Testimonio del Cardenal Delly conmueve al Sínodo


-“Vivir la palabra de Dios significa para nosotros testimoniarla aun a costa de la propia vida, como ha ocurrido y ocurre ahora con el sacrificio de los obispos, sacerdotes y fieles”. Así de impresionante y de cruda fue la intervención del cardenal iraquí Emmanuel III Delly, patriarca de Babilonia de los Caldeos, en el Aula Sinodal, ayer martes. En el transcurso de la 14ª congregación general del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, el purpurado describió certeramente la realidad de violencia y miedo que se vive en su país: “La situación en algunas partes de Irak es desastrosa y trágica. La vida es un calvario: faltan la paz y la seguridad”.

Y siguió: “Siguen faltando la electricidad, el agua, la gasolina… las comunicaciones telefónicas son siempre muy difíciles, las carreteras están bloqueadas, las escuelas cerradas o siempre en peligro, en los hospitales falta personal, la gente teme por su propia integridad. Todos tememos los raptos, los secuestros y la intimidación”.

Eso, sin contar los “raptos injustificables” y el número “creciente de muertos causados por los coches-bomba y los suicidas que se colocan explosivos”. En este punto, recordó a los 16 sacerdotes y dos obispos raptados y puestos en libertad tras un elevado rescate, así como a los “nuevos mártires”, entre ellos el arzobispo de Mosul, Paulos Faraj Rahho, asesinado el pasado mes de marzo.

A pesar de todo ello, el cardenal y jefe del Sínodo de la Iglesia caldea quiso destacar: “Nunca hemos dejado de intentar obtener la paz y la tranquilidad para el país”. E, insistiendo en el valor de la Palabra para las comunidades de cristianos iraquíes, Delly aseguró: “Seguiremos siendo fuerte en la fe en el amor de Cristo gracias al foco de la palabra de Dios”. Seguidamente, pidió solidaridad con las preocupaciones, la esperanza y “el dolor de la herida” del pueblo iraquí.

El lunes 13, la agencia AsiaNews citaba la preocupación de diversos periódicos árabes al respecto de la situación particular de los cristianos en Mosul, una de las regiones más castigadas por la violencia o, en palabras de Louis Sako, arzobispo de Kirkuk, ‘la campaña de liquidación’. Así, en apenas una semana cientos de familias se han visto obligadas a dejar la ciudad, mientras que 250.000 han abandonado ya el país, según estos medios locales.

Es deber de todos los iraquíes y no sólo del Gobierno -se leía en un editorial del diario Asharq Alawsatt- proteger a los cristianos iraquíes de ser asesinados y alejados y de toda forma de opresión, especialmente teniendo en cuenta que han sido siempre patriotas y nunca han tomado parte en ninguna alianza contra el país, y que sufren más que cualquier otro grupo cristiano de Oriente Medio“.

Parte importante del país

A pesar de ser minoría, los cristianos iraquíes se sienten, como explicaba el arzobispo Sako en declaraciones recogidas por Zenit, “una parte importante de la historia del país, que siempre se ha caracterizado pro la coexistencia entre los diversos componentes de su tejido social”. “No pedimos más que lo que nos toca -reclama Sako-: los derechos que se nos deben garantizar naturalmente en cuanto ciudadanos iraquíes”, porque “no hay paz sin respeto a la vida humana”.

A las quejas por la oleada de violencia, se unen las protestas de varios prelados por la cancelación del artículo 50 de la ley que fija las reglas para las próximas elecciones de los consejos provinciales, que en su primera redacción garantizaban la representación de las minorías, informa Zenit.

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