miércoles, 29 de febrero de 2012

Novena de la Gracia

 Fecha para su realización del 4 al 12 de marzo .


Se la conoce con el nombre de Novena de la Gracia "por su grande y comprobada eficacia en las necesidades de la vida presente" (S. Pío X).
ORIGEN DE ESTA DEVOCIÓN

 
 
 
 
 
 
Con ocasión de adornar un altar en Nápoles para una fiesta de la Inmaculada Concepción en 1633, cayó desde los andamios un martillo de dos libras de peso que hirió mortalmente al Padre Marcelo Mastrilli, de la Compañía de Jesús, destrozándole la sien derecha. De día en día llego a agravarse tanto su enfermedad, que iban a darle ya la Extremaunción, pues era imposible administrarle el Viático, por no poder el enfermo ni tomar una gota de agua. Pero cuando estaban pensando en esto, he aquí que el P. Mastrilli se levanta sano y bueno... La herida había desaparecido, la cicatriz no se notaba, el Padre se sentía restablecido de repente. Bien temprano celebró su misa y dio la comunión a muchas personas que concurrieron a ver este prodigio.
Subió en seguida al púlpito, y por su propia voz explico al pueblo de Nápoles el secreto. Viéndose herido y sin esperanza de vida, había hecho voto en honor de San Francisco Javier de ir a las Misiones de Indias, si le concedía la salud. La noche última se le había aparecido el Santo animándole a cumplir su voto y recibir el martirio en el Japón (como así sucedió). El P. Mastrilli prometió la especial ayuda del santo a cuantos le invoquen y también recomendó hacerle una novena.

       Hay un hecho singular de Santa Teresa del Niño Jesús que refuerza esa opinión general en favor de la Novena de la Gracia. Su hermana Maria Luisa (Madre María del Sagrado Corazón) manifestó en el proceso de beatificación de esta Santa carmelita lo siguiente:
La caridad le hacía desear hacer el bien después de su muerte. Este pensamiento le preocupaba. En 1886 (murió la Santa en 1897), del 4 al 12 de marzo hizo la Novena a San Francisco Javier. Ella me dijo: "He pedido la gracia de hacer el bien después de mi muerte, y ahora estoy segura de haberlo conseguido, porque por medio de esta Novena se obtiene todo aquello que se solicita.
                                                                                  
  Oracion    
Amabilísimo y amantísimo Santo: adoro con vos humildemente a la Divina Majestad y le doy gracias por los singulares dones de gracia que os concedió en vida y por la gloria de que ya gozáis. Os suplico con todo el afecto de mi alma, me consigáis por vuestra poderosa intercesión, la gracia importantísima de vivir y morir santamente. Os pido también me alcancéis la gracia especial que pido en esta novena...(aquí se piden las gracias espirituales y temporales que se desean). Y si lo que pido no conviene a mayor gloria de Dios y bien de mi alma, quiero alcanzar lo que para eso fuere más conveniente. Amén.
Un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


Se recomienda la confesion y comunion el algun dia de la Novena

martes, 28 de febrero de 2012

Se necesita una Nueva Evangelización tanto en Europa como en América: Cardenal Ouellet

Roma (Martes, 28-02-2012, Gaudium Press) El Cardenal Marc Ouellet envió un profundo mensaje a la Iglesia en España, próxima a celebrar el "Día de Hispanoamérica" el próximo 04 de marzo. Este día fue instituido en 1959 para estrechar "los vínculos de comunión y colaboración" entre estos pueblos filialmente unidos por la herencia de la fe católica. El texto de la carta compendia los valiosos aportes que a través de la historia y en la actualidad ha realizado España en la fe de los países de hispanoamérica y a la vez comparte los aportes del nuevo continente al citar reiteradamente el documento de Aparecida. El mensaje es de gran interés para comprender la profunda unión entre las Iglesias de los dos continentes.
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Hay que luchar por "arraigar la fe en el corazón de las personas" dijo el Card. Ouellet
El documento, dividido en cinco secciones, comienza reconociendo el inmenso aporte actual de la Iglesia de España en el continente americano, destacando la creación misma del "Día de Hispanoamérica" y la invaluable labor que de los católicos españoles en el continente: "Cómo no rendir homenaje de gratitud a los actuales 354 sacerdotes diocesanos españoles (...) que están repartidos en los más diversos países latinoamericanos,(...) a todos los religiosos y religiosas, a los laicos misioneros y a los miembros de movimientos eclesiales y nuevas comunidades, todos ellos españoles de origen e hispanoamericanos por vocación, opción y adopción".
España e hispanoamérica comparten el patrimonio de la fe y también el mismo desafío: su rica tradición católica está en peligro de erosión. La secularización, la hostilidad hacia la iglesia y las distracciones del hedonismo y el relativismo hacen que ya no sea suficiente invocar las raíces cristianas y hablar sobre la valiosa tradición. Hace falta vivirla y actualizarla, "arraigándola más profundamente en el corazón de las personas, en la vida de las familias y en la cultura de los pueblos, para que resplandezca como belleza de la verdad, promesa de felicidad y novedad de vida más humana para todos". Esta es precisamente la Nueva Evangelización, necesaria en Europa y en América, propuesta como tema para esta jornada.
El Cardenal recuerda la estrecha relación histórica entre España e hispanoamérica, marcada sobre todo por una herencia cultural que incluye el más grande tesoro, mencionado por Benedicto XVI en Aparecida: "Este es su patrimonio más valioso: la fe en Dios amor, que reveló su rostro en Jesucristo". Esta herencia de fe ha permanecido a pesar de los errores y las dificultades y, gracias a ella, el 80% de los habitantes de hispanoamérica son todavía bautizados en la Iglesia Católica. Dos expresiones fundamentales de esta identidad se resaltan en el mensaje: la rica religiosidad popular y la caridad que subyace y da forma a nuestra cultura. El Cardenal cita nuevamente a los obispos reunidos en Aparecida: "La tradición católica es un «cimiento fundamental» de la identidad, unidad y originalidad de América Latina".
Las Personas-Testimonio
Al señalar la importancia de intensificar el compromiso misionero, el mensaje hace concretas las necesidades: "Se necesitan personas que muestren a Dios presente en la propia vida, en todas las dimensiones de su existencia y convivencia, e inviten a compartir una vida nueva". El compromiso es, entonces, orar por las vocaciones, en uno y otro continente, para poder llevar a cabo esta tarea de evangelización.
El documento también señala cuatro recomendaciones para la pastoral de la Iglesia española en su relación con hispanoamérica: Aceptar a las familias inmigrantes y acogerlas en el seno de la Iglesia, agradecer y fomentar las instituciones que imparten formación a sacerdotes hispanoamericanos, acoger a los sacerdotes que viajan de estos países para colaborar en las diócesis españolas y renovar el entusiasmo vivido en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid para "pasar el testigo" y acompañar a Brasil en esta iniciativa.
El Cardenal Ouellet confía estas intenciones al Espíritu Santo, a través de la mediación universal de la Santísima Virgen, "Estrella de la Evangelización", y termina el mensaje con la misma cita de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi con la cual los obispos latinoamericanos concluyeron el documento de Aparecida y su exhortación final: "Recobremos el valor y la audacia apostólicos".
Con información de Zenit.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un carisma que encanta

