domingo, 11 de octubre de 2009

Canonización de cinco Beatos


El Papa exhorta a dar gracias al Señor por el don de la santidad que hoy resplandece en la Iglesia con singular belleza

Domingo, 11 oct (RV).- «¡Ven y sígueme!». En la solemne canonización de esta mañana, en la Basílica de San Pedro, Benedicto XVI ha hecho hincapié en esta «exhortación de amor de Jesús», de la que «mana la vocación cristiana y que puede realizarse sólo gracias a una respuesta nuestra de amor». Como hacen los santos que con humilde docilidad, sin afán de ganancias materiales, siguen a Jesús. «Su perfección, en la lógica de la fe - a menudo humanamente incomprensible - consiste en no centrarse en sí mismos sino en la elección de ir contracorriente, viviendo según el Evangelio»:

«Así hicieron los cinco santos que hoy, con gran alegría, se presentan a la veneración de la Iglesia universal: Zygmunt Szcz?sny Feli?ski, Francisco Coll y Guitart, Jozef Damiaan de Veuster, Rafael Arnáiz Barón e Marie de la Croix (Jeanne) Jugan. En ellos contemplamos la realización de las palabras del apóstol Pedro: ‘Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido' y la consoladora afirmación de Jesús: ‘Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna'». (Mc 10, 28-30)

Tras evocar el carisma de cada uno de estos cinco nuevos santos, el Papa ha exhortado a dar «gracias al Señor, por el don de la santidad que hoy resplandece en la Iglesia con singular belleza», dirigiendo a todos una invitación especial:

«Quisiera dirigir a todos una invitación a dejarse atraer por los ejemplos luminosos de estos santos, a dejarse guiar por sus enseñanzas para que toda nuestra existencia llegue a ser un himno de alabanza al amor de Dios ¡Que nos obtenga esta gracia su celestial intercesión y, sobre todo, la maternal protección de María, Reina de los Santos y Madre de la humanidad!».

Recordando en nuestra lengua, a san Francisco Coll el Papa ha subrayado que «San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que «la Palabra de Dios es viva y eficaz» (Hb 4,12). En ella, el Padre, que está en el cielo, conversa amorosamente con sus hijos de todos los tiempos (cf. Dei Verbum, 21), dándoles a conocer su infinito amor y, de este modo, alentarlos, consolarlos y ofrecerles su designio de salvación para la humanidad y para cada persona»:

«Consciente de ello, San Francisco Coll se dedicó con ahínco a propagarla, cumpliendo así fielmente su vocación en la Orden de Predicadores, en la que profesó. Su pasión fue predicar, en gran parte de manera itinerante y siguiendo la forma de ‘misiones populares', con el fin de anunciar y reavivar por pueblos y ciudades de Cataluña la Palabra de Dios, ayudando así a las gentes al encuentro profundo con Él».

Un encuentro que lleva a la conversión del corazón, a recibir con gozo la gracia divina y a mantener un diálogo constante con Nuestro Señor mediante la oración. Por eso - ha reiterado el Santo Padre - su actividad evangelizadora incluía una gran entrega al sacramento de la Reconciliación, un énfasis destacado en la Eucaristía y una insistencia constante en la oración:

«Francisco Coll llegaba al corazón de los demás porque trasmitía lo que él mismo vivía con pasión en su interior, lo que ardía en su corazón: el amor de Cristo, su entrega a Él. Para que la semilla de la Palabra de Dios encontrara buena tierra, Francisco fundó la congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, con el fin de dar una educación integral a niños y jóvenes, de modo que pudieran ir descubriendo la riqueza insondable que es Cristo, ese amigo fiel que nunca nos abandona ni se cansa de estar a nuestro lado, animando nuestra esperanza con su Palabra de vida».

Volviendo al Evangelio de hoy - Benedicto XVI ha señalado, también en español, recordando a san Rafael Arnáiz - que «a la figura del joven que presenta a Jesús sus deseos de ser algo más que un buen cumplidor de los deberes que impone la ley, hace de contraluz el Hermano Rafael, hoy canonizado, fallecido a los veintisiete años como Oblato en la Trapa de San Isidro de Dueñas».

