Papa rinde un homenaje a la Virgen María en la Plaza España, en el centro histórico de Roma


Roma (Miércoles, 09-12-2009, Gaudium Press) "La presencia de la Virgen María en los diversos lugares de nuestras ciudades -en las iglesias, capillas, cuadros, mosaicos- nos habla de Dios, nos recuerda la victoria de la Gracia sobre el pecado y nos induce a tener esperanza aún en las situaciones más difíciles", afirmó ayer Benedicto XVI en la Plaza España, en Roma, donde tradicionalmente el Santo Padre rinde un homenaje a la Virgen María en la fiesta de la Inmaculada Concepción.

La solemnidad se celebra en la Iglesia Católica el 8 de diciembre para recordar el dogma de María promulgado por el Papa Pío IX. El Papa Benedicto XVI fue ayer a la Plaza España, donde se encuentra una imagen de la Virgen, después de la oración del Ángelus con los fieles en la Plaza de San Pedro.

La presencia de María en nuestras ciudades es "dulce y tranquilizadora" y nos recuerda que su hijo Jesucristo "venció el mal", dijo Benedicto XVI en la plaza romana y debajo de una fina lluvia. Según el Papa, la naturaleza de las ciudades, de una manera general, consta en "esconder" para después exponer a sus ciudadanos, "sin piedad, o con una falsa piedad". Sin embargo, destaca el Papa, "hay en cada hombre el deseo de ser acogido como persona y considerado como realidad sagrada, pidiendo respeto".

El Papa observó que todo ciudadano, "para el bien y para el mal", es un "actor", no un espectador de su espacio y su tiempo. La atmósfera y las condiciones de las ciudades dependen de todos, dice Benedicto XVI. "La ciudad está hecha de rostros, pero infelizmente las dinámicas colectivas pueden hacer desaparecer la percepción de la profundidad de estos rostros. De forma que vivimos una realidad superflua, con cuerpos sin alma".

María Inmaculada, a su vez, es Madre de todos los hombres y "nos ayuda a redescubrir y defender la profundidad de las personas, sus purezas, a dejar el pecado y abrirnos a Dios". El Santo Padre finalizó su homenaje a María pidiéndole a los romanos confiar en ella, para que la ciudad sea "más bella, más humana, más cristiana".

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