miércoles, 28 de marzo de 2012

Benedicto XVI: Que Cuba sea casa de todos con justicia y libertad


LA HABANA, 28 Mar. 12 / 05:27 pm (ACI/EWTN Noticias).- En un intenso discurso de despedida tras una visita pastoral que se inició el 26 de marzo, el Papa Benedicto XVI alentó a que Cuba sea la casa de todos los cubanos con justicia y libertad; y en donde se destierren los puntos de vista inamovibles para buscar lo que une a todos y construir así una patria y el bien común.
En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, ante el presidente de Cuba, Raúl Castro, el cuerpo diplomático, obispos de la Isla y de otros lugares de América Latina, el Santo Padre dijo: "Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social".
Tras recordar que en 1998 el Beato Juan Pablo II visitó Cuba "como mensajero de la verdad y la esperanza", Benedicto XVI, que llegó a la Isla también para celebrar los 400 años del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, repitió unas palabras suyas que pronunció en su viaje a Alemania en septiembre del año pasado.
En aquella ocasión el Papa dijo que "Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte –Él vive– y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza".
Luego de afirmar que se lleva en el corazón el recuerdo del cariño y el afecto de los cubanos, el Pontífice hizo votos para que "la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada".
"Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población".
El Papa Benedicto XVI dijo también que seguirá rezando "fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad".
"El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria", continuó.
El Santo Padre aseguró además que "la hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración".
"Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas".
Finalmente el Papa pidió a "Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan. ¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos".
Debido a la fuerte lluvia que se desató minutos antes de la ceremonia de despedida, esta tuvo que hacerse en un recinto cerrado, y las autoridades acondicionaron para el Santo Padre una especie de túnel en la escalinata que usó para abordar el avión de Alitalia.
Para leer el discurso completo, ingrese a: http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=457 

lunes, 26 de marzo de 2012

Benedicto XVI dará ejemplo de austeridad en su visita a Cuba

El Cobre, Cuba (Lunes, 26-03-2012, Gaudium Press) Una habitación sencilla con apenas los elementos básicos indispensables es el alojamiento preparado para el Santo Padre en la Casa Sacerdotal, junto al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre. La construcción fue hecha para un hogar para sacerdotes jubilados y exhibe la austeridad propia de la Iglesia cubana. Sus únicos elementos son una cama sin cabecera, una mesa de noche con una pequeña lámpara, una mesa para el teléfono y un crucifijo.
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En la misma edificación, Benedicto XVI contará con una pequeña sala dotada con un sofá y tres butacas de color claro y un comedor con capacidad para veinte invitados. La casa también está provista de otras cuatro habitaciones y un comedor privado. Los alimentos serán preparados por las religiosas canadienses que atienden a la nunciatura apostólica y quienes ya habían cocinado para Juan Pablo II en 1998.
Su Santidad podrá hacer oración en la capilla de la Casa de Encuentros, adjunta a la Casa de Sacerdotes, donde se efectuó una restauración del viacrucis, los vitrales y el techo. Cuando el Santo Padre se dirija a la Capilla, podrá ver al fondo el Santuario de la Virgen de la Caridad. En la Casa de Encuentros también se ha adecuado el alojamiento de la comitiva que acompaña al Santo Padre.
En este sencillo alojamiento, el mejor disponible gracias a que el proyecto de la Casa Sacerdotal fue puesto en marcha antes de que se conociera la visita papal, el Santo Padre participará de la austeridad con la cual la Iglesia cubana ha desarrollado su misión en las últimas décadas.
Con información de Zenit

domingo, 25 de marzo de 2012

La verdadera devoción a María nos acerca siempre a Jesús, recuerda Benedicto XVI

GUANAJUATO, 25 Mar. 12 / 06:26 pm (ACI).- Antes de presidir el rezo del Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI recordó desde México que “la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús”.
Ante más de 600.000 personas reunidas en el Parque Bicentenario al pie del monumento a Cristo Rey, el Santo Padre recordó a la Virgen de Guadalupe, “honrada con fervor desde hace siglos, como signo de reconciliación y de la infinita bondad de Dios para con el mundo”.
“Mis Predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron con títulos tan entrañables como Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este Continente. Sus fieles hijos, a su vez, que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita”.
El Santo Padre pidió a los fieles no olvidar “que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús, y ‘no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes’ (Lumen gentium, 67). Amarla es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”.
“En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza. Es la Madre del verdadero Dios, que invita a estar con la fe y la caridad bajo su sombra, para superar así todo mal e instaurar una sociedad más justa y solidaria”, agregó.
Benedicto XVI puso “nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este País y a toda Latinoamérica y el Caribe”.

viernes, 23 de marzo de 2012

Benedicto XVI llegó a México: “Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad”


LEÓN, 23 Mar. 12 / 06:49 pm (ACI/EWTN Noticias).- A las 16:12 horas locales, el Papa Benedicto XVI arribó a tierras mexicanas en su primera visita a un país de habla hispana en América Latina. En su primer discurso recordó que viene "como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad".

"Me siento muy feliz de estar aquí, y doy gracias a Dios por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia tierra", afirmó tras recibir el saludo del Presidente de México, Felipe Calderón.

Ante el aplauso y vivas de los miles de mexicanos presentes, recordó que "con esta breve visita, deseo estrechar las manos de todos los mexicanos y abarcar a las naciones y pueblos latinoamericanos, bien representados aquí por tantos obispos, precisamente en este lugar en el que el majestuoso monumento a Cristo Rey, en el cerro del Cubilete, da muestra de la raigambre de la fe católica entre los mexicanos, que se acogen a su constante bendición en todas sus vicisitudes".

