Corpus Christi: el Papa resalta el acto de “arrodillarse en adoración ante el Señor”


Es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y de hoy, porque quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por muy poderoso que sea
Benedicto XVI ha celebrado esta tarde la Santa Misa en la solemnidad del Corpus Christi y ha centrado su homilía en los gestos fundamentales de esta celebración que primero nos ve reunidos en torno al altar del Señor, después partícipes en la procesión, caminando con el Señor y por último prevé arrodillarse ante el Señor, “la adoración, –ha dicho el Papa- que comienza en la Misa y acompaña toda la procesión, pero culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postraremos ante Aquel que se ha inclinado ante nosotros y ha dado incluso su vida “. El Pontífice ha subrayado cómo en la expresión paulina “todos vosotros sois uno en Jesucristo” reside la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, “la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta en torno a la Eucaristía”. “Aquí se reúnen ante la presencia del Señor personas de distintas edades, sexos, condiciones sociales, ideas políticas. La Eucaristía no puede ser nunca un ámbito privado, reservado a personas que se ha elegido en función de la afinidad o la amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo”. Subrayando el hecho de que esta reunión tiene el factor común de la fe, el Papa ha resaltado que “estamos unidos más allá de nuestras diferencias de nacionalidad, de profesión, de pertenencia social, de ideas políticas”, y que precisamente ésta ha sido, “desde el inicio, una característica del cristianismo puesta en práctica en torno a la Eucaristía y es necesario vigilar siempre para que las recurrentes tentaciones de particularismos no nos conduzcan en sentido opuesto”. En cuanto al segundo aspecto constitutivo de esta celebración, es decir, la procesión, el caminar con el Señor, el Santo Padre ha resaltado que “la Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección. Porque no es suficiente caminar hacia adelante, sino que es necesario conocer la dirección. “No basta el progreso, si no existen criterios de referencia. Es más, si se corre fuera del camino se corre el riesgo de terminar en un precipicio, o de alejarse con más rapidez de la mete. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos: Él mismo se ha hecho camino y ha venido a caminar con nosotros, para que nuestra libertad tenga también el criterio para discernir el camino justo y recorrerlo”. Los diez mandamientos ha sido el ejemplo concreto elegido por el Papa par explicar el sentido del tercer elemento constitutivo del Corpus Domini: “arrodillarse en adoración ante el Señor”. Porque adorar al Dios de Jesucristo, hecho pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y de hoy, Arrodillarse ante la Eucaristía e profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por muy poderoso que sea. Nosotros cristianos nos arrodillamos sólo ante el Santísimo Sacramento, porque en él está presente el único y verdadero Dios, que ha creado el mundo y que lo ha amado tanto para ofrecer a su Hijo unigénito”.

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