Evangelio del domingo 15 de febrero de 2009


Mc 1,40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: - «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: - «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. El lo despidió, encargándole severamente: - «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a pre-sentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún Pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

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