HOMILÍA PEREGRINACIÓN DE LA URNA CON LA RELIQUIA DE SAN JUAN BOSCO


CATEDRAL METROPOLITANA
21 julio 2010.

†Mons. Hugo Barrantes Ureña
Arzobispo

Para el Arzobispo Metropolitano es una alegría y un honor presidir esta celebración eucarística en presencia de la urna que contiene la réplica de la imagen de Don Bosco. El rostro ha sido reproducido con el calco que se realizó el día siguiente a la muerte de Don Bosco. Lo más importante es que en la urna ha sido colocado el brazo derecho de Don Bosco.

San Juan Bosco es uno de los más grandes santos del siglo XIX. Juan Pablo II lo nombró: “padre y maestro de los jóvenes”. Monseñor Carlos Caffara nos dice: “Los santos son el quinto evangelio y su vida es la que da la interpretación correcta a los cuatro primeros. Del mismo modo que una partitura… mientras no sea ejecutada no cumplirá el fin para el que fue compuesta, la Escritura compuesta por el Espíritu Santo, si no es ejecutada no alcanzará su objetivo de comunicar a los hombres su íntima belleza. Esa ejecución es la vida de los santos”. Precisamente, Don Bosco nos ayuda a descubrir a Jesús como Maestro y Educador, y, a la vez, nos ilumina para definir la identidad del educador cristiano.

La lectura del profeta Isaías nos habla del Espíritu del Señor. El Espíritu actuó en los grandes líderes del Antiguo Testamento, cubrió con su sombra a la Virgen María. El Espíritu Santo es abogado, es maestro y guía de todo aquel que quiera enseñar la verdad.

Los santos son la obra maestra del Espíritu Santo. Los santos no son extraterrestres o superhombres. Son seres de carne y hueso, pertenecen a nuestra raza - Pero, creyeron al Evangelio y se dejaron moldear por el Espíritu Santo. Son los verdaderos sabios, han descubierto en Dios el tesoro escondido y la perla preciosa.

Dejaron de ser judíos errantes en busca de la patria, superaron la condición de permanentes mercaderes, porque encontraron en Dios la patria definitiva. El Espíritu Santo sopló con fuerza las velas de sus vidas y los condujo a puerto seguro.

San Pablo nos recuerda, en su primera Carta a los Corintios, el don del amor. – El cristiano sabe que puede amar porque es amado. La historia de los hombres es la historia de los corazones. “La Educación –decía Don Bosco- es cosa del corazón y sólo Dios es su dueño. No lograremos hacer nada si Dios no nos proporcionara la llave de todos esos corazones”. Y es que, a los nueve años de edad, tuvo un sueño en el que se vio rodeado de una multitud de chiquillos que se peleaban entre sí y blasfemaban; el pequeño Juan Bosco trató de hacer la paz, primero con exhortaciones y después con los puños. Súbitamente apareció nuestro Señor y le dijo: “No, no; tienes que ganártelos con la mansedumbre y el amor”.

En ese sueño se le prometió que la Santísima Virgen sería la maestra suya. La Virgen se aparece y le dice: “Toma tu cayado de pastor y guía a tus ovejas”. Cuando la Señora pronunció estas palabras los niños se convirtieron primero, en bestias feroces, y luego en ovejas.

San Juan Bosco entendió muy bien las palabras de Cristo en el Evangelio: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí”. Ya viejo decía Don Bosco: “Le he prometido a Dios que daría hasta mi último aliento por mis pobres jóvenes. Quiero que sepáis que cuanto soy, lo soy para vosotros, día y noche, mañana y tarde, en cualquier momento”.

Con la finalidad de conmemorar los 150 años de la fundación de la Congregación Salesiana, el 18 de diciembre del 2009, y el bicentenario del nacimiento de Don Bosco, el 6 de agosto del 2015, una peregrinación con una urna conteniendo sus reliquias recorre los 130 países del mundo donde hay presencia salesiana.

