JMJ- Benedicto XVI en la vigilia de oración con los jóvenes en el hipódromo de Randwick

Benedicto XVI ha presidido la vigilia nocturna de oración que precede la misa con la cual culminará mañana la Jornada Mundial de Juventud de Sydney 2008. Una vez más ha resonado la gran promesa de Cristo: «cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza», y su mandato: «seréis mis testigos... hasta los confines del mundo» (Hch 1, 8). El Papa ha evocado las últimas palabras que Cristo pronunció antes de su ascensión al cielo, recordando que el Espíritu Santo es quien dirige y define nuestro testimonio sobre Jesucristo, aunque de modo silencioso e invisible.

En el hipódromo de Randwick, con los miles y miles de jóvenes que le acompañan en esta cita y, reunidos ante la Cruz, que tanto ha viajado, y el icono de María, el Papa ha asegurado sus oraciones por todos ellos y por los jóvenes de todo el mundo. Tras alentarlos a dejarse inspirar por el ejemplo de sus Patronos, a acoger en su corazón y en su mente los siete dones del Espíritu Santo, a reconocer y creer en el poder del Espíritu Santo en sus propias vidas, el Santo Padre ha destacado que «como hijos de la luz de Cristo», «damos testimonio del esplendor que ninguna tiniebla podrá vencer en nuestro mundo que, en muchos aspectos, es frágil, dividido y fragmentario.

El Espíritu Santo impulsa a los cristianos a ofrecer esperanza de paz, restablecimiento y armonía. Él guía a la Iglesia por el camino de la verdad plena, en la comunión y en servicio del ministerio (cf. Lumen gentium, 4). Benedicto XVI ha alentado a los jóvenes a estar vigilantes y a escuchar. Oyendo, a través de las disonancias y las divisiones del mundo, la voz acorde de la humanidad. Desde el niño abandonado en un campo de Darfur a un adolescente desconcertado, a un padre angustiado en un barrio periférico cualquiera, o tal vez ahora, desde lo profundo de vuestro corazón, se alza el mismo grito humano que anhela reconocimiento, pertenencia, unidad.

El papel del Espíritu Santo es el de realizar la obra de Cristo. Enriquecidos con su dones, es posible tener la fuerza de ir más allá de las visiones parciales, de las utopías, de la precariedad fugaz, para ofrecer la coherencia y la certeza del testimonio cristiano. Recordando el Credo y a san Agustín, el Papa ha señalado que el Espíritu Santo, con delicadeza, pero también con determinación, nos atrae hacia lo que es real, duradero y verdadero. El Espíritu es quien nos devuelve a la comunión con la Santísima Trinidad. Una unidad de comunión vivida como amor que permanece: «Queridos jóvenes, ya hemos visto que el Espíritu Santo es quien realiza la maravillosa comunión de los creyentes en Cristo Jesús. Fiel a su naturaleza de dador y de don a la vez, él actúa ahora a través de vosotros. Inspirados por las intuiciones de san Agustín, haced que el amor unificador sea vuestra medida, el amor duradero vuestro desafío y el amor que se entrega vuestra misión».

La Iglesia debe crecer en unidad, debe robustecerse en la santidad, rejuvenecer y renovarse constantemente (cf. Lumen gentium, 4). Con los criterios del Espíritu Santo, que Benedicto XVI ha invitado a invocar: “Me siento muy feliz de estar con vosotros. Invoquemos al Espíritu Santo: él es el autor de las obras de Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 741). Dejad que sus dones os moldeen. Al igual que la Iglesia comparte el mismo camino con toda la humanidad, vosotros estáis llamados a vivir los dones del Espíritu entre los altibajos de la vida cotidiana. Madurad vuestra fe a través de vuestros estudios, el trabajo, el deporte, la música, el arte. Sostenedla mediante la oración y alimentadla con los sacramentos, para ser así fuente de inspiración y de ayuda para cuantos os rodean. En definitiva, la vida, no es un simple acumular, y es mucho más que el simple éxito. Estar verdaderamente vivos es ser transformados desde el interior, estar abiertos a la fuerza del amor de Dios. Si acogéis la fuerza del Espíritu Santo, también vosotros podréis transformar vuestras familias, las comunidades y las naciones. Liberad estos dones. Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los signos de vuestra grandeza”.

Con grandes manifestaciones de fe y alegría, los jóvenes fueron acogiendo las palabras de Benedicto XVI, también cuando fue saludando y exhortando en otras lenguas. Ésta ha sido la exhortación que Benedicto XVI ha dirigido en lengua española:

Queridos amigos, el Espíritu Santo dirige nuestros pasos para seguir a Jesucristo en el mundo de hoy, que espera de los cristianos una palabra de aliento y un testimonio de vida que inviten a mirar confiadamente hacia el futuro. Os encomiendo en mis plegarias, para que respondáis generosamente a lo que el Señor os pide y a lo que todos los hombres anhelan. Que Dios os bendiga.

Después de una semana de actividades y eventos los jóvenes han realizado este camino de peregrinación para celebrar la vigila nocturna, el pernoctar bajo las estrellas del sur, y compartir la misa conclusiva de la JMJ, este domingo, con el Santo Padre. Música, testimonios y otras actuaciones en preparación de la vigilia… Antes de comenzar, se realizó una presentación multimedial de los eventos de la JMJ en la que se proyectó un resumen de todo lo ocurrido en estos días. Los peregrinos revivieron de este modo el gozo y los mensajes.

La vigilia nocturna es la culminación de los eventos de la JMJ y la inmediata preparación para la misa final con el Papa. Es como un puente entre la invitación a ir a dar testimonio y el campo en el cual ir a actuar… La vigilia explora los temas de los siete dones del Espíritu Santo, y la manera en la cual este obra para cambiar la vida de los peregrinos como Jesús prometió y el Papa ha repetido en su elección del tema de la jornada: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos”… En estas horas la atmósfera es de gozosa celebración en la acción del Espíritu Santo y de constante meditación orante. En oración, música y movimiento se crea una atmósfera que invita a los peregrinos a ser más receptivos al Espíritu Santo. ellos están llamados ¡a ser testimonios de Cristo!

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