Nos hacemos viejos porque desertamos de nuestro ideal.Los años arrugan la piel, renunciar a un ideal arruga el alma


Uno de los grandes temores que angustian a los hombres sin fe , sin duda alguna, es el miedo a envejecer.
El cristianismo, por el contrario,reconoce esta suprema realidad que es el alma y da así , a la existencia del hombre un carácterque trasciende esta tierra y se vuelve para la eternidad.Hay mayores razones para vivir que la propia vida. Con estas vistas sobrenaturales, bien comprendemos como hombres de gran valor humano y espiritual, por ejemplo, San Juan Bosco, San Pío X o San Pío de Pietrelcina , caminaron con tanta seguridad,alegría y hasta ufanía en vías de la ancianidad.En cada uno el cuerpo envejeció, pero el espíritu permaneció joven, al estar siempre ellos vueltos para el supremo ideal que es la gloria de Dios y el bien del prójimo.
Samuel Ullman supo traducir esta cautivante cuestión tan bien solucionada por la enseñanza cristiana:
"La juventud no corresponde a un período de nuestra vida , en cambio sí corresponde a un estado de espíritu , un predicado sobre la imaginación,una intensidad emotiva, una victoria del coraje sobre la timidez , del gusto por la aventura sobre el amor al confort.No envejecemos por haber vivido cierto número de años.Nos hacemos viejos porque desertamos de nuestro ideal.Los años arrugan la piel, renunciar a un ideal arruga el alma.
La preocupaciones, las dudas, los temores y las desesperaciones, ellos son los enemigos que, lentamente , nos hacen inclinarnos hacia la tierra y volvernos polvo antes de la muerte.Joven es aquél que se asombra y se maravilla.
Serás tan joven cuanto lo sea tu fe, tan viejo cuando lo sea tu duda, tan joven cuanto sea tu confianza en si mismo , tan viejo cuanto lo sea tu abatimiento.
Un día en el caso de que tu corazón haya sido picado por el pesimismo y roído por el cinismo , Pueda Dios tener pena de tu pobre alma de anciano!
Padre Fernando Gioia.

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