La Congregación Salesiana llegó a Costa Rica el 20 de julio de 1907 para asumir la dirección del Hospicio de Huérfanos de Cartago, siendo primeros en las escuelas de Artes y Oficios. Diez años después llegaron las Hijas de María Auxiliadora. Realmente la Familia Salesiana es muy grande en Costa Rica, porque hay otros grupos que la conforman: los Salesianos cooperadores, los Exalumnos y Exalumnas Salesianas, la Asociación de María Auxiliadora, las Damas Salesianas, las Voluntarias de Don Bosco, los Voluntarios con Don Bosco. Todos estos grupos atienden diversas obras educativas y sociales, sobre todo a favor de los más pobres.

La educación salesiana en Costa Rica ha estado muy enfocada al área técnica. En reconocimiento a esta encomiable labor, San Juan Bosco fue declarado Patrono Oficial de la Educación Técnica Profesional, el 30 de abril de 1978.

Con motivo del centenario de la presencia de Don Bosco en Costa Rica, la Asamblea Legislativa declaró a la Congregación Salesiana “Institución Benemérita de la Educación Costarricense” el 21 de setiembre del 2007. ¡ Honor a quien honor merece!

Como Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica quiero hacer, en este momento, público reconocimiento de la extraordinaria labor de la Familia Salesiana en Costa Rica. En el corazón de todos los costarricenses está viva la presencia y el ejemplo de la Beata Sor María Romero Meneses. Las obras sociales de Sor María Romero han crecido y son parte importante del rostro samaritano de la Arquidiócesis.

A continuación me referiré al tema de la educación precisamente como homenaje a Don Bosco, el “Gran maestro de los jóvenes”. En primer lugar quiero mencionar tres aspectos fundamentales de la educación

I. La Dignidad Humana.

1.- El Hombre y la mujer: Imagen de Dios. La Sagrada Escritura afirma que la persona humana es creatura de Dios, es imagen de Dios: “Creo, pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” ( Gén. 1, 27 ).

El ser humano por haber sido hecho a imagen de Dios, tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien.

La Iglesia ha promovido con insistencia el reconocimiento de la centralidad de la persona humana. Este reconocimiento se expresa en la afirmación de que “lejos de ser un objeto y un elemento puramente pasivo de la vida social, “el hombre” es por el contrario, y debe ser y permanecer, su sujeto, su fundamento y su fin” ( Pío XII, Radio Mensaje, 24-12-1944).

La Iglesia ha buscado, ante todo, tutelar la dignidad humana frente a todo intento de proponer imágenes reductivas y distorsionadas de la misma y, además, ha denunciado repetidamente sus muchas violaciones.

La Educación tiene que asumir la persona humana en el centro de su preocupación. Y, hoy día, la tendencia es a valorar más las cosas que a las personas, inclusive se tiende a tratar a las personas como si fueran cosas.

Se aprende a ser, ser persona para que florezca mejor la propia personalidad y se logre actuar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal (cfr. Delors 1996, p. 120). Se aprende a trascender, el ser humano desde su misma naturaleza está llamado a la trascendencia entendida en dos dimensiones: ir más allá de lo visible e inmanente en la cotidianidad dejando huellas imborrables, y trascender en la dimensión espiritual como respuesta al llamado de Dios, infinito y eterno (cfr. Módulo No. 1 Evangelización de Educadores, 2005, p. 87 ).

Al fin y al cabo: la dignidad del ser humano se mide por el “ser” no por el “tener”. Y se educa con una finalidad: que la persona “sea más”, no que “tenga más”.

II. La Ciencia sin conciencia es la ruina del hombre.

Resulta esclarecedor, recordar que cuando falta el criterio ético, la ciencia y la tecnología se vuelven contra el hombre que las ha creado.

Aún cuando no se diga explícitamente hoy, existe una especie de imperativo tecnológico que podríamos enunciar así: si algo se puede hacer, hay que hacerlo. Yo diría que aquel pecado que el Génesis describe como afán de “ser como Dios” (Gén. 3,5) se ha encarnado hoy en ese imperativo tecnológico; y no hace falta recordar la amenaza bíblica que le acompañaba: “Si comes de semejante fruta, acabarás por morir” (cfr. Gén. 2, 17).

No querría dar la sensación de que pretendo resucitar el mito de la caja de Pandora, según el cual el deseo de conocer ha llenado de desgracias la Tierra. El conocimiento y el desarrollo son buenos, pero si están al servicio de la persona humana.

