La cruz no es facultativa sino una misión que debe abrazarse con amor, dice el Papa

Este medio día miles de fieles y peregrinos se dieron cita en Castelgandolfo para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien en sus palabras introductorias a la oración mariana recordó que ante el mal, la única respuesta es la fuerza del amor que vence al odio por lo que para todo cristiano llevar la Cruz no es algo facultativo sino una misión que debe ser abrazada con amor.

El Pontífice meditó sobre el Evangelio de hoy dirigiéndose a la figura del Apóstol Pedro, quien “mientras el domingo pasado admiramos por su sincera fe en Jesús, proclamado Mesías e Hijo de Dios, esta vez muestra una fe aún inmadura y demasiado apegada a la ‘mentalidad de este mundo’”.

“Es evidente que el Maestro y el discípulo siguen dos modos de pensar opuestos. Pedro, según una lógica humana, está convencido que Dios no permitiría nunca que su Hijo termine su misión muriendo en la cruz. Jesús, por el contrario, sabe que el Padre, en su inmenso amor por los hombres, lo ha enviado a dar la vida por ellos, y que si esto implica la pasión y la cruz, es justo que así sea”, precisó el Papa.

Asimismo, el Santo Padre hizo notar que Jesús “sabe que la última palabra será la resurrección. La protesta de Pedro, si bien es pronunciada de buena fe y por sincero amor hacia el Maestro, es vista por Jesús como una tentación, una invitación a salvarse a sí mismo, cuando solamente perdiendo su vida podrá recibir la nueva y eterna vida para todos nosotros”.

Continuando con su meditación, Benedicto XVI recordó que “si para salvarnos, el Hijo de Dios ha tenido que sufrir y morir crucificado, no es ciertamente por un cruel designio del Padre celeste” sino que se debe a la “gravedad de la enfermedad de la que nos tenía que curar: un mal tan serio y mortal al punto de exigir toda su sangre”.

“En efecto –prosiguió– es con su muerte y resurrección que Jesús ha vencido al pecado y a la muerte restableciendo la señoría de Dios. Pero la lucha no ha terminado: el mal existe y resiste todas las generaciones hasta nuestros días. ¿Qué son los horrores de la guerra, la violencia contra los inocentes, la miseria y la injusticia con los débiles, sino la oposición del mal al reino de Dios? ¿Y cómo responder a tanta maldad si no es con la fuerza desarmada del amor que vence el odio, de la vida que no teme la muerte?”

Más adelante el Papa destacó que para cumplir la obra de salvación el Redentor llama a hombres y mujeres a tomar la cruz y seguirlo y que “para los cristianos el llevar la cruz no es algo facultativo, sino una misión que debe ser abrazada por amor. Cristo no cesa de proponer a todos una clara invitación: quien quiere ser mi discípulo, que renuncie al propio egoísmo y lleve conmigo la cruz”.

Seguidamente, el Santo Padre rezó el Ángelus, saludó a los presentes en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica.

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