Tengo la sensación de que la misión de los Heraldos del Evangelio ha de ser portadores de la belleza de Dios que trae algo, es porque tiene algo. Acerca de su vida, expresada a través de la belleza de Dios, pueden llamarse con razón teokaloforo.
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Don Carlos Arboleda Mora
Coordinadora Administrativa del Doctorado
Universidad Pontificia Bolivariana
Recientemente tuvimos la oportunidad de conocer a los Heraldos del Evangelio, tradicionalmente conocidos en Colombia como "Caballeros de la Virgen." Llegaron a la Universidad Pontificia Bolivariana con el fin de lograr un doctorado académico de sus miembros. En la actualidad, un buen grupo está aquí para completar los estudios de segundo ciclo (máster) y postgrado (doctorado). Fue un período de enriquecimiento mutuo para la Universidad y de los Heraldos, y nos llamó la atención sobre todo por el carisma de esta institución, que presenta una perspectiva interesante para el mundo de hoy el misterio de Dios
Hay elementos en el carisma de los Heraldos de gran valor desde el punto de vista evangélico y muy relevantes desde el punto de vista de la sociología y la psicología del mundo contemporáneo. Usted puede hacer esta reflexión sobre la experiencia adquirida en la convivencia con los Heraldos, no en base a consideraciones académicas o especulativos, que también tienen su lugar y su importancia. En este documento se describen algunos de los aspectos de este carisma que más llaman la atención.
Presentación de una exitosa iglesia maestro, y el modelo
Con frecuencia, las críticas de la Iglesia, la presentan como una institución que controla y critica la forma de una abuela o una tía que se limitaba a predicar sermones moralistas o daños punitivos. Los Heraldos, sin embargo, que una Iglesia viva, en un lenguaje metafórico, se puede decir que vive a la sombra de la luz. Es el testimonio de la luz de Dios, que ilumina, calienta, se llena todos los lugares, y crea un ambiente de paz y tranquilidad. La Iglesia es el mundo difundiendo la luz de la salvación, no condenar a aquellos que viven en la oscuridad - intencionalmente o por ignorancia -, sino porque ilumina el camino de la sombra la luz caminarán las que se encuentran a la sombra de la muerte.
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"Star siempre con la Virgen María es una característica de los Heraldos. Se la consideraba como una Madre
Las llamadas a confiar sus problemas y que acompaña a cada obra de la evangelización "
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Celso Melitão
Caminando en la sombra de la luz se va, como los israelitas, acompañado por la nube que protege y las luces, sistema de iluminación y de iluminación. Usando una imagen contemporánea de Heidegger pensador, los Heraldos son como el grupo alegre de los hombres "últimos" - que él llama "el futuro" - avanzar en la oscuridad del desierto, con antorchas encendidas, para indicar a los demás que Dios se produce.
Mientras que algunos se quejan de que hay monjes y monasterios en el mundo moderno, los Heraldos y restaurar estas cifras muestran que hay quienes pueden ser un faro de luz que ilumina la luz y que reciba la luz redentora.
El ascetismo y el misticismo, sin falta de humanidad sin la enfermedad
En la vida cotidiana de los Heraldos prestar atención a esto. No es la práctica del ascetismo de los golpes, la privación, los azotes, o entradas falsas en las vidas de los excluidos. Es la ascesis de abandono en las manos de Dios y una vida digna, sin extravagancias o lujos innecesarios. Este es el tipo de separación o abandono, que ayuda a pensar que todo está en el camino hacia Dios y las cosas materiales que conducen a lo inmaterial, siempre teniendo en cuenta que todo es un medio o una herramienta para llegar a Dios, no como un tope en su último , como fue el caso de algunos cristianos burgueses y conformista del siglo XX.
Este concepto permite una ascesis mística sin la enfermedad. Hoy en día existe la gran tentación de la experiencia mística de los deportes extremos o drogas, visiones patológicas de la Virgen María, la experiencia de vivir en lugares oscuros. Los Heraldos han encontrado, o redescubierto, la luz mística. Déjate guiar por la luz, paso a paso, hasta que el superesencial la luz que no tiene ocaso. ¿Quién vive en la sombra de la luz debe ser iluminada y esta iluminación se revela en la vida cotidiana. Son personas alegres, disponible (Præstø sum!), 1 magnánimo, imparcial. "Quien ve a un Heraldo, ha sido testigo de todos los demás, todos muestran una alegría especial", dijo el padre de Diego Marulanda veces, decano de la Universidad Pontificia Bolivariana. Los que viven en la alegría, porque está viendo a Dios, que iba a tener en este Heraldos místicas tan especiales y clara.
Cuando usted visita sus hogares, es interesante observar la experiencia de la oración sigue siendo siempre en la presencia y la amistad del Señor. Una experiencia que tuvimos fue a recibir, en una de sus casas, como heraldos jóvenes que ponen en sus rodillas para orar en un lugar donde nadie los vea. No procedió de esta manera para ser visto, sino una profunda convicción. Poco después, estos mismos jóvenes estaban hablando, bromeando y riendo como cualquier otra de su edad. Estas son personas normales con vidas normales, pero con un profundo espíritu de oración.
La experiencia y el testimonio de la belleza
Siempre ha habido en los caminos diferentes para llegar a la Iglesia de Dios Algunos se apartan de la conciencia de pecado y volvernos a Él como Salvador. Otros nacen de la experiencia del dolor y la persecución de entender a un Dios que sana y restaura. Hay personas de la miseria económica pueden ponerse en contacto con un Dios liberador. Muchos de ellos, en tiempos de peligro, recurrir a Dios, Salvador. Esto está bien, porque no podemos negar que hay muchas maneras de llegar a Dios y la experiencia de Dios no se agota en la experiencia de uno de los fundadores en un momento histórico y cultural.
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"Los Heraldos han encontrado, o redescubierto, la luz mística. Son personas alegres, disponible