Haría falta estar ciego para ignorar que la ciencia y la técnica han hecho también – y pueden hacer – mucho bien a la humanidad. Pero es necesario saber en qué direcciones es legítimo investigar y en cuáles no. Ya en 1532 afirmó Rabelais que “ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma”. Si no hay ética no hay solidaridad, no hay justicia y tampoco habrá paz.

III. Crisis de valores en el proyecto educativo.

Es conocido de todos que, en el siglo XX, las ciencias de la educación han tenido y tienen todavía en los inicios del XXI, un gran desarrollo: pensemos, por ejemplo, en los sectores de la pedagogía, la didáctica, la psicología, y en el papel cada vez mayor de la información, también en la escuela.

Pero, con todo, es de notar que en este fenómeno positivo se encuentran lagunas que inciden negativamente en la concepción misma del proyecto educativo. Hoy el estudio de los problemas educativos se desenvuelven en un mundo cultural dominado, por el progreso científico y tecnológico, el cual da preponderancia a la funcionalidad más que a la finalidad. Esto comporta – junto a la secularización – una restricción del campo de visión, perdiéndose de vista lo que es más importante, es decir, la finalidad del proyecto educativo. Maritain cuenta entre los errores más graves de la pedagogía contemporánea al desconocimiento de los fines, consecuencia del predominio de la ciencia sobre la sabiduría, de la técnica sobre el espíritu. “Los medios no son malos – escribe -, al contrario, son generalmente mejores que aquellos de la vieja pedagogía. Lo malo es precisamente que son tan buenos que nos hacen perder de vista el fin”.

Esta crisis de valores en el proyecto educativo lo evidencia también el documento de Aparecida:

“En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado” (Aparecida 328 )

“La educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión y en iniciativas de comunión con la totalidad del orden real. De esta manera, el ser humano humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia” ( Aparecida 330 ).

Y, ahora, brevemente, una presentación del método educativo de Don Bosco

Los elementos componentes del método educativo de Don Bosco: Razón, Religión, Amor.

Vamos a escuchar a Don Bosco en el contexto de la urgencia educativa que vivimos en el país. En este momento hay un debate público, en Costa Rica, para responder al aumento de violencia en las escuelas y colegios. Los gremios afirman que el abuso en defensa de los derechos de los estudiantes resta autoridad al docente. Los profesores y maestros replican que se sienten desamparados. El MEP procura que haya mayor diálogo en el aula para tomar decisiones. Por su parte, ANDE no ve tan fácil la solución. Unos dicen: que hay educadores que no tienen las habilidades requeridas para lidiar con jóvenes. Otros demandan más colaboración de los padres de familia que “a veces no saben ni donde están sus hijos” ( Ver La Nación del 18 de julio del 2010). Lo cierto es que la violencia, dolorosamente, está en nuestros colegios y escuelas, y ha traído luto a los hogares.

Cuando a Don Bosco se le pidió que revelara el secreto de su éxito pedagógico, él lo resumió en tres palabras, que llegaron a ser clásicas: Razón, Religión y Amorevolezza.

Razón: no órdenes e imposiciones autoritarias, no amenazas, sanciones y castigos: no insultos, burlas ni humillaciones en público; sino normas razonables, adaptadas a la edad: sabiendo motivar, razonar, dialogar, iluminar la mente del joven, inculcarle valores, hacerlo protagonista y corresponsable de su formación; valorar sus capacidades; respetar su persona, sus derechos, su dignidad; ser comprensivos y cercanos.

Religión: ayudar al joven a descubrir la dimensión trascendente de su vida y el privilegio de ser cristiano; ayudarlo a encontrarse con la persona de Jesús y a interiorizar los criterios del Evangelio; ofrecerle con abundancia la palabra de Dios y animarlo a aprovechar la fuerza educativa de los sacramentos; hacerle sentir viva la presencia de Dios y de la Madre celestial; presentarle el ejemplo de los Santos; crear en torno a él un ambiente cristiano; exhortarlo a la práctica de las virtudes (que para el joven son sobre todo, según Don Bosco, la alegría, la obediencia, la gratitud, la pureza, la caridad fraterna, la piedad, el cumplimiento del deber diario, el celo por la salvación de los compañeros) hacerle desear la santidad y anhelar el paraíso.

