Proteger a la familia, corazón de toda cultura y nación, exhorta el Papa


Al recibir esta mañana las cartas credenciales del nuevo Embajador de Hungría ante la Santa Sede, János Balassa, el Papa Benedicto XVI destacó el vital rol de la familia en la sociedad pues ésta es "el corazón de toda cultura y nación".

En su discurso, el Papa dijo que "las fuerzas que gobiernan los asuntos económicos y políticos en el mundo actual tienen que construirse sobre fundamentos éticos, dando prioridad siempre a la dignidad y a los derechos de la persona humana y al bien común de la humanidad" cuya base está asentada en la familia.

"Dado su fuerte patrimonio cristiano, que se remonta a mil años, Hungría se encuentra bien emplazada para colaborar en la promoción de estos ideales humanos en la comunidad europea y en todo el mundo en general. Espero que nuestras relaciones diplomáticas sirvan para apoyar esta dimensión vital para la contribución de vuestro país en los asuntos internacionales".

Seguidamente el Papa recordó "la importancia primordial de la familia para la construcción de relaciones sociales pacíficas en todos los niveles" y advirtió que "en muchas partes de la Europa actual, el papel vital de cohesión que juega la familia en los asuntos humanos se está cuestionando e incluso poniendo en peligro debido a modos equivocados de pensar, que a veces se expresan en políticas sociales agresivas".

"Espero vivamente que se encuentren los modos para salvaguardar este elemento esencial de nuestra sociedad, que es el corazón de toda cultura y nación. Uno de los modos específicos en que un gobierno puede sostener a la familia es asegurando que los padres puedan ejercer su derecho fundamental como principales educadores de sus hijos, que incluye la opción de enviarles a escuelas religiosas si así lo desean", exhortó.

Benedicto XVI destacó luego que la Iglesia Católica en Hungría, "tras décadas de opresión, apoyada por el testimonio heroico de tantos cristianos, emergió para ocupar su lugar en una sociedad transformada, capaz nuevamente de proclamar el Evangelio con libertad. La Iglesia no busca privilegios, sino que desea realizar su tarea en la vida del país, fiel a su naturaleza y misión".

"Mientras prosigue el proceso de puesta en práctica de los acuerdos entre la Santa Sede y Hungría –pienso en el recientemente firmado que concierne a la asistencia religiosa a las fuerzas armadas y a la policía de frontera– espero que todas las cuestiones importantes que afectan a la vida de la Iglesia en vuestro país se resuelvan en el espíritu de buena voluntad y diálogo fructífero que ha caracterizado a nuestras relaciones diplomáticas desde que se restablecieron felizmente" en 1990, concluyó.

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