El Santo Padre explicó que "México, y la mayoría de los pueblos latinoamericanos, han conmemorado el bicentenario de su independencia, o lo están haciendo en estos años. Muchas han sido las celebraciones religiosas para dar gracias a Dios por este momento tan importante y significativo".

"Nuestra Madre del cielo ha seguido velando por la fe de sus hijos también en la formación de estas naciones, y lo sigue haciendo hoy ante los nuevos desafíos que se les presentan".

"Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida", agregó.

"Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad", indicó.

El Papa recordó que ‘la confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir".

"Este país, este Continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor", señaló.

Benedicto XVI explicó que "junto a la fe y la esperanza, el creyente en Cristo, y la Iglesia en su conjunto, vive y practica la caridad como elemento esencial de su misión".

"Nadie queda excluido por su origen o creencias de esta misión de la Iglesia, que no entra en competencia con otras iniciativas privadas o públicas, es más, ella colabora gustosa con quienes persiguen estos mismos fines. Tampoco pretende otra cosa que hacer de manera desinteresada y respetuosa el bien al menesteroso, a quien tantas veces lo que más le falta es precisamente una muestra de amor auténtico".

"En estos días pediré encarecidamente al Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia. Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra".

"Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón. Espero con toda mi alma que lo sientan también tantos mexicanos que viven fuera de su patria natal, pero que nunca la olvidan y desean verla crecer en la concordia y en un auténtico desarrollo integral. Muchas gracias", concluyó.

Lea el discurso completo del Papa Benedicto XVI en http://www.aciprensa.com/Docum/documento.php?id=446

domingo, 18 de marzo de 2012

San José, el Hombre al que Dios llamaba padre


San José es el esposo de María y padre adoptivo de Jesús. De esta fuente emana su dignidad, su santidad, su gloria. Es verdad que la dignidad de la Madre de Dios llega tan alto que no existe nada más sublime. Sin embargo, una vez que entre la Santísima Virgen y San José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda que él, más que cualquier otro, se aproximó de aquella altísima dignidad por la cual la Madre de Dios supera por mucho a todas las demás criaturas.
Clara Isabel Morazzani
Hay ciertos hombres a lo largo de la Historia cuya grandeza ultrapasa cualquier leyenda y agota incluso la imaginación más fértil.
Hombres que parecen ser objeto de una especial predilección de un Dios complacido en adornar cuidadosamente sus almas con el brillo de las virtudes y de rarísimos dones. Hombres predestinados desde el nacimiento, cuya vida se desarrolla entre02.jpg aventuras extraordinarias y asombrosas que favorecen el desempeño de su misión, o bien se levantan como escollos infranqueables, dando motivo a peripecias de confianza y audacia que hacen a sus personas todavía más admirables.
El Antiguo Testamento ofrece a cada paso narraciones de este género.
Nos arrebata el poder de Moisés, que con el simple gesto de levantar su bastón dividió las aguas del mar en dos gigantescas murallas líquidas; o la serena autoridad de Josué, que no titubeó en dar órdenes al sol para que detuviera su curso. Más adelante impresiona la fuerza de Sansón, que cargó en sus hombros las puertas de Gaza, o el celo abrasador del profeta Elías, que hizo cesar la lluvia durante tres años. A todos, la Providencia Divina les concedió el dominio sobre la naturaleza, esa fe que mueve montañas y las hace saltar como cabritos...Tales prodigios acentuaban el poder justiciero del Creador y, sobre todo, querían educar a una humanidad manchada con el pecado original y sobre la que aún no se habían derramado los beneficios de la Redención.
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En todas las obligaciones que, como padre,
le correspondian, San José practicó de forma
excelsa la virtud de la fortaleza.
Una nueva economía de la gracia
Llegada la plenitud de los tiempos, las manifestaciones de la omnipotencia divina, lejos de menguar, alcanzaron un apogeo de profundidad y esplendor.
Pero en el Nuevo Testamento la grandeza muchas veces se esconde bajo el velo de una existencia humana común, algo que Dios permite para aumentar nuestros méritos y a crisolar nuestra fe.
El ejemplo paradigmático de esta nueva economía de la gracia lo ofrece un varón cuya vida transcurrió en la humildad y el silencio, pero que mereció oír de los labios del Hombre-Dios el dulce nombre de padre! Sin duda que Moisés, separando el mar en dos mitades, o Josué, haciendo detenerse el sol, dejaron una huella imborrable en las futuras generaciones. Pero, ¿quée s haber sujetado los elementos de la naturaleza, seres inanimados, comparado al honor supremo de ser obedecido por Aquel de quien canta el salmista: “Más que los bramidos de las aguas tumultuosas, más que los furores del mar, es magnífico el Señor en las alturas” (Sal 93, 4), y al que más tarde vio Malaquías cuando dijo: “Para vosotros, los que teméis mi Nombre, se alzará un sol de justicia que traerá en sus alas la salud” (Mal3, 20)? ¿Qué significa haber cargado las puertas de Gaza en comparación a la gloria de estrechar en los brazos al que dijo de sí mismo: “Yo soy la puerta de las ovejas” (Jn 10, 7)? ¿Cabe alguna comparación entre el profeta que detuvo la lluvia y el patriarca cuyas oraciones hicieron “que las nubes derramen la justicia” (cf. Is 45, 8)?
Una de las vocaciones más altas de la Historia
San José, el hombre justo por excelencia, glorioso esposo de María y padre legal del Hijo de Dios, es seguramente uno de los santos más venerados por la piedad popular; y, sin embargo, las referencias casi exclusivas que se hacen de él son “el carpintero de Nazaret” o “el patrono de los trabajadores”, títulos muy legítimos, por supuesto, pero también muy lejanos a expresar la santidad culminante que Dios quiso concederle. San José no será nunca debidamente conocido y venerado si nosotros, repitiendo en nuestra época la triste ceguera de los habitantes de Nazaret, lo consideramos solamente como el pobre carpintero de Galilea. Para no ser culpables de un error que bien cabría denominar “calumnia hagiográfica”, procuremos analizar la verdad sobre este varón destinado a una de las vocaciones más altas de Historia.
Dios siempre elige lo más hermoso
Dios Todopoderoso –para el que “nada es imposible” (Lc 1, 37) y que todo lo gobierna con sabiduría infinita– posee lo que pudiéramos llamar “su única limitante”: al crear no puede hacer nada que no sea bello y perfecto, o que no se destine a su gloria. Cuando determinó la Encarnación del Verbo desde la eternidad, el Padre quiso que la llegada de su Hijo al mundo estuviera revestida con la suprema pulcritud que conviene a Dios, no obstante los aspectos de pobreza y humildad a través de los cuales habría de mostrarse. Dispuso que naciera de una Virgen, concebida a su vez sin pecado original y reuniendo en sí misma las alegrías de la maternidad y la flor de la virginidad. Pero, para completar el cuadro, se imponía la presencia de alguien capaz de proyectar en la tierra la “sombra del Padre”. Fue la misión que Dios destinó a san José, el que bien merece las palabras dichas por la Escritura sobre su ancestro David: “El Señor se ha buscado un hombre según su corazón” (1 Sam13, 14).
Varón justo por excelencia
Tomando en cuenta el axioma latino nemo summus fit repente (“nada grande se hacede repente”) y aquella certera frase de Napoleón, “la educación de un niño empieza cien años antes de nacer”, es probable que en vista de su misión y de su rol como educador del Niño Dios, José haya sido santificado en el claustro materno al igual que san Juan Bautista en el vientre de santa Isabel; una tesis defendida por muchos autores y que puede sintetizarse en las palabras de san Bernardino de Siena: “Siempre que la gracia divina elige a alguien para un favor especial o para algún estado elevado, le concede todos los dones necesarios para su misión; dones que lo adornan abundantemente”.
El Evangelio traza la alabanza de José en una sola y breve frase: era justo. Talelogio, a primera vista de un laconismo desconcertante, no es nada mediocre. El adjetivo “justo”, en lenguaje bíblico, designa la reunión de todas las virtudes. El Antiguo Testamento llama justo al mismo que la Iglesia concede el título de santo: justicia y santidad expresan la misma realidad.
El mismo silencio de las Escrituras a su respecto revela una faceta primordial de su perfección: la contemplación. San José es el modelo del alma contemplativa, más ansiosa de pensar que de actuar, aunque su oficio de carpintero le hiciera consagrar bastante tiempo al trabajo. Vemos realizada en él la enseñanza de santo Tomás: la contemplación es superior a la acción, pero más perfecta es la unión de una y otra en una misma persona.
Al serrar la madera, fabricar un mueble o un arado, José conservaba siempre su espíritu orientado al aspecto más sublime de las cosas, considerándolo todo bajo el prisma de Dios. Sus gestos reflejaban la seriedad y la altísima intención con que siempre actuaba, y esto contribuía a la excelencia de los trabajos ejecutados.
Su humilde condición de trabajador manual no le quitaba su nobleza, antes bien, reunía admirablemente ambas clases sociales. Como legítimo heredero del trono de David, mostraba en su porte y semblante la distinción y donaire propios de un príncipe, pero a ellos añadía una alegre sencillez decarácter. Más que la nobleza de la sangre, le importaba aquella otra que se alcanza con el brillo de la virtud; y esta última la poseía ampliamente.
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Dios concedió a San José todas las gracias
ya desde su infancia: piedad, virginidad,
prudencia, perfecta fidelidad ...