Amorevolezza: equivale a un conjunto de actitudes espirituales y pedagógicas del educador hacia el educando: amabilidad, cariño, afecto, bondad, comprensión; implica crear cercanía, confianza, ambiente de familia; hacer que el muchacho se sienta querido. Según Don Bosco, el “asistente” es y debe mostrarse como un hermano mayor, y el Director, como un padre. Todo el que trabaja en una obra salesiana, en el campo de la educación, debe aparecer ante los muchachos no como un empleado, un funcionario, sino como uno que comparte con ellos la casa, el tiempo y sus capacidades.

La “asistencia”.

Y aquí nos sale al paso el concepto de “asistencia” tan importante en el método educativo de Don Bosco. Es la presencia continua, amiga, animadora del educador entre los muchachos. El “asistente” no es un vigilante, un policía; es uno que consagra la vida al bien de los muchachos y que comparte con ellos el tiempo, los acompaña en los momentos de recreo y en las celebraciones religiosas, les da buen ejemplo y buenos consejos, corrige con amabilidad; está para prevenir el mal; anima, orienta y guía. La “asistencia” es sacrificada pero es la clave del éxito educativo.

Exige no encerrarse en oficinas, aulas o salitas, sino estar con los muchachos, acompañarlos a todas partes, estar donde están ellos: desde acogerlos a la entrada del Colegio (o del Oratorio) a despedirlos junto al portón; recibirlos en el aula de clase, participar en sus actividades.

El secreto pedagógico de Don Bosco nos debe iluminar y orientar en el debate actual para dar un auténtico rumbo a la educación en nuestras escuelas y colegios.

Palabras finales

(Algunas frases del Pbro. Luis Corral, Salesiano, Superior Provincial de los Salesianos en Centroamérica. Eco Católico 4-7-2010).

“Don Bosco tiene el secreto de la educación exitosa de tus hijos, y de la juventud, en una sociedad donde los valores están desapareciendo. Deben saberlo las instituciones que forman educadores, los profesionales de la educación, los centros educativos, las instancias gubernamentales que son responsables de la paz social, la policía, etc.etc.etc. Hay que proclamar a los cuatro vientos que no hay verdadera educación sin valores y sin fe en Jesús.


… Don Bosco tiene el secreto de la educación exitosa. Se ha demostrado su eficacia también en la reinserción de jóvenes pandilleros. Porque, como pudo comprobar el mismo Don Bosco cuando visitaba las cárceles de Turín (Italia), los jóvenes no son malos. Pero la carencia de una familia amorosa y los malos consejos que escuchan en una sociedad permisiva y corrrompida, producen en ellos esa desorientación y ese vacío que los empuja a caer en el vicio, en la violencia y, por último, en la prisión.

Pidamos al Señor, por intercesión del Padre y Maestro de la juventud, San Juan Bosco, que nos conceda una familia unida, una juventud sana de cuerpo y alma, y una sociedad próspera.


Jesús ordenó al hijo difunto de la madre viuda: “Joven, yo te lo digo: levántate” y le devolvió a la madre un hijo vivo. Pidamos al Señor, por intercesión de San Juan Bosco, que devuelva vivos a tantos padres y madres, aquellos hijos muertos espiritualmente por el vicio y la desesperanza; porque Don Bosco aprendió de Jesús El Maestro, el secreto de una educación exitosa”.

Hermanas y hermanos:

La visita de las reliquias de Don Bosco nos trae un mensaje muy importante. La Iglesia debe acercarse más a la juventud. Hoy día se pierde mucho tiempo en discusiones. Para unos la juventud es esperanza, para otros la juventud es un problema. No hay término medio: se les critica o se les alaba. Lo cierto es que la Iglesia debe evangelizar a los jóvenes. No es fácil hablar a los jóvenes y hablar con los jóvenes. Sus preguntas nos resultan desconcertantes y sus críticas nos desconciertan. El fenómeno juvenil es el reto más fuerte para una sociedad y para una Iglesia que deseen enfrentarse lucidamente con el futuro, y, el futuro no se hará sin ellos. Esta es la lección que nos dio y nos sigue dando Don Bosco.

María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
San Juan Bosco, ruega por nosotros.
Beata Sor María Romero, ruega por nosotros.

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