jueves, 22 de octubre de 2009

Lluvia de milagros pro vida en los nuevos santos

Es toda una oleada de casos médicamente inexplicables que experimentaron mujeres embarazadas en casos límite, al borde de la muerte, y que han llevado a los altares a muchos santos en años recientes. Es como si Dios quisiera expresar con la abundancia de milagros su visión de la gestación y la maternidad, en la generación que ha visto extenderse el aborto.

Al Hermano Rafael, canonizado el pasado domingo, se le atribuye la curación milagrosa en la Navidad del 2000 de la madrileña Begoña León, a quien se practicó una cesárea de urgencia a los siete meses de gestación y a la que daban ya por muerta al acumular una eclampsia, un fallo hepático y hemorragias internas. Una amiga y los trapenses de Dueñas pidieron la intercesión del santo: el 6 de enero mejoraba sin explicación alguna.

El milagro que llevó a la beatificación de quien hoy es San Francisco Coll también involucra a una parturienta: en 1958, en Asturias, Justa Barrientos parecía estar a punto de morir tras una cesárea seguida de una peritonitis aguda. Ya preparaban su traslado para fallecer en su pueblo de León. Una reliquia bajo su almohada y una novena obraron el milagro. Nadie se explica la perfecta reconstrucción del colon de la paciente y su salud posterior.

Nacimiento milagroso

A San Frei Galvão, el primer santo brasileño, canonizado en 2007, se le atribuye el milagroso nacimiento del bebé de Sandra Grossi, de São Paulo, en 1999. Ella tenía un útero bicorde que le había causado tres abortos naturales. Sin embargo, con la oración a Frei Galvão y para asombro de los médicos nació un nuevo bebé por cesárea a los 8 meses.

El 6 de septiembre de 1995, en Venezuela, el bebé de Rafaela Mesa, aún por nacer, parecía muerto: no le latía el corazón, no había líquido amniótico. Los médicos provocaron la expulsión del feto muerto... que se puso a llorar. Es el milagro que beatificó a la Madre Candelaria de San José.

Los padres de Santa Teresita

Menos dramáticos pero igualmente inexplicables son los casos de curaciones de labio leporino, un defecto que hoy se arregla con cirugía, pero por el que muchas madres abortan a su hijo en Occidente. En el 2002, al bebé de Valentina Santiago se le detectó por ultrasonidos el labio leporino. La mujer pidió la intercesión del beato Rafael Guízar, un obispo mexicano muerto en 1938. El bebé nació sin la malformación, para asombro de los médicos. Desde 2006, San Rafael Guízar es el primer obispo mexicano santo. Se atribuye un caso similar a la beata María Romero, que le ocurrió en Costa Rica a una embarazada llamada María Solís.

Pero sin duda uno de los casos más famosos es el del pequeño italiano Pietro Schiliro, que nació en 2002 con un problema pulmonar que debería haberle matado. Sus padres rezaron una novena al matrimonio de Louis y Celine Martin, los padres de Santa Teresita de Lisieux. Los pulmones se arreglaron completamente y la ciencia se mostró incapaz de explicarlo. Los padres de Santa Teresita fueron beatificados el 19 de octubre de 2008.

Son sólo algunos de los casos asombrosos del siglo XX y XXI, médicamente acreditados ante la Congregación para la Causa de los Santos, casos que implican a madres y bebés en la era de la tecnología y del aborto.

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