Sin embargo, la Providencia lo destinaba al honor más alto que pueda recibir una criatura concebida en pecado original, colocándole en desproporción con el resto de los hombres. San Gregorio Nacianceno dice: “El Señor conjugó en José, como en un sol, todo cuanto los demás santos reunidos tienen de luz y esplendor”.
Todas las glorias se acumulaban en este varón incomparable,cuya existencia terrena avanzó en una sublimidad ignorada por sus conocidos y compatriotas, en silencio y oscuridad casi totales.
Admirable consonancia entre dos almas vírgenes
En el Antiguo Testamento la virginidad no gozaba del prestigio quellegó a disfrutar en la era cristiana; muy al contrario, el que no formaba familia o estaba impedido de tener hijos era considerado un maldito de Dios. “La espera del Mesías dominaba los espíritus a tal grado, que despreciar el matrimonio equivalía a una deshonrosa negativa de cooperar en la venida de Aquel que debía restaurar el reino de Israel” 1. De acuerdo a la opinión generalizada, José, llevado por una especial moción del Espíritu Santo, tomó la decisión de permanecer virgen toda la vida, pero, evitando individualizarse al contrariar las costumbres de su tiempo, se resignó a tomar esposa convencido de que el mismo Señor que había inspirado el buen propósito, lo ayudaría a llevarlo a cabo.
Así fue como, cediendo a las exigencias sociales, decidió pedir la mano de María, a la cual probablemente conocía dado que ambos pertenecían a la misma tribu y habitaban en la misma aldea. Todo indica que para entonces los padres de María habían fallecido y ella vivía bajo la tutela de algún pariente. Sin consultarla opinión de la joven, su tutor simplemente le comunicó que había aceptado la petición de un pretendiente para convertirse en su marido.
Se sabe que María había consagrado su virginidad al Señor desde la infancia.
No obstante, acostumbrada a obedecer, se inclinó ante la decisión de sus parientes tomándola como manifiesta voluntad de la Providencia.
Si algún recelo guardaba todavía, debió disiparse al saber que el elegido era José, el noble descendiente de la estirpe de David, en cuya alma había visto, con su aguzado don de discernimiento, las altísimas cualidades puestas por Dios.
María necesitaba dar a conocer a su novio el voto de virginidad antes de las nupcias; en caso contrario el enlace sería nulo. Lo hizo de forma seria y decidida, hablando con toda la sinceridad de su inocente corazón. José pensó estar oyendo una voz del Cielo y reconoció, emocionado, la mano de la Providencia atendiendo sus plegarias. Es imposible hacerse una idea del grado de concordia entre estas dos almas cuando se revelaron mutuamente sus más íntimos misterios. Desde aquel instante José se transformó en modelo perfecto del devoto de María Santísima.
Cabe pensar que desde ese primer encuentro, la gracia lo tocó de manera especial y lo hizo consagrarse como esclavo de amor a quien, más que esposa, ya consideraba Señora y Reina.
Proporcional con Jesús y María
El contrato matrimonial debía pactarse entre ambas familias.
Un punto al que se solía dar una escrupulosa importancia, sobre todo entre personas de noble linaje, era la igualdad de condiciones. Tanto María como José eran de la tribu de Judá y descendientes de David. Sin embargo, sobre ese matrimonio, más que cualquier requisito social, se cernía un designio divino. Para el cumplimiento de la voluntad del Altísimo, el esposo debía guardar proporción con la esposa, el padre con el hijo, a fin de sustentar con toda dignidad el honor de ser padre adoptivo de Dios. Y hubo un solo hombre creado y preparado para tal misión, con toda la altura para ejercerla: san José. Él era proporcional a Jesucristo y a María Santísima.
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Matrimonio de Nuestra Señora
y San José

