María Purísima de la Cruz: la clave de su santidad, la fidelidad a su carisma

Beatificada el sábado en Sevilla

 Pocas personas pueden contar que han conocido y convivido con alguien que será elevado a los altares. Sin embargo, la mayoría de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, de Sevilla pueden dar testimonio de ello, ya que María Purísima de la Cruz, su madre general, quien murió hace sólo 12 años, fue beatificada ayer sábado.
La ceremonia tuvo lugar en Sevilla, presidida por monseñor Angelo Amato, en representación del Papa Benedicto XVI, quien se encontraba en su viaje apostólico en Gran Bretaña.
Esta comunidad, fundada en 1875 por Santa Ángela de la Cruz, tiene el carisma del trabajo con los pobres, unido a una fuerte vida de oración, similar a la que lleva una religiosa contemplativa. “Salimos como los ángeles, para ayudar a quien lo necesita pero tenemos que volver pronto a nuestro nido”, dice una de ellas. Actualmente son unas 700 y están presentes en Italia, Argentina y en 52 localidades en España.
ZENIT visitó la comunidad que tienen en Roma y habló con dos de ellas. Pidieron que sus nombres no fuesen revelados para permanecer fieles al espíritu de sencillez, de pasar desapercibidas, como siempre proclamó su fundadora. Ambas compartieron intensos momentos con su madre general.
Una madre en todo sentido
Anualmente, las hermanas de este instituto viajan a la casa general para tener ejercicios espirituales ubicada en Sevilla – España.  Allí podían encontrarse con María Purísima de la Cruz, contarle sus inquietudes, compartir sus experiencias: “No veíamos nunca un muro. Era una relación de madre a hija”, dijo una de ellas. “Decía a las novicias: ¿has dormido esta noche? ¿estás contenta? Era una hermana más pero con el respeto de una madre”, indicó la religiosa.
“Tenía muy en cuenta los detalles caseros. Se dedicaba a cosas insignificantes, eso nos daba confianza y cercanía”, aseguró otra de las religiosas.
“Era una persona muy humilde, cercana, bondadosa, firme. La defino como el agridulce en los alimentos. Porque era firme en sus órdenes, sobre todo si tenía que ver con la conservación del carisma original de la fundación”, indicó.
La clave de la santidad
Pero ¿qué fue lo que permitió a la Madre Purísima morir con tal fama de santidad?, las hermanas de la Compañía de la Cruz no dudan en responder. La fidelidad a su carisma, especialmente porque tuvo que guiar su comunidad entre 1977 y 1998, tiempo en el que no pocos institutos afrontaron el desafío de saber interpretar el Concilio Vaticano II.
“Ella supo cuidar este tesoro que le pusieron en sus manos y llevarlo a la época del post concilio. La han definido como un modelo de madre general en los tiempos actuales para que siga siendo fiel a su integridad”, dice una de las hermanas.
“Ella nunca se salió de ese pentagrama”, asegura. “Era una persona muy culta (hablaba correctamente inglés y francés, estudió en colegios de gran prestigio) pudo haber desarrollado el carisma según su cultura”. Sin embargo, María de la Purísima siempre proclamaba la sencillez y humildad de su fundadora el “hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Jesús”, como decía, Santa Ángela de la Cruz.
“Su vida espiritual era de una gran fidelidad a la regla. Si la llamaban por teléfono ella contestaba pero luego suplía el tiempo de oración que había perdido por contestar esa llamada”, cuenta una de las hermanas.
Estas religiosas, de hábito marrón y velo negro, de rostro sereno  y alegre, destacaron también la virtud de la humildad como una de las principales características de su madre general. “Cualquier error que cometía, por insignificante que fuera, pedía perdón enseguida”.
Para ellas, la beatificación de su fundadora es también un signo claro de que en los tiempos actuales la santidad es posible. “¡Claro que tenía defectos!”, aseguró una de ellas. “Pero en seguida los reconocía y así cada defecto se convertía en una prueba de virtud”, indica. “Los santos también caen. La grandeza está en que reconocen y siguen adelante”, señaló la otra religiosa.
En 1994 le fue diagnosticado un tumor. “Recuerdo el día en que nos contó la noticia de su enfermedad. No hizo ninguna tragedia”, dice una de las hermanas.
Con él duró casi cinco años y con él siguió siendo la Madre general hasta el día de su muerte. “Dio una tanda más de ejercicios espirituales y comenzó a sentirse muy mal. El médico nos dijo ‘Tenemos a María Isabel (su nombre de pila, n.d.r.) por 15 días’”, cuenta una de ellas.
Después tuvo un encuentro con el médico: “Llevo 50 años preparándome para la muerte”, dijo la madre María de la Purísima, porque 50 años atrás había hecho su profesión perpetua “y quiero saber cuánto me queda de vida. Si un mes, 20 días o quizás 15”, El médico le dijo “te queda una semana” ella respondió: “¡qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!” y le agradeció al doctor por darle esta información.
María de la Purísima Cruz murió el 31 de octubre de 1998. Hoy yace enterrada en el mismo sitio donde estuvo su fundadora durante 50 años. “Nuestra fundadora marcó las huellas de nuestro camino”, dijo una de las religiosas, “María de la Purísima de la Cruz simplemente metió el pie en esa huella. En eso consistió su santidad”, concluye.

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