miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Papa hace un apelo en el "Urbi et Orbi" para que se restablezca la paz en Oriente Medio y a los líderes políticos, para que se respete la libertad religiosa

En el Mensaje Navideño, el Santo Padre hizo votos por el restablecimiento de la paz en Oriente Medio y alentó a los cristianos en Irak y en China. También manifestó la solidaridad con Haití, Colombia y Venezuela, afectados por calamidades naturales 

Ciudad del Vaticano (Martes, 28-12-2010, Gaudium Press) En el "Emmanuel" se revela "Dios con nosotros". En el Mensaje Navideño, el Santo Padre hizo nuevamente votos por el restablecimiento de la paz en Oriente Medio y alentó a los cristianos en Irak y en China. También manifestó la solidaridad con Haití, que sufre con la epidemia del cólera, y con Colombia y Venezuela, países afectados recientemente por calamidades naturales.
Pope 10.jpgDios no está "lejos", está "cerca" y está con nosotros, no cambia nunca. La encarnación es un misterio de amor, un acontecimiento que supera la historia. Fue lo que dijo el Papa en su mensaje antes de la tradicional bendición "Urbi et Orbi".
Benedicto XVI recordó que el Mensaje de Navidad no es una "fórmula matemática"; el Amor que invita "al sí de nuestro corazón" es un constante mensaje de justicia y paz. Creer en Dios es "motivo de esperanza para todos aquellos cuya dignidad es ofendida y violada".
En respuesta al reciente ataque a los católicos en Bagdad y a las tensiones en Irak, el Pontífice deseó consolación para los cristianos en Oriente Medio. A los responsables de las naciones, el Papa hizo un apelo a "una efectiva solidaridad". Hizo también una invitación a un "auténtico progreso para las poblaciones de Somalia, Darfur y Costa de Marfil, y para que se promueva la estabilidad política y social en Madagascar".
Para China, el Pontífice deseó el refuerzo del espíritu de fe, de paciencia y coraje en los fieles, y a los líderes políticos pidió el respeto por la libertad religiosa; tema sensible para el Vaticano después de las ordenaciones episcopales ilícitas y de la asamblea de la conferencia episcopal del país.
El Santo Padre realizó la tradicional bendición "Urbi et Orbi" desde el balcón de la fachada de la Basílica Vaticana, pronunciando los votos a los fieles en 65 lenguas. En portugués, el Papa deseó: "¡Feliz Navidad para todos! ¡El nacimiento del Niño Jesús ilumine de alegría y paz vuestros hogares y naciones!"
Pope 9.jpgLa seguridad en el Vaticano y Roma fue reforzada después de los dos casos de bombas en las Embajadas de Suiza y Chile en la capital. El sábado, en la Misa del Gallo, los guardias suizos y los gendarmes vaticanos estaban en mayor número con relación al año pasado después del caso de la caída del Pontífice causada por una mujer suiza mentalmente enferma, Susanna Maiolo.
En la celebración "Urbi et Orbi" en el atrio de la Basílica vaticana había piquetes de la Guardia Suiza Pontificia, comandados por el nuevo vice-comandante Christoph Graf, y de los Carabinieri y otros cuerpos militares italianos.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Cardenal Cañízarez: "Hemos de revivir el espíritu de la liturgia y para esto son significativos los gestos introducidos en las liturgias del Papa"

Gestos como por ejemplo “la orientación de la acción litúrgica, la cruz en el centro del altar, la comunión de rodillas, el canto gregoriano”. El purpurado habló sobre el importante tema litúrgico con Andrea Tornielli, de Il Giornale
Roma (Viernes, 24-12-2010, Gaudium Press) En entrevista realizada por Andrea Tornielli que publica hoy el diario italiano Il Giornale, el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Cardenal Antonio Cañízares LLovera, se refiere a aspectos trascendentales del desarrollo de la Reforma Litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, y coómo se plantean en la actualidad algunos temas relacionados, según la mente del Papa Benedicto XVI.
Reproducimos a continuación algunos trechos de la entrevista.
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Cardenal Antonio Cañízares
Preguntado sobre el pensamiento del entonces Cardenal Ratzinger, quien hablaba de una cierta prisa en la reforma litúrgica posconciliar, el Card. Cañizares reafirma que "la reforma litúrgica se llevó a cabo con mucha prisa. Había óptimas intenciones y un deseo de aplicar el Vaticano II. Pero hubo precipitaciones. No se dio suficiente tiempo y espacio para acomodar y asimilar las lecciones del Concilio, de repente se cambió la forma de celebrar. Recuerdo muy bien la mentalidad entonces difundida: era necesario cambiar, crear algo nuevo. Aquello que habíamos recibido, la tradición, fue visto como un obstáculo. La reforma fue concebida como un esfuerzo humano, muchos pensaron que la Iglesia era la obra de nuestras manos, en lugar de Dios. La renovación litúrgica fue vista como una investigación de laboratorio, fruto de la imaginación y la creatividad, la palabra mágica de entonces".
Sobre la expresión "reforma de la reforma" empleada en el sentido litúrgico, el purpurado no se pronuncia sobre la conveniencia de su uso. "Aquello que veo absolutamente necesario y urgente, según aquello que desea el Papa, es dar vida a un nuevo, claro y vigoroso movimiento litúrgico en toda la Iglesia. Porque, como explica Benedicto XVI en el primer volumen de su Opera Omnia, en la relación con la liturgia se decide el destino de la fe y de la Iglesia. Cristo está presente en la Iglesia por medio de los sacramentos. Dios es el sujeto de la liturgia, no nosotros. La liturgia no es una acción del hombre, sino una acción de Dios."
Acerca de la bondad del verdadero sentido de la renovación litúrgica conciliar, el Cardenal Cañízares afirmó que ella "trajo grandes beneficios en la vida de la Iglesia, como la participación más consciente y activa de los fieles y la presencia enriquecida de la Sagrada Escritura. Pero aparte de estos y otros beneficios, no han faltado sombras, surgidas en los años sucesivos al Concilio Vaticano II: la liturgia, esto es un hecho, ha sido "herida" por las deformaciones arbitrarias, también causadas por la secularización que, lamentablemente, golpea también al interior de la Iglesia. (...) La renovación del Concilio fue concebida como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la tradición. Hemos de revivir el espíritu de la liturgia y para esto son significativos los gestos introducidos en las liturgias del Papa: la orientación de la acción litúrgica, la cruz en el centro del altar, la comunión de rodillas, el canto gregoriano, el espacio para el silencio, la belleza en el arte sacro. Es también de una necesidad urgente promover la adoración eucarística: Frente a la presencia real del Señor no se puede sino estar en adoración".
"¿Cómo juzga el estado de la liturgia católica en el mundo?", pregunta Tornielli al Cardenal. A lo que él responde que "frente al riesgo de la rutina, frente a cierta confusión, a la pobreza y a la banalidad del canto y de la música sacra, se puede decir que hay una cierta crisis. Por esto es urgente un nuevo movimiento litúrgico. Benedicto XVI, señalando el ejemplo de San Francisco de Asís, una gran devoto del Santísimo Sacramento, ha explicado que el verdadero reformador es aquel que obedece a la fe: no se mueve de manera arbitraria y no se arroga ninguna discrecionalidad sobre el rito. No es el dueño, sino el custodio del tesoro instituido por el Señor y entregado a nosotros. El Papa pide a nuestra Congregación promover la renovación de conformidad con el Vaticano, en sintonía con la tradición litúrgica de la Iglesia, sin olvidar la norma conciliar que prescribe no introducir innovaciones sino cuando lo requiera una verdadera y acertada utilidad para la Iglesia, con la advertencia de que las nuevas formas, en cada caso, deben surgir orgánicamente de las ya existentes."

martes, 21 de diciembre de 2010

San José es ejemplo de total coraje y confianza en Dios, recuerda el Papa en el Ángelus

La Iglesia Católica se aproxima a la celebración de Navidad. En el cuarto domingo de Adviento es recordada por el Evangelio la figura de San José, esposo de María. El patrono de la Iglesia universal es modelo de plena confianza en Dios 
Ciudad del Vaticano (Lunes, 20-12-2010, Gaudium Press) San José fue el "hombre nuevo" que "mira con confianza y coraje el futuro, no sigue el propio proyecto, sino que se entrega totalmente a la infinita misericordia" de Dios. En el Ángelus del cuarto domingo de Adviento el Papa reflexiona sobre la figura del santo esposo de María.
La Iglesia Católica se aproxima a la celebración de Navidad. En el cuarto domingo de Adviento es recordada por el Evangelio la figura de San José, esposo de María. El patrono de la Iglesia universal es modelo de plena confianza en Dios y de realización de la Palabra de Dios en la propia vida. Fue "hombre justo" en el cual se manifestaba el amor, la sabiduría y la potencia de Dios.
El encuentro para la recitación del Ángelus fue el penúltimo encuentro del Papa con los fieles antes de Navidad. Por eso en sus saludos el Santo Padre hizo también sus votos en diversas lenguas. En español invitó a los fieles a "dirigir vuestra oración humilde y confiada al Niño Jesús" y deseó que en nuestra vida estemos "siempre dispuestos a realizar en todo la voluntad del Señor".