magnánimo, imparcial. Los que viven en la alegría, es porque Dios está mirando "
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Iván Tefel Sérgio Miyazaki
Los Heraldos del Evangelio han optado por el camino de la belleza. Opción compleja, porque incluye todo lo que, a pesar de que algunos hablaron de la belleza como un trascendental olvidado o admitir la imposibilidad de "hablar en un mundo desarticulado y pluralista. Dejando de lado el debate académico sobre lo trascendental, basta con ver lo que los Heraldos tienen.
Dios es la belleza capturada en la contemplación, a través de la oración, la liturgia, el silencio. Es en estos lugares en los que "Dios vive" y dónde viven los Heraldos. De ahí el testimonio: que Dios es la belleza que usted vive todos los días en las actitudes, en la liturgia, en relación con los demás, en las virtudes de la vida cotidiana, en el vestir, en la amistad con los demás. Tenga en cuenta que la belleza se refleja en la contemplación de la belleza que se manifiesta en la vida cotidiana.
Los Heraldos - esto es fácilmente observable - no están enojados sociales, quejándose de que no viven en el mundo de pecado, ni criticar al pecador, no conflictivo a la hora de su carisma, no deje de denunciar a los herejes, pero lo son, sí , siempre dan la luz, el amor y la belleza de Dios, con un gran sentido de respeto, buenos modales, el buen humor y la caballerosidad. Sólo les importa que la luz que fluye hacia abajo a través de sus vidas.
Profunda devoción a la Virgen
La devoción a María ha sido un sello distintivo de los católicos, y siempre me quedo con la Virgen María es una característica de los Heraldos. Esta mujer, símbolo especial de la perfecta humanidad y protector de la maternidad de Dios, ha seguido la vida de los cristianos.
Los Heraldos considerar como la madre llama a confiar sus problemas, y lo que acompaña a cada obra de la evangelización. En un mundo donde a veces se pierde el sentido del amor, la maternidad, la pureza, esta devoción caballeresca de los Heraldos es un mensaje, el testimonio y la asistencia para aquellos que necesitan más humano de nuevo para dar sentido a su existencia. Una de las formas más adecuadas de evangelización para volver a sorprender a la gente de hoy puede ser la belleza que irradia la persona de María, con todo lo que ella simboliza. "Dios te salve, María!" 2 es un saludo de plenitud, que en Colombia es el popular "Salve Maria" Pues.
Los Heraldos como "teokalófori"
Teokaloforo: No sé si esta palabra ha existido alguna vez en la historia, pero creo que la misión de los Heraldos es ser portadores de la belleza de Dios y que aporta algo es porque tiene algo. Algunos de los primeros monjes de la Iglesia antigua eran conocidos por la santidad de sus vidas, y por lo tanto la gente denominava teofórico - portadores de Dios que expresa su vida a través de la belleza de Dios, pueden llamarse con razón teokaloforo - portador de la belleza de Dios
Llama la atención, en la Asociación Heraldos del Evangelio, la disposición de sus templos: el esplendor del gótico. Esta arquitectura tiene la ventaja de ser un método místico que eleva la belleza material a la belleza de la fuente inmaterial. Haciéndose eco de las ideas de Dionisio el Areopagita, abad Suger, del Vittorini, Heraldos de las iglesias se construyen con una explosión de color y la luz, lo que necesariamente eleva el alma a las cosas divinas, que es la fuente inagotable de la verdad, la bondad y la belleza.
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"Llama la atención sobre la disposición de sus templos: el esplendor del gótico. Las iglesias de
Heraldos se construyen con una explosión de color y luz "
Otávio de Melo Víctor Toniolo
Estos templos reflejan el estado de la vida futura, como Santo Tomás de Aquino, dijo. Es una iglesia gótica simboliza la Jerusalén celestial, no como una fortaleza, sino como el cielo y el paraíso a través de la lux et esplendor Claritas. ¿Quién celebra una misa en los templos, de vuelta a la vida cotidiana, y sigue siendo un templo gótico a la otra: la luz más la más divina. El ser y manifestar la belleza de Dios: la gran tarea de los Heraldos, debido a la debilidad humana puede estar al acecho.
La caballería del siglo XXI teokalofora
En la iglesia, el carisma siempre debe combinar la experiencia y el programa. Una experiencia que da sentido a la vida y sirve para iluminar las vidas de otros, sino también un programa, porque no se puede dormir en victorias. Por tanto, es necesario para preservar la frescura del primer amor, por lo que el carisma no se apaga y la luz no se apaga. Usted siempre debe estar de rodillas para el carisma para mantener su vigor y no debilitar el esfuerzo, la edad, el paso del tiempo, o algo más insidioso: la confrontación tranquila pero persistente, con el secularismo y la gentrificación.
Cuando San Bernardo habla de una nueva caballería en el siglo XII, nadie se imaginaba que incluso en el siglo XXI habría surgido una nueva figura que la caballería, utilizando los nuevos medios y nuevas formas, se podría recuperar el mundo a Dios, sin el uso de armas, pero la belleza mística. Un teokalofora caballería.
Para lograr este ideal virtuoso, utiliza una escuela (como el amor de Dios revelado en Cristo), un método (la ascensión mística a través de los símbolos de la luz y la belleza y el testimonio de esta subida) y disciplina (la Endurecimiento de la teokalófora caballería). Unámonos en la oración que siempre estamos en la oscuridad y en el de los monjes del desierto heraldos que llevan la luz de Dios a los hombres del siglo XXI.
1 Nota del editor: "Aquí estoy" o "estoy disponible". Respuesta del joven Samuel, cuando oyó la voz de Dios lo llama (ver El Sm 3, 4-16). Es costumbre entre los Heraldos, responda "Præstø sum !" cuando se recibe una solicitud o una tarea de la parte superior.
Nota 2 del editor: "Salve María" es la fórmula habitual de saludo entre los fieles Marian, también adoptada por Heraldos desde sus inicios.
(Heraldos del Evangelio, Revista de Marzo/2010, n 83, p. 34 - 37.)