Para hacernos una idea exacta sobre la magnitud de su personalidad, debemos imaginarlo como una versión masculina de la Virgen María, el hombre dotado con la sabiduría, fortaleza y pureza necesarias para gobernar a las dos criaturas más excelsas que hayan salido de manos de Dios: la Humanidad santísima de Nuestro Señor y la Reina de ángeles y hombres.
En Israel los desposorios equivalían jurídicamente al matrimonio moderno.
A partir de dicha ceremonia –en la que el novio colocaba un anillo de oro en el dedo de su prometida diciendo: “Este es el anillo por el cual tú te unes a mí delante de Dios, según el rito de Moisés”– ambos pasaban a tener posesión mutua e irrevocable uno de otro, y a partir de entonces se consideraban esposos. No obstante, la cohabitación se retrasaba por un año, generalmente, para que la esposa tuviera tiempo de completar el ajuar y el marido de preparar la casa.
María y José, fieles cumplidores de la Ley, se atuvieron a todas estas formalidades.
Pero un secreto divino cubría su caso concreto, secreto que ninguno de los testigos del acto –parientes y amigos– llegó a sospechar. Ahí estaban “dos almas vírgenes que se prometían fidelidad mutua, fidelidad consistente en que ambos guardarían la virginidad” (2).
Mientras más sufre una persona, más digna de amor se hace
En el intervalo entre los desposorios y las bodas, María recibió la embajada del Arcángel Gabriel. El Evangelio de Mateo lo deja claro al afirmar: “Cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). Sería superfluo extenderse en detalles sobre la Anunciación y la Encarnación del Verbo, episodios de sobra conocidos y comentados.
Hay un solo punto que debe quedar muy claro: pocos días después del acontecimiento, María se dirigió apresuradamente a la pequeña aldea de las montañas de Judá en donde vivían sus primos, Zacarías e Isabel.
Gran parte de los comentaristas defiende la idea de que José acompañó a su esposa en el viaje de ida y, pasados tres meses, fue a buscarla. Esta opinión parece bien fundada, puesto que la juventud de María y las dificultades de un penoso trayecto eran razones más que suficientes para movilizar la solicitud de un esposo fiel y diligente como era el suyo.
Tras el regreso a Nazaret, no tardó en percibir las primeras señales de gravidez de su desposada. Al comienzo se rehusó a admitirlo, creyéndose víctima de imaginaciones.
Pero con el paso de los días ya no pudo dudar ante la realidad que le entraba por los ojos: María llevaba un niño en su seno.
Fue el momento en que la tragedia se asomó en la vida de san José, mediante la prueba tal vez más terrible que una mera criatura humana haya enfrentado jamás, con la única excepción de María durante la Pasión de Cristo. Sin embargo, no era otra la voluntad del Niño que se formaba en las purísimas entrañas de la Virgen. Él quería que su nacimiento tuviera la impronta indeleble del dolor santamente aceptado, para enseñarnos que una persona, mientras más sufre, tanto más dignade amor se hace. Sometía a una dura prueba al mismo padre adoptivo que había elegido como imagen de su Padre celestial, dándole así la oportunidad de llevar su heroísmo hasta alturas inconcebibles. Al mismo tiempo, la virginidad de la Santísima Virgen se mostraba en su esplendor.
El héroe de la fe
El desconcierto de José no consistía, como pensaron algunos Padres antiguos, en dudar de la fidelidad de su esposa. Esta conjetura golpea nuestra piedad, puesto que desmerece la perfección eminente alcanzada por el santo Patriarca y, además, Dios no permitiría que el honor virginal de María fuera herida por una sospecha en el espíritu de José. El texto del Auctor imperfecti expresacon hermosas palabras su postura frente al hecho: “¡Oh inestimable alabanza de María! San José creía más en la castidad de su esposa que en lo que veían sus ojos; más en la gracia que en la naturaleza. Veía claramente que su esposa era madre y no podía creer que fuese adúltera; creyó que era más posible a una mujer concebir sin varón que María pudiera pecar” (3).
SSu angustia se hacía más lacerante ante el resplandor de virtud en el rostro angelical de María. Por un lado, la evidencia le saltaba a los ojos y, por otro, consideraba impensable que esa criatura tan inocente hubiera cometido un pecado. Si la concepción de María era obra sobrenatural, ¿qué hacía él ahí? ¿No estaría ofendiendo a Dios al entrometerse en un misterio que le resultaba incomprensible y absolutamente divino? ¿No sería un intruso que obstaculizaba los planes de Dios? José no juzgó. Suspendió el juicio de la carne ante los inescrutables designios divinos. Sometió la razón humana a la fe inalterable y buscó una salida. Desde un comienzo descartó la idea de denunciarla, como lo exigía el Deuteronomio, tras lo cual la mujer debía sufrir la pena de lapidación. Una posibilidad que lo estremecía, convencido como estaba de la inocencia de María.
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Jamás hubo en San José duda
al respecto de la Santidad de María
Existía también la opción del repudio: la Ley de Moisés permitía que el hombre expulsara a su mujer dándole el libelo de divorcio. Pero esta posibilidad le repelía, pues atentaría contra la reputación de la Virgen Santa. En una pequeña aldea donde todos se conocían, una actitud como ésa daría cabida a sospechassobre la conducta de María: ¿por qué motivo el marido la alejaba de repente? En el futuro, la Virgen llevaría siempre la marca de una mujer repudiada.
La solución encontrada por José no se hallaba en los libros de la Ley, pero salió de su corazón: “Resolvió abandonarla en secreto” (Mt 1, 19). Actuando así salvaguardaba la fama de su esposa, que sería vista como una pobre joven abandonada por la crueldad de un hombre sin palabra. Toda la culpare caería sobre él.
En este paso de su vida, José reveló el brillo rutilante de su noble alma, su sabiduría y su humildad llevadas al grado heroico.
Le podríamos dedicar las palabras de un autor francés: “El héroe es un gran corazón que se ignora, un alma grande que se olvida de sí misma. [...] Todas las miserias de nuestra pobre naturaleza humana se concentran sobre ese egoísmo que convierte a cada uno encentro del universo. El héroe ha roto este círculo estrecho en donde todas las naturalezas, hasta las más dotadas, vegetan o languidecen. El “yo” que en algunos reina, en él permanece como esclavo la vida entera” (4).
Se olvidó por completo de sí mismo, prefiriendo desacreditarse ante la opinión pública antes que ver manchado el nombre de María.
Además, renunciaba a su propia felicidad: iba a dejar a María, el tesoro más grande dela tierra. Aquello era un sufrimiento inmenso, porque la vida con María representaba para él un verdadero Paraíso.
Había aprendido con ella lecciones excelsas de sabiduría y bondad en los gestos más simples; al contemplarla se sentía más cerca de Dios. ¡Ahora estaba obligado a sacrificar lo que más apreciaba en la vida! Sus días pasarían lejos, venerando un misterio que no había podido entender.
José maduró su decisión durante algunos días, decidido a llevarla acabo. Una brumosa noche sin luna encontró la ocasión favorable; preparó sus pobres pertenencias y se recostó para reunir fuerzas antes de la partida. Poco a poco, por una acción angelical, su corazón afligido se apaciguó, y se durmió profundamente.
Tal como sucedió con Abraham, el Señor había esperado el último momento para detener el golpe fatal. A mitad de la noche se apareció un ángel en sueños, anunciándole: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados” (Mt 1, 20-21).
“Los que siembran entre lágrimas, cosecharán con alegría” (Sal 125, 5)
Es imposible medir el regocijo de José al despertar. A poco de amanecer corrió al encuentro de su esposa. ¡Qué lleno se sentía de veneración y ternura, sentimientos que culminaban el ardoroso deseo de servirla! Ciertamente no dijonada a María, pero la alegre expresión de su semblante era más elocuente que las palabras.
De rodillas adoró a Dios en el seno virginal de su Madre, primer tabernáculo en el que se había dignado habitar sobre la tierra. Un Dios que era también su hijo. La frase del ángel era clara en manifestar la autoridad que sela había otorgado sobre el fruto de su esposa: “un hijo a quien pondrás el nombre de Jesús”.
Paternidad nueva, única y especial
La paternidad de san José sobre Cristo ha sido un tema muy debatido por los autores. Los títulos se multiplican: padre legal, padre putativo, padre nutricio, padre adoptivo, padre virginal...
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En San José brilla de tal manera la llama de la
caridad, un intenso amor a Dios, una vida interior
admirable, que él se convirtió en objeto de las
complacencias del propio Dios Encarnado