sábado, 18 de diciembre de 2010

Las luces del árbol de Navidad recuerdan a Dios que vino para disipar las tinieblas del error y el pecado, dijo el Papa

Hoy de tarde fue iluminado el Árbol de Navidad en la plaza San Pedro, un gran abeto rojo ofrecido por la Provincia Autónoma de Bolzano-Alto Adige, al norte de Italia 

2010-12-03T114205Z_436816987_GM1E6C31IN401_RTRMADP_3_VATICAN-TREE.jpgCiudad del Vaticano (Viernes, 17-12-2010, Gaudium Press) La atmósfera de Navidad ya es sentida en todos los lugares en Roma, hoy también gracias a la nieve. En el Vaticano, merced a las luces del gran árbol de Navidad que serán encendidas hoy de tarde en la plaza San Pedro. El abeto rojo fue ofrecido al Santo Padre este año por la Provincia Autónoma de Bolzano-Alto Adige, Tirol, cuya delegación fue recibida por Benedicto XVI al mediodía en el Palacio Apostólico. El pesebre y el árbol de Navidad traen un mensaje de fraternidad y amistad, esperanza y amor, dijo la delegación al Papa.
Árbol de Navidad Vaticano, en el momento
de su instalación
En Roma, ya hace algunos días se siente el aire de invierno, pero aquel de las montañas europeas y los países nórdicos en vez del propio del sur. Hoy después del mediodía comenzó a nevar, lo que es muy raro en la Ciudad Eterna. De aquí a pocas horas el gran abeto rojo de 80 años, con 30 metros de altura y 7 metros de diámetro, que decora la plaza San Pedro y acompaña el gran pesebre aún en construcción, será encendido. Este momento será acompañado por una pequeña ceremonia en presencia de la delegación que ofrece el árbol de Navidad y el Cardenal Gobernador del Estado de la Ciudad del Vaticano, cardenal Giovanni Lajolo. La ceremonia hoy sucederá en una atmósfera propia de la Navidad de la Baviera del Papa Ratzinger.
El encender las luces del árbol de Navidad tiene un sentido más profundo. Recuerda que "el Mesías se hizo hombre y vino en medio de nosotros para disipar las tinieblas del error y el pecado". Para quien tiene fe, significa también "acoger en sí mismo la luz que es Cristo Jesús". Los símbolos navideños como el pesebre y el árbol de Navidad deben "crear el clima propicio para vivir en la justa dimensión espiritual y religiosa el misterio del Nacimiento del Redentor".
El gran árbol de Navidad y los 50 pequeños para las oficinas de la Curia, fueron ofrecidos por el Municipio de Bressanono y la Compañía de los "Schützen" del distrito Valle Isarco, cuya representación en el Vaticano es hoy guiada por el mayor Sepp Kaser. En la ceremonia estarán presentes e intervendrán: Mons. Karl Golser, obispo de Bolzano-Bressanone, el presidente de la Provincia Luis Durnwalder, el prefecto de Bressanone Albert Pürgstaller. El Vaticano será representado por el card. Giovanni Lajolo, el secretario general de la gobernación vaticana, arzobispo Carlo Maria Viganò y el vice-secretario general, el obispo Giorgio Corbellini, el director de los Servicios Técnicos, el ingeniero Pier Carlo Cuscianna y el ingeniero Marco Bargellini, jefe de servicio de construcción.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Más de 5 millones de fieles se dieron cita en la Basílica de Guadalupe para celebrar a "la Morenita de Tepeyac"

Ciudad de México (Lunes, 13-12-2010, Gaudium Press) Pese al frío, al sol y al agotamiento físico millones de peregrinos -se calcula que más de 5 millones procedentes de diferentes puntos de México, así como de diversas partes del mundo- arribaron desde la madrugada de ayer a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, algunos caminando, otros en bicicleta o de rodillas, para conmemorar a la Patrona de América Latina, cuya festividad ocurre el 12 de diciembre.
Peregrinos camino a la Basílica.jpg
Peregrinos rumbo a la Basílica
La celebración principal, que marcó el 479 aniversario de la aparición de la Madre de Dios a Juan Diego de Cuauhtlatoatzin -hoy santo de la Iglesia-, tuvo lugar con una solemne Eucaristía en la Basílica, la cual estuvo presidida por el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo y Primado de México.
Durante la homilía, el purpurado, además de recordar el "milagro de las rosas" de aquel 1531, que marcó una fecha de importancia para los mexicanos, también hizo un llamado a la reconciliación y a la paz debido a la crisis de violencia por la que atraviesa el país centroamericano.
Tal como fue citado en el diario mexicano El Universal, el Cardenal Rivera deploró que algunos mexicanos desconozcan lo que es la misericordia, destruyendo a los demás y destruyéndose a sí mismos por tener un corazón de piedra, "corazones vacíos que desprecian la vida humana, corazones llenos de hedonismo y de un brutal interés de dominar a otro esclavizándolo en las adicciones", añadió.
Durante la ceremonia religiosa también se llevó a cabo la celebración de la bendición de la rosas, como alusión a la aparición de la Guadalupana a San Juan Diego.
Prelados mexicanos rinden homenaje a la Guadalupana
Además de la celebración que cada año ocurre en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe, varias celebraciones paralelas a la de la Basílica tuvieron lugar en las diferentes jurisdicciones eclesiales mexicanas, como la que presidió Mons. Mario Chávez Ruvalcaba, Obispo Emérito de Zacatecas, quien en la homilía - la cual fue difundida en el site de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)- hizo referencia sobre la "Morenita de Tepeyac", como discípula y misionera de Cristo: "María de Guadalupe es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de discípulos misioneros. En el Acontecimiento Guadalupano (sus cuatro apariciones a San Juan Diego, Diciembre de 1531) se ha establecido el pentecostés que nos ha dado los dones, carismas y frutos del Espíritu Santo. Desde entonces las comunidades han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús".
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Antorcha guadalupana rumbo a Nueva York
Por su parte, Mons. Ramón Castro Castro, Obispos de Campeche, refiriéndose al bicentenario de Independencia que conmemoró México, señaló que es justo celebrar, "también con intensidad, a la heroína que nos ha dado identidad y que ha fraguado la nación que somos". Dijo que Nuestra Señora de Guadalupe "ha sido para México estandarte, caudillo, motor y nuevo Moisés que nos ha guidado a la tierra prometida y anhelada de democracia, justicia, paz".
También habló Mons. Enrique Díaz Días, Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas. El prelado, teniendo en cuenta el tiempo de Adviento en el que se encuentra la Iglesia, recordó que la visita de María de Guadalupe "viene a disponer nuestra corazón para esa otra visita más importante y más transformante, la visita de si Hijo que se encarna en medio de nosotros".
Antorcha Guadalupana en Nueva York
Como parte de la conmemoración de la Patrona de América Latina, ayer arribó a la Basílica de San Patricio, en Nueva York, y tras recorrer 10 mil kilómetros -pasando por 9 estados mexicanos y 12 norteamericanos-, la Antorcha Guadalupana. Ella, como cita el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME), quiso ser "símbolo de esperanza y solidaridad para con los millones de connacionales que radican en ese país".
La peregrinación binacional, que comenzó desde principios del mes de octubre en la Basílica de Guadalupe llevó como título "Mensajeros por la dignidad de un pueblo dividido por la frontera". En ella participaron alrededor de 7 mil peregrinos.
Gaudium Press / Sonia Trujillo