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012




«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
(Hb 10, 24)



Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de noviembre de 2011



BENEDICTUS PP. XVI

martes, 21 de febrero de 2012

Cuaresma: Tiempo de oración mas intensa y de penitencia

 

Ciudad del Vaticano, 26 Feb. 09.-Benedicto XVI presidió ayer, Miércoles de Ceniza, la tradicional procesión penitencial desde la Iglesia de San Anselmo en el Aventino hasta la basílica de Santa Sabina, donde presidió la celebración eucarística. El Papa recibió la ceniza del cardenal Jozef Tomko, titular de la basílica y la impuso a los cardenales y obispos presentes, así como a varios fieles.
En la homilía, el Papa afirmó que el "tema dominante" de la liturgia de este día "es el llamamiento a la conversión". Tras recordar que estamos celebrando el bimilenario del nacimiento de San Pablo, el pontífice señaló que "el Apóstol es consciente de haber sido elegido como ejemplo, y su ejemplaridad concierne precisamente a la conversión, a la transformación de su vida gracias al amor misericordioso de Dios".
"San Pablo reconoce que todo en él es obra de la gracia divina, pero no olvida que es necesario adherir libremente al don de la vida nueva recibida en el Bautismo".
El Santo Padre se preguntó a continuación: "Cómo realizar plenamente la vocación bautismal, cómo ser victoriosos en la lucha entre la carne y el espíritu, entre el bien y el mal, una lucha que marca nuestra existencia? En el Evangelio de hoy, el Señor nos indica tres medios útiles: la oración, la limosna y el ayuno".
"En la experiencia y en los escritos de San Pablo encontramos referencias útiles al respecto", dijo. El Apóstol "exhorta a "perseverar" en la oración. (...) y a "rezar sin interrupción". Por lo que concierne a la limosna", habla de "la gran colecta a favor de los hermanos pobres, pero es necesario subrayar que para él, la caridad es lo más importante para la vida del creyente. (...) Del ayuno no habla expresamente, pero exhorta con frecuencia a la sobriedad, como característica de quien está llamado a vivir en vigilante espera en el Señor".
Benedicto XVI concluyó pidiendo que "la Cuaresma, caracterizada por una escucha cada vez más frecuente de la Palabra de Dios, por una oración mas intensa y por un estilo de vida austero y penitencial, sea un estímulo a la conversión y al amor sincero hacia los hermanos, especialmente los más pobres y necesitados".
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viernes, 10 de febrero de 2012