De familia acomodada y de "alma un poco soñadora", «cuyos sueños no se desvanecen ante el apego a los bienes materiales y a otras metas que la vida del mundo propone a veces con gran insistencia. Él dijo sí a la propuesta de seguir a Jesús, de manera inmediata y decidida, sin límites ni condiciones. De este modo, inició un camino que, desde aquel momento en que se dio cuenta en el Monasterio de que "no sabía rezar", le llevó en pocos años a las cumbres de la vida espiritual, que él relata con gran llaneza y naturalidad en numerosos escritos»:

«El Hermano Rafael, aún cercano a nosotros, nos sigue ofreciendo con su ejemplo y sus obras un recorrido atractivo, especialmente para los jóvenes que no se conforman con poco, sino que aspiran a la plena verdad, a la más indecible alegría, que se alcanzan por el amor de Dios. ‘Vida de amor... He aquí la única razón de vivi'", dice el nuevo Santo. E insiste: ‘Del amor de Dios sale tod'. Que el Señor escuche benigno una de las últimas plegarias de San Rafael Arnáiz, cuando le entregaba toda su vida, suplicando: ‘Tómame a mí y date Tú al mund'. Que se dé para reanimar la vida interior de los cristianos de hoy. Que se dé para que sus Hermanos de la Trapa y los centros monásticos sigan siendo ese faro que hace descubrir el íntimo anhelo de Dios que Él ha puesto en cada corazón humano».

En sus palabras en polaco, destacando a san Zygmunt Szcz?sny Feli?ski, Arzobispo de Varsovia, fundador de la congregación de las Franciscanas de la Familia de María, el Papa ha recordado que «fue un gran testigo de la fe y de la caridad pastoral en tiempos muy difíciles para la nación y para la Iglesia de Polonia». Este nuevo santo polaco se entregó al crecimiento espiritual de los fieles, ayudó a los pobres y huérfanos, impulsó la formación sacerdotal, la renovación interior.

Poniendo en guardia contra el inútil derramamiento de sangre, ante la insurrección contra la anexión rusa, en enero de 1863, defendió con valentía a los oprimidos. Benedicto XVI ha evocado la fe inquebrantable de este santo arzobispo de Varsovia, que sufrió por orden del Zar 20 años de exilio sin poder volver a su diócesis:

«Hoy su entrega a Dios y a los hombres lleno de confianza y de amor, es un ejemplo resplandeciente para toda la Iglesia».

Refiriéndose al santo apóstol de los leprosos, Jozef Damiaan de Veuster, el Papa ha recordado, en flamenco, a este servidor de la Palabra y misionero que culminó su apostolado en la caridad, en la isla hawaiana de Molokai. Luego, en francés, ha señalado que esta canonización coincide con el 20 aniversario de otro santo belga, el hermano Mutien-Marie, por lo que la Iglesia en Bélgica se une nuevamente en acción de gracias a Dios:
«Siguiendo a san Pablo, san Damián nos impulsa a elegir las buenas batallas (cf 1 Tim 1,18). No aquellas que llevan a la división, sino las que unen. Nos invita a abrir los ojos sobre las lepras que, aún hoy, desfiguran la humanidad de nuestros hermanos y que apelan más que a nuestra generosidad, a la caridad de nuestra presencia de servicio».
Recordando a santa María de la Cruz - Jeanne Jugan - francesa, fundadora de las Hermanitas de los Pobres, Benedicto XVI ha reiterado la actualidad del carisma de esta religiosa, testigo de la misericordia de Dios. En especial, en lo que respecta a los ancianos, «que sufren múltiples pobrezas y la soledad, siendo algunas veces abandonados por sus familiares»:

«¡Que santa Jeanne Jugan sea para los ancianos fuente viva de esperanza y para las que personas que se entregan generosamente a su servicio un fuerte impulso para perseverar en el desarrollo de su obra!»

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