El fariseo y el publicano


Escribe Monseñor João Clá Dias, E.P. (*)
A la misma hora y con el mismo empeño de rezar, suben al Monte Moriah, donde se localiza el Templo, dos hombres: un fariseo y un publicano (Lc 18, 9-14). El primero pertenecía a la clase que tuvo un origen virtuoso, sin embargo, por falta de vigilancia y ascesis cayó en una de las más peligrosas vanidades: la que se junta al deseo de perfección. El segundo pertenecía a la clase considerada por todos como pecadora, odiada por cobrar impuestos para los romanos.
Según el juicio humano, el fariseo es justo, lleno de virtud y piadoso, y ciertamente dirá una excelente oración. El otro, por el contrario, pecador tan despreciable, no conseguirá sino atraer sobre sí el escándalo de todos y la cólera del propio Dios.

"Te doy gracias, oh Dios porque no soy como los otros hombres..." rezó el fariseo. Nada mejor que dar gracias a Dios. Es piadoso y meritorio, pero esta impostación de espíritu debe proceder de un vigoroso sentimiento de nuestras flaquezas y miserias, como también de la adoración a Dios por su infinita misericordia. No es, por lo tanto, esa acción de gracias del fariseo; él se exalta a sí propio e insulta a todos los otros.

El publicano demostró ya actitud, espíritu y palabras completamente diferentes de las asumidas y formuladas por el fariseo. En él es todo humildad, contrición y pedido de clemencia. Usando una costumbre que ya no se ve más en las iglesias, se golpeaba el pecho sin respeto humano. Contrariamente a las "modas piadosas" de hoy, nada de liviandad de espíritu, de disipación o de perpetua agitación; hablaba a Dios. Bien diferente de otros que en la actualidad, entran en las iglesias sin haber hecho siquiera una oración. Muchos ejemplos nos da el publicano, inclusive en lo que se refiere a la sustancia de su pedido: "Mi Dios, ten piedad de mí que soy pecador".

La parábola nos puede ser bien útil para un provechoso exámen de conciencia: hasta dónde somos humildes cómo el publicano? O habrá en nuestras almas, algún trazo del espíritu farisaico?
Publicado en Boletín "María Reina de los Corazones" N°. 36, Octubre 2008.

(*) Fundador y Presidente General de los Heraldos del Evangelio

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