Bernardette, el mayor milagro de Lourdes


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¡Lourdes! ¿Dónde encontraremos las palabras que alcancen a explicar todo cuanto ese nombre significa para la piedad católica en el mundo entero?¿Quién podrá traducir en palabras el ambiente de paz que envuelve la gruta sagrada en la cual, hace exactamente 154 años, vino la Santísima Virgen para estar con la humilde Bernardette e inaugurar, de modo definitivo, un nuevo vínculo con la humanidad sedienta de consuelo y de paz? Por designio de la Divina Providencia, a ese lugar se asoció una acción intensa de gracia, especialmente capaz de transmitir a los millares de peregrinos, venidos de lejos, la certeza interior de que sus oraciones son benignamente oídas, sus dramas apaciguados, y sus esperanzas fortalecidas. En efecto, a lo largo de este siglo y medio, las ásperas rocas de Massabielle se han convertido en palco de las más espectaculares conversiones y curas, legando a la Santa Iglesia Católica un tesoro espiritual de valor incalculable.
En Lourdes tales curas y conversiones se revisten de una grandiosidad peculiar, delante de la cual nuestra lengua enmudece. Allí está, delante de todos, la sublimidad del milagro. Mientras tanto, no se puede hablar de Lourdes sin recordar con veneración a la protagonista ligada de modo indisociable a esa historia de bendición y misericordias.
La modesta pastorcita a quien Nuestra Señora apareció es el primero y mayor milagro de Lourdes: ella simboliza la íntegra fidelidad a los llamamientos a la conversión y penitencia, que aquellos días fueron lanzados por la Reina de los Cielos, y que habrían de llegar a los más alejados rincones de la Tierra.

Infancia marcada por la Fe
Bernardette nació en un siglo de profundas transformaciones. Animada, por un lado, por la oleada de devoción mariana que el pontificado del Beato Pío IX estaba suscitando, la segunda mitad del siglo XIX presenciaba el avance insolente del ateísmo y del materialismo.
Los espíritus estaban divididos y, a fin de actuar precisamente en esa encrucijada de la Historia, María Santísima quiso servirse de la hija primogénita del matrimonio Soubirous. ¡Qué alejados, pues, de esta suerte de consideraciones, estaban François y Louise, el 7 de enero de 1844! Ese día les nacía su hija Bernardette en el Molino Bolli, en las cercanías de Lourdes, durante los días felices de abundancia que ellos allí pasaron.
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Santa Bernadette Soubirous

La niña fue bautizada, recibiendo el nombre de su madrina Bernarde, al que se sumó el de Nuestra Señora que se le habría de aparecer. Marie- Bernarde, es como se llamaba Bernardette, que no escapó al diminutivo cariñoso que le acompañaría por el resto de su vida.
En el Molino Bolli transcurrió su primera infancia, marcada por una religiosidad auténtica y sincera, además de la frecuencia a los sacramentos, la oración en conjunto a los pies del crucifijo era una eximia práctica de los principios cristianos a la que correspondían como un deber moral el matrimonio de campesinos. Bernardette creció, por así decir, respirando la santa fe católica del mismo modo que respiraba el aire puro de la montañosa región de los Pirineos.

La miseria visitó el hogar de los Soubirous
La época era difícil y los negocios de François Soubirous iban mal. A los ocho años de edad Bernardette se trasladadó a un molino más sencillo, y al cabo de tres años alquilaron una cabaña al lado del camino. Ya crecida, ella acompañaba las progresivas desgracias de los padres y enfrentaba, con admirable resignación, la situación de indigencia a la que se vieron reducidos en 1856, hasta el punto de tener que mudarse hasta la antigua cárcel de Petits- Fósees: un cubículo húmedo y pestilente que las autoridades habían juzgado inadecuado hasta para los presos.
La pobreza allí era completa. El habitáculo medía menos de cinco por cuatro metros y la familia no poseía absolutamente nada excepto el mobiliario más indispensable y las ropas. La luz del sol nunca penetraba en el lugar, marcado por la reja de la ventana y por el cerrojo de la pesada puerta -reminiscências del antiguo calabozo. Allí vivían los padres y los cuatro hijos, constantemente atormentados por el hambre.
Santa Bernadette Soubirous
Santa Bernadette Soubirous

Cuando conseguían comprar pan, la madre lo dividía entre los pequeños, que aún así se sentían insatisfechos. Bernardette, no pocas veces, se privaba de su pequeña parte a favor de los más jóvenes, sin nunca demostrar el menor desacuerdo por eso. Por la noche, sin conseguir dormir, atormentada por el asma, Bernardette lloraba. La causa principal de aquél desahogo, sin embargo, no era la enfermedad o las duras privaciones materiales.
El único deseo de la angelical niña era hacer la primera comunión, pero la necesidad de cuidar de los hermanos y de la casa le impedía frecuentar el catecismo, aprender a leer y a escribir y hasta hablar el francés. De hecho, cuando la Santísima Virgen le dirigió la palabra, lo hizo en patois, el dialecto de la región de Lourdes. Si Bernardette deseó algo para sí misma, en los días de su infancia, fue únicamente recibir el Santísimo Sacramento, el Señor ofendido por los pecados de los hombres, que ella aprenderá tan pronto a consolar.

