Decreto confirma reconocimiento de dos nuevas Sociedades de Vida Apostólica por el Vaticano


Fotografía de la entrevista de Monseñor Juan Clá Dias con el Cardenal Rodé

Ciudad del Vaticano (Martes, 05-05-2009, Gaudium Press) Surgidas en el seno de los Heraldos del Evangelio y comulgando del mismo carisma, dos nuevas sociedades de vida apostólica, una clerical – Virgo Flos Carmeli – y otra femenina – Regina Virginum – recibieron recientemente la aprobación pontificia. Ella fue concedida por el Papa Benedicto XVI, en la audiencia del 4 de abril al Emmo. Cardenal D. Franc Rodé, Prefecto de la Congregación de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

El desarrollo de los Heraldos del Evangelio, actualmente con actuación en cerca de 70 países, llevó a la formación de un ramo sacerdotal y a la posterior constitución de la Sociedad Clerical de Vida Apostólica de Derecho Pontificio Virgo Flos Carmeli, con el “objetivo principal de santificar a los propios hermanos, así como a los adherentes de las instituciones co-hermanas de esta, según la práctica y el desarrollo de los respectivos carismas”, como se puede leer en el decreto de aprobación firmado por el Emmo. Cardenal D. Franc Rodé, el 21 de abril, p.p.

Virgo Flos Carmeli fue fundada “gracias a la intuición y celo evangelizador” de Mons. Juan Scognamiglio Clá Dias, E.P., habiendo sido erigida por el entonces obispo diocesano de Avezzano, Italia, Mons. Lucio Ángelo Maria Renna, O.Carm. el 15 de junio del 2006. Posteriormente, Mons. José Maria Pinheiro, obispo diocesano de Bragança Paulista, Brasil, donde se localiza actualmente la Casa Generalicia de la Sociedad, sumando su pedido al de decenas de otros hermanos en el episcopado, solicitó al Sumo Pontífice la aprobación pontificia de Virgo Flos Carmeli.

“La Sociedad – reza el mencionado decreto – nace en medio de una amorosa y pertinaz catequesis sobre la Iglesia y el Romano Pontífice, como también al respecto de la importancia de la sacralización, en toda extensión posible, de los valores de la vida temporal.”

Entre las notas salientes de su carisma, común al de los Heraldos del Evangelio, están una “esmerada práctica de la virtud de la fortaleza – sobre todo en defensa de la ortodoxia, de la pureza de las costumbres y del espíritu de jerarquía –, así como el empeño en reavivar en todos los hombres la distinción entre el bien y el mal, especialmente a través del pulchrum en sus más diversas formas de presentación.”

Se lee además en el decreto de aprobación que Virgo Flos Carmeli surge como “verdadera nova militia Christi en razón de la disciplina de vida de los hermanos, de su elevado espíritu de fe en el triunfo de la Santa Iglesia, con base en la entera entrega a Jesús Eucarístico a través de la maternal intercesión de la Santísima Virgen María, devociones ardorosas y fundamentales, a las cuales se agrega una profunda sumisión al Romano Pontífice y a la Jerarquía.”

A su vez, la Sociedad de Vida Apostólica de Derecho Pontificio Regina Virginum, cuyo decreto de aprobación fue firmado el día 26 de abril, en el cual se conmemora la festividad de la Madre del Buen Consejo, “nace como expresión del carisma de los Heraldos del Evangelio, aplicado a las especificidades de la vida femenina, empeñándose de modo particular en manifestar sus características propias en el mundo secularizado.” Esta sociedad conserva en su carisma las mismas características anteriormente descritas y específicas a la Sociedad Clerical de Vida Apostólica de Derecho Pontificio Virgo Flos Carmeli.

En nuestra época, en que se siente en muchas regiones la imperante falta de vocaciones sacerdotales y religiosas, que se dediquen a la nueva evangelización, constituye motivo de esperanza al desarrollo de tantos otros nuevos movimientos, suscitados por el Espíritu Santo, en el medio de los cuales florecen, también, numerosas vocaciones de vida consagrada.

Comentarios

Entradas populares de este blog

“Costa Rica marcha por la vida y la familia”;

Oro, incienso y mirra, son nuestra libertad, nuestra oración y nuestro afecto hacia Dios

Símbolos del Adviento: La Corona