CARTA DE S.S. BENEDICTO XVI REFERENTE A LA CELEBRACION DE LA CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR MARIANO.

A nuestro venerable Hermano
Francisco Robles Ortega, Cardenal de Santa Romana Iglesia
Arzobispo Metropolitano de Monterrey

Todos saben ciertamente que en toda la tierra existen y se conservan admirables e innumerables Signos Sagrados, que quieren evidenciar la religión cristiana y la piedad de los fieles. Entre los signos sagrados de este género, se considera famosa la imagen venerada de Nuestra Señora de los Ángeles, que se conserva en la Basílica de la diócesis de Cartago en Costa Rica. Han pasado 375 años desde el hallazgo de esa imagen de la Madre de Dios, a la que luego se le dotó de un lugar digno para su custodia, donde los ciudadanos confiados a lo largo de los siglos van a suplicar dones del cielo y donde se acostumbra suplicar frecuentemente a la Madre celestial, que se considera la patrona benigna de toda la Nación.

En consonancia con el culto y el honor que se tributan a esta Imagen, Nos deseamos que se confirmen los ánimos de los fieles con nuevo vigor  y nuevos esfuerzos de piedad cristiana que salgan de ese culto y honor. Por lo cual, hemos decidido secundar con gusto y expresa voluntad, las peticiones del Venerable Hermano José Francisco Ulloa Rojas, Obispo de Cartago en Costa Rica, y de los demás Obispos de esa nación, quienes pidieron un Legado insigne que pudiese estar presente,  para finalizar el año jubilar cuando termine el 375 aniversario del hallazgo de la Imagen.

Por lo tanto, para que la celebración se lleve a cabo de manera más festiva y más solemne,  hemos determinado enviar a un varón eminente para que Nos represente y para que haga patente nuestra benevolencia, Hemos pensado en Ti, Venerable Hermano, para que te encargues de aceptar y realizar este oficio de manera conveniente. Es por eso que te constituimos “Legado Extraordinario Nuestro”, para que al llegar esa conmemoración el día 2 de Agosto, hagas patente Nuestra voz, que logre que el sentido y la prestancia de esa sagrada imagen, no sea sólo un objeto de admiración insigne, sino que también  sea ocasión de cultivar nuevos impulsos de una fe activa.

Mostrarás Nuestra Benevolencia a todos los que participen en esas solemnidades, y al mismo tiempo los exhortarás a vivir de nuevo aquella piedad siempre original hacia la Madre de la Iglesia.

Queremos que les impartas a todos, en Nuestro nombre y con Nuestra autoridad, la Bendición Apostólica, que sea signo de renovación espiritual y prenda de gracias sobrenaturales para el tiempo futuro.

Desde el Palacio del Vaticano, día 12 del mes de Julio del año 2011, séptimo de nuestro pontificado.

Benedicto, Papa XVI
 
S.S BENEDICTO XVI
 
CARDENAL ROBLES ORTEGA
 
MONSEÑOR JOSE FRANCISCO ULLOA ROJAS.

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