jueves, 8 de septiembre de 2011

NATIVIDAD DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

Universal ( 8 de septiembre)

 
 
La Iglesia conmemora el cumpleaños de la Madre de Dios el 8 de septiembre, aunque nuestra Madre Bendita, en varias Apariciones y videncias informó que ELLA nació el 5 de agosto. 
 
A santa Ana y san Joaquín se los considera los padres de la Santísima Virgen María.
La verdad, lo poco que se conoce de ellos tiene un carácter legendario ya que proviene de un escrito apócrifo: el protoevangelio de Santiago.
Ana era oriunda de Belén, hija de Matán y de Emerenciana.
Se casa a los 24 años con un propietario rural (dedicado a los rebaños y lanas) de origen galileo llamado Joaquín con quien vivió en Nazaret.
Ambos pertenecían a la tribu de Judá.
 Su nombre significa “el hombre a quien Dios levanta”, y, según san Epifanio, “preparación del Señor”. Descendía de la familia real de David.
 
Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba.
Los hebreos consideraban la esterilidad como un oprobio y un castigo del cielo.
Eran los tales menospreciados y en la calle se les negaba el saludo.
En el templo, Joaquín oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios.
Esta conducta se ve celebrada en Mallorca, en una montaña que se llama Randa, donde existe una iglesia con una capilla dedicada a la Virgen.
 
En los azulejos que cubren las paredes, antiquísimos, el Sumo Sacerdote riñe con el gesto a San Joaquín, esposo de Santa Ana, quien, sumiso y resignado, parece decir: No puede ser, no he podido tener hijos.
 
Sabemos que su esterilidad dará paso a María. Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad, ayuna 40 días y un ángel le anuncia el nacimiento de su hija.
Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo.
 
 Recordó a la otra Ana de las Escrituras, de que habla el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y así llegó su hijo Samuel, quien más tarde sería un gran profeta.
Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el nacimiento de una hija singular, María, concebida sin pecado original, y predestinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.
 
EL NACIMIENTO
El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones.
Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén.
Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María.
 
Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas.
Debajo de la hermosa iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe -la Basílica de Santa Ana- se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.
 
Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se vincula con la convicción expresada por muchos autores acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera propietario de rebaños de ovejas.
Estos animales eran lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo.
 
Llegado el tiempo llevan a María al templo de Jerusalén, para ser criada con las otras vírgenes y santas viudas que moraban en las habitaciones vecinas al templo.
Allí se dedicarían a las labores, oraciones y demás servicios de Dios.
Se cree que ese tiempo, Joaquín y Ana decidieron ir a vivir a Jerusalén, para poder visitar a la niña frecuentemente.
Joaquín muere a los 80 años y Ana a los 79.
 
LA CELEBRACION
 
La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI.
Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto.
La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, junto a la piscina probática; tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana.
 
La fiesta fue fijada el día 8 de septiembre probablemente porque, representando María el papel del comienzo o proemium de la obra de la salvación (cf. la oración de colecta de la misa), era muy oportuno celebrar su nacimiento al principio del año eclesiástico según el Monologium Basilianum.
Una narración apócrifa, titulada De ortu Virginis (sobre el nacimiento de la Virgen), ponía la concepción en el seno de santa Ana a primero de mayo, y refería que Nuestra Señora había nacido, a los cuatro meses de gestación.
 
En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor.
La fiesta tiene la alegría de un anuncio premesiánico.
 
DOGMA DE FE PRONUNCIADO POR EL PAPA PIO IX
Uno de los hechos notables del nacimiento de María es su Inmaculada Concepción.
En la Constitución Ineffabilis Deus de 8 de Diciembre de 1854, Pío IX pronunció y definió que la Santísima Virgen María «en el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano, fue preservada de toda mancha de pecado original».
 
«La Santísima Virgen María…» El sujeto de esta inmunidad del pecado original es la persona de María en el momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo.
 
«… En el primer instante de su concepción…» El término concepción no significa la concepción activa o generativa por parte de sus padres.
Su cuerpo fue formado en el seno de la madre, y el padre tuvo la participación habitual en su formación.
 
La cuestión no concierne a lo inmaculado de la actividad generativa de sus padres.
Ni concierne tampoco absoluta y simplemente a la concepción pasiva (conceptio seminis carnis, inchoata), la cual, según el orden de la naturaleza, precede a la infusión del alma racional.
La persona es verdaderamente concebida cuando el alma es creada e infundida en el cuerpo.
 
María fue preservada de toda mancha de pecado original en el primer momento de su animación, y la gracia santificante le fue dada antes que el pecado pudiese hacer efecto en su alma. «… fue preservada de toda mancha de pecado original…»
 
 La esencia formal activa del pecado original no fue removida de su alma como es removida de otros por el bautismo; fue excluida, nunca fue simultánea con la exclusión del pecado.
 
El estado de santidad original, inocencia y justicia, como opuesto al pecado original, fue conferido sobre ella, por cuyo don cada mancha y falta, todas las emociones, pasiones y debilidades depravadas, esencialmente pertenecientes a su alma por el pecado original, fueron excluidas.
 
Mas no fue eximida de las penas temporales de Adán -el dolor-, las enfermedades corporales y la muerte. «… por un singular privilegio y gracia concedidos por Dios, en vista de los méritos de Jesucristo, el Salvador del linaje humano».
 
La inmunidad del pecado original fue dada a María por una singular exención de una ley universal por los mismos méritos de Cristo, mientras los demás hombres son limpiados del pecado por el bautismo.
 
María necesitó la redención del Salvador para obtener esta exención y ser liberada de la necesidad y de la deuda (debitum) universal del estar sujeto al pecado original.
La persona de María, por su origen de Adán, habría sido sujeto de pecado, pero, siendo la nueva Eva quien sería la madre del nuevo Adán, fue, por el eterno designio de Dios y por los méritos de Cristo, apartada de la ley general del pecado original.
 
Su redención fue la verdadera obra maestra de la sabiduría redentora de Cristo.
 
Es un redentor mayor quien paga la deuda en que no incurrió que quien paga después que ha caído en la deuda.
Este es el significado del término «Inmaculada Concepción».

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