AÑO PAULINO, inicia con Misa solemne de los santos apóstoles Pedro y Pablo en la basílica vaticana

Benedicto XVI, en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo ha concelebrado esta mañana la Misa solemne en la basílica vaticana en la que ha participado el Patriarca Ecuménico Bartolomé I. Durante la ceremonia litúrgica, el Pontífice ha impuesto el palio (estola símbolo de la dignidad arzobispal y de la unión con el Papa) a 40 arzobispos metropolitanos nombrados en este último año, que han concelebrado la liturgia eucarística con el Santo Padre. Entre ellos se encontraba el español Mons. Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Tudela.

El Patriarca Ecuménico ha sido acogido por el Papa antes de empezar la liturgia eucarística, a la entrada de la misma Basílica de San Pedro. Ambos, Bartolomé I y Benedicto XVI han pronunciado sendas homilías, y han recitado juntos la profesión de fe, impartiendo al final la bendición. Durante la misa el patriarca de Constantinopla, primo inter pares entre los patriarcas ortodoxos, ha recitado junto al Papa el credo niceno en lengua original griega, según el uso litúrgico de las Iglesias bizantinas, como gesto de ecumenismo.

En su homilía, Benedicto XVI ha recordado que ya desde la antigüedad la Iglesia de Roma celebra la solemnidad “de los grandes Apóstoles Pedro y Pablo, como única fiesta en el mismo día”. “A través de su martirio -ha dicho- ellos se han convertido en hermanos, y juntos, son los fundadores de la nueva Roma cristiana”. Mediante el martirio, la fe y el amor que ambos profesaron, los dos apóstoles nos indican donde está la verdadera esperanza. “Y son fundadores de un nuevo tipo de ciudad, que debe formarse siempre de nuevo en medio de la vieja ciudad humana, la cual queda amenazada por las fuerzas del pecado y del egoísmo de los hombres.

“En virtud de su martirio, Pedro y Pablo están en recíproca relación para siempre. Una imagen preferida de la iconografía cristiana es el abrazo de los dos Apóstoles en camino hacia el martirio. Podemos decir: su martirio, en lo más profundo, es la realización del abrazo fraterno. Ellos mueren por el único Cristo y, en el testimonio por el cual dan la vida, son una sola cosa”.

“Al menos dos veces Pedro y Pablo se encontraron en Jerusalén; luego el camino de ambos los lleva a Roma”, ha dicho el Papa. ¿Pero por qué los dos llegaron a Roma? Pablo vino voluntariamente a la capital del imperio. Para él se trataba de una etapa en su camino hacia España, hacia el extremo de la tierra, según el concepto entonces del mundo.

“Pablo considera que su misión es la realización del mandato recibido por Cristo de llevar el Evangelio hasta los últimos confines del mundo entonces conocido. En mitad de este recorrido se encuentra Roma”.

“Para Pablo, que a menudo llega a los lugares donde el Evangelio todavía no ha sido anunciado, Roma es una excepción”, ha explicado Benedicto XVI. “Llegar a Roma forma parte de la universalidad de su misión como enviado a todos los pueblos. Ir a Roma para él es la expresión de la catolicidad de su misión. Roma debe hacer visible la fe a todo el mundo, debe ser el lugar del encuentro de la única fe”.

El Apóstol Pedro, en cambio, que según la orden de Dios, fue el primero en abrir la puerta a los paganos, dejó la presidencia de la Iglesia cristiano-judaica al Apóstol Jaime, el menor, para dedicarse a su verdadera misión: el ministerio para la unidad de la única Iglesia de Dios formada por judíos y paganos.

Si el deseo de san Pablo de ir a Roma, ha afirmado el Papa, subraya la palabra “católica”. El camino de san Pedro hacia Roma, como representante de los pueblos del mundo, está bajo la palabra “una”. Su tarea es crear la unidad de la Iglesia de todos los pueblos.