Cada uno define aspectos parciales e incompletos, sin expresar por completo la paternidad de este varón excepcional. El P. Bonifacio Llamera, o.p., parece haber llegado a una conclusión satisfactoria: “La paternidad de san José en lo relativo a Jesús es ciertamente distinta acualquier otra paternidad natural, ya sea física o adoptiva. Es verdadera paternidad, pero muy singular. Se trata de una paternidad nueva, única y especial, puesto que no procede de la generación según la naturaleza, sino quese funda en un vínculo moral totalmente real.
Tan real es esta paternidad singular, como verdadero es el vínculo matrimonial entre María y José. (...) “La paternidad de san José, tan admirable como difícil de expresar enuna palabra, se halla confirmada y explicada por los Santos Padres y autores de obras sobre el santo patriarca, los cuales concentraron en tres vínculos principales la sutil realidad que une a san José con Jesús: el derecho, que es conyugal; la virginidad y la autoridad que adornan el misterio de san José” (5).
En la encíclica Quamquam Pluries, el Papa León XIII afirmó: “Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro”"
Una criatura dando consejos al Creador...
¿Cuántas veces tuvo en brazos san José al Divino Infante? El día entero viviendo con el Niño Jesús, observándolo rezar, hablar, hacer todos los actos de su vida común...
En esa contemplación continua, para la que tenía un alma maravillosamente apta, recibía gracias extraordinarias y se dejaba moldear. A veces, el Niño se detenía frente a él para decirle: “Te pido un consejo: ¿cómo debo hacer tal cosa?” San José se conmovía, considerando que quien estaba pidiéndole un consejo ¡era el propio Hijo de Dios! Era el hombre al que la Providencia había dado los labios suficientemente puros y una humildad lo bastante grande para algo tan formidable: responder a Dios.
¡La criatura plasmada por las manos del Creador le daba consejos! Era el predestinado a ejercer una verdadera autoridad sobre la Santísima Virgen y el Niño Jesús, el privilegiado que alcanzó una altísima intimidad con Jesús y María, el bienaventurado a quien se otorgó la gracia de expirar entre los brazos de Dios, su Hijo, y de la Madre de Dios, su Esposa!
“Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono” (Ap 3, 21)
Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” (Mt 19, 6).Si a lo largo de su existencia terrenal José fue el inseparable compañero de la Virgen María, compartiendo sus dolores y alegrías, es inconcebible que en la eternidad esa convivencia no haya llegado a su plenitud.
Pero, para que la vida en común sea perfecta, hace falta estar juntos y mirarse.
Razón que lleva a una fuerte corriente de teólogos a defender la tesis de que “sin la asunción gloriosa de José en cuerpo y alma, la Sagrada Familia reconstituida en el Cielo habría tenido una nota discordante en su exaltación y gloria” (6).
A ese respecto, San Francisco de Sales afirma: “Si es cierto lo que debemos creer, que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos nuestros cuerpos han de resucitar en el día del Juicio Final, ¿cómo podemos dudar de que Nuestro Señor haya hecho subir al Cielo, encuerpo y alma, al glorioso san José, el cual tuvo el honor y la gracia dellevarlo tantas veces en sus brazos benditos? No cabe duda, pues, que san José está en el Cielo en cuerpo y alma”.
Muerte de san José
Por haber fallecido en los brazos de Jesús y María, san José es el patrón de la buena muerte. Pues se juzga, y con razón, que nadie fue tan bien asistido como él en sus últimos momentos.
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Por haber fallecido en los brazos de Jesús y María, San José es el
patrono de la buena muerte. Pues se juzga, y con razón, que
nadie fue tan bien asistido como él en sus últimos momentos.