Días de pastoreo en Bartrès
Las pocas veces que Bernardette frecuentó las aulas de catecismo en Lourdes fueron desaprovechadas, porque no conseguía acompañar al resto, más jóvenes y adelantadas que ella. Louise Soubirous estaba preocupaba por la hija, de 13 años, que todavía no había hecho la primera comunión, y resolvió pedir a su amiga, María Lagües, que la aceptase en Bartrès -aldea no muy distante de Lourdes- con el objetivo de que Bernardette allí pudiese frecuentar las aulas de catecismo.
Por consideración y amistad, María Lagües la recibió en su casa, pero no fue tan fiel a su promesa como sería de esperar -enseguida ocupó a Bernardette en los servicios de la casa y en el cuidado de los hijos. Y su marido encontró en ella su pastora ideal para su rebaño de corderos. Fue en ese periodo de pastoreo cuando Bernardette se solidificó en la oración, durante las largas horas transcurridas en el más completo silencio en medio del privilegiado panorama Pirenaico. Contemplativa, ella montaba un pequeño altar en honra de la Santísima Virgen y allí pasaba horas de gran fervor recitando el Rosario, la única oración que conocía.
Un hecho que le ocurrió a Bernardette en esta época demuestra la pureza cristalina de su corazón. Cierto día, cuando François Soubirous fue a visitar a su hija, la encontró triste y cabizbaja. Le preguntó qué era lo que le afligía. – Todos mis corderos tienen los costados verdes- respondió ella.
El padre, dándose cuenta de que se trataba de la marca hecha por un intermediario, hizo un comentario gracioso: – Ellos tienen los costados verdes porque comieron mucha hierba. – ¿Y pueden morir? -preguntó asustada Bernardette. – Tal vez… Apenada, comenzó a llorar en el mismo instante, entonces el padre le contó la verdad: – Vamos, no llores. Fue el intermediario que los marcó así.
Más tarde, cuando le llamaron boba por haber creído en semejante disparate, su respuesta constituyó una demostración involuntaria de su elevada virtud: – Yo nunca mentí; no podía suponer que aquello que mi padre me decía no era verdad. Los días pasaban lentamente en la pequeña aldea, y ya habían pasado siete meses desde la llegada de Bernardette.¡Cuánta esperanza de aproximarse a la mesa eucarística traía en la llegada, y qué decepción experimentaba, después de las pocas aulas de insignificante instrucción! Aquella espera interminable la afligía, pero, como todo en la vida del hombre, fue permitido por Nuestro Señor.


Gruta de las Apariciones
“Sufre los retrasos de Dios; dedícate a Dios, espera con paciencia, con el fin de que, en el último momento, tu vida se enriquezca” (Eclo 2, 3) Esas palabras, desconocidas para Bernardette, significaban exactamente como Dios procedió con respecto a ella. Al mismo tiempo en que la gracia inspiraba en su alma un ardiente deseo de las cosas elevadas, éstas parecían serle retiradas.
Gruta de las apariciones
La Gruta de las apariciones

Con eso, su ansia se robustecía, y todo lo que era terrenal empezaba a ser poco a sus ojos, cada vez más aptos para comprender las realidades sobrenaturales. Como suele pasar con las almas que Dios prueba por medio de largas esperas, le estaban reservadas gracias mucho mayores.


Celestial sorpresa
De vuelta a la casa paterna, Bernardette retomó los antiguos quehaceres. En la mañana inolvidable del 11 de febrero de 1858, salió con la hermana Toinette y la amiga Jeanne Abadie para el bosque, con el fin de recoger leña para la chimenea y huesos que vender para comprar algún alimento. Anduvieron bastante hasta llegar a la gruta de Massabielle, donde Bernardette nunca había estado. En el momento en que las despiertas niñas atravesaban el agua helada del río Gave, Bernardette se preparaba para hacer lo mismo.
Ésta es la narración de Bernardette de lo que entonces sucedió: “Escuché un barullo, como si fuese un rumor. Entonces, volví la cabeza hacia la orilla del prado; vi que los árboles no se movían en absoluto. Seguí descalzándome. Volví a escuchar el mismo barullo. Levanté la cabeza, mirando hacia la gruta. Vi a una Señora toda de blanco, con el vestido blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie, del color de la cadena de su rosario: las cuentas del rosario eran blancas” .
Era la Santísima Virgen que le sonreía y le llamaba para que se aproximara. Temerosa, Bernardette no se adelantó, sino que sacó su tercio y comenzó a rezar. Lo mismo hizo la “bella Señora”, que aunque no moviese los labios la acompañaba con su propio rosario. Después, al terminar el Rosario, Ella desapareció.
La impresión que esa primera aparición produjo en Bernardette fue profunda. Sin reconocer en Ella a la Madre celeste, la niña se sentía irresistiblemente atraída por esa figura tan amable y admirable, en la cual no podía parar de pensar. Cuando una monja le preguntó, años más tarde, en la enfermería del convento, si la Señora era bella, ella respondió: – ¡Sí! ¡Tan bella que, cuando se ve una vez, se desea la muerte sólo para volver a verla!


