El Papa preside el rezo del Rosario en la Basílica de Santa María la Mayor, para habrir el mes de Mayo


La paz en el mundo, la unidad de los cristianos y el diálogo entre todas las culturas, fueron las intenciones que el Papa confió a los fieles que participaron, esta tarde, en la rezo del Santo Rosario, que presidió en la basílica de Santa María la Mayor, abriendo con esta celebración el mes dedicado a la Virgen María. Al final de la oración mariana, el Santo Padre dirigió unas palabras de agradecimiento a los presentes, y en particular, a su Vicario para la Diócesis de Roma, cardenal Camilo Ruini y al Cardenal Bernard Francis Law, Arcipreste de la basílica donde se venera la imagen de María Salus Populi Romani.

El Santo Padre reconoció que esta invitación a guiar el Santo Rosario en el primer sábado del mes de mayo le hizo recordar esta bella tradición que vivió desde su infancia. De hecho, explicó el Papa, en la experiencia de su generación “las noches de mayo evocan dulces recuerdos ligados a las citas vespertinas para rendir homenaje a la Virgen”, en los patios de las casas y las plazas de los pueblos.

Benedicto XVI enfatizó que hoy por hoy, juntos podemos confirmar que “el santo Rosario no es una pía práctica relegada al pasado, como oración de otros tiempos en los que pensar con nostalgia”. En cambio, agregó el Papa, “el Rosario está conociendo casi una nueva primavera” y esto es, sin duda, “uno de los signos más elocuentes del amor que las jóvenes generaciones nutren por Jesús y por su Madre, María”.

“En el mundo actual tan disperso, esta oración nos ayuda a poner a Cristo en el centro, como hacía la Virgen, que meditaba interiormente todo aquello que decía su Hijo, y luego aquello que Él hacía y decía. Cuando se reza el Rosario, se reviven los momentos importantes y significativos de la historia de la salvación, se recorren las varias etapas de la misión de Cristo”.

El Papa subrayó que junto a María se orienta el corazón al misterio de Jesús, se coloca a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro tiempo y de nuestras ciudades mediante la contemplación la meditación de sus santos misterios de alegría, de luz, de dolor y de gloria. Y así el Papa invocó a la Virgen.

“Nos ayude María a acoger en nosotros la gracia que emana de estos misterios, para que a través de nosotros, pueda irrigar a la sociedad a partir de las relaciones cotidianas, y purificarla de tantas fuerzas negativas abriéndola a la novedad de Dios. El Rosario, cuando es rezado de manera auténtica, no mecánica y superficial sino profunda, trae paz y reconciliación. Contiene en sí la potencia sanadora del Nombre santísimo de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada Ave María.

Benedicto XVI invitó a los fieles a agradecer a Dios que nos ha concedido el poder vivir esta bella gracia en las próximas tardes de este mes mariano, y aunque estemos distantes, cada uno en sus propias familias y comunidades podrán sentirse igualmente cercanos y unidos en la oración. Y recordando que en estos días nos estamos preparando para la solemnidad de Pentecostés, el Papa exhortó a permanecer unidos a María invocando para la Iglesia una renovada efusión del Espíritu Santo, y como en los orígenes, pidiendo a María Santísima que ayude a los fieles de cada comunidad cristiana a formar “un solo corazón y una sola alma”.

“Les confío las intenciones más urgentes de mi ministerio, las necesidades de la Iglesia, los grandes problemas de la humanidad: la paz en el mundo, la unidad de los cristianos, el diálogo entre todas las culturas”.

Por último, el Papa se dirigió a la iglesia que vive en Roma y en Italia para que rece por los objetivos pastorales de las Diócesis y por el desarrollo solidario del país, pero también por el bien de todos aquellos que a través de la radio y de la televisión, en especial los enfermos, se han unido a esta oración, impartiendo a todos su bendición apostólica.

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