Casi se podría decir que por eso el término de su vida fue tan suave y consolador que de él estuvo ausente cualquier sufrimiento o angustia.
Mientras tanto, no podemos olvidar que para José ésta fue la suprema perplejidad de su existencia terrena. Pues, al fallecer, se separaba de la convivencia inefable con su virginal esposa y con Jesús, el Hijo de Dios. José partía para la Eternidad, dejando en la tierra su Cielo...
Que la consideración del ejemplo y de los preciosos dones concedidos por Dios al padre adoptivo de Jesús nos lleve a confiar en la poderosa intercesión de aquél a quien el propio Hijo de Dios obedeció: “Y Él les era sumiso” (Lc 2, 51).
“El ejemplo de san José — afirmó el Papa Benedicto XVI en la conmemoración de su fiesta litúrgica— es una fuerte invitación para todos nosotros a realizar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado. Pienso, ante todo, en los padres y en las madres de familia, y ruego para que aprecien siempre la belleza de una vida sencilla y laboriosa, cultivando con solicitud la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo la grande y difícil misión educativa. Que san José obtenga a los sacerdotes, que ejercen la paternidad con respecto a las comunidades eclesiales, amar a la Iglesia con afecto y entrega plena, y sostenga a las personas consagradas en su observancia gozosa y fiel de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.
Que proteja a los trabajadores de todo el mundo, para que contribuyan con sus diferentes profesiones al progreso de toda la humanidad, y ayude a todos los cristianos a hacer con confianza y amor la voluntad de Dios, colaborando así al cumplimiento de la obra de salvación” 22.
 Notas:
1) Michel Gasnier, José el silencioso, Quadrante, S. Paulo, 1995, p. 42.
2) Id., op. cit., p. 49.
3) Federico Suárez, José, el esposo de María, Ed. Prumo, Lisboa, 1986, p. 45.
4) Guy de Robien, L’idéal français dans un cœur breton, Plon, 1917.
5) Teología de San José, BAC, Madrid, 1953, pp. 53 ss.
6) Michel Gasnier, op. cit., p. 152.
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Una nobleza más brillante que el sol
Téngase en cuenta que la nobleza humana puede ser considerada en su causa, en su esencia y en su acción.
Letanía de San José
La devoción a san José, casto esposo de la santísima Virgen, ha sido particularmente
recomendad por los últimos Papas, entre los que destaca S.S. Juan Pablo II, de feliz memoria,
que lo propuso como modelo para las familias cristianas (Redemptoris Custos), siguiendo la huella de uno de sus predecesores, el Papa León XIII: “Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto ejemplo de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a su vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad virginal” (Quamquam Pluries).
La Letanía de San José, al resaltar sus virtudes excelsas, nos incita más fácilmente a imitarlo, al mismo tiempo que imploramos su poderosa intercesión.