Dieciocho encuentros en Massabielle
Por más que Bernardette hubiese pedido que guardaran el secreto a sus dos compañeras, a las que contó lo que viera, ellas no se mantuvieron calladas en ningún momento. Poco más tarde, eran decenas de personas las que comentaban en la vecindad el sobrenatural acontecimiento. Y era apenas El comienzo: la impresionante popularidad de las apariciones asumió proporciones tales, que el día 4 de marzo, estaban junto a Bernardette nada menos que 20.000 peregrinos.
Antes de cada visita de Nuestra Señora, Bernardette sentía un enorme deseo de ir a Massabielle. Fue lo que ocurrió los días 14 y 18 de febrero, cuando un presentimiento interior la condujo hasta la gruta. En la segunda aparición, la Virgen Santísima permaneció nuevamente en silencio; dijo apenas alguna palabra el día 18, como nos lo narra la obediente niña: “La Señora sólo me habló en la tercera vez. Me preguntó si quería ir allí durante 15 días. Le respondí que sí, después de pedir permiso a mis padres”.
La quincena de apariciones, que se dio entre el 18 de febrero y el 4 de marzo, con excepción de los días 22 y 26, constituyó el gran foco de irradiación del mensaje confiado a Bernardette. Cada día se multiplicaba el número de asistentes que emprendían penosos viajes, atraídos por los celestiales coloquios. Aunque nadie más que Bernardette viese a la “Señora”, todos sentían Su presencia y se conmovían con los éxtasis de la campesina.
El santuario de Lourdes es uno de los mayores centros de peregrinación del mundo católico, acogiendo cerca de 6 millones de peregrinos todos los años
El santuario de Lourdes es uno de los mayores centros de peregrinación del mundo católico, acogiendo cerca de 6 millones de peregrinos todos los años

- Ella no parecía de este mundo -dijo un testigo. Las palabras de Nuestra Señora no fueron muchas, aunque de expresivo significado. Dijo a Bernardette el mismo día 18: “No prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”. Y otras veces: “Yo quiero que venga aquí mucha gente”. “¡Pide a Dios por los pecadores! ¡Besa la tierra por los pecadores!”. “¡Penitencia, penitencia, penitencia!”. “Ve y di a los sacerdotes que construyan aqui una capilla. Quiero que todos vengan en procesión”. Todavía durante la quincena, la Reina de los Cielos confió tres secretos y enseñó una oración a Bernardette, que ella recitó con insuperable fervor todos los días de su vida.
Después de un largo silencio con respecto a su identidad, la Señora reveló su nombre a Bernardette en la decimosexta aparición, el 25 de marzo de 1858: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Era una solemne confirmación del dogma proclamado por el Beato Pío IX cuatro años antes; la pureza de doctrina sería coronada, de aquí en adelante, por la belleza de los milagros.

Transformada por Nuestra Señora
Uno de los criterios de prudencia adoptados por la Santa Iglesia para verificar la autenticidad de las revelaciones como las que recibió Bernardette, es observar atentamente la conducta de los videntes. En ellos, se refleja invariablemente la veracidad y el tenor de lo que dicen ver: su testimonio personal es decisivo.
En el caso de Lourdes, tal como después sucedió con los pastorcitos de Fátima, el cambio que se operó en Bernardette puede ser considerado un milagro de la gracia. Sus gestos, modos, palabras y, sobre todo, su piedad adquirieron un indescriptible brillo por el contacto con la Reina de los Cielos: “En su actitud, en sus trazos fisonómicos, se veía que su alma estaba arrebatada. ¡Qué paz profunda! ¡Qué serenidad! ¡Qué elevada contemplación! La mirada de la niña durante la aparición no era menos maravillosa que su sonrisa. Era imposible imaginar algo tan puro, tan suave, tan amable…”.
En la gruta de Massabielle, donde María pidió a Bernardette que rezase por los pecadores, se operaron verdaderos milagros de gracia
En la gruta de Massabielle, donde María pidió a Bernardette que rezase por los pecadores, se operaron verdaderos milagros de gracia.

Después de los éxtasis, mantenía la clave de sublimidad que le invadiera: el modo como hacía la señal de la cruz, su compostura durante la oración y su finura de trato, aliados a la simplicidad, eran más distinguidos que los de cualquier dama que hubiera pasado la vida entera ejercitándose en el arte de “savoir-plaire”.
“No escapa a los padres que en ella se ha operado una transformación en el discurrir de este mes. No fue vano para ella la contemplación de las lecciones celestes [...] habiendo visto llorar a la Señora de Massabielle por el pecado y por los pecadores, esta niña analfabeta comprendió el gran deber de la penitencia y la oración”.4 Hasta el mismo padre Peyramale, el párroco de Lourdes, célebre por su desconfianza acerca de todos los hechos relacionados con Bernardette, confesó: “todo en ella evoluciona de manera impresionante”.5