sábado, 11 de diciembre de 2010

Nossa Senhora de Guadalupe

Pensa-se geralmente que João Diego era um indígena "pobre" e de "baixa condição social". Contudo, sabemos hoje, por diversos testemunhos, que ele era filho do rei de Texcoco, Netzahualpiltzintli, e neto do famoso rei Netzahualcóyolt. Sua mãe era a rainha Tlacayehuatzin, descendente de Moctezuma e senhora de Atzcapotzalco e Atzacualco. Nestes dois lugares João Diego possuía terras e outros bens de herança.
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 São João Diego
A este representante das etnias indígenas do Novo Mundo, a Mãe de Deus apareceu há quase quinhentos anos, trazendo uma mensagem de benquerença, doçura e suavidade, cuja luz se prolonga até nossos dias.
Para compreendermos a magnitude da bondosa mensagem de Nossa Senhora, devemos transladar-nos ao ambiente psico-religioso daquele tempo.
De um lado, as numerosas etnias que habitavam o vale de Anahuac, atual Cidade do México, haviam vivido durante décadas sob a tirania dos astecas, tribo poderosa, dada à prática habitual de sangrentos ritos idolátricos. Anualmente, sacrificavam milhares de jovens para manter aceso o "fogo do sol". A antropofagia, a poligamia e o incesto faziam parte da rotina de vida desse povo.
Os dedicados missionários, chegados ali com os conquistadores espanhóis, viam a necessidade imperiosa de evangelizar aquela gente, extirpando de modo categórico tão repugnantes costumes. Entretanto, os maus hábitos adquiridos, a dificuldade do idioma e, sobretudo, um certo orgulho indígena de não aceitar o "Deus do conquistador" em detrimento de suas divindades, tornavam difícil a tarefa de introduzir nesse ambiente a Luz do mundo.
Deus Nosso Senhor, todavia, em sua infinita misericórdia, querendo que todos os homens "se salvem e cheguem ao conhecimento da verdade" (1 Tim 2, 4), preparava uma maravilhosa solução para esse impasse.
Nossa Senhora aparece a São João Diego
Em 9 de dezembro de 1531, João Diego estava nos arredores da colina Tepeyac, na atual Cidade do México. Repentinamente, ouviu uma música suave, sonora e melodiosa que, pouco a pouco, foi-se extinguindo. Nesse momento escutou ele uma lindíssima voz, que no idioma nahualt o chamava pelo nome. Era Nossa Senhora de Guadalupe.
Depois de cumprimentá-lo com muito carinho e afeto, Ela lhe dirigiu estas palavras cheias de bondade: "Porque sou verdadeiramente vossa Mãe compassiva, quero muito, desejo muito que construam aqui para mim um templo, para nele Eu mostrar e dar todo o meu amor, minha compaixão, meu auxílio e minha salvação a ti, a todos os outros moradores desta terra e aos demais que me amam, me invoquem e em mim confiem. Neste lugar quero ouvir seus lamentos, remediar todas as suas misérias, sofrimentos e dores."
Em seguida, Nossa Senhora pediu a João Diego que fosse ao palácio do Bispo do México, e lhe comunicasse que Ela o enviava e pedia a construção do templo.
Sem hesitar, o "mensageiro da Virgem" foi entrevistar-se com Dom Luís de Zumárraga, e contou-lhe o que havia acontecido. Mas o Bispo não lhe deu crédito e mandou-o voltar outro dia.
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 Nossa Senhora aparece a João Diego
Segunda e terceira aparições
Nesse mesmo dia, ao pôr-do-sol, João Diego, pesaroso, foi comunicar a Nossa Senhora o fracasso de sua missão. Com encantadora inocência, pediu a Ela que escolhesse um embaixador mais digno, estimado e respeitado. A Mãe de Deus lhe respondeu: "Escuta, ó menor de meus filhos! Tem por certo que não são poucos os meus servidores, meus mensageiros, aos quais Eu possa encarregar de levar minha mensagem e fazer minha vontade. Mas é muito necessário que vás tu, pessoalmente, e que por teu intermédio se realize, se efetive meu querer, minha vontade. E muito te rogo, filho meu, o menor de todos, e firmemente te ordeno, que vás amanhã outra vez ver o Bispo. E de minha parte faze-o saber, faze-o ouvir o meu querer, a minha vontade, para que este a realize, faça meu templo, que lhe peço. E outra vez dize-lhe que eu, pessoalmente, a sempre Virgem Santa Maria, Mãe de Deus, te envio."
No dia seguinte, depois de assistir à Missa, João Diego voltou a procurar o Bispo Dom Zumárraga, que o recebeu com atenção, porém mais céptico ainda, dizendo-lhe ser necessário um "sinal" para demonstrar que era realmente a Rainha do Céu que o enviava. Com toda naturalidade, o indígena respondeu que sim, ia pedir à Senhora o sinal solicitado.
Ao cair do sol, como das vezes anteriores, apareceu a João Diego Nossa Senhora, radiante de doçura. Ela aceitou sem a menor dificuldade conceder-lhe o sinal pedido. Para isto, convidou-o a voltar no dia seguinte.
Ele foge, Ela vai ao seu encontro
Todavia, na segunda-feira, dia 11, João Diego não se apresentou à hora marcada. Seu tio, João Bernardino, caiu repentinamente doente, e Diego tentou todos os recursos medicinais indígenas para curá-lo. Foi em vão. Quando o enfermo percebeu a aproximação da morte, sendo já cristão fervoroso, pediu a seu sobrinho que lhe tentasse trazer um sacerdote.
Pressuroso, João Diego saiu ao amanhecer do dia 12 em busca do confessor. Mas decidiu tomar um caminho diferente do habitual, para que a "Senhora do Céu" não lhe aparecesse, pois pensava: "Ela vai me pedir satisfação de sua incumbência e não poderei buscar o sacerdote."
Mas sua artimanha não funcionou. Para seu espanto, a Mãe de Deus lhe apareceu nesse caminho. Envergonhado, João Diego tratou de se desculpar com fórmulas de cortesia próprias do costume indígena: "Minha jovenzinha, filha minha, a pequenina, menina minha, oxalá estejas contente." E depois de explicar-Lhe a enfermidade de seu tio, como causa de sua falta de diligência, concluiu: "Rogo-te que me perdoes, que tenhas ainda um pouco de paciência comigo, porque com isso não A estou enganando, minha filha pequenina, menina minha. Amanhã sem falta virei a toda pressa." Ao que lhe respondeu Nossa Senhora, com bondade e carinho próprios à melhor de todas as Mães: "Escuta, e põe em teu coração, filho meu, o menor: o que te assusta e aflige não é nada. Não se perturbe teu rosto, teu coração; não temas esta enfermidade, nem qualquer outra enfermidade e angústia. Não estou eu aqui, tua Mãe? Não estás sob minha sombra e minha proteção? Não sou eu a fonte de tua alegria? Não estás porventura em meu regaço? Tens necessidade de alguma outra coisa? Que nenhuma outra coisa te aflija, nem te perturbe. Não te assuste a enfermidade de teu tio, porque dela não morrerá por agora. Tem por certo que já sarou."
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 Estampou-se milagrosamente no tecido a imagem
de Nossa Senhora de Guadalupe
Sinal para o "Mensageiro da Virgem"
Assim que ouviu essas belíssimas palavras, João Diego, muito consolado, creu em Nossa Senhora. Mas era preciso cumprir a missão. Qual era o sinal? Ela lhe ordenou subir à colina de Tepeyac e cortar as flores que ali encontrasse. Esse encargo era impossível, uma vez que lá nunca elas nasciam, e menos ainda nesse tempo de inverno. Mas Diego não duvidou. Subiu a colina e no seu cume encontrou as mais belas e variadas rosas, todas perfumadas e cheias de gotas de orvalho como se fossem pérolas. Cortou-as e as guardou em sua tilma (o poncho típico dos índios mexicanos). Ao chegar embaixo, João Diego apresentou as flores a Nossa Senhora, que as tocou com suas mãos celestiais e voltou a colocá-las na tilma.
"Filhinho meu, o menor, esta variedade de flores é a prova e sinal que levarás ao Bispo. Tu lhe dirás de minha parte que veja nela a minha vontade e que ele tem de cumpri-la. Tu és meu embaixador, no qual absolutamente deposito toda a confiança. Com firmeza te ordeno que diante do Bispo abras tua manta e mostres o que levas."
João Diego se dirigiu novamente ao palácio de Dom Zumárraga. Depois de muito esperar e insistir, os criados o deixaram chegar à presença do Bispo. O "Mensageiro da Virgem" começou a narrar todo o sucedido com Nossa Senhora e em certo momento estendeu sua tilma, descobrindo o sinal. Caíram as mais preciosas e perfumadas flores e, no mesmo instante, estampou-se milagrosamente no tecido a portentosa Imagem da Perfeita Virgem Santa Maria Mãe de Deus, que se venera até hoje no Santuário de Guadalupe.
