Hoy en la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se celebra la Jornada mundial de oración por la Santificación de los Sacerdotes

En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se celebra hoy la Jornada mundial de oración por la Santificación de los Sacerdotes. Para esta ocasión, el cardenal Claudio Humes, prefecto de la Congregación para el Clero, ha escrito una carta a los hermanos en el sacerdocio a los que invita a contemplar una vez más el misterio de la encarnación del Verbo.
“Contemplando de nuevo la perfecta y fascinante humanidad de Jesucristo -escribe el cardenal Humes- se puede dejar que él ilumine y colme ese abismo de necesidad que es nuestra humanidad, con la certeza de la esperanza encontrada, y con la seguridad de la Misericordia que abarca nuestros límites”.
El prefecto de la Congregación para el Clero recuerda la prioridad de la oración. “De la relación personal de cada uno con Jesús depende en gran medida la misión de la Iglesia. Por tanto, la misión debe alimentarse con la oración”. “Somos presbíteros por el sacramento del Orden, el acto más elevado de la Misericordia de Dios y a la vez de su predilección”.

En segundo lugar -señala el purpurado- que la dimensión más auténtica del sacerdocio es la mendicidad: la petición sencilla y continua, que se aprende en la oración silenciosa, que siempre ha caracterizado la vida de los santos.

Y la tercera medida de santa vocación que recomienda el cardenal Humes es la de la radicalidad: “la entrega total, que sólo puede llevarse a cabo como una decisión renovada y orante que luego Cristo realiza día tras día.” El prefecto del dicasterio del clero invita a los sacerdotes a ser fieles a la celebración diaria de la santísima Eucaristía y a la adoración eucarística diaria.

Nuestra identidad sacerdotal -dice- está edificada y se renueva día a día en la «conversación» con nuestro Señor. La relación con él, siempre alimentada en la oración continua, tiene como consecuencia inmediata la necesidad de hacer partícipes de ella a quienes nos rodean. Y señala finalmente que es precisamente “el pueblo que nos ha sido encomendado, el camino imprescindible para nuestra santidad, es decir, el camino en el que Cristo manifiesta la gloria del Padre a través de nosotros”.

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