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
R/. Señor, ten piedad de nosotros..

Cristo, óyenos..

R/. Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santa Trinidad, un solo Dios,
Santa María, ruega por nosotros.

Ilustre descendiente de David,
Luz de los patriarcas,
Esposo de la Madre de Dios,
Custodio purísimo de la Virgen,
Nutricio del Hijo de Dios,
Diligente defensor de Cristo,
Jefe de la Sagrada Familia,
José justo,
José casto,
José fuerte,
José obediente,
José fiel,
Espejo de paciencia,
Amante de la pobreza,
Modelo de obreros,

Gloria de la vida doméstica,
Custodio de vírgenes,
Sostén de las familias,
Consuelo de los desdichados,
Esperanza de los enfermos,
Patrono de los moribundos,
Protector de la santa Iglesia,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/. Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas
los pecados del mundo,
R/. Ten piedad de nosotros.

V/. Lo nombró administrador de su casa.
R/. Y señor de todos sus bienes.

Oremos. ¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para
esposo de tu Santísima Madre!
Te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos
como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Considerándola en su causa resulta la nobleza de origen, en la que san José fue singularísimo ya que tiene su origen en una triple
dignidad: corporal, espiritual y celestial. Es decir, una dignidad real, sacerdotal y profética, que es celestial, porque predecir
el futuro sólo cabe a Dios. David fue rey, Abraham patriarca, Natán profeta, y los tres fueron antepasados de san José.
San José era noble en su esencia, vale decir, en su propia persona, en la cual encontramos una triple nobleza: fue justo en su alma, alcanzó la dignidad de
esposo de la Reina del Cielo y tuvo oficio de padre nutricio del Hijo de Dios.
También en sus obras dio pruebas al mundo entero de una singular nobleza. Recibió en su casa al Salvador del mundo, lo condujo sano y salvo a través de varios países, lo sirvió y alimentó durante muchos años con sus trabajos y sudores.
Estos son los rayos que emite la nobleza del santísimo José, haciéndola más brillante que el mismo sol.
(P. Isidoro de Isolano, Suma de los dones de San José)
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"Tome este glorioso Santo por maestro"
Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará en el camino. (Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida)
(Revista Heraldos del Evangelio, Marzo/2007, n. 63, p. 18 a 25)

jueves, 15 de marzo de 2012

En México se da a conocer la agenda oficial para la visita del Papa

 
 
León (Jueves, 14-03-2012, Gaudium Press) La Arquidiócesis de León, en México, dio a conocer este miércoles la agenda oficial de la Visita de su Santidad el Papa Benedicto XVI, que se llevará a cabo del 23 al 26 de marzo.
Benedicto.jpgA través de un comunicado, la arquidiócesis señala que "El próximo 23 de marzo, a las 16:30 horas, llega a nuestra Patria S.S. Benedicto XVI, como mensajero de Paz y de Esperanza. Su fuerte convicción de que Jesucristo es el único salvador del género humano lo ha motivado a llegar a nuestro Continente, para compartir y hacer resonar en nuestras tierras, sin hacer que se imponga sobre los demás, el mensaje del Evangelio".
Se hace un llamado a la gente a guardar orden y paz en cada recorrido realizado por el Papa. Asimismo, se recomienda estar atentos a las indicaciones dadas a través de los medios de comunicación locales.

La agenda Papal
Viernes 23
16.30: Ceremonia de Bienvenida en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato (en la localidad de Silao). Traslado en papamóvil hacia la residencia del Colegio Miraflores.
Sábado, 24
08.00: Santa Misa en privado en la Capilla del Colegio Miraflores.
18.00: Visita de cortesía al Presidente federal, en la Casa del Conde Rul de Guanajuato.
18.45: Saludo a los Niños en la Plaza de la Paz de Guanajuato.
Domingo, 25 marzo 2012
10.00: Santa Misa en el Parque del Bicentenario de León. Homilía del Santo Padre.
Rezo del Angelus Domini.
18.00: Celebración de las Vísperas con los obispos de México y de América Latina en la Catedral de la Madre Santísima de la Luz de León.
Lunes, 26 marzo 2012
09.00: Ceremonia de Despedida en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato.
09.30: Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Guanajuato hacia Santiago de Cuba.
El día de hoy también fue informado que la misa a realizarse el domingo 25 de marzo, día de la Encarnación, en el Parque Bicentenario, a los pies de Cerro del Cubilete, se ampliará de 300 mil a 600 mil asistentes.
También el miércoles, la página oficial de la visita, www.benedictomexico.mx, presentó el himno oficial de la misma cuyo título es "Mensajero de la Paz". La letra es autoría de Carlos Lara y fue grabada por varios artistas mexicanos.
El sitió expresó: "Esperamos que este canto de amor, con el que se dará la bienvenida al Papa, sea para la Iglesia y la sociedad de México y América Latina, un punto de referencia para unir los lazos de cordialidad, solidaridad y fraternidad entre las familias, vecinos y pueblos, compañeros de estudio y de trabajo, y en general con la sociedad en su conjunto, para que con su letra y su música se abran más y mejores caminos, propicios para la paz, la fe y la esperanza".

Mensajero de la paz (letra)

Cuando todo es gris y obscuro,
cuando ya no encuentro el rumbo
y en mi mundo sólo hay soledad.

Apareces en mi vida,
como un faro que me guía,
ilumina todo mi interior.

Te vuelves el viento,
bajo mis alas,
eres un sendero,
de luz y verdad.