Profundo sentido eclesial e missionário
Assim foi a grande aparição cujo primeiro resultado foi a conversão em grande escala dos indígenas. "O Acontecimento Guadalupano - assinala o episcopado do México - significou o início da evangelização, com uma vitalidade que extravasou todas as expectativas. A mensagem de Cristo, por meio de sua Mãe, tomou os elementos centrais da cultura indígena, purificou-os e deu-lhes o definitivo sentido de salvação." E o Papa completa: "É assim que Guadalupe e João Diego tomaram um profundo sentido eclesial e missionário, sendo um modelo de evangelização perfeitamente inculturada" (Missa de Canonização, 31/7/2002).
Por isso, determinou Sua Santidade que no dia 12 de dezembro seja celebrada, em todo o Continente, a festa de Nossa Senhora de Guadalupe, Mãe e Evangelizadora da América (Exortação Apostólica Ecclesia in América). ²
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Na homilia de 31 de julho de 2002, o Santo Padre dirigiu ao recém-canonizado São João Diego esta comovedora oração:
Papa Joao Paulo II.jpg
Ditoso Juan Diego, índio bondoso e cristão, em quem o povo simples sempre viu um homem santo! Nós te suplicamos que acompanhes a Igreja peregrina no México, para que seja cada dia mais evangelizadora e missionária. Encoraja os Bispos, sustenta os presbíteros, suscita novas e santas vocações, ajuda todas as pessoas que entregam a sua própria vida pela causa de Cristo e pela difusão do seu Reino.
Bem-aventurado Juan Diego, homem fiel e verdadeiro! Nós te recomendamos os nossos irmãos e as nossas irmãs leigos a fim de que, sentindo-se chamados à santidade, penetrem todos os âmbitos da vida social com o espírito evangélico. Abençoa as famílias, fortalece os esposos no seu matrimônio, apoia os desvelos dos pais empenhados na educação cristã dos seus filhos. Olha com solicitude para a dor dos indivíduos que sofrem no corpo e no espírito, de quantos padecem em virtude da pobreza, da solidão, da marginalização ou da ignorância. Que todos, governantes e governados, trabalhem sempre em conformidade com as exigências da justiça e do respeito da dignidade de cada homem individualmente, para que desta forma a paz seja consolidada.
Amado Juan Diego, a "águia que fala"! Ensina-nos o caminho que conduz para a Virgem Morena de Tepeyac, para que Ela nos receba no íntimo do seu coração, dado que é a Mãe amorosa e misericordiosa que nos orienta para o Deus verdadeiro. (Homilia no dia da canonização Oração a São João Diego)
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Nossa Senhora de Guadalupe: Uma prova de amor para com os povos americanos
Os povos pré-hispanos do México, transmitiam e conservavam a memória da sua história de geração em geração através de canções e poemas que foram transcritas pelos números e símbolos hieroglíficos, rudes fibras de cactos, algodão, couros ou cascas de árvore. Estes são chamados de "códices".
Por sua parte, os historiadores são unânimes em afirmar que a figura de Nossa Senhora de Guadalupe ou impresso na Tilman Ayate , poncho típico dos povos indígenas do México, cujo proprietário era São Juan Diego, e esta repleto de figuras simbólicas. Característica que torna ainda mais exclusivo, porque foi destinado a pessoas que comunicaram precisamente através de imagens e símbolos. Na opinião Indígena, a estampa da "Mãe de Deus" não era apenas um retrato, bonito e extraordinário, como Nossa_Senhora_de_Guadalupe_.jpgo foi para os missionários e conquistadores, mas era uma mensagem, ou um "códice" vindo dos céus.
Através desta demonstração sobrenatural, Nossa Senhora de Guadalupe, expressou sua afeição por todas aquelas pessoas especiais, sua bondade e misericórdia sem limites e uma suavidade que até então os índios nunca tinha provado.
Analisemos alguns destes símbolos presentes na imagem de Nossa Senhora de Guadalupe.
O cinto e o resplendor
Nossa Senhora de Guadalupe é apresentada com um cinto que não está localizado em sua cintura, mas, acima. Foi o sinal para os índios que estava grávida. A quem dará à luz? Ao sol resplandecente. O grande resplendor que Nossa Senhora tem por trás dela, e que saia Dela é o sol. Para os habitantes do México, esse astro é um símbolo da divindade. Logo, a senhora da figura não era outra senão a Mãe de Deus.
Data da aparição
Existe um fato significativo, ligado ao símbolo do sol. E está relacionado com o chamado solstício de inverno. Em todo o hemisfério sul, ocorre em 22 de junho. Por causa da inclinação do eixo da Terra, o Sol atinge o seu máximo de distância do equador. É o início do inverno, e também o dia mais tarde quando o sol nasce e se poe mais tarde. Por essa razão, aliás, é o mais curto dia e a noite mais longa do ano. No hemisfério norte, que fica localizado no México, neste inverno solstício ocorre em 22 de dezembro. Desde tempos imemoriais, os povos pagãos acreditavam que a data como a mais importante do ano, pelo simbolismo do sol que depois de se pôr volta a crescer. Os povos pré-colombianos do México, muito conhecedores da astronomia tinham naquele dia na mais alta consideração religiosa, era o dia em que o sol moribundo recobrava vigor, era o retorno a vida, era o surgimento da luz, a vitoria sobre as trevas.
A aparição de Nossa Senhora de Guadalupe se deu exatamente nessa ocasião. Embora, nesse momento, como registrado em 12 de dezembro (e por respeito pela tradição é a data que se mantém até hoje), foi um erro do calendário Juliano então em vigor, e que foi corrigida mais tarde.
Para reforçar a impressão que causou, ao mesmo tempo o famoso cometa Halley's atingiu o seu Zenit nos céus mexicanos.
Seu manto de estrelas
De acordo com estudos recentes que podem ser comprovadas com precisão admirável, no manto de Nossa Senhora, estão representadas as mais brilhantes estrelas das principais constelações visíveis no Vale de Anahuac -atual cidade do México- no dia da aparição. Foi mais uma prova aos índios que a senhora vinha do céu.
A flor de Quatro Pétalas
Se tivermos um olhar para o manto de Nossa Senhora, abaixo da cintura deve ver uma pequena flor de quatro pétalas. Esta flor é Nahui-Hollín, de grande importância na perspectiva indígena do universo. Ela representa a antiga cidade de Tenochtitlán, a capital asteca, e em particular a colina do Tepeyac, onde se deu a aparição de Nossa Senhora. Também representadas, a plenitude da presença de Deus. Era outra indicação, que a senhora com o manto de estrelas, levava em seu puríssimo seio o Deus único e verdadeiro.
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O resto das flores e figuras impressas em suas vestes não estão colocadas ali ao acaso. Correspondem às diferenças geográficas do México, que os indígenas interpretavam à perfeição.
O cabelo
Nossa Senhora traz o cabelo solto que entre todos os Astecas era um sinal de virgindade. Portanto, a mostra de que a senhora é virgem e mãe.
O Rosto
Por fim, Nossa Senhora quis mostrar-se com traços mestiços, rosto moreno e ovalado, dizendo que ela quer ser a mãe amorosa de todos os habitantes da América.
Muitos outros símbolos podem ser vistos na extraordinária figura de Nossa Senhora de Guadalupe, e nenhuma delas é aleatória, porque tudo isso está em um altíssimo nível de Sabedoria. Por outro lado, existe uma infinidade de belezas que a virgem oculta, que a ciência com todos os seus avanços tecnológicos não conseguem explicar. Por exemplo, o fenômeno das pupilas, na qual se distinguem com lupa minúsculas figuras humanas. A durabilidade inexplicável do rude manto, nem mesmo o acido sulfúrico caído por acidente conseguiu destruir.
O modo misterioso que foi impressa a figura de nossa Senhora e outros aspectos que proximamente abordaremos. São as maravilhas da "Sempre Virgem Maria, Mãe do verdadeiro Deus" como ela mesma se definiu quando falou pela primeira vez com São Juan Diego.
GUADALUPE

