La Eucaristía es el alimento que da fuerza a los que están cansados, agotados y desorientados, dijo el Papa en la audiencia general





Ciudad del Vaticano (Miércoles, 11-01-2012, Gaudium Press) "La Eucaristía es el alimento que se torna fuerza también para quien está cansado, agotado y desorientado", dijo el Papa en la catequesis sobre la oración de Jesús en la Última Cena, proferida esta mañana a los 4 mil fieles presentes en la Sala Pablo VI. Benedicto XVI meditó sobre la oración de Jesús en la Última Cena presentando trechos de los cuatro Evangelios.
La Última Cena para Jesús fue una cena de despedida con los amigos y en la inminencia de su muerte. Ella se insertó en el contexto del memorial de la liberación de Israel de Egipto, pero Jesús "mira su Pasión, Muerte y Resurrección". Es la novedad introducida por Jesús, la cena pascual que se convierte en una celebración de su Pascua.
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La Última Cena para Jesús fue una cena de despedida con los amigos y en la inminencia de su muerte, destacó el Papa durante la Audiencia
El núcleo de la Última Cena, observó el Papa, son "los gestos de partir el pan, de distribuirlo a sus compañeros y de compartir el cáliz de vino con las palabras que los acompañan y en el contexto de oración en el cual se colocan: es la institución de la Eucaristía, es la gran oración de Jesús y de la Iglesia". Estos gestos que hablan que él "ofrece anticipadamente la vida que le será sacada y de este modo transforman su muerte violenta en un acto libre de donación de sí por los otros y para los otros. La violencia sufrida se transforma en un sacrificio activo, libre y redentor".
Los Evangelistas Pablo y Lucas hablan sobre esta oración como "eucaristía/agradecimiento: "Tomó en seguida el pan y después de haber dado gracias, lo partió y lo dio" (Lc 22,19), mientras Marcos y Mateo "resaltan el aspecto de elogio/bendición: "Jesús tomó el pan y, después de bendecirlo, lo partió y lo dio" (Mc 14,22)". Son dos palabras diversas, "las dos direcciones intrínsecas y complementarias de esta oración" que "se eleva hacia Dios, retorna como bendición, que desciende de Dios sobre el don y lo enriquece. El agradecer, alabar a Dios se torna así bendición, y la ofrenda donada a Dios retorna al hombre bendecida por el Omnipotente".
La oración de agradecimiento y de bendición de Jesús demuestra también otro aspecto resaltado por el Papa. Es también oración para conferir en la fe a sus discípulos. "La oración de Jesús -observó- cuando se aproxima la prueba también a sus discípulos, sustenta su debilidad, su dificultad de comprender que la vía de Dios pasa a través del Misterio pascual de muerte y resurrección, anticipado en la ofrenda de pan y de vino".

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