Mensajero de paz,
mensajero de amor,
que le das esperanza a mi corazón,
este pueblo te es fiel,
nos devuelves la fe,
que llevamos en el alma,
compartimos tu luz.

Junto a ti no existe el miedo,
ni tristezas ni lamentos,
tu mirada llena de ilusión.

Vas a sembrando la alegría,
vas tocando cada vida,
con tu amor te llevas el dolor.

Te vuelves el viento,
bajo mis alas,
eres un sendero,
de luz y verdad.

Mensajero de paz,
mensajero de amor,
que le das esperanza a mi corazón,
este pueblo te es fiel,
nos devuelves la fe,
que llevamos en el alma,
compartimos tu luz.

Mensajero de paz,
mensajero de fe,
tu palabra es el agua que calma mi sed,
un amigo que es fiel,
nos devuelves la fe,
que llevamos en el alma,
mensajero de amor.

Queremos tu bendición,
que nos inunde de amor,
por un mundo mejor.
No más violencia,
ni odio ni guerra, ya no,
sólo amor.

Mensajero de paz,
mensajero de amor,
que le das esperanza a mi corazón,
este pueblo te es fiel,
nos devuelves la fe,
que llevamos en el alma,
compartimos tu luz.

Mensajero de paz,
mensajero de fe,
tu palabra es el agua que calma mi sed,
un amigo que es fiel,
nos devuelves la fe,
que llevamos en el alma,
mensajero de amor.

Mensajero de amor.

lunes, 5 de marzo de 2012

El Santo Padre invita a "superar el analfabetismo religioso" – "uno de los grandes problemas de hoy"

Roma (Lunes, 05-03-2012, Gaudium Press) La parroquia es "un lugar donde se aprende a vivir la propia fe en medio de los otros", recordó Benedicto XVI con ocasión de la visita pastoral a la parroquia romana de San Juan Bautista de La Salle al Torrino, en la parte sur de la ciudad. En proximidad al Año de la Fe, el Papa invitó a los fieles a "hacer crecer y consolidar la experiencia de la catequesis sobre las grandes verdades de la fe cristiana, y superar el 'analfabetismo religioso' que es uno de los mayores problemas de hoy". Hoy de mañana, después de una semana de ejercicios espirituales, el Pontífice retomó la agenda de compromisos.
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El Papa a su llegada a la parroquia romana
Por causa del viaje a México y Cuba, la tradicional visita a una de las parroquias romanas en el domingo "Laetare" (cuarto domingo de la Cuaresma), la visita fue organizada para este segundo domingo. El Papa Ratzinger sigue la tradición de hacer visitas a las parroquias romanas dos veces por año, en la Cuaresma y en el Adviento. Ayer de mañana él visitó a los fieles de la parroquia de San Juan Bautista de La Salle al Torrino, al sur de la ciudad. En su llegada el Pontífice fue recibido con gran simpatía, afecto y calor. Antes de entrar para celebrar la Misa, él saludó personalmente a los niños en sillas de ruedas que lo esperaban. Tantos fieles que no pudieron entrar a la iglesia, acompañaron en vivo la misa en la pantalla montada para esta ocasión.
"Gracias por esta recepción calurosa, por este espíritu de familiaridad que siento, por hacerme sentir como un padre, como un padre: ¡esto me da coraje!", agradeció el Papa. La visita inició con un saludo del párroco, Mons. Giampaolo Perugini. "Visto que no usa corbatas", dijo en tono de broma al Santo Padre al obsequiarle una camiseta del oratorio, un cirio pascual pintado por el vicario Mons. Hiroto Tanaka, y un libreto con las cartas y los dibujos de los niños.
En la homilía, pronunciada improvisadamente, Benedicto XVI explicó el sentido de las lecturas del segundo Domingo de Cuaresma y dirigió las palabras directas y cordiales también a la parroquia, recordando que ella debe ser "un lugar donde se aprende a vivir la propia fe en medio de "nosotros" de la Iglesia."
Hablando sobre la historia de Abraham, el Papa afirmó que "Dios no quiere la muerte, sino la vida", pero donó al propio Hijo "para vencer el pecado y la muerte, y para superar toda la amenaza que existe en el mundo". Gracias a este don de Jesús, "nadie podrá acusarnos, nadie podrá condenarnos, nadie podrá separarnos de su inmenso amor".
2012-03-04T113653Z_18601649_GM1E8341IRR01_RTRMADP_3_POPE.jpgEn seguida, hablando sobre la Transfiguración de Jesús, el Santo Padre observó que aquí se encuentra el ejemplo para hacernos entender que "el camino para alcanzar la gloria, el camino del amor luminoso que vence las tinieblas del mal, pasa a través del don total de sí mismo, pasa a través del escándalo de la Cruz".
Porque "un misterio de sufrimiento" es también "la beata pasión" de "un misterio de amor extraordinario de Dios" del cual "¡tenemos necesidad en nuestro camino cotidiano, con frecuencia señalado también por la oscuridad del mal!"
La parroquia de San Juan Bautista de La Salle al Torrino de Roma fue "colocada en el punto más alto del barrio", observó el Papa notando que "es una indicación importante" de que nosotros también "precisamos subir al monte de la transfiguración para recibir la luz de Dios". Benedicto XVI indicó también una propuesta pastoral concreta, invitando a vivir el próximo Año de la Fe en la profundización de la catequesis para "superar el analfabetismo religioso". A las numerosas familias presentes en la parroquia el Papa pidió que sean "el ambiente de vida en el cual se mueven los primeros pasos de fe" y una "comunidad en la cual se aprende a conocer y amar cada vez más al Señor".