jueves, 9 de diciembre de 2010

María alienta a abrirse al Espíritu Santo para expulsar todo mal, dice el Papa Benedicto XVI

Al presidir el saludo a la Inmaculada Concepción ayer por la tarde en la Plaza España en Roma, el Papa Benedicto XVI señaló que el mensaje de la Virgen María para todos es abrirse al Espíritu Santo para llegar al destino final totalmente inmaculados, libres del mal.
En el homenaje ante la imagen de la Virgen María colocada sobre una columna enfrente de la Embajada de España ante la Santa Sede, el Santo Padre señaló que "estamos aquí reunidos en torno a este histórico monumento, que hoy está todo rodeado de flores, signo del amor y de la devoción del pueblo romano por la Madre de Jesús. Y el regalo más bello que le ofrecemos es nuestra oración, la que llevamos en el corazón y que confiamos a su intercesión".
"Pero cuando venimos aquí, especialmente en esta celebración del 8 de diciembre, es mucho más importante lo que recibimos de María, respecto a lo que le ofrecemos. Ella nos da un mensaje destinado a cada uno de nosotros, a la ciudad de Roma y al mundo entero".
"También yo, que soy el Obispo de esta Ciudad, vengo para escuchar ¿Y qué nos dice María? Nos habla con la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno. Su ‘mensaje’ no es otro que Jesús. María nos dice que todos estamos llamados a abrirnos a la acción del Espíritu Santo para poder llegar, en nuestro destino final, a ser inmaculados, plena y definitivamente libres del mal".
Benedicto XVI resaltó que "este es el mensaje de María, y cuando vengo aquí, en esta festividad, me conmueve, porque siento que está dirigido a toda la Ciudad, a todos los hombres y mujeres que viven en Roma: también a quien hoy no se acuerda siquiera que es la Fiesta de la Inmaculada; a quien se siente solo y abandonado. La mirada de María es la mirada de Dios sobre cada uno de nosotros. Ella nos mira con el amor mismo del Padre y nos bendice".
"La Madre nos mira como Dios la miró a ella, humilde muchacha de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo pero elegida y preciosa para Dios. Reconoce en cada uno la semejanza con su Hijo Jesús, ¡aunque nosotros seamos tan diferentes! ¿Pero quién mejor que ella conoce el poder de la Gracia divina? ¿Quién mejor que ella sabe que para Dios nada es imposible?".
Finalmente el Papa dijo que "este es, queridos hermanos y hermanas el mensaje que recibimos aquí, a los pies de María Inmaculada. Es un mensaje de confianza para cada persona de esta Ciudad y del mundo entero".
Antes de llegar a la Plaza, el Papa se detuvo en la iglesia de la Santísima Trinidad, donde saludó a los Padres Dominicos y a la Asociación de Comerciantes Romanos. Una vez ante la estatua bendijo una cesta de rosas que fue colocada en el pedestal de la columna de la Inmaculada, en presencia de miles de fieles.

O dom de sabedoria ao vivo : Linhas mestras da tese de Monsenhor João Scognamiglio Clá Dias, EP

