La Hermana Marie Simon Pierre revela detalles inéditos de su curación

La religiosa francesa, cuya curación sirvió para llevar adelante la beatificación de Juan Pablo II, habló con la RAI y la televisión católica francesa KTO sobre los sorprendentes detalles de su milagrosa recuperación 
3.JPGParís (Viernes, 04-02-2011, Gaudium Press) El 14 de febrero pasado, en una entrevista coproducida por la RAI y la televisión católica francesa KTO, la hermana Marie Simon Pierre dio a conocer detalles inéditos de su curación milagrosa, que tras el examen científico y la aprobación de Benedicto XVI, posibilitó la pronta beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II, el 1ro. de mayo, día de la Divina Misericordia.
La religiosa francesa, que pertenece a las Hermanitas de las Maternidades Católicas, nació en 1962 y tuvo diagnóstico de mal de Parkinson (el mismo que al final de su vida sufrió Juan Pablo II) en junio de 2001. En su caso la enfermedad avanzó rápidamente, afectando toda la parte derecha del cuerpo.
Padeciendo el mismo mal que el Papa polaco, sentía por ello -además del vínculo que la ligaba al vicario de Cristo como tal- la unión que da el compartir el mismo dolor. Por eso, cuando Juan Pablo II falleció el 2 de abril del 2005, "se me vino el mundo encima. Había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza de seguir adelante", declara la hermana Marie con emoción.
Entretanto, a los pocos días de su muerte, el Pontífice difunto ya le traía dignos consuelos. El 13 de mayo de 2005, y estableciendo una excepción a las normas canónicas vigentes, el actual Papa Benedicto XVI anunciaba el inicio del proceso de beatificación de Juan Pablo II. Desde el día siguiente las casas francesas y africanas de la congregación de la hermana Marie no dejaron de pedir la intercesión del Papa Wojtila por el restablecimiento total de su salud.
Entretanto - y aunque fortalecida por las oraciones de sus hermanas en religión- ella seguía empeorando, velozmente.
En la Hermana Marie brillan las bellas cualidades que Dios quiso dar a la nación francesa. Discreción en el porte, lógica, concisión y claridad en la exposición, elegancia en la expresión, candidez en la narración. Además se suman los dones propios de la observancia religiosa: modestia en su actitud, espíritu de fe y piedad, y un dominio sobre las emociones que entretanto cede en un momento su imperio, ante la dramaticidad de los hechos que narra a KTO- RAI, y que tuvo la felicidad que vivir.

La cura
El 2 de junio de 2005 "por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más".
"Pensé en buscar a Sor Marie [superiora de su comunidad] para pedirle mi dimisión, dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba con muchas personas a mi cargo. Me sentía muy pesada y me dije: es necesario que pare, que deje el servicio. Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible", narra la religiosa. Entretanto la superiora denegó la petición con dulzura, y le pidió seguir confiando en la intercesión de Juan Pablo II.
Cuando esto ocurrió, "sentimos por un buen momento un gran cambio en su oficina, diría que una gran paz, una paz muy grande y una gran serenidad, me sentía muy apacible, ella también".
La superiora le pidió que escribiera el nombre de Juan Pablo II. Sus manos ya no respondían como otrora. Entretanto ante la insistencia de Sor Marie ella garabateó unos trazos ilegibles, para pensar después que podría ocurrir "un milagro si es que creo".
"Me fui y seguí con mi servicio. Esa noche seguí la jornada como de costumbre con la comida comunitaria, luego un poco más de servicio y después la oración nocturna en la capilla".
Al retornar a su cuarto quiso Marie Simon-Pierre obligarse a escribir y tuvo una gran sorpresa al comprobar que pudo hacerlo con relativa facilidad.
De forma diversa a los días anteriores pudo dormir bien, sin el insomnio habitual que la aquejaba agudamente. El 3 de junio se despertó a las 4:30, una hora antes de lo establecido, y tuvo mucho tiempo para prepararse para la jornada que iniciaba. Entretanto, ese tiempo fue empleado mejor para hacer una feliz introspección: "Ya no era la misma. Había una alegría interior y una gran paz; y luego me sorprendí mucho por los gestos de mi cuerpo".
Sintió la hermana Marie un "gran deseo de rezar. A esa hora no tenía autorización para rezar, pero recé". Se dirigió al oratorio de la comunidad, directo al tabernáculo, "siempre con una alegría muy profunda". Se acompañaba de un pequeño folleto con "el rosario de Juan Pablo", y meditó los misterios luminosos.
"A las 6:00 de la mañana teníamos una oración antes de la Eucaristía comunitaria, así que fui a la capilla con mis hermanas. Al ir hacia la capilla me di cuenta de que mi brazo izquierdo ya no se quedaba inmóvil al caminar sino que se balanceaba normalmente. En la Eucaristía tuve la certeza de que estaba curada", concluye la religiosa, con una dulce sonrisa en el rostro, que evidencia el gozo no solo de gozar de buena salud, sino también de estar siendo instrumento para la glorificación del Papa polaco.
Gaudium Press / S. C.

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