El Papa exhorta a los benedictinos a “anunciar sin pactar la primacía de Dios”



«En un mundo desacralizado y en una época marcada por una preocupante cultura del vacío y del sinsentido», los benedictinos y benedictinas están llamados a «anunciar sin pactar la primacía de Dios y a presentar propuestas de eventuales nuevos recorridos de evangelización». Es la exhortación de Benedicto XVI a los abades, superiores de los prioratos independientes, abadesas y representantes ortodoxos, que ha recibido esta mañana y que participan en el Congreso Mundial que les reúne cada cuatro años en Roma.

Tras hacer hincapié en la importancia de la santificación personal y comunitaria y de la oración litúrgica, que les hace testimonios eficaces del cotidiano encuentro personal con Cristo, el Papa ha recordado que por ello sus conventos son lugares donde acuden hombres y mujeres – también en nuestra época – para buscar a Dios y reconocer la presencia, caridad y misericordia de Cristo, de su caridad y de su misericordia. El Santo Padre ha alentado a los queridos abades y abadesas a perseverar en el carisma de Benito de Nursia, con especial atención a la juventud, por el bien de toda la familia humana y en todo el mundo:

«Dedicaos con renovado ardor apostólico a los jóvenes, que son el futuro de la Iglesia y de la humanidad. Para construir una Europa ‘nueva’ hay que comenzar con las nuevas generaciones, ofreciéndoles la posibilidad de enlazar íntimamente las riquezas espirituales de la liturgia, de la meditación y de la lectio divina. En realidad, esta acción pastoral y formativa es hoy aún más necesaria por el bien de toda la familia humana. En particular en Asia y en África, hay una gran necesidad de espacios vitales para el encuentro con el Señor, en los cuales por medio de la oración y la contemplación se puedan recuperar la serenidad y la paz consigo mismos y con los demás».

En este contexto, Benedicto XVI ha llamado a los benedictinos a responder generosamente a cuantos anhelan experimentar la riqueza de su carisma, superando las fronteras del viejo continente al servicio de todos los seres humanos sin distinción: «No dejéis de salir al paso - con el corazón abierto - de las expectativas de cuantos, también fuera de Europa, expresan el anhelo de vuestra presencia y de vuestro apostolado, para poder conocer las riquezas de la espiritualidad benedictina. Dejaos guiar por el íntimo deseo de servir con caridad a todo hombre, sin distinciones de raza y religión. Con profética libertad y sabio discernimiento, sed presencias significativas dondequiera que la Providencia os llame a estableceros, distinguiéndoos siempre por el armonioso equilibrio de oración y de trabajo que caracteriza vuestro estilo de vida».

En su denso discurso, el Santo Padre ha destacado la célebre hospitalidad benedictina – peculiar vocación y experiencia espiritual, humana y cultural – señalando la necesidad de mantener un justo equilibrio en la apertura de las comunidades, para ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que tiene sed de Dios, la posibilidad de profundizar en el sentido de la existencia, en el horizonte infinito de la esperanza cristiana, cultivando el silencio interior en la comunión de la Palabra que salva.

En especial a las representantes de las religiosas y hermanas benedictinas, Benedicto XVI las ha alentado a no desalentarse ante la escasez de nuevas vocaciones, afrontando estas dolorosas situaciones de crisis que se presentan sobre todo en algunos países, con serenidad y la certeza de que no se pide tanto el éxito, sino el compromiso a la fidelidad. «Lo que se debe evitar es faltar a la adhesión espiritual al Señor y a la propia vocación y misión». Más bien, hay que «perseverar con fidelidad, para testimoniar al mundo la confianza firme en el Señor de la historia, en cuyas manos están los tiempos y destinos de las personas, instituciones y pueblos».

El Papa ha asegurado sus oraciones con el fin de que los benedictinos y benedictinas reunidos en este congreso mundial puedan discernir las modalidades más oportunas para testimoniar - visible y claramente su compromiso de imitación radical del Señor - en su estilo de vida, en su trabajo y en su oración. Con el anhelo de que les sostenga siempre María Santísima, en todos sus proyectos de bien

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