sábado, 12 de julio de 2008

“¡Por fin Sydney!”


Editorial, Octava Dies: Después de 20 horas de vuelo, está previsto que el Santo Padre llegue a Sydney, mañana domingo 13 de julio a las 15 horas, cuando en Roma serán las siete de la mañana. «¡Por fin Sydney!», ha titulado esta semana su editorial, Octava Dies, el p. Federico Lombardi. Director de Radio Vaticano, que en estos momentos acompaña a Benedicto XVI camino de Australia:

Cuando hace tres años, desde el altar de la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, Benedicto XVI anunciaba que el próximo encuentro iba a tener lugar en Sydney en el año 2008, los jóvenes australianos respondieron con un aplauso interminable, agitando banderas y peluches en forma de canguros.


A nosotros nos pareció un acontecimiento muy lejano, tanto en el tiempo como en el espacio. Pero ahora ya hemos llegado. Los jóvenes y el Papa están llegando, la cara de la metrópoli australiana se transforma para convertirse durante una semana en la capital mundial de la juventud, católica, y no solamente católica.


Ha sido un acto de fe y de valentía del cardenal Pell y de la Iglesia australiana invitar a Sydney a los jóvenes del mundo. Ha sido un acto de fe y de valentía del Papa aceptar. Es un acto de fe y de valentía de las Iglesias locales enviar a sus jóvenes, en la medida de sus posibilidades, a pesar de los gastos y del cansancio de un viaje tan largo.


Pero ningún lugar en la Iglesia está lejos. El Espíritu guía a los discípulos a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Y cada lugar de la tierra es el centro cuando se celebra la Eucaristía. Muchísimos jóvenes, si no estarán físicamente presentes en Sydney estarán “virtualmente”, en conexión telemática, muchísimos sobre todo – y esto es lo que cuenta -, estarán espiritualmente, unidos en la oración.


Los jóvenes de las anteriores Jornadas Mundiales de la Juventud hoy son adultos y saben cuán preciosa ha sido esta experiencia en su vida. Los jóvenes de hoy, adultos mañana, sabrán que también Sydney está cerca, y que la esperanza y el amor en el futuro de la Iglesia y de la humanidad entera depende también de ellos.

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