, firmado por el entonces prefecto Card. Benno Gut (AAS 60, 536-539), es requerido que el templo destinado a ser Basílica Menor sea amplio y artístico; que esté consagrado y descuelle histórica y religiosamente entre los de la propia Diócesis; que tenga culto digno y solemne, con participación activa del pueblo y ‘Schola Cantorum’, y número suficiente de sacerdotes para la frecuente predicación y ministerios sacramentales; que se promueva en la Basílica la instrucción religiosa mediante conferencias e iniciativas similares; que se distinga por el estudio y divulgación de los documentos del magisterio del Sumo Pontífice, en cuya fachada deben colocarse sus insignias.


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En la misma Basílica han de celebrarse con singular solemnidad: la fiesta de la Cátedra de San Pedro (22 de febrero), la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio) y el aniversario de la elección del Papa. Además, según la oportunidad, sobre todo en los días festivos, debe celebrarse una Misa en lengua latina, ora rezada, ora cantada, ejecutando con peculiar cuidado las melodías gregorianas o la polifonía sagrada.

En el decreto ‘De titulo Basilicae Minoris’ emitido por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 9 de noviembre de 1989 -que actualiza el decreto de 1968-, se refieren los requisitos vigentes para la concesión del título de Basílica Menor.

Allí se establece que la erección de un templo en Basílica menor “significa su relación particular con la Iglesia romana y el Sumo Pontífice”.

El templo propuesto como basílica menor “debe destacarse como un centro de liturgia activa y pastoral, especialmente a través de las celebraciones de la Santísima Eucaristía, la Penitencia y de los otros sacramentos, en el cual las celebraciones constituyan un ejemplo para los demás debido a su preparación y realización de acuerdo a las normas litúrgicas y con la participación activa del pueblo de Dios”. Igualmente, la iglesia debe “gozar de un cierto renombre en toda la diócesis”.

A medida que avanza el año litúrgico, “las celebraciones de las distintas estaciones deben llevarse a cabo [allí] de una manera digna de elogio, [para lo que] un número adecuado de sacerdotes es necesario; ellos deben estar asignados a la atención litúrgica y pastoral de la Iglesia, especialmente para la celebración de la Eucaristía y la penitencia (también debe haber un número adecuado de confesores que en las horas indicadas estén a disposición de los fieles)”.

El decreto también especifica los documentos que deben ser dirigidos a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos para la concesión del título; los deberes propios de una basílica en el área litúrgica y pastoral; y las concesiones anexas al título de Basílica Menor.

Con información de la Basílica de San Antonio de Padua, en la Argentina, y de la Acta Apostolicae Sedis

domingo, 6 de mayo de 2012

Lima celebrará "por todo lo alto" los 50 años de la Canonización de San Martín de Porres

Lima (Viernes, 04-05-2012, Gaudium Press) Grandes eventos tendrán lugar desde hoy, y durante el fin de semana, para conmemorar en Perú el 50º aniversario de la Canonización de San Martín de Porres, quien fue canonizado en Roma el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII.
Uno de los eventos tiene lugar hoy desde las 6:00 de la tarde, hora local en Lima, con un conversatorio que hablará sobre el tema "San Martín, 50 años después de su canonización", organizado por la Congregación de Religiosas Paulinas de Perú. Esta jornada trascurrirá en el local de las Librería Paulinas en San Isidro, Lima, y contará con la presencia de la Comisión para la celebración del cincuentenario de la canonización del santo peruano.

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San Martín de Porres fue canonizado en Roma el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII
Ya para el sábado y domingo, 5 y 6 de mayo respectivamente, ocurrirán los eventos principales. Uno de ellos será la procesión de las reliquias de San Martín que se realizará el sábado 5 y partirá a las 2:00 de la tarde del Convento Santo Domingo hacia la Catedral de Lima, siendo la primera vez que abandonan el convento para recorrer las principales calles de la capital peruana.
El mismo sábado también se inaugurará en el Convento del Santísimo Rosario la Exposición "Iconografía de San Martín de Porres".
El domingo, por su parte, se celebrará una Misa solemne en la Catedral de Lima que será presidida por el Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, en homenaje a quien es considerado el primer santo mulato. Una vez culmine la Eucaristía, las calles de lima acogerán otra procesión conmemorativa del cincuentenario con la imagen venerada del San Martín de Porres, "Martín de la Caridad", tal como lo denominó el Papa Juan XXIII el día de su canonización.
Además del los actos conmemorativos de este fin de semana, durante Mayo y el resto del año, tendrán lugar otros eventos que pretenden resaltar la vida y enseñanzas del santo peruano, quien le dio valor a las cosas pequeñas y sencillas, y fue ejemplo de humildad. Uno de ellos será la peregrinación de sus reliquias por todo el territorio peruano y la presentación del libro "Iconografía de San Martín de Porres", evento que será el próximo 11 de mayo en la Sala Capitular del Convento del Santísimo Rosario.
Las conmemoraciones son organizadas y promovidas por la Orden de Predicadores Dominicos en Perú.
Con información del Servicio Informativo Semanal de la Conferencia Episcopal Peruana.