Récord de seminaristas estadounidenses en Roma


La vuelta de los seminaristas señala la llegada del otoño romano. En ningún lugar del mundo la Iglesia parece tan vibrante, juvenil y llena de energía como en Roma a finales de septiembre, cuando las caras nuevas con alzacuellos llenan las calles y atraviesan la ciudad hacia sus clases.

Un número significativo de estos futuros sacerdotes son estadounidenses que provienen de diócesis de los 50 estados y se alojan en el Colegio Pontificio Norteamericano, muy cerca de la basílica de San Pedro.

Este otoño, el Colegio Norteamericano (NAC) da la bienvenida a un número récord de seminaristas de primer año, 61. El número total de 208 estudiantes llevará al seminario al límite de su capacidad.

Los estudiantes viven en él, aunque van a la ciudad a asistir a las clases en la Universidad Gregoriana, dirigida por los jesuitas, o al "Angelicum", la universidad de los dominicos.

El colegio está situado en el monte Janículo, cerca de un hospital pediátrico y un aparcamiento que generan un gran tráfico de personas. En medio de este bullicio, el NAC ofrece un oasis de tranquilidad, oración y estudio.

El beato Pío IX, a pesar de los duros problemas internos que tuvo que afrontar durante la unificación de Italia, demostró su preocupación pastoral por la Iglesia en Estados Unidos al proponer la idea de fundar un seminario en Roma para la formación de sacerdotes estadounidenses.

El Santo Padre intuyó que Roma podía enseñar a estos jóvenes la universalidad de la Iglesia, la larga historia y tradición de la cristiandad y el magisterio del sucesor de San Pedro. Para agilizar el plan, el Papa donó el primer trozo de terreno para el colegio.

El 8 de diciembre de 1859, se abrió la primera sede del Colegio Norteamericano en la Casa Santa María, cerca de la fuente de Trevi, dedicada a la Inmaculada Concepción.

Tras la unificación de Italia, el Estado italiano intentó confiscar la Casa Santa María como hizo con otras propiedades de la Iglesia. Sólo la intervención del presidente estadounidense Chester Arthur, a petición de los obispos norteamericanos, pudo salvar la propiedad.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, las vocaciones de Estados Unidos aumentaron hasta el punto de que la Casa Santa María no podía alojar a todos los seminaristas, de modo que el colegio se trasladó al parque de Villa Gabrielli. La nueva sede, que disfruta el estatus de propiedad extraterritorial del Estado de la Ciudad del Vaticano, fue inaugurada el 8 de diciembre de 1952 por Pío XII.

La estructura del edificio fue diseñada por el conde Enrico Pietro Galeazzi en un estilo orientado a aprovechar el aire puro y la naturaleza del lugar. Aunque sencillo y austero, los amplios corredores y grandes ventanales permiten el paso de la luz y el aire, y los patios ofrecen la serenidad de la naturaleza para la oración.

El centro de la estructura consta de una capilla a varios niveles. En el nivel inferior está la cripta, mientras que el segundo cuenta con una serie de altares laterales donde los sacerdotes pueden aprender a celebrar su primera misa. El conde Galeazzi eligió ser sepultado en esta capilla, rodeado por las oraciones de los jóvenes seminaristas.

La capilla superior está dedicada a la Inmaculada Concepción. El amplio espacio está lleno de una mezcla de estilos modernos, una especie de universalidad de la expresión artística. Desde relieves en piedra sobre los sacramentos, en un altar inspirado en el románico, a las vidrieras e interpretaciones expresionistas del Nuevo y Antiguo Testamento, la capilla ofrece la tradicional decoración eclesial realizada en estilo contemporáneo.

La capilla está dominada por un mosaico de la Inmaculada Concepción diseñado por el conde Galeazzi. Representa a la Virgen sobre una luna creciente, bendiciendo con la mano derecha y portando en la izquierda un globo rematado por la cruz. Sobrevuelan sobre ella ángeles llevando lirios y una corona, mientras que en la parte inferior aparecen los santos Gregorio Magno, Francisco de Paula, Juan María Vianney y Pío X.

Al igual que el arte de la capilla, estos santos representan la fe y devoción a lo largo de los siglos de la Iglesia.

Otra obra digna de ver es un impresionante mosaico que en el pasado estuvo situado en la entrada. Diseñada por el arquitecto italiano Nello Ena, para la inauguración de la nueva sede en 1953, la obra representa la anterior residencia de los seminaristas, la Casa Santa María y fue realizada por el taller de mosaico vaticano.

Un campanil en estilo medieval sobre un templete con una imagen de la Virgen, pórticos, columnas honoríficas y antiguas ruinas dan idea de la densidad de los estratos de historia que han construido Roma y la Iglesia.

Esta apreciable obra de arte fue donada por Claire Boothe Luce, cuya vida es también un mosaico de dones y reconocimientos. Empezó como modelo y actriz antes de empezar a escribir. Brillante autora, varias de sus obras obtuvieron la aprobación de la crítica.

Tras su matrimonio con Henry Luce, editor de Time y de la revista Life, Claire Boothe Luce volvió al periodismo. De allí a la política había sólo un paso.

Se convirtió al catolicismo en 1946 y escribió sobre su conversión en una serie de artículos para la revista McCall. En 1953, se convirtió en embajadora de Estados Unidos en Italia. Una de sus primeras decisiones a su llegada fue encargar el mosaico como un regalo a los seminaristas para su nueva residencia.

A través de las alegres caras de los futuros sacerdotes estadounidenses, la unión de antiguo y moderno y la miríada de historias personales, el Colegio Norteamericano representa todo lo bueno que puede ofrecer Estados Unidos.

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