miércoles, 9 de diciembre de 2009







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…Y el cielo escuchó …

El Coro de los Heraldos del Evangelio de El Salvador decidió asumir el reto : elevar sus voces al Cielo para cantarle al niño Dios, realizar un concierto de gran categoría pese a sus no muy numerosos meses de formación y dedicación del mismo, demostrar la perfección y belleza de la Orden en sus actos, llenar de oyentes el mas grande salón de la capital, y convencer.

Llegar al elegante hotel Sheraton Presidente e introducirse en el lugar escogido vacío de personas con un mar de sillas, creaba en ciertas personas una especie de duda de si no era una misión demasiado ambiciosa. Pero los retos para los Heraldos han sido, son y serán el “ modus vivendi” propio de la Orden.

Una hora antes empezó a llegar personas de forma escalonada, luego continua, para transformarse en un ordenado aluvión que hizo insuficientes los mil cuatrocientos asientos. Era un buen comienzo…

Tras unas breves palabras de nuestro superior Padre Fernando Gioia en donde los animaba que no solamente recibiesen el concierto en un contexto artístico sino embutidos en la espiritualidad de la fecha que el mismo pretendía difundir, dio comienzo la obra teatral que precedía al mismo realizada por los mismos actores.

El rey infeliz que deseaba comprar su felicidad a través de las cosas terrenales, donde la busca de los zapatos del niño feliz que al hallarlo comprobaron que carecía de los mismos, nos dio una moraleja que la busca de la felicidad resulta muy difícil hallarla fuera de nosotros por en realidad todos la tenemos dentro de nosotros mismos cuando abrazamos al Señor y a sus enseñanzas.

El público, donde se encontraban importantes personalidades como el Nuncio Apostólico Monseñor L. Pessotto y el Obispo castrense Monseñor Fabio Colindres, disfrutó de la perfecta y graciosa actuación con unos trajes y decorados muy elaborados, entendiendo que dicha faceta complementa el apostolado. Los aplausos generosos dieron su felicitación .

Siguió a continuación el esperado concierto. No voy a negar que aunque nuestra fe en Coro es absoluta no dejamos de preocuparnos por cualquier circunstancia o error que pudiese restarle brillantez.

Al cabo de unos minutos las manos empezaban a dolernos de colaborar en los nutridos aplausos y acompañamientos que un público entregado, convencido, entendido y maravillado les brindaba.

Fue un hermoso recital con un compendio de villancicos de España, Francia, Alemania, Italia ect., algunos no tan conocidos como hermosos pero sin olvidar aquellos universales como el pequeño tamborilero o noche de paz. Las interpretaciones a tres o cuatro voces, la variedad de instrumentos ocupados en los mismos, el impresionante escenario central al que ayudaban las dos grandes pantallas laterales con un perfecta sonorización nos hizo emocionar de orgullo de como las cosas religiosas siguen teniendo una fuerza y carisma muy superior a cualquier actuación de figura de moda transitoria.

Previo a la bendición final que dió el Excmo. Nuncio Apostólico mencionó la importancia la labor de apostolado en El Salvador y el mundo de los Heraldos del Evangelio y su satisfación personal por las voces maravillosas de Coros tanto femenino como masculino que ha tenido la oportunidad de escuchar en El Salvador.

…Y respondiendo a las primeras preguntas de este breve informe el concierto llenó totalmente el salón, demostró y convenció en belleza , elegancia y voces de escogido repertorio de villancicos y sobre todo y primordialmente elevó sus voces al cielo para cantar al niño …

…” Y el cielo escuchó agradado …”

En Jesús y María

Carlos

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