Visita Papa nacimiento gigante en la Plaza de San Pedro

El Papa Benedicto XVI visitó ayer el pesebre gigante instalado en la Plaza de San Pedro del Vaticano y admiró dos figuras de ángeles hechas por mexicanos que forman parte de la escena.

Tras concluir el rezo de las “vísperas” y el canto del “Te Deum” en la Basílica Vaticana el Papa se trasladó a bordo del “papamóvil” hasta el centro de la Plaza, donde se encuentra el nacimiento inaugurado el 24 de diciembre pasado.

Ante la imagen, de tamaño natural, el pontífice se arrodilló y oró unos instantes, después observó de cerca cada una de las estatuas, desde el niño Jesús, José, María, hasta los pastores, animales, Reyes Magos y los ángeles.

Las figuras de los ángeles fueron realizadas por el artista mexicano Agustín Parra y forman parte del inventario del Estado Pontificio porque fueron donados por el gobierno de México hace un año para la muestra “Navidad Mexicana en El Vaticano”.

Por la calidad y terminación de las imágenes se decidió utilizarlas de nuevo este año en el nacimiento gigante, cuya tradición cumple 26 años, luego de instalarlo por primera vez en 1982 a petición del extinto Papa Juan Pablo II.

Las figuras fueron moldeadas en fibra de vidrio y su terminación fue a mano; miden un metro 60 centímetros de alto y un peso aproximado es de 70 kilogramos, el resto de los figuras data del siglo XVIII y pertenecen a la Basílica de San Andrés del Valle de Roma.

El pesebre de este 2008 en San Pedro reproduce el nacimiento de Jesús, ubicado bajo una estructura simple de madera excavada en una muralla de una ciudad.

La ambientación está enriquecida con la presencia de una torre de ingreso a un gran portal que hace de fondo a la Natividad, y de humildes casa de campesinos.

Todo esto se encuentra en el centro de la Plaza, junto al famoso obelisco romano y a un lado del árbol navideño de 33 metros, donado por la región de la Baja Austria, adornado con más de dos mil esferas y mil 500 luces.

Tras observar el nacimiento, Benedicto XVI regresó al “papamóvil” a bordo del cual se trasladó hasta el Palacio Apostólico no sin antes saludar a cientos de fieles que se encontraban en el lugar.

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