La vida monástica, oportunidad para la Iglesia


“La vida monástica y su significado en la Iglesia y el mundo hoy” ha sido el tema de la Asamblea Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que celebra este año sus 100 años de vida.
El obispo de Metz en Francia, monseñor Pierre Raffin, nos dice que la disminución del número de monjes y monjas en el mundo tiene un impacto en la evolución del monaquismo.

“El monaquismo nació en Oriente y se desarrolló fuertemente en Europa Occidental; y desde hace algunos años es menos importante en Europa Occidental y Oriente, echa raíces en nuevas culturas en África, Asia, y también en el continente americano. Entonces el encuentro del monaquismo con estas nuevas culturas no es siempre una cosa fácil, y se puede decir que en ese ámbito aún no hemos encontrado la respuesta y la estamos buscando".

La vida monástica es una elección de vida libre y personal, pero no menos radical, lo que no es siempre evidente.

“Es más complicado vivir este radicalismo en un mundo de consumo donde las personas, antes de entrar en un monasterio se han acostumbrado a una determinada comodidad de vida. … tienen su automóvil, su celular, su ordenador”.

“Entonces hay una determinada ruptura con todas las facilidades que ofrece el mundo moderno y que no son condenables en sí y luego una ascesis, una ruptura, que es muy importante”.

¿Pero qué pueden aportar estas comunidades monásticas a la Iglesia actualmente? Mons. Raffin no vacila: su lugar es central y único…

“Históricamente hablando, la vida monástica ha sido la primera por lo tanto sigue siendo aún hoy la matriz de todas las demás formas de vida religiosa; y precisamente, por su mayor radicalismo, debe estimular las otras formas de vida religiosa”.

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