“Es ésta la misión permanente de Pedro: hacer que la Iglesia no se identifique nunca con una sola nación, con una sola cultura, o con un único estado. Que sea siempre la Iglesia de todos. Que reúna a la humanidad más allá de cualquier frontera y, en medio de las divisiones de este mundo, haga presente la paz de Dios, la fuerza reconciliadora de su amor”.

Gracias a la técnica, a la red mundial de información, y a la globalización existen hoy en el mundo maneras nuevas de unidad, ha señalado el Papa. Pero, sin embargo, estos intereses comunes provocan también nuevos contrastes. “En medio de esta unidad externa, basada en las cosas materiales, tenemos gran necesidad de unidad interior, aquella que proviene de la paz de Dios”. Luego, Benedicto XVI dirigiéndose a los 40 arzobispos metropolitanos a los que ha impuesto el palio, les ha hablado de sus nuevas responsabilidades. Y les ha recordado que “el palio, tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma cada año bendice en la fiesta de la Cátedra de Pedro, es el símbolo del rebaño de Cristo, que ellos presiden”.

“Cuando nos ponemos el palio sobre los hombros -ha dicho el Papa- aquel gesto nos recuerda el Pastor que toma sobre sus hombros a la oveja perdida”. “Los padres de la Iglesia han visto en aquella oveja la imagen de toda la humanidad que se ha perdido y que no encuentra el camino de casa”, ha explicado el Santo Padre. “El palio se convierte así en el símbolo de nuestro amor por el Pastor de Cristo y, nuestro amar junto a Él se convierte en símbolo de la llamada a amar a los hombres como los ama Cristo.

Benedicto XVI ha señalado después un segundo significado del “palio”, inseparable del primero: “la colegialidad”. “Nadie es único Pastor -ha afirmado- todos somos sucesión de los Apóstoles”. “La comunión entre nosotros forma parte del ser Pastores y lleva a la comunión con Pedro y con su sucesor como garantía de la unidad”

“De este modo el palio nos habla de la catolicidad de la Iglesia, de la comunión universal de Pastores y rebaños. Y nos remite a la apostolicidad: a la comunión con la fe de los Apóstoles, sobre la que se funda la Iglesia. Nos habla de la ecclesia una, catholica, apostolica y naturalmente, uniéndonos a Cristo, nos habla precisamente del hecho de que la Iglesia es sancta y que nuestro operar es un servicio a su santidad”.

Bartolomé I guía la delegación fraterna de la Iglesia de Constantinopla
La gran fiesta de los santos Pedro y Pablo, patronos de esta Iglesia de Roma ha traído este año la grata presencia de una delegación fraterna de la Iglesia de Constantinopla, que este año, por la coincidencia con la apertura del Año Paulino está guiada por el mismo Patriarca, Su Santidad Bartolomé I.

El Patriarca ha pronunciado también esta mañana una homilía en la que en primer lugar ha querido recordar la personal participación de Benedicto XVI en el Fiesta Patronal de Constantinopla, en la memoria del apóstol san Andrés.

“Festejamos la memoria de Pablo – ha dicho Bartolomé I- el 29 de junio en Occidente y en Oriente”, pero en Oriente los días precedentes a esta festividad y según una tradición antigua se preparan mediante el ayuno observado en honor del apóstol de los gentiles.

El Patriarca de Constantinopla ha hablado también del diálogo teológico entre ambas iglesias “en fe, verdad y amor”, gracias a la ayuda divina y que continúa avanzando a pesar de las notables dificultades y problemáticas que todavía subsisten. Bartolomé I ha expresado su deseo y ha asegurado sus oraciones para que estas dificultades sean superadas y que los problemas disminuyan lo más rápido posible para alcanzar el objeto del deseo final para gloria de Dios.

Su Santidad Bartolomé I se ha declarado conocedor del trabajo personal de Benedicto XVI en este sentido, que no dejará ningún cabo suelto junto a sus ilustres colaboradores a través de un perfecto allanamiento del camino hacia un logro positivo de los trabajos del diálogo.

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