Pe. Rodrigo Alonso Solera Lacayo EP   Professor de Teologia Moral no ITTA
É mais fácil viver os dons do Espírito Santo do que explaná-los cientificamente, afirmou um eminente teólogo. Monsenhor João superou essa dificuldade, dando uma focalização inédita à sua tese de doutorado em Teologia.
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Em sua tese O dom de sabedoria na mente, vida e obra de Plinio Corrêa de Oliveira, Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, quis abordar o tema de modo original, apresentando, mais do que considerações abstratas sobre o dom de sabedoria, a força que ele adquire em quem o vive intensamente. Por isso, a tese está dedicada a analisar a ação do Espírito Santo em um dos maiores líderes católicos da História recente: Plinio Corrêa de Oliveira, “personagem importante para a história da Igreja do Brasil”, conforme destaca Frei Marcelo Neves, membro da banca examinadora.
Mantendo-se sempre no plano objetivo — como afirmam os membros da banca —, Mons. João dá seu testemunho pessoal sobre o dom da sabedoria em Plinio Corrêa de Oliveira, o que um convívio de 40 anos proporcionou-lhe observar detidamente. “Ninguém, como o Mons. João, seu filho, seu discípulo, podia explicar com tanto acerto esse segredo da vida e da obra do Dr. Plinio Corrêa de Oliveira” — afirmou o padre Alberto Ramírez, outro examinador.
O padre Carlos Arboleda destacou outro ponto: a tese “tem o intuito de mostrar que a história da salvação não se dá separada da história humana, que a experiência da fé não se dá fora de uma existência que a interpreta e atua”. Mons. João expõe e escreve com equilíbrio e amor, e “faz obra de teólogo e não de simples cronista”, conforme observa o Frei Marcelo Neves.
A força do testemunho de Santo Antão: “Eu vi!”
Ao apresentar sua defesa, Mons. João mostra a eficácia do testemunho, superior à dos meros argumentos teológicos. Aduz, a este propósito, o valor que teve para os fiéis de Alexandria o exemplo de Santo Antão, proclamando a divindade de Cristo, na luta contra os arianos: “Santo Antão — afirmou na apresentação da tese — tinha visto misticamente a divindade de Nosso Senhor. Era ele um testemunho vivo dessa verdade de Fé. Santo Atanásio então mandou buscar Santo Antão e, na mesma noite em que este chegou à cidade de Alexandria, incontáveis cristãos e hereges reuniram-se na basílica para vê-lo. O nonagenário eremita, que pela mera presença impunha respeito, sentou-se perto do altar. Em seguida, o Bispo subiu ao púlpito e proclamou a divindade de Nosso Senhor. Subitamente, uma voz saída do meio da multidão protestou. Santo Antão ficou espantado com aquela indecorosa interrupção e pediu a tradução das palavras que ouvira, pois não compreendia o grego. ‘O Senhor’ — traduziram-lhe — ‘era apenas um homem, criado por Deus e sujeito à morte e à transição’. Santo Antão ergueu-se e exclamou: ‘Eu O vi!’. Um frêmito percorreu as naves da igreja: ‘Ele O viu! Ele viu a divindade do Senhor!’, diziam os fiéis de joelhos. A imponente voz desse homem, para quem a verdade sobrenatural da natureza divina de Cristo se tornara quase uma evidência em virtude de uma visão sobrenatural, mais que toda a bela e lógica doutrina exposta no Concílio, foi o maior golpe que recebeu a heresia. Eis um exemplo do valor e da contribuição de um testemunho vivo”.
Origem da tese, o testemunho do Autor: “Eu vi!”
Após tal introdução, Mons. João continua: “Ora, mutatis mutandis, deve-se dizer que esta tese nasceu também de um testemunho do Autor”. Lembrando-se com entranhada emoção do dia 15 de março de 2005, em que, antes de ser ordenado diácono, pronunciou sua profissão de Fé no Altar da Cátedra na Basílica de São Pedro, deixou consignado no primeiro capítulo da tese: “Pois bem, enquanto a pluma desliza sobre o papel para redigir estas linhas, novamente se encontra a mão esquerda do Autor sobre as Escrituras Sagradas e brota-lhe do fundo de sua alma esta declaração, dentro do mesmo espírito, seriedade e consciência do anterior juramento”. E o autor assevera que todas as transcrições das palavras de Dr. Plinio “correspondem à realidade de suas expressões durante esse período”, pois foram extraídas diretamente “do arquivo de suas conferências, comentários e conversas, além de seus escritos. Se algum exagero houver em minhas apreciações sobre ele, será por estar aquém de seus devidos limites”.
Em seguida, Mons. João pondera que se trata de uma verdadeira felicidade ter conhecido esse tesouro de exposições orais e escritas que se inserem nas explicitações doutrinárias elaboradas pela Santa Igreja, com base na Revelação, ao longo dos séculos. Entretanto — sublinha ele — havendo convivido, “ao longo de quarenta anos e muito de perto, com Plinio Corrêa de Oliveira”, foi também objeto de outra felicidade, e “muito digna de nota”: ter podido comprovar a “riqueza, esplendor e grandeza” dessas doutrinas “de forma viva”, ou seja, “produzindo seus efeitos na alma de um varão”.
O Reino de Deus
A tese inicia-se com uma exposição teórica sobre a graça e os dons do Espírito Santo, feita a partir deste episódio do Evangelho de São Lucas: “Os fariseus perguntaram um dia a Jesus quando viria o Reino de Deus. Respondeu-lhes: O Reino de Deus não virá de um modo ostensivo. Nem se dirá: Ei-lo aqui; ou: Ei-lo ali. Pois o Reino de Deus já está no meio de vós” (Lc 17, 20-21).
Neste diálogo tão simples estão implícitas duas concepções opostas do Reino de Deus: a dos fariseus, mundana, e a de Jesus, toda ela espiritual. São na realidade, duas formas de sabedoria que estão aqui presentes: a do mundo e a do Espírito Santo.
Inocência, a porta da sabedoria
Depois de apresentar os pressupostos doutrinários sobre o modo de operar da graça e dos dons do Espírito Santo nas almas, assim como dos efeitos especulativos e práticos do dom de sabedoria, o Autor passa aos dados biográficos, confrontando os principais episódios da vida de Plinio Corrêa de Oliveira com a doutrina teológica sobre o dom de sabedoria e a mística. Dessa forma, a narração deixa transparecer, como num compêndio, os efeitos do dom de sabedoria na alma de Dr. Plinio. Contrariamente ao que ocorreu a tantos místicos, que só alcançaram a plenitude desses efeitos após um longo percurso de ascensão espiritual, em Dr. Plinio a sabedoria manifesta-se já na mais remota infância, podendo-se afirmar que para ele a porta da sabedoria foi a inocência.
Alguns efeitos contemplativos da sabedoria patentearam-se especialmente na sua visualização da História, na qual Dr. Plinio sabia discernir com grande acuidade os “passos de Deus”. Para ele, o centro da História era Nosso Senhor Jesus Cristo e sua Esposa Mística, a Santa Igreja, e da luta entre o bem e o mal decorria o verdadeiro rumo dos acontecimentos. Desse princípio básico deduziu a doutrina exposta em seu ensaio Revolução e Contra-Revolução. Outro efeito contemplativo da sabedoria era sua escola de pensamento, na qual apresentava uma concepção do universo sob dois aspectos, como se fossem duas asas do espírito: o doutrinário e o simbólico. Conforme Dr. Plinio gostava de lembrar, as perfeições divinas se refletem no universo constituindo um esplêndido mosaico, o qual a alma bem formada deve saber interpretar e do qual ela deve servir-se como meio de elevar-se até o Criador.
O “flash”, uma moção da graça sobre o dom de sabedoria
Um dos mais importantes fundamentos da espiritualidade de Dr. Plinio eram certas moções da graça que atuam sobre o dom de sabedoria, as quais ele chamava “flash”, por se assemelharem a uma luz que ilumina repentinamente o entendimento e inflama a vontade, produzindo um deleite espiritual intenso, um robustecimento do amor, intensificada apetência pelas coisas sobrenaturais e, em consequência, maior generosidade na prática da virtude.
Segundo a opinião de Dr. Plinio, essas graças místicas são franqueadas a todos os fiéis, mais frequentemente do que se pensa. Porém, uma formação excessivamente racionalista leva muitas pessoas a não darem importância às moções do Espírito, e a secularização das mentalidades induz a só prestar atenção aos valores materiais e ao gozo desenfreado da vida.
Caridade ardente, discernimento dos espíritos e profetismo
Alguns efeitos práticos da sabedoria manifestaram-se em Dr. Plinio nos frutos de sua ardente caridade. O zelo pela glória de Deus era como que o motor que o impulsionava constantemente a entregar-se sem descanso às obras de apostolado, à formação espiritual de seus seguidores e a fazer esforços incessantes pela perseverança deles na vocação. Esse zelo pela salvação das almas levou-o a oferecer-se como vítima a Deus, em 1975, visando obter graças superabundantes para o florescimento do movimento laical por ele fundado. Os padecimentos resultantes de um violento acidente de automóvel ocorrido três dias depois, cujas sequelas o impediram de caminhar até o fim da vida, foram o preço de sangue pago com alegria e inteira generosidade.
O carisma de discernimento dos espíritos, que fazia dele um inigualável diretor de almas, assim como o dom de profetismo, eram outros tantos efeitos práticos da sabedoria que nele se manifestavam. Seu carisma de profetismo ficou consignado em conferências públicas, em inúmeros artigos publicados em O Legionário, então órgão oficioso da Arquidiocese de São Paulo, e noutros periódicos de grande circulação no Brasil, como a Folha de São Paulo, além de em suas reuniões diárias de formação.
Bem-aventurados os pacíficos
Ao dom de sabedoria corresponde, segundo o Doutor Angélico e a opinião comum dos teólogos, a sétima bem-aventurança: “Bem aventurados os pacíficos, porque serão chamados filhos de Deus” (Mt 5,9). A paz é a tranquilidade da ordem, como ensina Santo Agostinho. Por isso, o sábio procura estabelecer a ordem primeiro em seu interior e depois em torno de si, criando assim as condições para que reine a verdadeira paz. Foi esse o ideal de toda a existência de Dr. Plinio: a restauração da Ordem, segundo a Lei de Deus, na sociedade temporal. Daí decorreu, também, esta grande perplexidade: não ver a realização de seus mais ardentes anseios, ou seja, a efetivação da promessa feita por Nossa Senhora em Fátima: “Por fim, o meu Imaculado Co-ração triunfará”. O que equivaleria à instauração do reinado espiritual de Cristo na Terra.
Amor à cruz e configuração com Cristo
Quem abre a alma para a sabedoria abraça a dor, dizia Dr. Plinio. Pois é pelo sofrimento que o cristão se assemelha mais a Jesus Cristo, e essa semelhança é o principal e mais excelso efeito do dom de sabedoria. Para a mentalidade hedonista do homem moderno, é difícil compreender esta verdade e aceitar com resignação a dor. Isso levava Dr. Plinio a ressaltar, aos olhos de seus seguidores, a importância da cruz no processo de santificação: “Não devemos fugir da dor, como de um fantasma, mas entrar na série das ogivas do sofrimento ao longo da vida. Elas nos conduzem ao magnífico vitral da morte que se abre… e então vemos o Céu”. Essa impostação de espírito levou-o a dizer, no fim de sua vida: “Eu morreria desapontado se tivesse ideia de haver fugido de uma gota de dor”.
Essa determinação diante das adversidades manifestou-se, sobretudo, na resignação cristã com que enfrentou a última enfermidade. Embora pressentisse com alguns meses de antecedência seu fim próximo, e o declarasse a alguns de seus colaboradores, não alterou a rotina de suas intensas atividades, não acusou os sintomas da doença que lhe minava as forças, e avançou com confiança na Providência rumo ao “magnífico vitral da morte”, certo de ver o Céu depois de transpô-lo. Todos os padecimentos físicos e provações interiores de seus derradeiros dias foram suportados com uma serenidade, mansidão e dignidade que impressionaram vivamente todos quantos o assistiram no hospital até o momento extremo da partida para a eternidade. Pouco depois de exalar o último suspiro, sua fisionomia, até então marcada pela dor, iluminou-se com um discreto sorriso, fazendo transparecer uma notável expressão de paz, a confirmar a autenticidade do que ele mesmo ensinara e praticara: “É próprio do holocausto ser feito com tanta boa vontade que, na hora do consummatum est, floresce um sorriso”.
Estava consumada sua completa configuração com Nosso Senhor Jesus Cristo, o mais sublime efeito do dom de sabedoria.
_____
1 Bento XVI, Discurso, 5/12/2008.
Para citar: O dom de sabedoria ao vivo. Revista Arautos do Evangelho. N. 108. Dezembro 2010. p. 22-25.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN




Inmaculada Concepción. Bartolomé Esteban Murillo(1617 – 1682)“¡Ave María purísima!”
El primer testimonio es el de San Andrés Apóstol, en los albores de la Era Cristiana. Sin embargo, sería necesario esperar hasta 1854 para poder ver proclamado este dogma.
“¡Ave María purísima!” desde hace varios siglos en España, son éstas las primeras palabras del fiel al arrodillarse en el confesionario. “¡Sin pecado concebida!” responde el sacerdote.¿Constituyen estas cortas frases apenas un piadoso saludo? No. Ellas tienen un significado más profundo. Con certeza, eran éstas una señal por la cual el penitente indagaba la opinión del confesor: si éste proclamaba su fe de que la Madre de Dios fue concebida inmune de toda mancha de pecado, era digno de confianza; de lo contrario, no. Como adelante se verá, ¡era éste un tema de gran importancia en la Península Ibérica!
Desde San Andrés Apóstol
La Virgen María fue engendrada sin la menor mancha de pecado original. A lo largo de todos los siglos, están registrados en las páginas de la Historia los testimonios de numerosos santos, doctores y teólogos, en defensa de esta verdad de Fe.
El primero es el de San Andrés, quien ante el procónsul Egeu, afirmó con la autoridad de Apóstol del Señor: “Y porque el primer hombre fue formado de una tierra inmaculada, era necesario que el Hombre perfecto naciese de una Virgen igualmente inmaculada”.
Al inicio del siglo III, san Hipólito, mártir y obispo de Porto, escribía:“Cuando el
salvador del mundo resolvió rescatar al género humano, nació de la
Inmaculada Virgen María”.
Y San Agustín (S. IV-V) se expresa como una llamarada:
“¿Quién podrá decir: yo nací sin pecado? ¿Quién podrá gloriarse de
ser puro de toda iniquidad, sino (…) la santa e inmaculada Madre de
Dios, preservada de toda corrupción y de toda mancha de pecado?”.