Respondiendo a los magistrados
Los espíritus escépticos estaban al acecho de acontecimientos. Sumamente irritados por la afluencia multitudinaria a la gruta, decían: “Es increíble que quieran hacernos creer en apariciones en pleno siglo XIX”. Estos hombres colocaban sus esperanzas más en sus “modernos” inventos que en la omnipotencia de Dios: “Es estupidez y oscurantismo admitir la posibilidad de apariciones en la época del telégrafo eléctrico y la máquina a vapor”.6 Fue delante de las autoridades que pensaban de esa forma que Bernardette tuvo que declarar tres veces en el corto periodo de una semana, durante la misma quincena de las apariciones.
Durante los interminables interrogatorios en los que la acribillaban de preguntas capciosas, Bernardette oyó cosas brutales: “¡Vamos a detenerte! ¿Qué es lo que vas a buscar en la gruta? ¿Por qué haces correr a tanta gente? ¡Vamos a meterte en prisión! ¡Te mataremos en la prisión!”.7 La llamaron mentirosa, visionaria, loca. A todo esto ella sólo respondía con la verdad, soportando esos sufrimientos con humildad y dulzura. Sus acertadas respuestas confundían a los magistrados, que nunca tuvieron ningún motivo legal para detenerla.
La opinión final que se formaron respecto de Bernardette, la que enviaron al Ministerio de Justicia de entonces, fue ésta: “Según el reducido número de aquellos que pretenden tener a su lado el sentido común, la razón y la ciencia, Bernardette Soubirous es portadora de una enfermedad mental conocida: ¡está siendo víctima de alucinaciones, apenas es esto!”.8 ¿Tendrían ellos, como pretendían, la razón de su lado? La respuesta no tardó en quedar clara.


La fuente milagrosa y la llamada a la expiación
En la aparición del 25 de febrero la Santísima Virgen dice a Bernardette: “Ve a beber a la fuente”. Bernardette fue al río Gave y bebió. Aunque, no era al río que Ella se refería, sino a un lugar de la gruta donde apenas había agua sucia. La niña cavó y bebió. De aquella agua oscura broto discretamente el agua milagrosa, que en unos días manaba en abundancia para asombro de todos.
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Fuente milagrosa de Lourdes

Los enfermos no tardaron en servirse de ella y las curas inexplicables se iniciaron el 1 de marzo. Enfermos desahuciados “por la razón y por la ciencia” veían sus males desaparecer en un instante, y los argumentos de innumerables corazones reticentes se transformaron en cánticos de fe. Cuando Bernardette, más tarde, probó esta agua para sus penosas dolencias, no le fue eficaz. Le preguntaron, entonces: – Esa agua cura a otros enfermos: ¿Por qué no te cura a ti? – Tal vez la Santísima Virgen quiera que yo sufra- fue su respuesta.
De hecho, su vocación era sufrir y expiar por la conversión de los pecadores. La fuente no era para ella. Esa hija predilecta de María comprendió con profundidad su singular llamada. Todo cuanto habría de padecer física y moralmente de ahí en adelante -que no fue poco- ella deseaba unirlo a los méritos infinitos del Redentor crucificado, para que fuese pleno el efecto de las gracias derramadas en la gruta. Nunca un murmullo, una queja o un acto de impaciencia se desprendieron de sus resignados labios, acostumbrados al silencio y a la inmolación.


En el asilo de Nevers
Después del ciclo de las apariciones, todos querían ver a Bernardette y tocarla. Le pedían bendiciones, le robaban reliquias… Hombres ilustres emprendían largos viajes para conocerla y altas figuras eclesiásticas no escondían su admiración delante de ella.
Pero, ¡cuánto le hacían sufrir por causa de eso! En su acrisolada humildad, Bernardette se sentía incómoda delante de tantas manifestaciones de deferencia. Su mayor deseo era ser olvidada, quería que sólo la Virgen Santísima fuese objeto de encanto y amor. En Lourdes, ella vivió todavía nueve años en el Asilo, administrado por las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana, de Nevers.
Ayudaba en la atención a los enfermos, en los servicios de la cocina, cuidando de los niños. A los 23 años partió hacia la Casa Madre de la Congregación, en Nevers, deseando ávidamente la vida de recogimiento y oración: – Vine aquí para esconderme -dijo.
Los trece años de vida religiosa de Santa Bernardette fueron marcados por la práctica de todas las virtudes y, de modo especial, por el desprendimiento de sí  misma y el amor al sufrimiento. Sus trece años de vida religiosa fueron acentuados por la práctica de todas las virtudes y, de modo especial, el desprendimiento de sí misma y el amor al sufrimiento. De ese período, pasó nueve años de ininterrumpidas enfermedades: el asma inclemente, un doloroso tumor en la rodilla, que evolucionó hasta una terrible infección de los huesos. El día 16 de abril de 1879, a los 35 años de edad, ella entregó su alma al Creador.


“Me encontraréis junto al peñasco”luordes7

Sus restos mortales incorruptos constituyen uno de los más bellos vestigios de la felicidad eterna que Dios haya otorgado a los pobres mortales en este Valle de Lágrimas. Intacto, puro, angélico es el cuerpo de Bernardette, delante del cual el peregrino se siente atraído a pasar horas seguidas en oración, y levantarse con la dulce impresión de haber penetrado en la felicidad eterna de la que goza la vidente de Massabielle.
Allí están, cerrados, pero elocuentes, los ojos que otrora contemplaran a la Santísima Virgen, para enseñarnos que los únicos que son exaltados son los mansos y los humildes de corazón; para recordarnos que, para realizar Sus grandes obras, Dios no precisa de las fuerzas humanas, sino de la fidelidad a la voz de Su gracia.
Sabemos que la misión de Bernardette no terminó. La acción beneficiosa de su intercesión se hace sentir junto a la gruta, como ella misma predijo: “Me encontraréis junto al peñasco que tanto amo”. Que ella nos obtenga, en este año de jubileo y acción de gracias, una confianza inquebrantable en el poder de Aquella que dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.
(Revista Heraldos del Evangelio, Febrero 2008, Número 55, p. 18 à 23)