Príncipe Naruhito y los Heraldos del Evangelio


El príncipe en Marigá: 5 mil en el Parque del Japón a la espera del heredero del Trono del Crisantemo

La legendaria paciencia oriental fue probada durante la visita del príncipe Naruhito a Maringá. Devido al atraso ocurrido en la agenda del príncipe en Rolandia, donde aconteció la fiesta oficial del Centenario de la Imigración en Paraná, japoneses y descendientes de japoneses, algunos con edad avanzada, soportaron la caída de la temperatura y la llegada de la noche sentados en un silencio en una tienda del Parque de Japón hasta las 18h30. Cuando finalmente el heredero del trono japonés llegó, encendió los ánimos de quienes esperaron desde el comienzo de la tarde. La apariencia de cansancio fue repentinamente substituida por grandes sonrisas y hasta gritos de alegría. Naruhito llegó a Maringá para conocer el complejo turístico y deportivo Parque del Japón, que está siendo construido por el gobierno federal y la prefectura de Maringá en un área de 100 mil metro cuadrados en el Jardín Itaipú. El debió inaugurar el monumento al Centenario de la Inmigración y plantar un árbol en el jardín japonés, pero debido al atraso, se limitó a acompañar debelar la placa simbólica del monumento creado por el arquitecto maringaense Marcos Kenji, que representa la llegada de los primeros inmigrantes japoneses y a la integración con el pueblo brasileño.
De las cerca de 5 mil personas que pasaron la tarde en el Parque del Japón, la mayoría eran brasileños, que también querían participar del momento histórico.
"Para los japoneses y descendientes de más edad, esa espera es un prueba de reverencia que tiene la familia imperial", explicó Mariana Fujisawa, que nación en Brasil y estudió en Japón. Según ella, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Japón fue destruido, el emperador abrió la mano de su divinidad y asumió la humanidad. Pero los más antiguos, aunque sabían de eso, aún mantienen la reverencia a la divinidad, de modo que el poder estar próximo de alguien de la familia imperial es un momento muy especial. Para el pionero Toshiro Kubora, de 85 años, hace 59 años que vive en Maringá, "no fue ningún sacrificio esperar". Según él, fue un momento importante, una tarde de fiesta en que se encontró con viejos amigos que no veía hacía muchos años. Kubota era invitado especial para la fiesta y pudo esperar al príncipe en una tienda que juntó a más de 200 de los primero japoneses y descendientes que llegaron a Maringá. El fue un de los que lloraron cuando las flautas y clarinetes de la banda de los Heraldos del Evangelio interpretaron el Hinmo del Japón.
"Compensó esperar. Fue un de los momentos más importantes de mi vida", decía sonriente la pionera Kasuto Morita, de 80 años, nacida en Japón, traída a Brasil con 6 años de edad y moradora hace 40 en Maringá. Ella fue una de las personas que recibió un apretón de mano del príncipe.

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