No menos ardientes son los santos posteriores, desde San
Vicente Ferrer, hasta San Alfonso María de Ligorio, el cual hizo el
solemne juramento de dar la propia vida para defender el privilegio de
la Inmaculada Concepción.
Muy pronto esta prerrogativa de Nuestra Señora comenzó a ser
conmemorada en los actos litúrgicos de la Santa Iglesia. Hay indicios
de que ya a principios del siglo quinto se celebraba en el Patriarcado de
Jerusalén la fiesta de la Concepción de María. El Concilio de Letrán
(año 649) y el de Constantinopla (año 680) dan prueba elocuente de
que la devoción a la Virgen concebida sin pecado era común en la
Cristiandad en el siglo séptimo.
San Andrés: “Era necesario que el Hombre
San Andrés: “Era necesario que el Hombre
Disputa encendida
No obstante, lejos de ser punto pacífico, el asunto suscitaba discusiones, a veces
acaloradas. Lo cual es explicable en la Santa Iglesia tratándose de un tema doctrinario aún sin
un pronunciamiento infalible del sucesor de Pedro. En ambos lados de la contienda se
destacaban insignes santos y teólogos eminentes. Basta decir que grandes personajes del
Cristianismo, como San Bernardo y Santo Tomás de Aquino, ponían en duda la tesis de la
Concepción Inmaculada, juzgando insuficientes los argumentos presentados en su favor.
La oposición a ese singular privilegio de María tuvo dos benéficas consecuencias: un
aumento notable del ardor mariano, y un profundizar de los estudios teológicos en torno del
controvertido tema.
Progreso lento pero incesante
El número de ciudades, países, instituciones universitarias civiles y religiosas que
celebraban oficialmente la fiesta de la Inmaculada creció tanto que, en 1477, el Papa Sixto IV
la aprobó oficialmente y la enriqueció de indulgencias semejantes a las de la fiesta del
Santísimo Sacramento. Cinco décadas después, el Concilio de Trento reafirmó las decisiones
de Sixto IV.
Por esa época, las filas de los defensores de la Inmaculada Concepción se vieron
reforzadas por los teólogos de la recién fundada Compañía de Jesús. Es de notarse que esa
devoción fue implantada en el Brasil por los hijos de San Ignacio, ya en 1554. En los primeros
tiempos de su obra evangelizadora en tierras brasileñas, se construyeron capillas, ermitas e
iglesias bajo la invocación de Nuestra Señora de la Concepción
Sin aún definir el dogma, el Papa San Pío V restringió fuertemente la polémica en 1567, al condenar la tesis de un teólogo llamado Bayo, el cual afirmaba haber Nuestra Señora muerto a consecuencia del pecado original, heredado de Adán. Medio siglo después, Pablo V fue más lejos: decretó que persona alguna se atreva a enseñar públicamente que la Madre de Dios fue manchada por el pecado original.
Imagen de la Inmaculada Concepción en la Plaza España, de Roma. Delante de la cual el Papa reza todos los días 8 de diciembre
Imagen de la Inmaculada Concepción en la Plaza España, de Roma. Delante de la cual el Papa reza todos los días 8 de diciembre
Una ola creciente de entusiasmo
Para nosotros, hombres del tercer milenio, nos es difícil siquiera imaginar cuanto esta disputa de cuño exclusivamente religioso inflamó a todo el mundo cristiano, a partir del siglo XIV. No solamente teólogos, sino también reyes, magistrados, maestros y alumnos de las universidades, ricos burgueses y los más humildes plebeyos y campesinos: ¡No había institución o categoría social neutra o indiferente!
Algunos ejemplos serán suficientes para mostrar este saludable ardor colectivo.
En 1497, la Universidad de Paris instituyó como condición para doctorarse en ella, el juramento de defender para siempre la verdad de Fe de que la Santísima Virgen fue concebida sin pecado. En poco tiempo, fue imitada por las universidades de Colonia (Alemania), en 1499; Maguncia (Alemania) en 1501; y Valencia (España), en 1530.
En la entonces católica Inglaterra, las universidades de Oxford y Cambridge también conmemoraban la fiesta de Inmaculada.
No obstante, los países que más sobresalieron fueron España y Portugal. Es tarea difícil describir en el corto espacio de un artículo el contagioso entusiasmo de los católicos portugueses y españoles— desde los reyes hasta el más sencillo “hombre de la calle” — en el empeño de proclamar que jamás mancha alguna de pecado alcanzó a la Bienaventurada Virgen María. Por ejemplo, era común ver en las puertas de ciertas casas españolas esta advertencia al visitante: “No cruce este umbral quien no jure por su vida haber sido María concebida sin pecado original”.
El juramento de Sevilla
El pueblo español se destaca por la facilidad de llevar hasta las últimas consecuencias sus convicciones religiosas. No sorprende, pues, que haya sido el país donde más se hicieran declaraciones solemnes en favor de la Inmaculada Concepción.
La descripción del acto realizado en la ciudad de Sevilla en 1617 pinta con vivos colores cómo eran los juramentos de la gente.
Relata un cronista de la época que, al amanecer del día 8 de diciembre, “el viejo y santo Arzobispo” llegó a la iglesia llena ya de fieles y dio inicio a las celebraciones, que se prolongaron hasta las cuatro de la tarde. Danzas regionales propias a la dignidad del acto fueron ejecutadas durante la procesión. En el interior de la iglesia, volaban pájaros con cintas al cuello, con la inscripción: Sin pecado original.
Se inició la misa al medio día. Después del sermón, “comenzó el juramento de tener y defender la opinión de que la Virgen, Nuestra Señora, fue concebida sin pecado original”.
El primero en hacerlo fue el arzobispo, de pié y sin mitra, quien cantó la larga fórmula del voto. En seguida, el ceremoniero le hizo la pregunta:
—¿Su Excelencia Reverendísima promete y jura por estos santos Evangelios de Dios profesar y defender siempre esta opinión?
— Así prometo, así juro, así me comprometo solemnemente, así me ayuden Dios y estos santos Evangelios.
Cuando él extendió las manos sobre el Leccionario, sonaron festivamente las campanitas, repicaron las campanas de la torre, tocaron los órganos, se hicieron oír los cantores, entraron bailando los conjuntos de danza. De todos los labios brotó la misma exclamación: ¡María concebida sin pecado original!
Después del arzobispo, prestaron juramento los demás eclesiásticos, los nobles guerreros, comenzando por el general, Conde de Salvatierra, las autoridades civiles, y por fin, los fieles. “No quedó nadie sin jurar, y con esto la ceremonia sólo terminó a las cuatro de la tarde”, concluyó el cronista.
Universidad de Salamanca
Ese ardor del pueblo fiel ejercía, por así decirlo, una saludable presión sobre las instituciones sociales, eclesiásticas y civiles, para hacer análogo juramento: corporaciones de oficio, hermandades, monasterios, parroquias, cabildos, cámaras municipales, ciudades, las Órdenes militares (Calatrava, Santiago, Alcántara y Montesa), y, en la cima, los reinos de Castilla y León.
Merecen especial destaque las universidades de Sevilla, Granada, Alcalá, Santiago, Zaragoza, Toledo, Baeza, Valladolid, Barcelona, Salamanca, Oñate, Huesca, Osuna, Oviedo y Sigüenza.
De todas éstas, la más importante era la de Salamanca, por ser de fama mundial y por el gran número de sus estudiantes, más de siete mil. Se volvieron célebres las fiestas promovidas por esa universidad por ocasión del acto de juramento. Así, el “rey de los poetas de entonces” Lope de Vega, fue incumbido de componer una pieza teatral para ser escenificada ese gran día.
En la representación de la obra, tuvo lugar un caso “de los más significativos para conocer el entusiasmo que sentía por la Inmaculada el gran pueblo español del siglo XVII”, informa el cronista. Era costumbre de los estudiantes aclamar con “¡vivas!” a los colegas que respondían con brillo las preguntas de los examinadores o ganaban en las disputas literarias.
Sabiendo esto, el poeta hace terminar el segundo acto de su obra con la siguiente exclamación:
“¡Viva la Virgen, señores, concebida sin pecado!” Mal acaba el actor de exclamar, que todos los asistentes — príncipes, maestros, doctores, sacerdotes, damas ilustres, hombres rudos y niños — saltan como empujados por una fuerza mágica y responden al unísono con ensordecedores “vivas” que aumentan en todos los corazones el fuego del amor a la Inmaculada Concepción.
Conquistó el Reino de Portugal
Portugal no se quedaba atrás en la materia. En el siglo XVII, el culto a la Inmaculada conquistó todo el Reino, inclusive los territorios de las colonias.
En 1617, la famosa Universidad de Coimbra envió al Papa un mensaje afirmando su fe en la Concepción Inmaculada de María. En 1646, sus profesores prestaron solemne juramento de defender ese privilegio de la Madre de Jesús, quedando los estudiantes, a partir de entonces, obligados a prestarlo para graduarse. Este ejemplo fue imitado por docentes y alumnos de la Universidad de Évora.
Por decisión de la Cámara Municipal de Lisboa, en 1618 fueron grabadas en piedra en las puertas de la ciudad, inscripciones afirmando que la Virgen María fue concebida sin pecado.
Interpretando bien los deseos de sus súbditos, el rey Don Juan IV proclamó en 1646 a Nuestra Señora de la Concepción patrona de sus Reinos y Señoríos. Ocho años después, otro decreto real ordenaba que “en todas las puertas y entradas de las ciudades, villas y lugares de sus Reinos”, fuese colocada una lápida reafirmando a fe del pueblo portugués de que la Santísima Virgen no fue manchada por el pecado original.
En el siglo XIV, el Santo Condestable, Beato Nuno Álvares Pereira, hizo edificar en Viçosa la primera iglesia lusitana dedicada a Nuestra Señora de la Concepción. A lo largo de los años, siguieron numerosas capillas y algunos magníficos templos, entre los cuales el Santuario de Sameiro, hoy gran centro de peregrinación en Portugal, superado apenas por el de Fátima.
El punto final de una polémica milenaria
Crecía una ola universal, clamando por una definición dogmática. A partir del siglo XVII, no sólo hombres de Iglesia — Cardenales, Arzobispos, Superiores de Órdenes Religiosas— sino también reyes y príncipes pidieron insistentemente a sucesivos Papas, la proclamación del dogma.
En 1830, en una de las apariciones a Santa Catalina Labouré, Nuestra Señora pide que ella mande acuñar una medalla con la inscripción: “Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Era una manifestación del Cielo en apoyo a los ardientes deseos del pueblo fiel en la tierra.

Cupo, al fin, al Bienaventurado Pío IX la gloria de pronunciar la palabra definitiva, un 8 de diciembre de 1854: “Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina de que la Bienaventurada Virgen María, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, esa doctrina fue revelada por Dios, y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles”.
Habló la voz infalible de la Verdad, la cuestión quedaba para siempre cerrada. No había más necesidad de demostración alguna. No obstante, quiso la Madre de Dios poner, Ella misma, el punto final en la historia de esta lucha de dieciocho siglos. En el año de 1858, respondiendo a los reiterados pedidos de Santa Bernardita, de decir quién era Ella, respondió, en Lourdes: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
Un punto final de oro, más resplandeciente que el Sol.

"Si la Iglesia no evangeliza a los jóvenes, ella no está comprometida con el futuro", afirmó el arzobispo de San Pablo, Brasil

Vargem Grande Paulista (Lunes, 06-12-2010, Gaudium Press) Ocurrió este fin de semana, entre el 3 y 5 de diciembre, el Primer Encuentro Nacional de Movimientos Juveniles (ENMJ), en el Centro Marinópolis Ginetta, en Vargem Grande Paulista, estado de San Pablo, Brasil. Para marcar el primer día de actividades se realizó una celebración eucarística por el Arzobispo de San Pablo, el Cardenal Mons. Odilo Pedro Scherer, que, básicamente, exhortó a los jóvenes a dedicarse con ahínco en la difusión de la Palabra de Dios.
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Cardenal Odilo Pedro Scherer
Al inicio de su homilía, Mons. Odilo recurrió a dos importantes misioneros de la Iglesia Católica, San Ignacio de Loyola y el Padre José Anchieta, para destacar cómo el papel de los jóvenes es fundamental para la difusión del Evangelio a otros jóvenes. "Como San Ignacio y Padre Anchieta, vale la pena que cada uno de ustedes, jóvenes, dediquen tiempo de sus vidas a Dios, pues la Iglesia llama a los jóvenes que tienen el corazón abierto y buscan grandes sueños", dijo.
Entretanto, alertó el Cardenal Scherer, los jóvenes misioneros deben tener cuidado para no dejarse llevar por malos caminos y no temer el futuro y los designios de Dios. Basado en la lectura del día (Is 29, 17 -24), el prelado llamó a los jóvenes a recordar que Dios es Luz, salva y que por eso no es necesario tener miedo. "Dios quiere realizar grandes obras, pero los hombres deben acoger sus designios. Sé que ustedes están aquí por la fe y porque dijeron sí a Dios. Continúen, pues, viviendo la esperanza", declaró.
Por último, el Cardenal invitó a todos los jóvenes presentes en el evento, y a la juventud en general, a continuar la caminata en comunidad y multiplicar la presencia de los jóvenes en la Iglesia. Según el Arzobispo, la misión de cada uno de los jóvenes misioneros es la de llevar alegría, esperanza en la difusión de la Palabra de Dios para que, así, más jóvenes formen parte de la Iglesia. Concluyendo su homilía, Mons. Odilo afirmó que si la "Iglesia no evangeliza a los jóvenes, ella no está comprometida totalmente con el futuro".
Con informaciones de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB).

sábado, 4 de diciembre de 2010

"Navidad es la respuesta a la visión científicista que quiere negar la existencia de Dios", dice Padre Cantalamessa

ranierocantalamessa.jpgCiudad del Vaticano (Viernes, 03-12-2010, Gaudium Press) La negación de Dios, como la recientemente hecha por Stephen Hawkins, es "la afirmación del ateísmo científico militante". Navidad es "la antítesis más radical a la visión cientificista", dijo hoy el padre Raniero Cantalamessa, en el primer sermón de Adviento haciendo referencia a la justa relación entre fe y ciencia, y también a la relación entre el hombre y el cosmos.
A partir de hoy, y en los próximos tres viernes, el predicador de la Casa Pontificia reflexionará sobre la nueva evangelización. Los sermones, al Papa y a miembros de la curia, acontecen en la Capilla "Redemptoris Mater" en el Vaticano.
P. Raniero Cantalamessa
"Cuando contemplo el firmamento, obra de vuestros dedos, la luna y las estrellas que allá fijasteis: ¿Qué es el hombre?". Con estas palabras del Salmo 8, el Padre Cantalamessa recordó que la fe se basa en presupuestos que no son ni demostrables ni falsificables. La Iglesia Católica manifestaba siempre una postura "nueva y positiva" en relación a la Ciencia, afirmó. Esto está confirmado por la Pontificia Academia de Ciencias, en la cual "eminentes científicos de todo el mundo, creyentes o no creyentes, se encuentran para exponer y debatir libremente las propias ideas sobre los problemas de común interés para la ciencia y la fe".
La ciencia, como observaron filósofos como Agustín, Tomás de Aquino, Pascal, Kierkegaard y otros, "conduce a un punto más allá del cual no puede guiarnos más". Es el cientificismo, una concepción filosófica que "se recusa de hecho a admitir como válidas las formas de conocimiento diversos de aquellos que son propios de las ciencias positivas", rechazando el conocimiento religioso, la teología, y el saber ético y estético.
La reciente declaración de Stephen Hawkins en su último libro "The Grand Design" -"El Gran Diseño"-, que "la creación espontánea es la razón por la cual existe alguna cosa", se sitúa en los ejemplos de "afirmación del ateísmo científico militante" iniciado por Richard Dawkins, autor del libro "God's Delusion" -La ilusión de Dios-.
Según el predicador de la Casa Pontificia, la Iglesia Católica repele el cientificismo, pero esto no significa rechazar la ciencia. Tal acto "sería no hacer justicia a la fe, incluso antes de la ciencia", dijo. Como ejemplo de una "postura abierta y constructiva" en relación con la ciencia, citó al Cardenal John Henry Newman, recientemente beatificado por Benedicto XVI en su viaje a Inglaterra.
"Su gran fe -recordó el padre Cantalamessa- permitía a Newman mirar con gran serenidad los descubrimientos científicos presentes o futuros". Para el purpurado, la teoría de Darwin sobre la evolución era una negación de la creación.
La reevangelización requiere una exposición positiva de la verdad como la de San Pedro, siempre "con dulzura y respeto", ponderó. "Navidad es la ocasión ideal" para recordar al mundo "el patrimonio común de la cristiandad" de la encarnación del Verbo.